Emil Schürer comenta (La literatura del pueblo judío en el tiempo de Jesús, pp. 349-354):
Εις Φλακκον. Adversus Flaccum (Mangey, ii. 517-544).—Περι αρετων και πρεσβειας προς Γαιον. De legatione ad Cajum (Mangey, ii. 545-600).—En estos dos libros, Filón relata las persecuciones que los judíos tuvieron que soportar, especialmente en Alejandría, en tiempos de Calígula. La narración es tan detallada y gráfica que solo pudo ser escrita por alguien que hubiera participado de manera destacada en los acontecimientos. Esta circunstancia convierte a estos dos libros en una autoridad de primer orden, no solo para la historia de los judíos de aquellos días, sino también para la historia de Calígula. De las declaraciones de Mangey no se desprende cómo aparecen los títulos en los mejores manuscritos. En el título Φιλωνος εις Φλακκον sólo comenta (ii. 517): similiter codex Mediceus, in reliquis vero manuscritois scribitur Φιλωνος Εβραιου ιστορια. ωφελιμος και πανυ βιω χρησιμος. Τα κατα τον Φλακκον [sic: por lo tanto no του Φλακκου] ητοι περι προνοιας. Aún más indefinidas son las declaraciones de Mangey sobre el título de la segunda composición (ii. 545): in nonnullis codicibus sic legitur: ιστορια χρησιμος και πανυ ωφελιμος περι των κατα τον Γαιον και της αιτιας της προς απαν το Ιουδαιων εθνος απεχθειας αυτου. Según las declaraciones de Pitra (Analecta sacra, ii. 318 ss.) aparecen los títulos habituales en el texto impreso Εις Φλακκον y Περι αρετων και πρεσβειας προς Γαιον. ser también los que prevalecen en los manuscritos. En Photius, Bibliotheca cod. 105 (ed. Bekker), se dice: Ανεγνωσθη δε αυτου και λογος ου η επιγραφη «Γαιος ψεγομενος» και «Φλακκος η Φλακκων ψεγομενος», εν οις λογοις κ.τ.λ. (por lo tanto, dos λογοι). Lo mismo ocurre con Eusebio en la Crónica. Compárese también con Johannes Monachus ineditus (Mangey, ii. 517): εκ των κατα Φλακκου. Sobre los títulos mencionados por Eusebio en la Historia Eclesiástica, véase el padre en adelante. Solo los dos libros que nos han llegado parecen haber existido en la época de Focio. Pero el comienzo del primero y el final del segundo muestran que son solo partes de un todo mayor. Porque el libro adversus Flaccum comienza (ii. 517): Δευτερος μετα Σηιανον Φλακκος Αουιλλιος διαδεχεται την κατα των Ιουδαιων επιβουλην. Así, este libro fue precedido por otro, en el que se narraban las persecuciones infligidas a los judíos por Sejano. El libro de legatione ad Cajum termina además con las palabras: Ειρηται μεν ουν κεφαλαιωδεστερον η αιτια της προς απαν το Ιουδαιων εθνος απεχθειας Γαιον λεκτεον δε και την παλινωδιαν [προς Γαιον]. Por lo tanto, debió seguir otro libro, en el que Filón relató la παλινωδια, es decir, el cambio positivo en el destino de los judíos tras la muerte de Calígula y el edicto de tolerancia de Claudio. Ahora bien, sabemos también, por una nota en la Crónica de Eusebio, que las persecuciones bajo Sejano se relataron en el segundo libro de toda esta obra. En consecuencia, deberíamos contar con no menos de cinco libros para el total. Y esto lo confirma la rotunda afirmación de la Historia Eclesiástica de Eusebio, ii. 5.1:και δη τα κατα Γαιον ουτος Ιουδαιοις συμβαντα πεντε βιβλιοις παραδιδωσι. El breve resumen que Eusebio ofrece del contenido de esta obra coincide exactamente con estos resultados. Pues dice que Filón relata cómo, en tiempos de Tiberio, Sejano realizó grandes esfuerzos en Roma para destruir a toda la nación, y que en Judea Pilato causó gran conmoción entre los judíos porque deseaba emprender algo con respecto al templo que era contrario a sus instituciones. Tras la muerte de Tiberio, Cayo, quien entonces ascendió al trono, se comportó con la mayor arrogancia hacia todos, pero infligió el mayor daño a toda la nación judía. Lo que aquí se dice respecto a Sejano y Pilato no puede referirse a algunas declaraciones ocasionales en los libros que nos han sido conservados, pues estos tratan únicamente de la época de Calígula. Sin embargo, las opresiones de Sejano y Pilato debieron, según las mencionadas insinuaciones de Eusebio, haber sido relatadas en un párrafo aparte, antes de los acontecimientos bajo Calígula. De todo lo anterior, la siguiente debe haber sido, en consecuencia, la estructura de toda la obra. El libro I contenía, cabe presumir, una introducción general. El libro II relata las opresiones durante el reinado de Tiberio, por parte de Sejano en Roma y por Pilato en Judea. Entre las primeras debe ubicarse, sin duda, la importante medida del año 19 d. C., por la cual todos los judíos fueron desterrados de Roma. Entre los intentos de Pilato de «hacer algo con respecto al templo contrario a las instituciones judías», la instalación de escudos consagrados en el palacio de Herodes, mencionada en la carta de Agripa, comunicada por Filón, no puede en ningún caso considerarse; debemos considerarlos más bien como los hechos registrados por Josefo, a saber, que Pilato hizo que los soldados marcharan a Jerusalén con las insignias imperiales y empleó el tesoro del templo en la construcción de un acueducto. Eusebio atestigua expresamente que el acto anterior también fue relatado por Filón. El libro III contiene la composición conservada «Adversus Flaccum», que relata la persecución de los judíos alejandrinos, surgida por iniciativa del pueblo de esa ciudad al comienzo del reinado de Calígula. Hasta entonces, no tenía nada que ver con la instalación de la estatua del emperador en la sinagoga judía ni con ningún edicto de Calígula. En el Libro IV, por el contrario, es decir, en la Legatio ad Cajum, que se conserva, se describen los sufrimientos infligidos a los judíos a consecuencia del edicto de Calígula, que exigía que se le rindiera honores divinos en todas partes. Por último, el Libro V, perdido, trataba de la παλινωδια en el sentido ya mencionado.Porque deseaba emprender algo con respecto al templo, lo cual era contrario a sus instituciones. Sin embargo, tras la muerte de Tiberio, Cayo, quien entonces ascendió al trono, se comportó con la mayor arrogancia hacia todos, pero infligió el mayor daño a toda la nación judía. Lo que aquí se dice respecto a Sejano y Pilato no puede referirse a algunas declaraciones ocasionales en los libros que nos han sido conservados. Pues estos tratan únicamente de la época de Calígula. Sin embargo, las opresiones de Sejano y Pilato debieron, según las mencionadas insinuaciones de Eusebio, haber sido relatadas en un párrafo aparte, antes de los acontecimientos bajo Calígula. De todo lo dicho, la siguiente debió haber sido, en consecuencia, la estructura de toda la obra. El libro I contenía, cabe presumir, una introducción general. El libro II relata las opresiones durante el reinado de Tiberio, por parte de Sejano en Roma y por Pilato en Judea. Entre las primeras debe ubicarse, sin duda, la importante medida del año 19 d. C., por la cual todos los judíos fueron desterrados de Roma. Entre los intentos de Pilato de «hacer algo con respecto al templo contrario a las instituciones judías», la instalación de escudos consagrados en el palacio de Herodes, mencionada en la carta de Agripa, comunicada por Filón, no puede en ningún caso considerarse; debemos considerarlos más bien como los hechos registrados por Josefo, a saber, que Pilato hizo que los soldados marcharan a Jerusalén con las insignias imperiales y empleó el tesoro del templo en la construcción de un acueducto. Eusebio atestigua expresamente que el acto anterior también fue relatado por Filón. El libro III contiene la composición conservada «Adversus Flaccum», que relata la persecución de los judíos alejandrinos, surgida por iniciativa del pueblo de esa ciudad al comienzo del reinado de Calígula. Hasta entonces, no tenía nada que ver con la instalación de la estatua del emperador en la sinagoga judía ni con ningún edicto de Calígula. En el Libro IV, por el contrario, es decir, en la Legatio ad Cajum, que se conserva, se describen los sufrimientos infligidos a los judíos a consecuencia del edicto de Calígula, que exigía que se le rindiera honores divinos en todas partes. Por último, el Libro V, perdido, trataba de la παλινωδια en el sentido ya mencionado.Porque deseaba emprender algo con respecto al templo, lo cual era contrario a sus instituciones. Sin embargo, tras la muerte de Tiberio, Cayo, quien entonces ascendió al trono, se comportó con la mayor arrogancia hacia todos, pero infligió el mayor daño a toda la nación judía. Lo que aquí se dice respecto a Sejano y Pilato no puede referirse a algunas declaraciones ocasionales en los libros que nos han sido conservados. Pues estos tratan únicamente de la época de Calígula. Sin embargo, las opresiones de Sejano y Pilato debieron, según las mencionadas insinuaciones de Eusebio, haber sido relatadas en un párrafo aparte, antes de los acontecimientos bajo Calígula. De todo lo dicho, la siguiente debió haber sido, en consecuencia, la estructura de toda la obra. El libro I contenía, cabe presumir, una introducción general. El libro II relata las opresiones durante el reinado de Tiberio, por parte de Sejano en Roma y por Pilato en Judea. Entre las primeras debe ubicarse, sin duda, la importante medida del año 19 d. C., por la cual todos los judíos fueron desterrados de Roma. Entre los intentos de Pilato de «hacer algo con respecto al templo contrario a las instituciones judías», la instalación de escudos consagrados en el palacio de Herodes, mencionada en la carta de Agripa, comunicada por Filón, no puede en ningún caso considerarse; debemos considerarlos más bien como los hechos registrados por Josefo, a saber, que Pilato hizo que los soldados marcharan a Jerusalén con las insignias imperiales y empleó el tesoro del templo en la construcción de un acueducto. Eusebio atestigua expresamente que el acto anterior también fue relatado por Filón. El libro III contiene la composición conservada «Adversus Flaccum», que relata la persecución de los judíos alejandrinos, surgida por iniciativa del pueblo de esa ciudad al comienzo del reinado de Calígula. Hasta entonces, no tenía nada que ver con la instalación de la estatua del emperador en la sinagoga judía ni con ningún edicto de Calígula. En el Libro IV, por el contrario, es decir, en la Legatio ad Cajum, que se conserva, se describen los sufrimientos infligidos a los judíos a consecuencia del edicto de Calígula, que exigía que se le rindiera honores divinos en todas partes. Por último, el Libro V, perdido, trataba de la παλινωδια en el sentido ya mencionado.Cabe suponer que se trata de una introducción general. El libro II relata las opresiones ejercidas durante el reinado de Tiberio, por Sejano en Roma y por Pilato en Judea. Entre las primeras cabe destacar, sin duda, la importante medida del año 19 d. C., por la cual todos los judíos fueron desterrados de Roma. Entre los intentos de Pilato de «hacer algo con respecto al templo contrario a las instituciones judías», la colocación de escudos consagrados en el palacio de Herodes, mencionada en la carta de Agripa, comunicada por Filón, no puede en ningún caso referirse a ella; debemos considerarlos más bien como los hechos registrados por Josefo, a saber, que Pilato hizo que los soldados marcharan a Jerusalén con las insignias imperiales y empleó el tesoro del templo en la construcción de un acueducto. Eusebio atestigua expresamente que el primer acto también fue relatado por Filón. Libro III. Se conserva la composición adversus Flaccum, que relata la persecución de los judíos alejandrinos, surgida por iniciativa del pueblo de esa ciudad al comienzo del reinado de Calígula. No tenía nada que ver con la instalación de la estatua del emperador en la sinagoga judía ni con ningún edicto de Calígula. En el Libro IV, por el contrario, es decir, en la Legatio ad Cajum, que se conserva, se describen los sufrimientos infligidos a los judíos como consecuencia del edicto de Calígula, que exigía que se le rindiera honores divinos en todas partes. Por último, el Libro V, perdido, trataba de la παλινωδια en el sentido ya mencionado.Cabe suponer que se trata de una introducción general. El libro II relata las opresiones ejercidas durante el reinado de Tiberio, por Sejano en Roma y por Pilato en Judea. Entre las primeras cabe destacar, sin duda, la importante medida del año 19 d. C., por la cual todos los judíos fueron desterrados de Roma. Entre los intentos de Pilato de «hacer algo con respecto al templo contrario a las instituciones judías», la colocación de escudos consagrados en el palacio de Herodes, mencionada en la carta de Agripa, comunicada por Filón, no puede en ningún caso referirse a ella; debemos considerarlos más bien como los hechos registrados por Josefo, a saber, que Pilato hizo que los soldados marcharan a Jerusalén con las insignias imperiales y empleó el tesoro del templo en la construcción de un acueducto. Eusebio atestigua expresamente que el primer acto también fue relatado por Filón. Libro III. Se conserva la composición adversus Flaccum, que relata la persecución de los judíos alejandrinos, surgida por iniciativa del pueblo de esa ciudad al comienzo del reinado de Calígula. No tenía nada que ver con la instalación de la estatua del emperador en la sinagoga judía ni con ningún edicto de Calígula. En el Libro IV, por el contrario, es decir, en la Legatio ad Cajum, que se conserva, se describen los sufrimientos infligidos a los judíos como consecuencia del edicto de Calígula, que exigía que se le rindiera honores divinos en todas partes. Por último, el Libro V, perdido, trataba de la παλινωδια en el sentido ya mencionado.
