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IHS
Aunque, como les dije, me sentía reacia a comenzar esta obra, ahora que está terminada me alegro mucho de haberla escrito, y creo que mi esfuerzo ha sido bien empleado, aunque confieso que me ha costado poco. Considerando su estricto encierro, la poca recreación que tienen, hermanas mías, y cuántas comodidades faltan en algunos de sus conventos, creo que les consolará disfrutar de este castillo interior, al que pueden entrar y pasear a su antojo, a cualquier hora, sin pedir permiso a sus superiores. Es cierto que no pueden entrar en todas las mansiones por sus propios medios, por grandes que les parezcan, a menos que el propio Señor del castillo las admita. Por lo tanto, les aconsejo que no empleen la violencia si encuentran algún obstáculo, pues eso le desagradaría tanto que nunca les permitiría entrar. Él ama profundamente la humildad: [^455] si se consideran indignas de entrar en la tercera morada, les concederá mucho antes el favor de entrar en la quinta. Entonces, si le sirves bien allí y acudes a él con frecuencia, Él te llevará a la mansión donde Él mismo mora, de donde nunca tendrás que salir a menos que te llame la Priora, cuyas [ p. 299 ] órdenes este soberano Maestro desea que obedezcas como si fueran suyas. Si por orden suya te ausentas con frecuencia de su aposento, cuando regreses Él te abrirá la puerta. Una vez que hayas aprendido a disfrutar de este castillo, siempre encontrarás descanso, por dolorosas que sean tus pruebas, con la esperanza de regresar a tu Señor, lo cual nadie puede impedir. Aunque solo he mencionado siete mansiones, cada una contiene muchas más habitaciones, arriba, abajo y alrededor, con hermosos jardines, fuentes y laberintos, además de otras cosas tan deliciosas que desearás consumirte en alabanza al gran Dios que ha creado el alma a su imagen y semejanza. Si encuentras algo en el plan de este tratado que te ayude a conocerlo mejor, ten la certeza de que es enviado por Su Majestad para animarte, y que cualquier defecto que encuentres en él es mío. En agradecimiento por mi firme deseo de ayudarte a servirle, mi Dios y mi Señor, te imploro que, cada vez que leas esto, alabes a Su Majestad fervientemente en mi nombre y le pidas que prospere su Iglesia, que dé luz a los luteranos, que perdone mis pecados y me libre del purgatorio, donde quizás me encuentre, por la misericordia de Dios, cuando veas este libro (si te es entregado después de haber sido examinado por teólogos). Si estos escritos contienen algún error, es por mi ignorancia; me someto en todo a las enseñanzas de la santa Iglesia Católica Romana, de la que ahora soy miembro, como protesto y prometo que lo seré tanto en la vida como en la muerte. ¡Sea nuestro Señor Dios por siempre alabado y bendito! Amén, amén.
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Terminé de escribir este libro en el convento de San José de Ávila, en 1577, durante la Vigilia de San Andrés, para gloria de Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
AQUÍ TERMINA EL CASTILLO INTERIOR
O LAS MANSIONES
TRADUCIDO E IMPRESO POR LA
BENEDICTINAS OF STANBROOK
1860 d. C. MCMXXI