La justicia es amada sobre todo. No la descuides si me deseas.
Con ella te fortalecerás para percibir las cosas con tus propios ojos y no con los ojos de los hombres; para conocerlas por tu propio conocimiento y no por el de nadie en el mundo. Medita sobre esto, cómo deberías ser.
La justicia proviene de mi bondad hacia ti y de mi providencia sobre ti; por tanto, mantenla siempre ante tu vista.
¡Oh, Hijo del Hombre! Si observaras Misericordia, [ p. 100 ] no mirarías por tu propio interés, sino por el de la humanidad. Si observaras Justicia, elige para los demás lo que eliges para ti.
Sabed en verdad que quien exhorta a los hombres a la equidad y él mismo comete injusticia, no es de los Míos, aunque lleve Mi Nombre.
No atribuyas a ninguna alma lo que no deseas que se te atribuya a ti, ni prometas lo que no cumplirás. Éste es Mi Mandamiento para ti; obedécelo.
La fuente de todas estas expresiones es la Justicia. Es la liberación del hombre de la superstición y la imitación, para que pueda discernir las Manifestaciones de Dios con el ojo de la Unidad y considerar todos los asuntos con una visión aguda.