Las declaraciones de Eusebio también plantean algunas dificultades con respecto al título de la obra completa. Según el pasaje de la Crónica citado anteriormente (nota 61), la obra completa parece haber sido designada como η πρεσβεια. Y Eusebio también afirma, al presentar el contenido de la obra completa, que todo esto está escrito como εν η συναγραψε πρεσβεια (H. E. ii. 5. 6). Este título es, por lo tanto, posible, ya que el relato de Filón sobre la embajada a Calígula, de la cual fue líder, constituye de hecho el núcleo de la obra. Los diversos libros podrían entonces haber tenido sus títulos especiales, como Φλακκος o similar (véase supra, pág. 350). Ahora Eusebio dice además, hacia la conclusión de su resumen del contenido, que Filón había contado otros mil sufrimientos que sufrieron los judíos en Alejandría εν δευτερω συγγραμματι ω επεγραψε «περι αρετων» (H. E. ii. 6. 3). De esto parece resultar que Filón había tratado estos eventos en dos obras, siendo el título de una η πρεσβεια, y la otra περι αρετων. Esta inferencia, sin embargo, queda descartada no solo por su improbabilidad, sino también por las circunstancias de que Eusebio, en su catálogo principal de los escritos de Filón, H. E. ii. 18, solo menciona este último título. Dice que Filón, irónicamente, dio a su obra sobre las acciones impías de Cayo el título περι αρετων (H. E. ii. 18. 8). No se menciona ninguna otra obra que haga referencia a estos eventos, aunque el catálogo es, en otros aspectos, muy completo. Por lo tanto, creo que nos vemos obligados a admitir que el δευτερω es la glosa de un transcriptor, quien no pudo armonizar los diferentes títulos en ii. 5. 6 y ii. 6. 3, y que, de hecho, ambos títulos se refieren a la misma obra.
Esta obra siempre ha despertado especial interés debido a su importancia como autoridad histórica. Se ha publicado por separado en repetidas ocasiones, se ha traducido a lenguas modernas y ha sido objeto de investigación histórica. La controversia sobre su autenticidad por parte de Grätz apenas merece mención. Este libro no debe confundirse con el libro de tribus virtutibus (véase supra, pág. 345), ni con el publicado por Mai, de virtute ejusque partibus (véase supra, nota 10).
FH Colson escribe (Philo, vol. 9, págs. 295-301):
La historia contada en este tratado es la siguiente.
Flaco, cuyo desgobierno, crueldad hacia los judíos y su destino final se describen aquí, fue nombrado prefecto de Alejandría y Egipto alrededor del año 32 d. C., casi al final del principado de Tiberio. Filón nos cuenta que demostró considerable capacidad y laboriosidad durante sus primeros cinco años en el cargo. Comenta que lo elogia por exponer su villanía con mayor claridad, y podría haber añadido que su descripción demuestra que su tolerancia a la abominable crueldad mostrada por el pueblo alejandrino hacia los judíos no se debía a debilidad, sino a una clara intención (1-7). Había mantenido una buena relación con Tiberio, pero la ascensión de Cayo en el año 37 puso en peligro su posición, pues había sido partidario de Tiberio Gemelo, el candidato rival a la sucesión, había participado en los trámites para procesar a Agripina, la madre de Cayo, y era amigo de Macro, quien, aunque había hecho mucho para proteger a Cayo de la desconfianza y la antipatía de Tiberio, pronto cayó en desgracia con Cayo y fue ejecutado (8-15). Este último suceso sumió a Flaco en la desesperación, y fue en este punto que, según Filón, el partido antisemita de Alejandría, aunque incluía a algunos que en el fondo eran sus enemigos, se acercó a él y le sugirió que, si les brindaba su apoyo, ellos y la ciudad en su conjunto lo apoyarían para protegerlo de la hostilidad del Emperador (16-24). Todo esto puede ser parcialmente o incluso totalmente cierto, pero es compatible con la opinión sostenida por algunos que tienen más derecho a expresar una opinión que yo, de que detrás de esto se esconde un movimiento por parte de los judíos para ampliar a plena ciudadanía los privilegios especiales que tenían como πολιτευμα, y que fue esto lo que impulsó a los griegos a actuar y conseguir el apoyo de Flaco.
Filón representa a Flaco como alguien que poco a poco se unió a ellos y exhibió su hostilidad hacia los judíos (24). El clímax llegó cuando Herodes Agripa, recién nombrado por Gayo para la realeza de la tetrarquía de su tío Filipo, visitó Alejandría camino a su reino. Los alejandrinos, profundamente resentidos por esta exaltación de un judío y (aunque Filón no nos lo dice) exasperados aún más por el entusiasmo con el que los judíos recibieron a su compatriota, escenificaron una burla insultante al llevar al lunático Carabas al Gimnasio y recibirlo con honores reales. Filón no acusa a Flaco de participar activamente en esto y, de hecho, admite que en público se comportó con Agripa con cortesía y amabilidad, pero lo acusa de ser cómplice, ya que no tomó medidas para reprimir la manifestación ni castigar a los infractores (25-40).
Los alejandrinos, presumiblemente conscientes de que podrían comprometerse al insultar al favorito de Cayo, dieron un paso que, naturalmente, complacería al Emperador. Profanaron las sinagogas erigiendo imágenes de Cayo en ellas. En este tratado se nos dice muy poco sobre esto. Filón se explaya sobre las consecuencias que esto conllevaba, sobre el peligro de que tal movimiento se extendiera más allá de Alejandría y sobre su inutilidad, ya que las sinagogas profanadas dejarían de existir como sinagogas y los judíos no podrían rendir el homenaje que solían rendir, dedicándolas en honor del Emperador o instalando los emblemas que se habían instalado legalmente en ellas en el pasado (41-52). Pasa a un segundo agravio: cierta proclama emitida por Flaco. Esto, que se describe vagamente como una denuncia de los judíos como extranjeros y forasteros, puede estar bastante relacionado con el desalojo de cuatro de las cinco “letras” o barrios de la ciudad que se menciona en la misma sección (53-54). Luego viene un tercer error. Permitió que la turba no solo desalojara a los dueños de casa, sino que saqueara sus casas, y una consecuencia de los desalojos fue que los judíos no pudieron continuar con sus negocios. De hecho, se produjo un pogromo y sus brutalidades se describen en términos escabrosos. Los elementos seleccionados son algo diferentes a los de la Legación, pero la historia es sustancialmente la misma (54-72). Un punto en el que Filón se detiene considerablemente es el trato a los senadores judíos. Al parecer, estos, como grupo, fueron acusados de algunos delitos y, aunque solo la mitad de sus miembros fueron arrestados, fueron cruelmente azotados. En particular, algunos de ellos habían perdido todas sus propiedades en el saqueo, y aunque Flaco ya había sido informado de ello, fueron azotados a pesar de ello (73-77). Otra indignidad fueron los instrumentos utilizados. Los ciudadanos alejandrinos fueron azotados con espadas, y hasta entonces los judíos alejandrinos habían tenido el mismo privilegio, pero en esta ocasión se sustituyeron por los azotes utilizados contra los egipcios (78-80). Además, aparentemente todo esto ocurrió cerca del cumpleaños del emperador, que solía considerarse una ocasión para la clemencia, pero en esta ocasión el trato brutal a los judíos se incluyó en las celebraciones del cumpleaños (81-85).
El siguiente ultraje parece mucho menos grave. Los judíos, o algunos de ellos, fueron acusados de poseer arsenales. Sus casas fueron registradas y, según Filón, no se encontró ninguna, en marcado contraste con la enorme cantidad de detenidos durante una investigación similar realizada entre los egipcios. Su indignación parece exagerada y, de hecho, la única queja específica que formula es que la modestia de las mujeres se vio ofendida por una investigación militar de sus pertenencias, y en relación con esto menciona otros malos tratos que las mujeres habían recibido en el pogromo (86-96).
El último punto en la lista de crímenes de Flaco es que suprimió la resolución de felicitación que el senado judío había aprobado con motivo de la ascensión de Gayo al trono y que había prometido transmitir al emperador. Los judíos, sospechando que no la había enviado, consultaron con Agripa durante su visita a Alejandría y recibieron de él un compromiso que, según creían, había cumplido (97-103).
Hasta aquí las ofensas de Flaco. Pasemos a su castigo. La historia de su arresto, con un relato detallado de las circunstancias y del júbilo de los judíos, se relata con la vivacidad que Filón domina. Observamos que esto ocurrió durante la Fiesta de los Tabernáculos, poco más de un mes después del cumpleaños del emperador, y que su viaje a Roma, durante el cual sufrió un temporal, tuvo lugar a principios del invierno (104-125). Desconocemos con exactitud los cargos que se le imputaban, pero se nos dice que Isidoro y Lampón, mencionados anteriormente como líderes de la facción que lo instaba a asegurar su posición persiguiendo a los judíos, aparecieron ahora como sus acusadores (126-127). Y aquí Filón interrumpe su narración para contarnos algo sobre ellos dos. Su diatriba contra Lampo equivale a la acusación de que, como secretario del prefecto en funciones de juez, pervirtió persistentemente la justicia, aunque también sabemos incidentalmente que durante un tiempo se vio en serios problemas bajo el gobierno de Tiberio (128-134). En cuanto a Isidoro, tenemos un extenso relato de un incidente ocurrido en los primeros días de la prefectura de Flaco. Flaco inicialmente le había mostrado considerable favor. Cuando se volvió menos cordial, Isidoro se ofendió y organizó una reunión con sus secuaces, quienes profirieron calumnias infundadas contra Flaco, quien aquí se presentaba como un hombre de moderación y buen juicio. Una reunión a la que se convocó a la parte respetable del pueblo congregó a toda la ciudad, llena de indignación contra los calumniadores y de simpatía hacia el gobernador. Isidoro quedó completamente expuesto y tuvo que huir de la ciudad (135-145). Debió de reaparecer y, por sorprendente que parezca, debió, si el relato de Filón es cierto, persuadir a Flaco de que era un amigo en cuyo consejo podía confiar. No se nos dice qué cargos presentaron él y Lampo contra Flaco, pero se celebró un juicio en el que Flaco fue condenado, sus propiedades confiscadas y él mismo sentenciado a la deportación (146-150).
A partir de este punto, la historia avanza sin sobresaltos hasta el final. Se nos ofrece un relato de su viaje a Andros y su miserable situación tras su llegada, intercalado con discursos y soliloquios en los que lamenta su caída y reconoce que su castigo es justo. Cabe dudar de si esto último representa su sentimiento. No tenemos, y probablemente Filón no tenía, forma de juzgarlo. El final llegó cuando Gayo, de quien se dice que llegó a la conclusión de que la vida del deportado era un castigo demasiado leve para él, decidió ejecutarlo. El tratado concluye con una descripción de cómo se llevó a cabo, seguida de la afirmación de que el destino de Flaco demuestra que Dios aún vela por los judíos (151-191).
El Flaco posee considerables méritos literarios. La narrativa, en particular en las últimas cuarenta secciones, es sumamente vívida. Además, es, sin duda, históricamente valioso, ya que ofrece un relato sustancialmente veraz de acontecimientos de los que sabemos muy poco por otras fuentes. Dejo a quienes son más competentes que yo la evaluación de hasta qué punto es buena historia, en el sentido de ofrecer una descripción fiable de los motivos y sentimientos de los protagonistas. Asimismo, es una poderosa encarnación de la profunda convicción de que la nación está bajo la Providencia especial de Dios, que ha sido el alma del judaísmo a lo largo de los siglos. Esta convicción implica, naturalmente, la creencia de que los enemigos del judaísmo son enemigos de Dios y su castigo, una visita divina. Pero esta creencia tiene su lado negativo, que me parece muy claramente manifestado en este tratado. En el § 117, se representa a los judíos diciendo: «No nos alegramos del castigo de un enemigo porque las Sagradas Leyes nos han enseñado a tener compasión humana». Esto es fácil de decir, pero no tan fácil de hacer, y si Filón creía haber aprendido esta lección, creo que se engañaba a sí mismo. Se regocija en la miseria de Flaco en su caída, exilio y muerte, con un afán vengativo que me resulta repulsivo. Si bien, como dije en el prefacio, ninguno de los tratados de este volumen tiene gran valor ni probablemente habría sobrevivido de no ser por la alta estima que se le dio a su obra principal, este es el único que quienes admiran la belleza y la espiritualidad que tan a menudo se muestran tanto en el Comentario como en la Exposición desearían que no se hubiera escrito.
I. (1) Flaco Avilio sucedió a Sejano en su odio y hostilidad hacia la nación judía. No pudo, en efecto, perjudicar a todo el pueblo por medios abiertos y directos como antes, dado que tenía menos poder para tal propósito, pero infligió los males más intolerables a todos los que estuvieron a su alcance. Además, aunque en apariencia solo atacó a una parte de la nación, en realidad dirigió sus objetivos contra todos los que pudo encontrar, procediendo más con astucia que con fuerza; pues aquellos hombres que, a pesar de su naturaleza y disposición tiránicas, no tienen la fuerza suficiente para llevar a cabo sus designios abiertamente, buscan forzarlos mediante maniobras. (2) Este Flaco, elegido por Tiberio César como uno de sus compañeros íntimos, tras la muerte de Severo, que había sido teniente gobernador en Egipto, fue nombrado virrey de Alejandría y de los alrededores, siendo un hombre que al principio, en cuanto a apariencia se refería, había dado innumerables ejemplos de su excelencia, pues era un hombre de prudencia y diligencia, y de gran agudeza de percepción, muy enérgico en la ejecución de lo que había determinado, muy elocuente como orador y hábil también en discernir lo que se suprimía, así como en comprender lo que se decía. (3) En consecuencia, en poco tiempo se familiarizó perfectamente con los asuntos de Egipto, y son de un carácter muy variado y diversificado, de modo que no son fáciles de comprender incluso para aquellos que desde su más temprana infancia los han hecho su estudio. Los escribas eran un cuerpo superfluo cuando, gracias a su amplia experiencia, había avanzado tanto en el conocimiento de todas las cosas, importantes o triviales, que no solo los superó, sino que, gracias a su gran precisión, estaba calificado, en lugar de ser un alumno, para convertirse en el instructor de quienes hasta entonces habían sido los maestros de todas las demás personas. (4) Sin embargo, todas aquellas cosas en las que demostró un sistema admirable y gran sabiduría respecto a las cuentas y la organización general de las rentas de la tierra, aunque eran asuntos serios y de suma importancia, no eran, sin embargo, tales como para dar pruebas de un alma apta para la tarea de gobernar; pero aquellas cosas que exhibían una disposición más brillante y real también las exhibía con gran libertad. Por ejemplo, se comportaba con considerable dignidad, y el orgullo y la pompa son cosas ventajosas para un gobernante; y decidió todos los asuntos de importancia en conjunto con los magistrados, derribó a los demasiado orgullosos, prohibió que las multitudes promiscuas de hombres de todos los sectores se reunieran, y prohibió todas las asociaciones y reuniones que continuamente festejaban juntas bajo el pretexto de sacrificios, haciendo una burla ebria de los asuntos públicos,(5) Luego, cuando había llenado toda la ciudad y el país con su sabia legislación, procedió a su vez a regular los asuntos militares de la tierra, emitiendo órdenes, organizando asuntos, entrenando a las tropas de todo tipo, infantería, caballería y armas ligeras, enseñando a los comandantes a no privar a los soldados de su paga y así empujarlos a actos de piratería y rapiña, y enseñando a cada soldado individual a no proceder a ninguna acción no autorizada por su servicio militar, recordando que fue designado con el objetivo especial de preservar la paz.
