VIII. El Movimiento Bahá'í y su misión | Página de portada | X. Las religiones históricas y la religión del futuro |
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De entrada, quede claro que nada está más lejos de mi propósito que intentar predecir el contenido de la religión del futuro. Eso parecería una tarea descaradamente presuntuosa y lamentablemente inútil. En su obra magna, Una filosofía ética de la vida, el fundador del Movimiento Ético presentó concepciones de Dios, el culto, la oración, la inmortalidad y el consuelo que quizá se conviertan en la sustancia teológica de la religión del futuro, aunque, por supuesto, no las reivindica; concepciones radicalmente opuestas a las vigentes en las grandes religiones. Cabe señalar, por cierto, que estas concepciones no deben considerarse en absoluto como constitutivas de la fe del Movimiento Ético, sino más bien como representativas únicamente del propio profesor Adler. La connotación que le da a la palabra Dios, cuando la usa, es la de una «comunidad de espíritus», en contraposición a la idea monárquica popular; un organismo espiritual compuesto de órganos individuales; «la divinidad, una hueste infinita de seres, una vasta comunidad de vida espiritual de la que cada ser humano es, en lo más profundo de su ser, ciudadano». El objeto de adoración del profesor Adler es precisamente esta personalidad trascendental, este «componente infinitesimal del Dios infinito», este «miembro del universo espiritual», es decir, su prójimo; «no su ser terrenal, ni la forma de arcilla, sino la divinidad perfecta en él, la figura velada, velada por la forma de carne y hueso que a menudo es objeto de aborrecimiento». Este ser espiritual esencial e íntimo en el prójimo, este «componente infinitesimal del Dios infinito», en contraposición a «una figura imaginaria que flota sobre las nubes», es el objeto de veneración del profesor Adler. En cuanto a la oración, no desdeñaría sus usos, pero en cuanto expresión, para él es «silenciada en presencia de lo Indecible». «Quien sabe orar», dice, «no comprende plenamente la inefabilidad de la vida divina». Pero la oración [ p. 94 ], como «una forma de presentar el ideal moral, es necesaria»; dicha oración «nos avergüenza y nos incita al esfuerzo moral». En lugar de «dirigirse a un Dios más allá del cielo», la nueva regla de la oración sería (a su juicio) responder a «la llamada de la divinidad en el prójimo», suscitando lo mejor latente en él y, por ende, en uno mismo. Y cuando, al morir, este objeto de adoración parece haberse ido, el consuelo se encuentra al darse cuenta de que es «solo la forma de arcilla la que se ha ido, el ser terrenal en el que descendió un rayo estelar». La forma terrenal «se desmorona en un pequeño montón de polvo, pero la estrella permanece, una en la constelación infinita del universo espiritual». No hemos perdido a nuestra pareja, porque,«El ser invencible es ingénito e imperecedero, y lo mejor de nosotros está inseparablemente unido a lo mejor de él.» [1]
Estas son, en resumen, las ideas dominantes en la religión ética del profesor Adler. Queda por ver si tendrán cabida en la religión del futuro (pp95). No se han convertido, ni quizá nunca, en parte de la creencia común de todos los miembros del Movimiento Ético. Nunca podrán formar parte de un credo del Movimiento Ético, pues este no tiene credo; es más, se opone fundamentalmente a la formación y el establecimiento de un credo, buscando proteger la religión del peligro de petrificarse y al Movimiento del estancamiento, y logrando este objetivo solo en la medida en que siga siendo un Movimiento en lugar de un Logro, dejando al grupo particular dedicado al cultivo de la religión (así como a cualquier otro grupo) el privilegio y la oportunidad de adoptar libremente la postura religiosa que desee, siempre que se abstenga de comprometer al Movimiento con ella.
Sea cual sea el contenido de la religión del futuro, tenemos derecho a creer que surgirá de la angustia espiritual, al igual que el Movimiento Ético y cada una de las religiones históricas. [2] De hecho, será una angustia doble, si no nos equivocamos, de la que se originará la religión del futuro: social y espiritual. Social, en la medida en que se relaciona con los desajustes de la sociedad, las relaciones dolorosamente distorsionadas que prevalecen, por ejemplo, entre padres e hijos, esposos, las diversas clases sociales, entre naciones. Espiritual, también, en el sentido de que se relacionará con creencias religiosas que antaño satisfacían necesidades espirituales, pero que ya no sirven por no estar de acuerdo con el pensamiento más actual; creencias para las que aún no se han encontrado sustitutos adecuados. Para quienes se sienten incapaces de confraternizar con alguna de las religiones históricas y ya no aceptan las enseñanzas actuales sobre Dios, la oración y el culto, existe una auténtica sensación de pérdida, una conciencia de verdadero sufrimiento espiritual. De esta angustia surgirá, en parte, la religión del futuro, que buscará suplir la carencia de las religiones históricas. Cómo cumplirá esta función, obviamente, nadie puede decirlo ahora.
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