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En tiempos de Jesús, cuatro de las legiones (la VI Ferrata, la X Fretensis, la XII Fulminata y la III Gallica) se hallaban concentradas en la vecina Siria, punto estratégico de la región oriental del imperio, vigilando a los partos y, por supuesto, a los levantiscos judíos.
Sin embargo, durante la vida de Jesús no hubo tropas regulares ni legiones estacionadas en la provincia de Judea (Palestina). Las tropas existentes se componían de tropas auxiliares bajo el mando directo del prefecto de turno. Las tropas fueron reclutadas directamente de la población local no israelita, es decir, gentil.
Según Flavio Josefo las tropas existentes en la provincia fueron un ala o alae de caballería y cinco cohortes o cohors auxiliares, todas del tipo quingenaria (500 a 600 hombres) sumando un total de unos 3.000 efectivos. Estuvieron a las órdenes de Arquelao pero fueron adquiridos por los subsiguientes prefectos.
Las cohortes y las alas recibían el nombre de los varios grupos étnicos de los que habían sido reclutadas. En Palestina y Siria éstos fueron algunos de sus nombres:
Además de éstas, había también pequeñas guarniciones en otras ciudades y poblados de Palestina. Había plazas fortificadas en Jericó y Maqueronte; varios destacamentos se encontraban distribuidos por Samaria; en la Gran Llanura había otro al mando de un decurión; en Ascalón había una cohorte y un ala. En Jerusalén había una cohorte bajo el mando de un tribuno (llamado en el Nuevo Testamento quiliarca) y ocupaba la fortaleza Antonia, la más inexpugnable, situada al norte del templo. Ésta última disponía de dos series de escaleras (chatabareis) que bajaban desde la fortaleza hasta el atrio del templo con la finalidad de tener controladas a las multitudes. En las fiestas principales se colocaban guardias en las arcadas que rodeaban los atrios del templo. En Hch 23:23 se indica también que un destacamento de caballería estaba acuartelado con la cohorte de Jerusalén, por lo que hay que considerar que se trataba de una cohors equitatae. Se habla también de la existencia de una Cohors I Itálica civium Romanorum, de la que nos han llegado varias inscripciones, pero puede ser un error considerar que estuviera durante la época de Jesús estacionada en Judea. Estuvo formada por tropas originarias de Italia y de las inscripciones se deduce que estuvo en Judea y Siria del año 69 d.C. en adelante, pero no antes. Las otras unidades pudieron estar formadas por griegos, tracios, samaritanos, sirios, galos, germánicos y españoles, tropas que que ya estuvieron bajo mando de Herodes el Grande.
El prefecto se solía rodear de un consejo de comites, funcionarios de elevada posición que iban en su cortejo, o de jóvenes que acompañaban al gobernador con ánimo de instruirse. No solamente le ayudaban en el ejercicio de su ministerio, sino que además le asistían en el cumplimiento de otros menesteres, actuando como su consilium. En ciertos casos, los dignatarios de la población nativa tenían voz en las deliberaciones del consilium.
Es muy posible que la guarnición de Cafarnaúm fuera la cohorte equitatae llamada Cohors Ituraeorum. Una cohorte «oficialmente» bajo la tutela del tetrarca Antipas, pero en realidad sólo a título honorífico.
Se trataría de una cohorte equitatae de tipo quingenaria, con seis centurias de 80 hombres, que junto a los diez centuriones que los mandaban, formaban un total de unos quinientos hombres. Como apoyo, la cohorte tendría cuatro turmae de caballería, totalizando 130 jinetes, bajo el mando de cuatro decuriones. El mando de aquellos 630 hombres estaba en último extremo en manos de Poncio, el tribuno y oficiales de la unidad más veterana: la cohorte I Sebastenorum, con base en Cesarea.
La tropa seguramente se componía de habitantes de Iturea, hombres montaraces y rudos acostumbrados a la vida en las pendientes del monte Líbano, al norte de Galilea, de donde provendrían. La cohorte dispondría de un nutrido cuerpo de auxiliares sagittarii, infantes expertos en el manejo del arco, especialmente del arco compuesto. Los itureos fueron famosos por su destreza con el arco, y el arco compuesto, el que tiene la forma de una B, era el más utilizado en el Oriente. Eran arcos complejos de fabricar, se podía tardar un año para hacer uno, formados por varios materiales (madera y asta de búfalo o cabra) en láminas que les daban una resisencia y elasticidad únicas. Un arco simple puede lanzar flechas a una distancia media de 175-200 m, mientras que el arco compuesto llega a 300 m.
Al contrario de lo que ocurría con otros núcleos de importancia, la guarnición romana de Cafarnáum probablemente no se hallaba fuera de la ciudad. Es decir, no formaba un «campamento» al estilo de las tradicionales fortificaciones militares de Roma. Tampoco la tropa se alojaba en las casas de los civiles, siguiendo la costumbre que denominaban militare hospitium y que el código de Justiniano llamaría más tarde metata. En el caso de Cafarnáum, desde el tiempo de la conquista de Pompeyo, los invasores se limitaron a requisar algunas de las propiedades existentes, reformándolas y convirtiéndolas en cuarteles regulares. Es bastante probable que se ubicara junto a la carretera o via Maris y que sus dimensiones fueran suficientes para albergar a la cohorte equitatae llamada Cohors Ituraeorum.
Podemos imaginar el cuartel como un recinto protegido por altos muros, de unos cinco metros, sólidamente edificados con la abundante piedra negra basáltica de la región. En la fachada dispondría de un amplio portalón de hierro que permanecería abierto mientras no hubiese peligro.
Los acuartelamientos, por lo que sabemos, solían ser toscos y austeros, con una zona destinada a los dormitorios y varios torreones en las esquinas del cuadrado que formaba el patio de armas. Podemos suponer unas dimensiones de unos sesenta metros de lado. Seguramente en el recinto existía un pozo, elemento clave para poder mantener un asedio si fuera necesario, y quizá alguna zona destinada a huertos, para no tener que depender del exterior en el llenado de la despensa. Las caballerizas en un lado y la zona de entrenamiento en otra seguramente completaban todas las dependencias necesarias.
En tiempos de Jesús, uno de los oficiales a cargo de esta guarnición fue un personaje destacado. En El Libro de Urantia se ofrece su nombre y rango, Mangus, un centurión o capitán de la guardia romana (LU 147:1.1-3), es decir, que era uno de los seis centuriones que dirigían la cohorte. La historia es bien conocida (Lc 7:1-10; Mt 8:5-13). Jesús destacó de este hombre su extraordinaria fe. El Maestro no encontró en nadie de su pueblo una fe tan grande como la que demostró este romano.