II. (6) Quizás alguien diga aquí: «¿Acaso tú, buen hombre, que has decidido acusar a este hombre, no presentas acusación alguna contra él, sino que, por el contrario, tejes largos panegíricos en su honor? ¿No estás loco y desquiciado?». «No estoy loco, amigo mío, ni soy un completo necio como para no ver las consecuencias de la conexión de las cosas. (7) Alabo a Flaco, no porque sea correcto alabar a un enemigo, sino para hacer más evidente su maldad; pues se concede perdón a quien obra mal por ignorancia de lo que es correcto; pero quien obra mal a sabiendas no tiene excusa, pues ya ha sido condenado por el tribunal de su propia conciencia».
III. (8) Pues habiendo recibido un gobierno que debía durar seis años, durante los primeros cinco años, mientras vivió Tiberio César, preservó la paz y también gobernó el país en general con tal vigor y energía que fue superior a todos los gobernadores que le habían precedido. (9) Pero en el último año, después de la muerte de Tiberio, y cuando Gayo lo sucedió como emperador, comenzó a relajarse y a ser indiferente a todo, ya sea porque estaba abrumado por un dolor muy profundo por causa de Tiberio (pues era evidente para todos que se afligía excesivamente como si fuera por un pariente cercano, tanto por su continua depresión de espíritu como por su llanto incesante, derramando lágrimas sin fin como de una fuente inagotable), o ya sea porque estaba desafecto a su sucesor, porque prefería dedicarse al partido de los hijos reales en lugar del de los adoptados, o ya sea porque había sido uno de los que se unieron a la conspiración contra la madre de Gayo, habiéndose unido contra ella cuando se presentaron las acusaciones en su contra, a causa de las cuales fue condenada a muerte, y habiendo escapado por temor a las consecuencias de proceder contra él. (10) Sin embargo, durante un tiempo prestó cierta atención a los asuntos del estado, sin abandonar por completo la administración de su gobierno; pero cuando oyó que el nieto de Tiberio y su compañero en el gobierno habían sido ejecutados por orden de Cayo, se sintió abrumado por una angustia intolerable, se arrojó al suelo y permaneció allí sin habla, completamente privado de sus sentidos, pues de hecho su mente hacía tiempo que estaba enervada por el dolor. (11) Mientras ese niño vivió, no desesperó de algunas chispas que aún quedaban de su propia seguridad, pero ahora que estaba muerto, consideró que todas sus propias esperanzas también habían muerto con él, incluso si aún pudiera quedar una ligera brisa de ayuda, como su amistad con Macro, quien tenía una influencia ilimitada con Cayo en su autoridad; y quien, según se dice, contribuyó enormemente a su obtención del poder supremo, y en mayor medida aún a su seguridad personal, (12), ya que Tiberio había pensado con frecuencia en eliminar a Cayo, considerándolo un hombre malvado y poco apto por naturaleza para ejercer la autoridad, influenciado también en parte por sus temores por su nieto; pues temía que, una vez muerto, su muerte se añadiera a los funerales de su familia. Pero Macro le había instado constantemente a que desechara estos temores y había elogiado a Cayo como un hombre sencillo, honesto y sociable, y como alguien muy apegado a su primo.(13) Y Tiberio, siendo engañado por todas estas representaciones, sin ser consciente de lo que estaba haciendo, dejó tras de sí un enemigo irreconciliable, para sí mismo, y para su nieto, y para toda su familia, y para Macro, quien era su principal consejero y consolador, y para toda la humanidad; (14) porque cuando Macro vio que Gayo estaba abandonando el camino de la virtud y cediendo a sus pasiones desenfrenadas, siguiéndolas dondequiera que lo llevaran y contra cualquier objeto que lo llevaran, lo amonestó y lo reprochó, considerándolo como el mismo Gayo que, mientras Tiberio estaba vivo, era de temperamento apacible y dócil; Pero para su desgracia, sufrió un terrible castigo por su excesiva buena voluntad, siendo ejecutado junto con su esposa, hijos y toda su familia, como un objeto doloroso y problemático para su nuevo soberano. (15) Pues siempre que lo veía a lo lejos acercándose, solía hablar así a quienes lo acompañaban: «No sonríamos; pongamos cara de tristeza: aquí viene el censor y monitor; el hombre sabio, el que ahora empieza a ser el maestro de un hombre adulto y de un emperador, después de que el tiempo mismo lo haya separado y desechado a los tutores de su más tierna infancia».
IV. (16) Cuando Flaco supo que también él había sido condenado a muerte, abandonó por completo toda esperanza de futuro y ya no pudo dedicarse a los asuntos públicos como antes, debilitado y completamente abatido. (17) Pero cuando un magistrado empieza a desesperar de su poder para ejercer autoridad, es inevitable que sus súbditos se vuelvan rápidamente desobedientes, especialmente aquellos que, por cualquier suceso trivial o común, tienden a mostrar insubordinación. Entre este pueblo, la nación egipcia destaca por su constante hábito de provocar grandes sediciones a partir de pequeñas chispas. (18) Y al verse colocado en una situación de gran y desconcertante dificultad, empezó a enfurecerse, y simultáneamente, con el cambio de su disposición para peor, también alteró todo lo que había existido antes, empezando por sus amigos más cercanos y sus costumbres más habituales; pues empezó a sospechar y a alejar de sí a aquellos que le tenían buen afecto, y que eran los más sinceros amigos, y se reconcilió con aquellos que originalmente eran sus enemigos declarados, y los usó como consejeros bajo todas las circunstancias; (19) pero ellos, porque persistieron en su mala voluntad, estando reconciliados con él solo de palabra y en apariencia, pero en sus acciones y en sus corazones le tenían una enemistad incurable, y aunque solo fingían una amistad genuina hacia él, como actores en un teatro, lo atrajeron completamente a su lado; (20) y así el gobernador se convirtió en súbdito, y los súbditos en gobernador, proponiendo las opiniones más infructuosas e inmediatamente confirmándolas e insistiendo en ellas; (20) pues se convirtieron en ejecutores de todos los planes que habían ideado, tratándolo como a un mudo en el escenario, como a alguien que solo por componer el espectáculo estaba inscrito con el título de autoridad, siendo ellos mismos un grupo de Dionisios, demagogos, y de Lampos, una panda de caviladores y divisores de palabras; y de Isidoros, sembradores de sedición, entrometidos, ideadores del mal, perturbadores del estado; pues este es el nombre que, por fin, se les ha dado. (21) Todos estos hombres, habiendo ideado un plan gravísimo contra los judíos, procedieron a llevarlo a cabo, y acercándose en privado a Flaco, le dijeron: (22) “Toda tu esperanza en el hijo de Tiberio Nerón ha perecido, y tu compañero Macro, que era tu segunda mejor opción, también se ha ido, y no tienes ninguna posibilidad de ganarte el favor del emperador, por lo tanto, debemos encontrar otro abogado, por quien Gayo pueda ser propicio para nosotros,(23) y ese abogado es la ciudad de Alejandría, a la que toda la familia de Augusto ha honrado desde el principio, y nuestro actual señor por encima de todos los demás; y será un mediador suficiente en nuestro favor, si puede obtener un favor de ti, y no puedes conferirle un beneficio mayor que abandonando y denunciando a todos los judíos. (24) Ahora bien, aunque en esto debería haber rechazado y expulsado a los oradores como trabajadores de la revolución y enemigos comunes, está de acuerdo, por el contrario, con lo que dicen, y al principio hizo menos evidentes sus designios contra los judíos, absteniéndose solamente de escuchar las causas llevadas ante su tribunal con imparcialidad y equidad, e inclinándose más hacia un lado que hacia el otro, y no permitiendo a ambos lados una libertad de expresión igual; pero siempre que un judío se presentaba ante él, mostraba su aversión hacia él y se apartaba de su afabilidad habitual en su caso; pero después exhibió su hostilidad hacia ellos de una manera más conspicua.
V. (25) Además, algunos casos como los que se describen a continuación aumentaron su insensatez e insolencia, derivadas más de la instrucción que de la naturaleza. Cayo César dio a Agripa, nieto del rey Herodes, la tercera parte de su herencia paterna como soberanía, de la que previamente había disfrutado Filipo el tetrarca, tío suyo por línea paterna. (26) Y cuando estaba a punto de partir para tomar posesión de su reino, Cayo le aconsejó que evitara el viaje de Brundusium a Siria, que era largo y problemático, y que tomara el más corto por Alejandría, esperando los vientos periódicos; pues decía que los barcos mercantes que zarpaban de ese puerto eran veloces y que los pilotos eran hombres muy experimentados, que guiaban sus barcos como hábiles cocheros a sus caballos, manteniéndolos en el rumbo correcto. (27) Así pues, descendiendo a Dicearchia, y viendo en el puerto algunos barcos alejandrinos que parecían listos y aptos para hacerse a la mar, se embarcó con sus seguidores y tuvo un buen viaje, y así, unos días después, llegó al final de su viaje, imprevisto e inesperado, habiendo ordenado a los capitanes de sus barcos (pues avistó Faros al anochecer) que arriaran las velas y se mantuvieran a poca distancia en mar abierto, hasta que oscureciera, y entonces, por la noche, entró en el puerto, para que al desembarcar encontrara a todos los ciudadanos enterrados en el sueño, y así, sin que nadie lo viera, pudiera llegar a la casa del hombre que iba a ser su anfitrión. (28) Con gran modestia llegó este hombre, deseando poder entrar sin ser visto por nadie en la ciudad. Pues no había venido a ver Alejandría, pues ya había estado allí antes, cuando se preparaba para viajar a Roma a ver a Tiberio, pero deseaba en ese momento tomar el camino más rápido para llegar a su destino con la menor demora posible. (29) Pero los alejandrinos, a punto de estallar de envidia y mala voluntad (pues la disposición egipcia es por naturaleza muy celosa y envidiosa, propensa a considerar la buena fortuna ajena como una adversidad), y a la vez llenos de una antigua y, en cierto modo, innata enemistad hacia los judíos, se indignaban de que alguien se convirtiera en rey de los judíos, tanto como si cada uno de ellos hubiera sido privado de un reino ancestral de su propia herencia. (30) Y luego nuevamente sus amigos y compañeros vinieron y alborotaron al miserable Flaco,Invitándolo, excitándolo y estimulándolo a sentir la misma envidia hacia ellos mismos; diciendo: «La llegada de este hombre para asumir su gobierno equivale a una deposición tuya. Está investido de mayor dignidad de honor y gloria que tú. Atrae todas las miradas hacia sí mismo cuando ven la formación de centinelas y guardaespaldas que lo rodean, adornados con armas plateadas y doradas. (31) Pues ¿debería haber comparecido ante otro gobernador, cuando estaba en su poder navegar por el mar y así llegar sano y salvo a su propio gobierno? Porque, de hecho, si Gayo le aconsejó o más bien le ordenó que lo hiciera, debería haber desaprobado con fervientes solicitudes cualquier visita a este país, para que el verdadero gobernador no cayera en descrédito y pareciera que su autoridad se veía disminuida por ser aparentemente ignorado». (32) Cuando oyó esto, se indignó más que antes, y en público, de hecho, fingió ser su compañero y su amigo, por temor al hombre que dirigía su curso, pero en secreto le tenía mucha mala voluntad, y le decía a todos cuánto lo odiaba, y lo insultaba a sus espaldas, y lo insultaba indirectamente, ya que no se atrevía a hacerlo abiertamente; (33) porque alentaba a la multitud ociosa y perezosa de la ciudad (y la multitud de Alejandría está acostumbrada a una gran licencia de expresión, y se deleita sobremanera en la calumnia y la maledicencia), a insultar al rey, ya sea comenzando a injuriarlo en su propia persona, o bien exhortando y excitando a otros a hacerlo por medio de personas que estaban acostumbradas a servirlo en asuntos de este tipo. (34) Y ellos, una vez que se les dio la señal, se pasaban el día injuriando al rey en las escuelas públicas, inventando todo tipo de burlas para ridiculizarlo. A veces empleaban a poetas que componían farsas y a directores de títeres, mostrando su aptitud natural para todo tipo de oficios vergonzosos, aunque eran muy lentos para aprender algo digno de crédito, pero muy agudos, rápidos y dispuestos a aprender cualquier cosa de naturaleza contraria. (35) Pues, ¿por qué no mostró su indignación, por qué no los encarceló, por qué no los castigó por sus insolentes y desleales calumnias? E incluso si no hubiera sido rey, sino solo uno de la casa de César, ¿no debería haber tenido privilegios y honores especiales? El hecho es que todas estas circunstancias son una prueba innegable de que Flaco participó en todos estos abusos; porque aquel que podría haberlo castigado con la más extrema severidad y lo hubiera contenido por completo, y sin embargo no tomó medidas para restringirlo,estaba claramente convencido de haberlo permitido y alentado; pero siempre que una multitud descontrolada comienza a hacer el mal, nunca desiste, sino que procede de una maldad a otra, haciendo continuamente alguna cosa monstruosa.
