De cierto os digo que el más negligente de los siervos es aquel que disputa y se prefiere a sí mismo antes que a su hermano.
Purifica tu mente de la malicia y, libre de la envidia, entra en la presencia de la Unidad.
La lengua es especialmente para mencionarme; no la manchen con calumnia. Si el fuego del yo los domina, recuerden sus propias faltas y no hablen mal de mis criaturas; porque cada uno de ustedes es más consciente y está mejor informado de sí mismo que de mis criaturas.
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No escuches ni veas el mal; no te degrades ni te lamentes. Es decir: no hables mal para no oírlo. No consideres grandes las faltas ajenas, para que las tuyas no parezcan grandes. No apruebes la humillación de nadie, para que tu propia humillación no quede expuesta. Entonces, con mente inmaculada, corazón santo, corazón santificado y pensamientos puros, podrás ser libre durante todos los días de tu vida, que son menos que un instante, y con libertad podrás regresar de este cuerpo mortal al paraíso de los Significados Internos y morar en el Reino Inmortal.
¿Por qué has pasado por alto tus propias faltas y observas los defectos de Mis siervos? Quien haga esto será condenado por Mí.
No inhales los pecados de nadie mientras seas pecador. Si contravienes este mandamiento, no eres de Mí. De esto doy testimonio.