VI. (36) Había un loco llamado Carabbas, que no padecía una locura salvaje, feroz y peligrosa (pues esta aparece en accesos sin que nadie se la espere ni el paciente ni los presentes), sino una especie de locura intermitente y más leve; este hombre pasaba todos estos días y noches desnudo en los caminos, sin importarle ni el frío ni el calor, el juego de niños ociosos y jóvenes desenfrenados; (37) y ellos, llevando al pobre desgraciado hasta el gimnasio público y colocándolo allí en alto para que todos lo vieran, aplanaron una hoja de papiro y se la pusieron en la cabeza en lugar de una diadema, y vistieron el resto de su cuerpo con un felpudo común en lugar de una capa y en lugar de un cetro, le pusieron en la mano un palito de papiro nativo que encontraron tirado al lado del camino y se lo dieron; (38) Y cuando, como actores en espectáculos teatrales, recibió todas las insignias de la autoridad real y fue vestido y adornado como un rey, los jóvenes con bastones al hombro se colocaron a cada lado en lugar de lanceros, imitando a los guardaespaldas del rey. Luego se acercaron otros, algunos como para saludarlo, otros como si quisieran defender sus causas ante él, y otros fingiendo querer consultarle sobre los asuntos del estado. (39) Entonces, de la multitud que estaba allí de pie, surgió un grito asombroso de hombres que gritaban «Maris»; y este es el nombre con el que se dice que llaman a los reyes entre los sirios; pues sabían que Agripa era sirio de nacimiento, y también que poseía un gran distrito de Siria del cual era soberano. (40) cuando Flaco oyó, o mejor dicho, cuando vio esto, habría hecho bien en aprehender al maníaco y ponerlo en prisión, para no dar a quienes lo injuriaban oportunidad o excusa para insultar a sus superiores, y si hubiera castigado a quienes lo disfrazaron por haberse atrevido tanto abiertamente como disfrazadamente, tanto con palabras como con acciones, a insultar a un rey y amigo de César, y a alguien que había sido honrado por el senado romano con autoridad imperial; pero no solo no los castigó, sino que ni siquiera creyó conveniente detenerlos, sino que dio completa licencia e impunidad a todos aquellos que planeaban el mal y que estaban dispuestos a mostrar su enemistad y rencor al rey, fingiendo no ver lo que él veía y no oír lo que él oía. (41) Y cuando la multitud percibió esto, no me refiero a la población ordinaria y bien organizada de la ciudad, sino a la turba que, por su inquietud y amor a una vida intranquila y desordenada, siempre llenaba todo lugar de tumulto y confusión, y que,Debido a su habitual ociosidad y pereza, estaban llenos de traición y planes revolucionarios. Acudieron al teatro a primera hora de la mañana, tras haber comprado a Flaco a un precio miserable, que él, con su desesperado anhelo de gloria y su servilismo, se dignó a aceptar en detrimento no solo de sí mismo, sino también de la seguridad de la república. Todos, como si recibieran una señal, exigieron erigir imágenes en las sinagogas, proponiendo una violación de la ley novedosa y sin precedentes. Y aunque sabían esto (pues son muy astutos en su maldad), adoptaron un propósito profundo, utilizando el nombre de César como tapadera, a quien sería impiedad atribuir las acciones de los culpables. ¿Qué hizo entonces el gobernador del país? EspañolSabía que la ciudad tenía dos clases de habitantes: nuestra nación y la gente del país, y que todo Egipto estaba habitado de la misma manera, y que los judíos que habitaban Alejandría y el resto del país desde Catabathmos en el lado de Libia hasta los límites de Etiopía no eran menos de un millón de hombres; y que los intentos que se estaban haciendo estaban dirigidos contra toda la nación, y que era una cosa muy dañina perturbar las antiguas costumbres hereditarias de la tierra; él, haciendo caso omiso de todas estas consideraciones, permitió que la multitud procediera a erigir las estatuas, aunque podría haberles dado un gran número de preceptos admonitorios en lugar de tal permiso, ya sea ordenándoles como su gobernador o aconsejándoles como su amigo.y que era una cosa muy perjudicial perturbar las antiguas costumbres hereditarias de la tierra; él, haciendo caso omiso de todas estas consideraciones, permitió que la multitud procediera a erigir las estatuas, aunque podría haberles dado un gran número de preceptos admonitorios en lugar de tal permiso, ya sea ordenándoles como su gobernador o aconsejándoles como su amigo.y que era una cosa muy perjudicial perturbar las antiguas costumbres hereditarias de la tierra; él, haciendo caso omiso de todas estas consideraciones, permitió que la multitud procediera a erigir las estatuas, aunque podría haberles dado un gran número de preceptos admonitorios en lugar de tal permiso, ya sea ordenándoles como su gobernador o aconsejándoles como su amigo.
VII. (44) Pero él, pues cooperaba con entusiasmo en todo lo que se hacía mal, creyó oportuno usar su poder superior para enfrentar el tumulto sedicioso con nuevas adiciones de maldad, y en la medida en que dependía de él, casi podría decirse que llenó todo el mundo habitado de guerras civiles; (45) pues era suficientemente evidente que la noticia sobre la destrucción de las sinagogas, que surgió en Alejandría, se extendería de inmediato por todos los distritos de Egipto, y se extendería desde ese país hacia el este y a las naciones orientales, y desde las fronteras del país en la otra dirección, y desde el distrito mareótico, que es la frontera de Libia, hacia la puesta del sol y las naciones occidentales. Pues ningún país puede contener a toda la nación judía, debido a su población; (46) Por esta razón, frecuentan todos los países más prósperos y fértiles de Europa y Asia, ya sean islas o continentes, considerando ciertamente la ciudad santa como su metrópoli en la que se erige el templo sagrado del Dios Altísimo, pero considerando como su país aquellas regiones que fueron ocupadas por sus padres, abuelos, bisabuelos y antepasados aún más remotos, en las que nacieron y se criaron; e incluso hay algunas regiones a las que llegaron en el mismo momento en que se establecieron originalmente, enviando una colonia de su gente para complacer a los fundadores de la colonia. (47) Y había razones para temer que toda la población de cada país, tomando lo hecho en Egipto como modelo y como excusa, pudiera insultar a aquellos judíos que eran sus conciudadanos, al introducir nuevas regulaciones con respecto a sus sinagogas y sus costumbres nacionales; (48) pero los judíos, pues no estaban inclinados a permanecer tranquilos bajo todo, aunque naturalmente estaban enteramente dispuestos hacia la paz, no solo porque las contiendas por las costumbres naturales parecen entre todos los hombres más importantes que las que son solo por el bien de la vida, sino también porque solo ellos de toda la gente bajo el sol, si se vieran privados de sus casas de oración, al mismo tiempo se verían privados de todos los medios de mostrar su piedad hacia sus benefactores, lo que habrían considerado peor que diez mil muertes, ya que si sus sinagogas fueran destruidas ya no tendrían lugares sagrados en los que pudieran declarar su gratitud, podrían haber dicho razonablemente a quienes se les oponían: (49) Ustedes, sin ser conscientes de ello, están quitando honor a sus señores en lugar de conferirles alguno.Nuestras casas de oración son, sin duda, una incitación para que todos los judíos, en todo el mundo habitable, muestren su piedad y lealtad hacia la casa de Augusto; y si son exterminadas, ¿qué otro lugar o qué otra forma de mostrar ese honor nos quedará? (50) Porque si desaprovecháramos la oportunidad de adherirnos a nuestras costumbres nacionales cuando se nos brinda, mereceríamos el más severo castigo, por no dar una retribución adecuada a los beneficios recibidos; pero si, mientras está en nuestro poder hacerlo, obedecemos en todo, conforme a nuestras propias leyes, que el propio Augusto suele confirmar, entonces no veo qué ofensa, ni grande ni pequeña, se nos pueda imputar. A menos que alguien nos impute que no transgredimos las leyes deliberadas ni que nos apartamos intencionalmente de nuestras costumbres nacionales, prácticas que, aunque al principio ataquen a otros, a menudo acaban perjudicando a quienes las practican. (51) Pero Flaco, al no decir nada que debiera haber dicho, y todo lo que no debiera haber dicho, ha pecado contra nosotros de esta manera; pero ¿cuál ha sido su intención con aquellos hombres a quienes ha tratado de complacer? ¿Acaso han tenido los sentimientos de quienes desean honrar al César? ¿Acaso escaseaban los templos en la ciudad, cuyas partes más grandes e importantes están dedicadas a algún dios, en los que podrían haber erigido las estatuas que quisieran? (52) Hemos estado describiendo la evidencia de hombres hostiles y poco amistosos, que buscan dañarnos con tal artificio, que incluso cuando nos dañan puede que no parezca que han estado actuando inicuamente, y sin embargo, que nosotros que somos dañados por ellos no podemos resistir con seguridad para nosotros mismos; porque, mis buenos hombres, no contribuye al honor del emperador abrogar las leyes, perturbar las costumbres nacionales de un pueblo, insultar a los que viven en el mismo país y enseñar a los que viven en otras ciudades a ignorar la unanimidad y la tranquilidad.y que no nos apartamos intencionalmente de nuestras costumbres nacionales, prácticas que, aunque al principio ataquen a otros, a menudo acaban perjudicando a quienes las practican. (51) Pero Flaco, al no decir nada que debiera haber dicho, y todo lo que no debiera haber dicho, ha pecado contra nosotros de esta manera; pero aquellos hombres a quienes ha procurado complacer, ¿cuál ha sido su intención? ¿Acaso han tenido los sentimientos de quienes desean honrar al César? ¿Acaso escaseaban los templos en la ciudad, cuyas partes más grandes e importantes están dedicadas a algún dios, en los que podrían haber erigido las estatuas que quisieran? (52) Hemos estado describiendo la evidencia de hombres hostiles y poco amistosos, que buscan dañarnos con tal artificio, que incluso cuando nos dañan puede que no parezca que han estado actuando inicuamente, y sin embargo, que nosotros que somos dañados por ellos no podemos resistir con seguridad para nosotros mismos; porque, mis buenos hombres, no contribuye al honor del emperador abrogar las leyes, perturbar las costumbres nacionales de un pueblo, insultar a los que viven en el mismo país y enseñar a los que viven en otras ciudades a ignorar la unanimidad y la tranquilidad.y que no nos apartamos intencionalmente de nuestras costumbres nacionales, prácticas que, aunque al principio ataquen a otros, a menudo acaban perjudicando a quienes las practican. (51) Pero Flaco, al no decir nada que debiera haber dicho, y todo lo que no debiera haber dicho, ha pecado contra nosotros de esta manera; pero aquellos hombres a quienes ha procurado complacer, ¿cuál ha sido su intención? ¿Acaso han tenido los sentimientos de quienes desean honrar al César? ¿Acaso escaseaban los templos en la ciudad, cuyas partes más grandes e importantes están dedicadas a algún dios, en los que podrían haber erigido las estatuas que quisieran? (52) Hemos estado describiendo la evidencia de hombres hostiles y poco amistosos, que buscan dañarnos con tal artificio, que incluso cuando nos dañan puede que no parezca que han estado actuando inicuamente, y sin embargo, que nosotros que somos dañados por ellos no podemos resistir con seguridad para nosotros mismos; porque, mis buenos hombres, no contribuye al honor del emperador abrogar las leyes, perturbar las costumbres nacionales de un pueblo, insultar a los que viven en el mismo país y enseñar a los que viven en otras ciudades a ignorar la unanimidad y la tranquilidad.
VIII. (53) Como el intento de violar la ley le parecía que prosperaba, mientras destruía las sinagogas, sin dejar siquiera su nombre, procedió a otra hazaña, a saber, la destrucción total de nuestra constitución, para que, al ser eliminadas todas las cosas a las que únicamente nuestra vida estaba anclada, a saber, nuestras costumbres nacionales, nuestros legítimos derechos políticos y privilegios sociales, pudiéramos vernos expuestos al extremo de la calamidad, sin que nos quedara ningún asidero al que aferrarnos para nuestra seguridad, (54) pues pocos días después emitió un aviso en el que nos llamaba a todos extranjeros y forasteros, sin darnos la oportunidad de ser escuchados en nuestra propia defensa, sino condenándonos sin juicio; ¿y qué orden puede estar más llena de tiranía que esta? Él mismo, siendo todo —acusador, enemigo, testigo, juez y verdugo—, añadió entonces a las dos denominaciones anteriores una tercera, permitiendo que cualquiera que estuviera inclinado a proceder a exterminar a los judíos fuera prisionero de guerra. (55) Entonces, cuando el pueblo recibió esta licencia, ¿qué hicieron? Hay cinco distritos en la ciudad, nombrados por las primeras cinco letras del alfabeto escrito, de estos dos se llaman los barrios de los judíos, porque la mayor parte de los judíos vive en ellos. También hay unos pocos judíos dispersos, pero muy pocos, que viven en algunos de los otros distritos. ¿Qué hicieron entonces? Expulsaron a los judíos por completo de cuatro barrios y los hacinaron en una porción muy pequeña de uno; (56) y debido a su número, se dispersaron por la costa, lugares desiertos y entre las tumbas, siendo privados de todas sus propiedades; Mientras tanto, el populacho, invadiendo sus casas desoladas, se dedicó al saqueo y se repartió el botín como si lo hubiera obtenido en la guerra. Y como nadie se lo impidió, irrumpieron incluso en los talleres de los judíos, que estaban todos cerrados por el luto por Drusila, [1] y se llevaron todo lo que encontraron allí, llevándolo abiertamente por el centro de la plaza del mercado como si solo hubieran estado haciendo uso de sus bienes. (57) Y el cese de los negocios al que se vieron obligados a someterse fue un mal aún peor que el saqueo al que se vieron expuestos, ya que la consecuencia fue que los que habían prestado dinero perdieron lo que habían prestado, y como a nadie se le permitió, ni a un agricultor, ni a un capitán de barco, ni a un comerciante, ni a un artesano, emplearse en su forma habitual, de modo que la pobreza les cayó por dos lados a la vez, tanto por la rapiña, ya que cuando se les dio licencia para saquearlos fueron despojados de todo en un día, y también por la circunstancia de que ya no podían ganar dinero con sus ocupaciones habituales.
IX. (58) Y aunque estos eran males suficientemente intolerables, sin embargo, en realidad parecen insignificantes cuando se los compara con los que posteriormente se les infligieron, porque la pobreza es ciertamente un mal amargo, especialmente cuando es causada por las maquinaciones de los enemigos, pero es menos que un insulto y un maltrato personal, incluso del más mínimo carácter. (59) Pero ahora los males que se acumulaban sobre nuestro pueblo eran tan excesivos y desmesurados, que si alguien deseara usar un lenguaje apropiado, nunca los llamaría insultos ni agresiones, sino que, según me parece, en realidad no encontraría expresiones adecuadas, debido a la enormidad de las crueldades recién inventadas contra ellos, de modo que si el trato que sufren los hombres por parte de los enemigos que los han sometido en la guerra, por implacables que sean por naturaleza, se comparara con el que sufrieron los judíos, parecería de lo más misericordioso. (60) Los enemigos, de hecho, despojan a sus adversarios vencidos de su dinero y se llevan a multitudes en cautiverio, habiendo corrido el mismo riesgo de perderlo todo si ellos mismos hubieran sido derrotados. No es que en todos estos casos no haya sino muchísimas personas por quienes sus parientes y amigos pagaron un rescate, y que así se liberan del cautiverio, pues si a sus enemigos no se les podía persuadir con compasión, sí se les podía persuadir con el amor al dinero. Pero ¿de qué sirve proceder así, dirá alguien, si mientras los hombres escapen del peligro, poco importa cómo se logre su salvación? (61) Además, ha sucedido con frecuencia que los enemigos han concedido a los caídos en batalla el honor de los ritos funerarios; los que fueron amables y humanitarios los enterraron a sus expensas, y los que mantuvieron su enemistad incluso contra los muertos entregaron sus cuerpos a sus amigos bajo tregua, para no verse privados del último honor de todos, las ceremonias tradicionales de la sepultura. (62) Esta es, pues, la conducta de los enemigos en tiempos de guerra; Veamos ahora lo que hicieron aquellos que poco antes habían sido amigos en tiempos de paz. Pues tras saquearlos por completo, expulsarlos de sus hogares y expulsarlos por la fuerza de la mayor parte de la ciudad, nuestro pueblo, como si estuviera bloqueado y acorralado por un círculo de enemigos sitiadores, oprimido por una terrible escasez y carencia de bienes necesarios, y viendo a sus esposas e hijos morir ante sus ojos por una hambruna antinatural (63) (pues todos los demás lugares estaban llenos de prosperidad y abundancia, pues el río había irrigado abundantemente los campos de maíz con sus inundaciones,y como toda la región de Champaña, dedicada a la producción de trigo, estaba este año proporcionando una sobrecosecha de maíz muy abundante con una fertilidad muy inusual), (64) al no poder ya satisfacer sus necesidades, algunos, aunque nunca antes habían estado acostumbrados a hacerlo, fueron a las casas de sus amigos y parientes para rogarles que contribuyeran con los alimentos que fueran absolutamente necesarios como caridad; otros, que por su espíritu alto y libre no podían soportar la condición de mendigos, por ser un estado servil impropio de la dignidad de un hombre libre, bajaron al mercado sin otro objetivo que, como hombres miserables que eran, comprar comida para sus familias y para ellos mismos. (65) Y entonces, al ser inmediatamente apresados por aquellos que habían incitado a la multitud sediciosa contra ellos, fueron traicioneramente ejecutados, y luego fueron arrastrados y pisoteados por toda la ciudad, y completamente destruidos, sin que quedara la más mínima porción de ellos que pudiera recibir sepultura; (66) y de esta manera sus enemigos, quienes en su locura salvaje se habían transformado en la naturaleza de bestias salvajes, los mataron a ellos y a miles de otros con todo tipo de agonía y torturas, y crueldades recién inventadas, pues dondequiera que se encontraban o veían a un judío, lo apedreaban o lo golpeaban con palos, sin dar de inmediato sus golpes en partes mortales, para no morir rápidamente, y así escapar rápidamente de los sufrimientos que era su diseño infligirles. (67) Algunas personas, incluso, yendo cada vez más lejos en la iniquidad y licencia de su barbarie, desdeñaron todas las armas contundentes y tomaron las armas más eficaces de todas, el fuego y el hierro, y mataron a muchos con la espada y destruyeron a no pocos con las llamas. (68) Y los más despiadados de todos sus perseguidores en algunos casos quemaron a familias enteras, maridos con sus esposas y niños pequeños con sus padres, en medio de la ciudad, sin perdonar ni la edad ni la juventud, ni la inocente indefensión de los niños. (69) Y cuando tenían escasez de combustible, recogían haces de madera verde y los mataban con el humo en lugar de con el fuego, ideando una muerte aún más miserable y prolongada para aquellas infelices personas, de modo que sus cuerpos yacían promiscuamente en todas direcciones medio quemados, una visión dolorosa y de lo más miserable. (69) Y si algunos de los que se empleaban en la recolección de leña eran demasiado lentos, tomaban sus propios muebles, de los que los habían saqueado, para quemar sus personas, robándoles sus artículos más costosos y quemando con ellos cosas del mayor uso y valor, que usaban como combustible en lugar de madera ordinaria.(70) A muchos hombres vivos también los ataron de un pie, sujetándolos por el tobillo, y así los arrastraron y los magullaron, saltando sobre ellos, con la intención de infligirles la más bárbara de las muertes, (71) y luego, cuando estaban muertos, no menos furiosos contra ellos con interminable hostilidad, e infligieron insultos aún más graves en sus personas, arrastrándolos, casi había dicho, por todos los callejones y callejones de la ciudad, hasta que el cadáver, siendo lacerado en toda su piel, carne y músculos por la desigualdad y aspereza del suelo, todas las partes previamente unidas de su composición siendo desgarradas y separadas unas de otras, fue realmente despedazado. (72) Y aquellos que hicieron estas cosas, imitaron a las víctimas, como personas empleadas en la representación de farsas teatrales; Pero los parientes y amigos de aquellas que fueron las verdaderas víctimas, sólo porque simpatizaban con la miseria de sus parientes, fueron llevados a prisión, fueron azotados, fueron torturados y, después de todo el maltrato que sus cuerpos vivos podían soportar, encontraron en la cruz el fin de todo y el castigo del cual no podían escapar.
X. (73) Pero después de que Flaco hubiera quebrantado todo derecho, pisoteado todo principio de justicia y no hubiera dejado a ninguna porción de los judíos libre de la extrema severidad de su malicia, en la inmensidad de su maldad, ideó un ataque monstruoso y sin precedentes contra ellos, siendo siempre un inventor de nuevos actos de iniquidad, (74) pues arrestó a treinta y ocho miembros de nuestro consejo de ancianos, que nuestro salvador y benefactor, Augusto, eligió para administrar los asuntos de la nación judía después de la muerte del rey de nuestra propia nación, habiendo enviado órdenes escritas a tal efecto a Manio Máximo cuando estaba a punto de asumir por segunda vez el gobierno de Egipto y del país, los arrestó, digo, en sus propias casas, y ordenó que los encarcelaran, y organizó una espléndida procesión para enviar por el centro de la plaza del mercado un cuerpo de Ancianos prisioneros, con las manos atadas, algunos con correas y otros con cadenas de hierro, a quienes condujo en esta situación al teatro, un espectáculo lamentable y totalmente impropio de aquellos tiempos. (75) Y luego les ordenó a todos que se pusieran de pie frente a sus enemigos, que estaban sentados, para hacer más visible su deshonra, y ordenó que los despojaran de sus ropas y los azotaran con látigos, como solo se suele tratar a los más malvados malhechores. Fueron azotados con tal severidad que algunos murieron a causa de las heridas en el momento en que fueron sacados, mientras que otros quedaron tan enfermos durante tanto tiempo que se desesperó su recuperación. (76) Y la enormidad de esta crueldad queda demostrada por muchas otras circunstancias, y se demostrará aún más de forma más evidente e innegable por la circunstancia que voy a mencionar. (77) Tres de los miembros de este consejo de ancianos, Euodius, Trifón y Audro, habían sido despojados de todos sus bienes, siendo saqueados de todo lo que había en sus casas de una sola vez, y él era muy consciente de que habían sido expuestos a este trato, porque se lo habían contado cuando en primera instancia mandó llamar a nuestros gobernantes, bajo el pretexto de querer promover una reconciliación entre ellos y el resto de la ciudad; (77) pero sin embargo, aunque bien sabía que habían sido privados de todos sus bienes, los azotó a la vista de los que los habían saqueado, para que así pudieran soportar la doble miseria de la pobreza y el maltrato personal, y para que sus perseguidores pudieran cosechar el doble placer de disfrutar de riquezas que en ningún sentido les pertenecían, y también de deleitar sus ojos hasta la saciedad con la desgracia de los que habían saqueado. (78) Ahora,Aunque deseo mencionar una circunstancia que tuvo lugar en ese momento, dudo si hacerlo, no sea que, si se considera insignificante, parezca que resta importancia a la enormidad de estas grandes iniquidades; pero incluso si es insignificante en sí misma, es, sin embargo, un indicio de una maldad de carácter nada desdeñable. Se usan diferentes tipos de azotes en la ciudad, que se distinguen según los méritos o los delitos de quienes van a ser azotados. EspañolEn consecuencia, es habitual que los egipcios del país sean azotados con un tipo diferente de látigo y por una clase diferente de verdugos, pero que los alejandrinos de la ciudad sean azotados con varas por los lictores alejandrinos, (79) y esta costumbre se había conservado, también en el caso de nuestro propio pueblo, por todos los predecesores de Flaco, y por el propio Flaco en los primeros períodos de su gobierno; porque es posible, realmente es posible, incluso en la ignominia, encontrar alguna ligera circunstancia de honor, e incluso en el maltrato encontrar algo que es, hasta cierto punto, una relajación, cuando alguien permite que la naturaleza de las cosas se examine en sí misma y se limite a sus propios requisitos indispensables, sin agregar desde su propio ingenio ninguna crueldad o traición adicional, para separar y tomar de ella todo lo que se mezcla con ella de un carácter más suave. (80) ¿Cómo, entonces, puede considerarse algo más que infame que, cuando los judíos alejandrinos, de rango inferior, siempre habían sido azotados con varas, propias de hombres libres y ciudadanos, si alguna vez fueron condenados por haber hecho algo digno de azotes, ahora los mismos gobernantes de la nación, el consejo de ancianos, cuyos títulos derivaban del honor que se les tenía y de los cargos que desempeñaban, fueran tratados, en este sentido, con mayor indignidad que sus propios sirvientes, como el más bajo de los campesinos egipcios, incluso al ser hallados culpables de los peores crímenes? (81) Omito mencionar que, incluso si hubieran cometido las más innumerables iniquidades, el gobernador, por respeto a la época, debió haber retrasado su castigo. Pues con todos los gobernantes que gobiernan un estado según principios constitucionales y que no buscan ganarse una reputación por su audacia, sino que honran realmente a sus benefactores, es costumbre no castigar a nadie, ni siquiera a los condenados legítimamente, hasta que haya pasado el famoso festival y asamblea en honor al cumpleaños del ilustre emperador. (82) Pero cometió esta violación de las leyes en la misma época de este festival y castigó a hombres que no habían cometido ningún delito; aunque ciertamente, si alguna vez decidió castigarlos, debería haberlo hecho en una ocasión posterior; pero se apresuró,(83) He conocido casos antes de ahora de hombres que habían sido crucificados cuando esta fiesta y festividad estaban cerca, siendo bajados y entregados a sus parientes, para recibir los honores de la sepultura y disfrutar de las observancias que se deben a los muertos; porque solía considerarse que incluso los muertos debían derivar algún disfrute de la fiesta natal de un buen emperador, y también que el carácter sagrado de la fiesta debía ser considerado. (84) Pero este hombre no ordenó que se bajara a los hombres que ya habían perecido en las cruces, sino que ordenó que se crucificara a hombres vivos, hombres a quienes el mismo momento dio, si no perdón completo, al menos un breve y temporal respiro del castigo; y lo hizo después de que los hubieran azotado en medio del teatro; y después de haberlos torturado con fuego y espada; (85) y el espectáculo de sus sufrimientos fue dividido; pues la primera parte de la exhibición duró desde la mañana hasta la tercera o cuarta hora, en la que los judíos fueron azotados, colgados, torturados en la rueda, condenados y arrastrados a la ejecución por el centro de la orquesta; y después de esta hermosa exhibición vinieron los bailarines, los bufones, los flautistas y todas las demás diversiones de los concursos teatrales.un breve y temporal respiro del castigo; y esto lo hizo después de que habían sido golpeados con azotes en medio del teatro; y después de haberlos torturado con fuego y espada; (85) y el espectáculo de sus sufrimientos fue dividido; porque la primera parte de la exhibición duró desde la mañana hasta la tercera o cuarta hora, en la que los judíos fueron azotados, fueron colgados, fueron torturados en la rueda, fueron condenados y fueron arrastrados a la ejecución por medio de la orquesta; y después de esta hermosa exhibición vinieron los bailarines, y los bufones, y los flautistas, y todas las demás diversiones de los concursos teatrales.un breve y temporal respiro del castigo; y esto lo hizo después de que habían sido golpeados con azotes en medio del teatro; y después de haberlos torturado con fuego y espada; (85) y el espectáculo de sus sufrimientos fue dividido; porque la primera parte de la exhibición duró desde la mañana hasta la tercera o cuarta hora, en la que los judíos fueron azotados, fueron colgados, fueron torturados en la rueda, fueron condenados y fueron arrastrados a la ejecución por medio de la orquesta; y después de esta hermosa exhibición vinieron los bailarines, y los bufones, y los flautistas, y todas las demás diversiones de los concursos teatrales.
XI. (86) ¿Y por qué me detengo en estas cosas? Pues después se urdió una segunda forma de barbarie contra nosotros, pues el gobernador quería incitar a todo el ejército contra nosotros, siguiendo la estratagema de algún informante extranjero. Ahora bien, la información que se difundió contra la nación era que los judíos tenían armaduras completas en sus casas; por lo tanto, tras mandar llamar a un centurión de su máxima confianza, llamado Cástor, le ordenó que llevara consigo al soldado más audaz de su propia banda, que fuera apresuradamente y, sin decir palabra a nadie, entrara en las casas de los judíos para registrarlas y ver si había algún arsenal almacenado. (87) Y corrió a gran velocidad a cumplir las órdenes que se le habían dado. Pero ellos, sin sospechar sus intenciones, al principio se quedaron mudos de asombro, con sus esposas e hijos aferrados a ellos y derramando abundantes lágrimas por temor a ser llevados al cautiverio, pues lo esperaban continuamente, considerándolo como todo lo que faltaba para completar su miseria total. (88) Pero cuando oyeron de algunos de los enviados a investigar dónde habían dejado sus armas, respiraron un rato y, abriendo todos sus escondites secretos, mostraron todo lo que tenían, (89) en parte encantados y en parte afligidos; encantados con la oportunidad de ser repelidos.La falsa acusación que se les imputaba, por su propia naturaleza, los indignó, en primer lugar, porque calumnias de tal naturaleza, inventadas e incitadas por sus enemigos, fueron creídas de antemano; y, en segundo lugar, porque sus esposas, que estaban encerradas y no salían de sus aposentos, y sus vírgenes, que se mantenían en la más estricta intimidad, evitando la mirada de los hombres, incluso de sus parientes más cercanos, por modestia, ahora se alarmaban al ser expuestas a la vista pública, no solo de personas que no eran parientes, sino incluso de soldados rasos. (90) Sin embargo, a pesar de un examen riguroso, ¿cuánta armadura defensiva y ofensiva creen que se encontró? Cascos, petos, escudos, dagas, jabalinas y armas de todo tipo fueron sacadas y apiladas en montones. ¿Y qué gran variedad de armas de fuego, jabalinas, hondas, arcos y dardos? Absolutamente nada de eso; apenas cuchillos suficientes para el uso diario de los cocineros al preparar y aderezar la comida. (91) De esta circunstancia se desprendía claramente la sencillez de su vida diaria: no pretendían magnificencia ni lujo delicado; la naturaleza de estas cosas es generar saciedad, y la saciedad tiende a generar insolencia, que es el principio de todos los males. (92) Y, de hecho, no mucho antes, las armas habían sido confiscadas a los egipcios en todo el país por un hombre llamado Baso, a quien Flaco le había encomendado esta tarea. Pero en ese momento se podría haber visto una gran flota de barcos navegando y fondeando en los puertos que ofrecían las desembocaduras del río, repleta de armas de todo tipo, y numerosas bestias de carga cargadas con bolsas de pieles cosidas y colgadas a modo de alforjas a cada lado para equilibrar mejor, y también casi todos los carros del campamento llenos de armas de todo tipo, que se traían en filas para ser vistas todas a la vez y dispuestas en orden. Y la distancia entre el puerto y la armería del palacio real, donde se ordenó depositar las armas, era de unos diez estadios; (93) era muy apropiado entonces investigar las casas de los hombres que habían acumulado tales cantidades de armas; pues como a menudo se habían rebelado, naturalmente eran susceptibles de ser sospechosos de diseñar medidas revolucionarias, y era muy apropiado que, a imitación de los juegos sagrados, los que habían supervisado la recolección de las armas celebraran un nuevo festival trienal en Egipto, para que no volvieran a ser recolectadas sin que nadie lo supiera.o bien, que al menos solo se reunirían unos pocos en lugar de un gran número, pues el pueblo no tenía tiempo suficiente para reunir a un gran número. (94) Pero ¿por qué se nos exponía a semejante trato? Pues ¿cuándo se nos sospechó alguna tendencia a la revuelta? ¿Y cuándo mantuvimos un carácter que no fuera el más pacífico entre todos los hombres? Y los hábitos que adoptamos diaria y habitualmente, ¿no son irreprochables, tendiendo a la legítima tranquilidad y estabilidad del estado? De hecho, si los judíos hubieran tenido armas en sus casas, ¿se habrían sometido a ser despojados de más de cuatrocientas viviendas, de las cuales fueron expulsados por la fuerza por quienes los saquearon de todas sus propiedades? ¿Por qué entonces no se realizó este registro en las casas de quienes tenían armas, si no de su propiedad privada, al menos las que habían robado a otros? (95) La verdad es, como ya he dicho, que todo el asunto fue una artimaña deliberada, ideada por la crueldad de Flaco y de la multitud, entre la que se incluían incluso mujeres. Pues las arrastraban cautivas, no solo en la plaza del mercado, sino incluso en pleno teatro, y las arrastraban al escenario ante cualquier falsa acusación que se les presentara, con los insultos más dolorosos e intolerables. (96) Y luego, al descubrirse que eran de otra raza, las despidieron; pues, por falta de una investigación cuidadosa y precisa, aprehendieron a muchas mujeres como judías. Y si parecían pertenecer a nuestra nación, quienes, en lugar de espectadores, se convertían en tiranos y amos, les imponían crueles órdenes, llevándoles carne de cerdo y obligándolas a comerla. Así pues, todos los que por temor al castigo fueron obligados a comerlo fueron puestos en libertad sin sufrir malos tratos; pero los más obstinados fueron entregados a los torturadores para sufrir torturas intolerables, lo que es la prueba más clara de todas las posibles de que no habían cometido ningún delito más allá de lo que he mencionado.¿De donde fueron expulsados por la fuerza por quienes los saquearon de todas sus propiedades? ¿Por qué, entonces, no se realizó este registro en las casas de quienes tenían armas, si no de su propiedad privada, al menos las que habían robado a otros? (95) La verdad es que, como ya he dicho, todo el asunto fue una artimaña deliberada diseñada por la crueldad de Flaco y de la multitud, entre la que se incluían incluso mujeres; pues fueron llevadas cautivas, no solo en la plaza del mercado, sino incluso en pleno teatro, y arrastradas al escenario ante cualquier falsa acusación que se les presentara, con los insultos más dolorosos e intolerables; (96) y luego, cuando se descubrió que eran de otra raza, fueron despedidas; Pues detuvieron a muchas mujeres como judías, sin serlo, por falta de una investigación cuidadosa y precisa. Y si parecían pertenecer a nuestra nación, quienes, en lugar de espectadores, se convertían en tiranos y amos, les imponían crueles órdenes, llevándoles carne de cerdo y obligándolas a comerla. En consecuencia, todos los que, por temor al castigo, se dejaban llevar a comerla eran liberados sin sufrir malos tratos; pero los más obstinados eran entregados a los verdugos para que sufrieran torturas intolerables, lo cual es la prueba más clara de que no habían cometido ningún delito aparte de lo que he mencionado.¿De donde fueron expulsados por la fuerza por quienes los saquearon de todas sus propiedades? ¿Por qué, entonces, no se realizó este registro en las casas de quienes tenían armas, si no de su propiedad privada, al menos las que habían robado a otros? (95) La verdad es que, como ya he dicho, todo el asunto fue una artimaña deliberada diseñada por la crueldad de Flaco y de la multitud, entre la que se incluían incluso mujeres; pues fueron llevadas cautivas, no solo en la plaza del mercado, sino incluso en pleno teatro, y arrastradas al escenario ante cualquier falsa acusación que se les presentara, con los insultos más dolorosos e intolerables; (96) y luego, cuando se descubrió que eran de otra raza, fueron despedidas; Pues detuvieron a muchas mujeres como judías, sin serlo, por falta de una investigación cuidadosa y precisa. Y si parecían pertenecer a nuestra nación, quienes, en lugar de espectadores, se convertían en tiranos y amos, les imponían crueles órdenes, llevándoles carne de cerdo y obligándolas a comerla. En consecuencia, todos los que, por temor al castigo, se dejaban llevar a comerla eran liberados sin sufrir malos tratos; pero los más obstinados eran entregados a los verdugos para que sufrieran torturas intolerables, lo cual es la prueba más clara de que no habían cometido ningún delito aparte de lo que he mencionado.
XII. (97) Pero no fue solo por su propia mente, sino también por las órdenes y como consecuencia de la situación del emperador, que buscó e ideó medios para perjudicarnos y oprimirnos; pues después de que habíamos decretado con nuestros votos y llevado a cabo con nuestras acciones todos los honores al emperador Gayo que estaban dentro de nuestro poder o eran permitidos por nuestras leyes, le trajimos el decreto, rogándole que, como no se nos permitía enviar una embajada nosotros mismos para llevárselo al emperador, se dignara remitirlo él mismo. (98) Y, tras leer todos los artículos del decreto, y tras asentir repetidamente con la cabeza en señal de aprobación, sonriendo y muy complacido, o bien fingiendo estarlo, dijo: «Te apruebo enormemente en todo, por tu piedad y lealtad, y lo transmitiré como me pides, o bien yo mismo haré de embajador tuyo, para que Cayo conozca tu gratitud. (99) Y yo mismo daré testimonio a tu favor de todo lo que sé sobre la disposición ordenada y el carácter obediente de tu nación, sin exagerar nada; pues la verdad es el más suficiente de todos los panegíricos». (100) Ante estas promesas nos alegramos enormemente y le dimos las gracias, esperando que Cayo leyera y apreciara el decreto detenidamente. Y, en efecto, era bastante natural, ya que todo lo que los tenientes gobernadores envían con prontitud y cuidado es leído y examinado sin demora por ustedes; (101) pero Flaco, ignorando por completo nuestras esperanzas, sus propias palabras y sus propias promesas, mantuvo el decreto para que ustedes, sobre todo los hombres bajo el sol, fueran considerados enemigos del emperador. ¿No fue esta la conducta de alguien que había estado vigilante desde lejos, que durante mucho tiempo había estado tramando su plan contra nosotros, y que ahora no cedía a un impulso momentáneo ni nos atacaba de repente, sin ninguna estratagema previa, con una impetuosidad irrazonable, arrastrado por algún nuevo motivo? (102) Pero Dios, al parecer, quien se preocupa por todos los asuntos humanos, dispersó sus discursos aduladores, astutamente urdidos para engañar al emperador, y frustró los designios de su disposición ilegal y las maniobras que empleaba, apiadándose de nosotros, y muy pronto llevó las cosas a tal extremo que las esperanzas de Flaco se vieron frustradas. (103) Porque cuando Agripa, el rey, llegó al país, le expusimos todos los planes que Flaco había abrigado contra nosotros; y él se dispuso a rectificar el asunto y, tras haber prometido enviar el decreto al emperador, lo recibió, según sabemos, y lo envió.Acompañado de una defensa relativa al momento en que se aprobó, demostrando que no solo habíamos aprendido recientemente a venerar a la familia de nuestros benefactores, sino que desde el principio les habíamos mostrado nuestro celo, aunque la insolencia de nuestro gobernador nos había privado de la oportunidad de demostrarlo oportunamente. (104) Y tras estos acontecimientos, la justicia, defensora y aliada constante de los perjudicados, y castigadora de todo impío, ya sea obra o persona, comenzó a trabajar para derrocarlo. Pues al principio soportaron los insultos y las miserias más inauditos, como nunca habían sucedido bajo ningún otro de nuestros gobernadores, desde que la casa de Augusto adquirió el dominio sobre la tierra y el mar; (105) algunos de los que gobernaron en tiempos de Tiberio y de César su padre, queriendo convertir su gobernación y virreinato en soberanía y tiranía, llenaron todo el país de males intolerables, de corrupción, rapiña y condenación de personas que no habían hecho nada malo, de destierro y exilio de hombres inocentes, y de masacres de nobles sin juicio; y luego, al expirar el período señalado de su gobierno, cuando regresaron a Roma, los emperadores les exigieron cuentas y relación de todo lo que habían hecho, especialmente si por casualidad las ciudades que habían estado oprimiendo enviaban alguna embajada para quejarse; (106) pues entonces los emperadores, comportándose como jueces imparciales, escuchando tanto a los acusadores como al acusado en igualdad de condiciones, no creyendo correcto prejuzgar ni precondenar a nadie antes de su juicio, decidieron sin ser influenciados ni por enemistad ni por favoritismo, sino conforme a la naturaleza de la verdad, y pronunciando el juicio que parecía justo. (107) Pero en el caso de Flaco, esa justicia que odia la iniquidad no esperó a que expirara el término de su gobierno, sino que se adelantó a su encuentro antes de lo habitual, indignada por la extravagancia desmesurada de su iniquidad ilegal.desde que la casa de Augusto adquirió por primera vez el dominio sobre la tierra y el mar; (105) porque algunos hombres de aquellos que, en el tiempo de Tiberio y de César su padre, tenían el gobierno, buscando convertir su gobernación y virreinato en una soberanía y tiranía, llenaron todo el país con males intolerables, con corrupción, y rapiña, y condena de personas que no habían hecho nada malo, y con destierro y exilio de tales hombres inocentes, y con la matanza de los nobles sin un juicio; y luego, después de que el período designado de su gobierno había expirado, cuando regresaron a Roma, los emperadores les exigieron un informe y relación de todo lo que habían hecho, especialmente si por casualidad las ciudades que habían estado oprimiendo enviaron alguna embajada para quejarse; (106) pues entonces los emperadores, comportándose como jueces imparciales, escuchando tanto a los acusadores como al acusado en igualdad de condiciones, no creyendo correcto prejuzgar ni precondenar a nadie antes de su juicio, decidieron sin ser influenciados ni por enemistad ni por favoritismo, sino conforme a la naturaleza de la verdad, y pronunciando el juicio que parecía justo. (107) Pero en el caso de Flaco, esa justicia que odia la iniquidad no esperó a que expirara el término de su gobierno, sino que se adelantó a su encuentro antes de lo habitual, indignada por la extravagancia desmesurada de su iniquidad ilegal.desde que la casa de Augusto adquirió por primera vez el dominio sobre la tierra y el mar; (105) porque algunos hombres de aquellos que, en el tiempo de Tiberio y de César su padre, tenían el gobierno, buscando convertir su gobernación y virreinato en una soberanía y tiranía, llenaron todo el país con males intolerables, con corrupción, y rapiña, y condena de personas que no habían hecho nada malo, y con destierro y exilio de tales hombres inocentes, y con la matanza de los nobles sin un juicio; y luego, después de que el período designado de su gobierno había expirado, cuando regresaron a Roma, los emperadores les exigieron un informe y relación de todo lo que habían hecho, especialmente si por casualidad las ciudades que habían estado oprimiendo enviaron alguna embajada para quejarse; (106) pues entonces los emperadores, comportándose como jueces imparciales, escuchando tanto a los acusadores como al acusado en igualdad de condiciones, no creyendo correcto prejuzgar ni precondenar a nadie antes de su juicio, decidieron sin ser influenciados ni por enemistad ni por favoritismo, sino conforme a la naturaleza de la verdad, y pronunciando el juicio que parecía justo. (107) Pero en el caso de Flaco, esa justicia que odia la iniquidad no esperó a que expirara el término de su gobierno, sino que se adelantó a su encuentro antes de lo habitual, indignada por la extravagancia desmesurada de su iniquidad ilegal.indignado por la extravagancia desmedida de su iniquidad sin ley.indignado por la extravagancia desmedida de su iniquidad sin ley.
XIII. (108) Y la manera en que fue abolido en su tiranía fue la siguiente. Imaginó que Gayo ya se había vuelto favorable a él respecto a aquellos asuntos sobre los cuales se buscaba levantar sospechas en su contra, en parte por sus cartas llenas de adulación, y en parte por las arengas que dirigía continuamente al pueblo, en las que cortejaba al emperador hilvanando frases aduladoras y largas series de panegíricos astutamente imaginados, y en parte también porque era muy estimado por la mayor parte de la ciudad. (109) Pero se engañaba a sí mismo sin saberlo; pues las esperanzas de los malvados son inestables, pues adivinan lo que les es más favorable mientras sufren lo contrario, como de hecho merecen. Baso, el centurión, fue enviado desde Italia por designación de Gayo con la compañía de soldados que él comandaba. (110) Y tras embarcarse en uno de los veleros más veloces, llegó en pocos días al puerto de Alejandría, frente a la isla de Faros, hacia la tarde; y ordenó al capitán del barco que se mantuviera en alta mar hasta el atardecer, con la intención de entrar en la ciudad inesperadamente, para que Flaco no se diera cuenta de su llegada de antemano, y así se viera inducido a tomar medidas violentas, e infructuoso el servicio que se le había ordenado realizar. (111) Y cuando llegó la tarde, el barco entró en el puerto, y Baso, desembarcando con sus propios soldados, avanzó sin reconocer ni ser reconocido por nadie; y en su camino encontró a un soldado que era uno de los cuaterniones de la guardia, le ordenó que le mostrara la casa de su capitán. Pues deseaba comunicarle su misión secreta para que, si necesitaba más fuerza, pudiera tener un ayudante listo. (112) Y al enterarse de que estaba cenando en casa de alguien en compañía de Flaco, no disminuyó su velocidad, sino que se apresuró a ir a la casa de su anfitrión; pues el hombre con quien estaban festejando era Estebanión, uno de los libertos de Tiberio César; y retirándose un poco, envió a uno de sus propios seguidores a reconocer el lugar, disfrazado de sirviente para que nadie lo notara ni percibiera lo que sucedía. Así que, entrando en el salón del banquete, como si fuera el sirviente de uno de los invitados, examinó todo con atención, y luego regresó y le informó a Baso. (113) Y él, cuando se enteró de la condición desprotegida de las entradas, y del pequeño número de personas que estaban con Flaco (pues no lo acompañaban más que diez o quince esclavos para atenderlo),Dio la señal a sus soldados, que lo acompañaban, y se apresuró a avanzar. De repente, entró en el cenáculo. Él y los soldados que lo acompañaban, que estaban allí con las espadas ceñidas, rodearon a Flaco sin que este se diera cuenta, pues en el momento de su entrada, estaba brindando por la salud con alguien y divirtiéndose con los presentes. (114) Pero cuando Baso se abrió paso entre ellos, al verlo, se quedó mudo de asombro y consternación, y deseando levantarse, vio a los guardias a su alrededor. Entonces comprendió su destino, incluso antes de oír qué quería Gayo, qué órdenes se habían dado a los que habían llegado y qué estaba a punto de soportar, pues la mente humana es muy rápida para percibir de inmediato todos esos detalles que tardan mucho en suceder y para oírlos todos juntos. (115) En consecuencia, todos los presentes en la cena se levantaron, acobardados por el miedo y temerosos de que se les impusiera algún castigo por el mero hecho de haber cenado con el culpable, pues no era seguro huir, ni siquiera posible, pues todas las entradas ya estaban ocupadas. Así pues, Flaco fue conducido por los soldados a la orden de Baso, y así regresó del banquete, pues era propio que la justicia comenzara a visitarlo en un festín, pues había privado de toda festividad las casas de innumerables inocentes.porque había privado las casas de innumerables hombres inocentes de toda festividad.porque había privado las casas de innumerables hombres inocentes de toda festividad.
XIV. (116) Esta fue la desgracia sin precedentes que le sobrevino a Flaco en el país que gobernaba, al ser hecho prisionero como enemigo por culpa de los judíos, según me parece, a quienes había decidido destruir por completo en su afán de gloria. Y una prueba evidente de ello se encuentra en el momento de su arresto, pues coincidía con la festividad judía en el equinoccio de otoño, durante la cual es costumbre vivir en tiendas. (117) pero ninguna de las costumbres usuales en esta fiesta se llevó a cabo en absoluto, ya que todos los gobernantes del pueblo todavía estaban oprimidos por injurias e insultos irremediables e intolerables, y ya que la gente común veía las miserias de sus jefes como la calamidad común de toda la nación, y también estaban deprimidos más allá de toda medida por las aflicciones individuales a las que cada uno de ellos estaba expuesto por separado, (118) porque las penas se redoblan cuando ocurren en los tiempos de fiesta, cuando los afligidos no pueden mantener la fiesta, tanto por la privación de su alegría alegre, que una asamblea general requiere, como también por la presencia de la tristeza por la que ahora estaban abrumados, sin poder encontrar ningún remedio para tan terribles desastres. (119) Y mientras se dejaban llevar por una profunda tristeza y se sentían abrumados por una angustia gravísima, reunidos todos en sus casas al caer la noche, llegaron algunas personas para informarles de la detención del gobernador. Pensaron que era una prueba, y no era cierto, y se afligieron aún más al creerse acosados por la turba, como si les hubieran tendido una trampa. (120) Pero cuando se desató un tumulto en la ciudad, y los guardias nocturnos empezaron a correr de un lado a otro, y al oír a algunos de la caballería galopando a toda velocidad y con toda energía hacia y desde el campamento, algunos, conmocionados por lo extraño del suceso, salieron de sus casas para preguntar qué había sucedido, pues era evidente que algo extraño había ocurrido. (121) Y cuando oyeron del arresto que había tenido lugar, y que Flaco estaba ahora en las redes, extendiendo sus manos al cielo, cantaron un himno y comenzaron un cántico de alabanza a Dios, que preside todos los asuntos de los hombres, diciendo: «No nos deleitamos, oh Maestro, en el castigo de nuestro enemigo, siendo enseñados por las leyes sagradas a someterse a todas las vicisitudes de la vida humana, pero con justicia te damos gracias, que has tenido misericordia y compasión de nosotros, y que así has aliviado nuestras continuas e incesantes opresiones.” (122) Y cuando habían pasado toda la noche en himnos y canciones, salieron por las puertas al amanecer y se apresuraron al punto más cercano de la orilla, pues habían sido privados de sus lugares habituales para la oración, y de pie en un espacio claro y abierto, gritaron, (123) “Oh Rey poderosísimo de todos los seres mortales e inmortales, hemos venido a ofrecerte gracias, a invocar la tierra y el mar, y el aire y el cielo, y todas las partes del universo, y el mundo entero en el que solo nosotros vivimos, siendo expulsados por los hombres y despojados de todo lo demás en el mundo, y siendo privados de nuestra ciudad, y de todos los edificios privados y públicos dentro de la ciudad, y siendo dejados sin casa y sin hogar por la traición de nuestro gobernador, los únicos hombres en el mundo que son tratados de esta manera. (124) Nos sugieres esperanzas favorables de arreglar lo que nos queda, comenzando a acceder a nuestras oraciones, ya que de repente has derribado al enemigo común de nuestra nación, el autor y causa de todas nuestras calamidades, exultante en orgullo y confiando en que ganaría crédito por tales medios, antes de ser alejado de nosotros, para que aquellos que fueron afligidos no sintieran su alegría disminuida al enterarse solo por los rumores, pero lo has castigado mientras estaba tan cerca, casi como podríamos decir ante los ojos de aquellos a quienes oprimía, para darnos una percepción más clara del fin que ha caído sobre él en un corto tiempo más allá de nuestras esperanzas.pero lo has castigado mientras estaba tan cerca, casi como podríamos decir ante los ojos de aquellos a quienes oprimía, para darnos una percepción más clara del fin que ha caído sobre él en un corto tiempo más allá de nuestras esperanzas.pero lo has castigado mientras estaba tan cerca, casi como podríamos decir ante los ojos de aquellos a quienes oprimía, para darnos una percepción más clara del fin que ha caído sobre él en un corto tiempo más allá de nuestras esperanzas.
XV. (125) Y además de lo que he dicho, hay también una tercera cosa, que me parece que tuvo lugar por interposición de la divina providencia; Pues después de zarpar a principios del invierno, pues estaba bien ordenado que se saciara de los peligros del mar, puesto que había llenado todos los elementos del universo con sus impiedades, tras sufrir innumerables penurias, con dificultad consiguió llegar a salvo a Italia, y en el momento en que llegó allí fue perseguido por acusaciones que se presentaron contra él, y que fueron llevadas ante dos de sus mayores enemigos, Isidoro y Lampo, (126) quienes poco antes estaban en la posición de súbditos suyos, llamándolo su amo, benefactor, salvador y nombres de ese tipo, pero que ahora eran sus adversarios, y eso también mostrando un poder no solo igual sino muy superior al suyo, no solo por la confianza que los hombres sienten en la justicia de su causa, sino, lo que era un asunto de gran importancia, porque vieron que el Juez de todos los asuntos humanos era su enemigo irreconciliable, estando a punto de asumir la responsabilidad (127) Pero nada es tan terrible como que los hombres que han sido más poderosos sean acusados por sus inferiores, y que los que han sido gobernantes sean destituidos por sus antiguos súbditos, lo que es como si los amos fueran procesados por sus esclavos naturales o comprados.
XVI. (128) Y, sin embargo, incluso esto, en mi opinión, fue un mal menor comparado con otro aún mayor; pues no fueron personas que simplemente eran súbditos quienes, abandonando esa posición y conspirando juntas, de repente lo atacaron con sus acusaciones; sino que quienes lo hicieron fueron hombres que, durante la mayor parte del tiempo que había gobernado el país, habían estado en una posición de la mayor enemistad y odio hacia él, pues Lampo había sido procesado por impiedad contra Tiberio César y estaba casi agotado por el asunto que lo había estado rondando durante dos años; (129) pues el juez, que le guardaba rencor, provocó toda clase de retrasos y prolongó la causa con diversos pretextos, deseando, incluso si escapaba de la acusación, mantener el terror del futuro incierto sobre su cabeza durante el mayor tiempo posible, para hacerle la vida más miserable que la muerte. (130) Y luego, cuando parecía haber salido victorioso, dijo que se sentía insultado y perjudicado en su patrimonio (pues se vio obligado a convertirse en gimnasiarca), ya sea por ser ahorrativo y desmedido en sus gastos, fingiendo no tener riqueza suficiente para un gasto tan ilimitado, o tal vez realmente no tener suficiente; pero antes de llegar al juicio, fingió ser muy rico, pero cuando llegó a la prueba, no pareció ser un hombre de gran riqueza, habiendo adquirido casi todas las riquezas que tenía mediante acciones injustas. (131) Porque, estando junto a los jueces cuando éstos daban sentencia, tomaba nota de todo lo que ocurría en el juicio, como si fuera un escribano, y luego, a propósito, pasaba por alto u omitía tales y tales puntos, e interpolaba otras cosas que no se habían dicho. Y a veces, también, hacía alteraciones, cambiando y alterando, pervirtiendo asuntos y poniendo las cosas patas arriba, con el objetivo de obtener dinero por cada sílaba, o, mejor dicho, por cada letra, como un cazador de registros mohosos, (132) a quien todo el pueblo, de común acuerdo, a menudo, con gran felicidad y propiedad de expresión, llamaba asesino de pluma, por matar a muchas personas con las cosas que escribía y hacer a los vivos más miserables que incluso a los muertos, ya que, aunque podrían haber obtenido la victoria y haber estado en comodidad, fueron sometidos a una miserable derrota y pobreza, sus enemigos habían comprado la victoria, el triunfo y la riqueza de un hombre que vendió y convirtió en mercado las propiedades de otros. (133) Porque era imposible para los gobernantes que tenían el cargo de un país tan vasto confiado a ellos, cuando asuntos de todo tipo, tanto privados como públicos,(134) Y el hombre a quien se le confió hacerse cargo del más importante de todos los depósitos, a saber, la justicia, y de esos santísimos sentimientos que se habían presentado y presentado ante ellos, causó olvido en los jueces, registrando a quienes deberían haber tenido sentencia a su favor como derrotados, y a quienes deberían haber sido derrotados como victoriosos, después de recibir su maldita paga, o, para hablar con más propiedad, el salario de la iniquidad.
XVII. (135) Tal era, pues, el carácter de Lampo, quien ahora era uno de los acusadores de Flaco. Isidoro no le era inferior en maldad, pues era un hombre del pueblo, un demagogo de baja estofa, alguien que se había dedicado continuamente a sembrar el desorden y la confusión, enemigo de toda paz y estabilidad, muy hábil para provocar sediciones y tumultos inexistentes, y para inflamar y exagerar los ya existentes, cuidando siempre de mantener a su alrededor una turba desordenada y dispersa de los desechos del pueblo, dispuesta a cometer toda clase de atrocidades, que había dividido en secciones regulares, como si fueran compañías de soldados. (136) Hay un gran número de grupos en la ciudad cuya asociación no se basa en un solo principio bueno, sino que están unidos por el vino, la borrachera, la juerga y, fruto de estas indulgencias, la insolencia; y sus reuniones son llamadas sínodos y lechos por los nativos. (137) En todos estos grupos, o en la mayoría de ellos, se dice que Isidoro llevaba la campana, el que presidía el banquete, el que presidía la cena, el que alborotaba la ciudad. Entonces, siempre que se decidía hacer algún daño, a una señal todos salían en grupo y hacían y decían lo que se les ordenaba. (138) Y en una ocasión, indignado con Flaco porque, después de haber parecido inicialmente una persona de cierto peso para él, ya no era cortejado en igual grado, habiendo contratado a una cuadrilla de muchachos de las escuelas de formación y hombres acostumbrados a vociferar en voz alta, que lanzaban sus gritos como en un mercado normal a aquellos que estaban inclinados a comprarlos, les ordenó a todos que se reunieran en el gimnasio; (139) Y ellos, habiéndolo llenado, comenzaron a amontonar acusaciones sobre Flaco sin ningún fundamento en particular, inventando todo tipo de acusaciones monstruosas y todo tipo de falsedades en un lenguaje ridículo, hilvanando largas frases, de modo que no solo el propio Flaco se alarmó, sino también todos los demás que estaban allí ante este ataque inesperado, y especialmente, como se puede conjeturar, por la idea de que seguramente debía haber alguien tras bambalinas a quien estaban tratando de complacer, ya que ellos mismos no habían sufrido ningún mal, y ya que eran muy conscientes de que el resto de la ciudad no había sido maltratada por él. (140) Entonces, después de deliberar un rato, decidieron aprehender a algunas personas de ellos e investigar la causa de esta rabia y locura indiscriminadas y repentinas. Y los hombres que fueron arrestados, sin ser sometidos a tormento, confesaron la verdad y añadieron pruebas a sus palabras con lo que se había hecho, detallando el pago que ya se había dado y el que,(141) Y cuando todos, como era natural, se indignaron, y la ciudad se sintió profundamente ofendida por la insensatez de algunos individuos, empañando su reputación, Flaco decidió llamar a algunos de los hombres más honorables del pueblo y, al día siguiente, presentar ante ellos a los responsables de los sobornos para investigar la verdad sobre Isidoro, defender su propio sistema de gobierno y demostrar que había sido injustamente calumniado. Al oír la proclamación, acudieron no solo los magistrados, sino toda la ciudad, excepto la parte que iba a ser condenada por haber sido los agentes de la corrupción o los corruptos. Y los que habían sido empleados en este honorable servicio, al ser elevados a la plataforma, (142) para ser elevados, visibles y reconocidos por todos, acusaron a Isidoro de ser la causa de todos los tumultos y acusaciones contra Flaco, y de haber dado dinero y sobornos a un número considerable de ellos. «Pues si no», dijeron, «¿de dónde habríamos sacado tanta abundancia? (143) Somos pobres y apenas podemos cubrir nuestros gastos diarios para lo absolutamente necesario: ¿y qué mal sufrimos del gobernador para vernos obligados a soportarle rencor? No, sino que él fue la causa de todo esto, el autor de todo, él que siempre envidia a los que prosperan y se opone a la estabilidad y a la ley sana». Y cuando los presentes se enteraron de estas cosas, (144), pues lo dicho era prueba y evidencia de las intenciones del acusado, todos protestaron, algunos pidiendo su degradación, otros su destierro, otros su ejecución, y estos últimos eran los más numerosos; y los demás cambiaron de tono y se unieron a ellos, de modo que al final todos gritaron, al unísono y a una sola voz, que se acabara con la plaga de la tierra, el hombre a quien se debía que, desde que había llegado al país y tomado parte en los asuntos públicos, ninguna parte de la ciudad ni de los intereses comunes se hubiera mantenido en buen estado; (145) y él, convencido de culpa, huyó a su casa por temor a ser apresado. Pero Flaco no hizo nada contra él, pensando que ahora que se había retirado voluntariamente,Todo en la ciudad pronto estaría libre de sedición y discordia.
XVIII. (146) He relatado estos acontecimientos con cierta extensión, no para mantener en la memoria viejas injurias, sino porque admiro ese poder que preside todos los asuntos de los hombres libres, es decir, la justicia, viendo que aquellos hombres que eran tan generalmente hostiles a Flaco, aquellos por quienes de todos los hombres era más odiado, fueron los hombres que ahora trajeron sus acusaciones contra él, para llenar la medida de su dolor, pues no es tan amargo simplemente ser acusado como ser acusado por los enemigos confesos de uno; (147) Pero este hombre no solo fue acusado, a pesar de ser gobernador, por sus súbditos, y por hombres que siempre habían sido sus enemigos, cuando hacía poco tiempo había sido el señor de la vida de cada uno de ellos, sino que también fue aprehendido por la fuerza, siendo así sometido a un doble mal, a saber, ser derrotado y ridiculizado por enemigos exultantes, lo cual es peor que la muerte para toda persona sensata y de mente recta. (148) Y entonces vean qué abundancia de desastres le sobrevinieron, pues fue despojado de inmediato de todas sus posesiones, tanto de las que heredó de sus padres como de todo lo que había adquirido él mismo, habiendo sido un hombre que se deleitaba especialmente con el lujo y la ornamentación; pues no era como algunos ricos, para quienes la riqueza es un material inactivo, sino que continuamente adquiría cosas de todo tipo útiles en toda la abundancia imaginable. (149) copas, prendas de vestir, sofás, miniaturas y todo lo que fuera adorno de una casa; (149) y además de eso, reunió un gran número de sirvientes, cuidadosamente seleccionados por sus excelencias y logros, y con referencia a su belleza, salud y vigor corporal, y a su habilidad infalible en todo tipo de servicio necesario y útil; porque cada uno de ellos era excelente en el empleo al que fue designado, de modo que era considerado como el más excelente de todos los sirvientes en ese lugar, o, en todo caso, como inferior a nadie. (150) Y hay una prueba muy clara de esto en el hecho de que, aunque se confiscaron y vendieron para beneficio público una gran cantidad de propiedades pertenecientes a personas condenadas, solo la de Flaco fue asignada al emperador, con quizás una o dos más, para que no se violara la ley establecida con respecto a las personas condenadas por delitos como el suyo. (151) Y después de haber sido privado de todos sus bienes, fue condenado al destierro y exiliado de todo el continente, que es la porción más grande y excelente del mundo habitado.y de toda isla que tuviera alguna característica de fertilidad o riqueza; pues se le ordenó ser enviado a la más miserable de todas las islas del mar Egeo, [2] llamada Gyara, y habría sido abandonado allí si no hubiera recurrido a la intercesión de Lépido, por cuyos medios obtuvo permiso para cambiar Gyara por Andros, que estaba muy cerca de ella. (152) Luego fue enviado de regreso por el camino de Roma a Brundusium, un viaje que había realizado unos años antes, en el momento en que fue nombrado gobernador de Egipto y el país adyacente de Libia, para que las ciudades que entonces lo habían visto exultante y comportándose con gran insolencia en la hora de su prosperidad, ahora pudieran verlo nuevamente lleno de deshonra. (153) Y así, habiéndose convertido ya en un blanco visible a causa de este cambio total de fortuna, se vio abrumado por un dolor más amargo, pues sus calamidades se reavivaban e inflamaban constantemente con la adición de nuevas miserias que, como las recaídas en la enfermedad, obligan a volver a recordar todos los desastres anteriores, que hasta ese momento parecían estar enterrados en la oscuridad.
XIX. (154) Y después de haber cruzado el golfo Jónico, navegó por el mar que lleva a Corinto, siendo un espectáculo para todas las ciudades del Peloponeso que están en la costa, cuando supieron de su repentino cambio de fortuna; pues cuando desembarcó del barco, todos los hombres mal intencionados que le tenían mala voluntad corrieron a verlo, y otros también vinieron a simpatizar con él, hombres que están acostumbrados a aprender moderación de las desgracias de los demás. (155) Y en Lequeo, cruzando el istmo hacia el golfo opuesto, y habiendo llegado a Cencreas, el astillero de los corintios, fue obligado por los guardias, que no le permitieron el más mínimo respiro, a embarcarse inmediatamente a bordo de un pequeño transporte y a zarpar, y como soplaba un viento huracanado con gran violencia, después de grandes sufrimientos, con dificultad llegó sano y salvo a El Pireo. (156) Y cuando cesó la tormenta, tras haber costeado el Ática hasta el promontorio de Sunio, [3] pasó por todas las islas en orden, a saber, Helena, Ceano, Citnos y todas las demás que se encuentran en una fila regular una tras otra, hasta que finalmente llegó al punto de su destino final, la isla de Andros, (157) la cual el miserable hombre, al contemplarla a lo lejos, derramó abundantes lágrimas por sus mejillas, como si salieran de una fuente regular, y golpeándose el pecho y lamentándose amargamente, dijo: «Hombres, vosotros que sois mis guardias y asistentes en este mi viaje, ahora recibo a cambio de la gloriosa Italia este hermoso país de Andros, que es una isla desafortunada para mí. (158) Yo, Flaco, que era Nacido, criado y educado en Roma, el paraíso del mundo, y que fue compañero de estudios y compañero de las nietas de Augusto, y que posteriormente fue elegido por Tiberio César como uno de sus amigos más íntimos, y que me confió durante seis años la mayor de todas sus posesiones, a saber, Egipto. (159) ¡Qué cambio! En pleno día, como si me hubiera sobrevenido un eclipse, la noche ha ensombrecido mi vida. ¿Qué diré de este pequeño islote? ¿Lo llamaré mi lugar de destierro, o mi nuevo país, o puerto y refugio de la miseria? Una tumba sería el nombre más apropiado para él. «Porque yo, miserable como soy, ahora estoy de alguna manera conducido a mi tumba, asistiendo a mi propio funeral, pues o destruiré mi miserable vida por mi dolor, o si soy capaz de aferrarme a la vida entre mis miserias, en ese caso encontraré una muerte lejana, que se sentirá todo el tiempo de mi vida». (160) Estas, entonces, fueron las lamentaciones que profirió, y cuando el barco se acercó al puerto, desembarcó,(161) Y aquellos hombres que lo habían conducido hasta allí, trayendo a la población de los andrios, lo exhibieron a todos, haciéndolos testigos de la llegada del exiliado a su isla. (162) Y ellos, cuando hubieron cumplido con su deber, partieron; y entonces la miseria de Flaco se renovó, pues ya no veía ningún espectáculo al que estaba acostumbrado, sino que solo veía una triste miseria que se le presentaba por la evidencia más conspicua, mientras miraba a su alrededor lo que para él era una desolación perfecta, en medio de la cual estaba colocado; de modo que le pareció que una ejecución violenta en su tierra natal habría sido un mal menor, o más bien, en comparación con sus circunstancias actuales, un bien muy deseable; Y se sintió tan abrumado por el dolor que no se diferenciaba en nada de un maníaco, y saltaba, corría de un lado a otro, aplaudía, se golpeaba los muslos, se tiraba al suelo y gritaba sin parar: (163) “¡Soy Flaco! ¡Quien hace poco era el gobernador de la poderosa ciudad, de la populosa ciudad de Alejandría! ¡El gobernador del más fértil de todos los países, Egipto! ¡Soy aquel en quien todas esas miríadas de habitantes volvieron sus ojos! ¡Quien tenía incontables fuerzas de infantería, caballería y barcos, formidables, no solo por su número, sino por estar compuestas por los más eminentes e ilustres de todos mis súbditos! ¡Soy aquel que todos los días me acompañaba, cuando salía, por incontables compañías de clientes! (164) Pero ahora, ¿no era todo esto una visión más que una realidad? ¿Y estaba yo dormido? ¿Y era esta prosperidad que entonces contemplaba un sueño: fantasmas que marchaban por el vacío, ficciones del alma, que tal vez registraban cosas inexistentes como si tuvieran existencia? Sin duda, me he engañado. (165) Estas cosas no eran más que una sombra y nada real, imitaciones de la realidad y no una verdad real, lo que evidencia la falsedad; pues así como al despertar no encontramos nada de lo que se nos apareció en nuestros sueños, sino que todo se ha desvanecido, así también, toda esa brillante prosperidad que antes disfrutaba se ha extinguido en un brevísimo instante.y de los que salieron a verlo y que se pararon a ambos lados del camino. (161) Y aquellos hombres que lo habían conducido hasta aquí, trayendo a la población de los Andrios, lo exhibieron a todos, haciéndolos testigos de la llegada del exiliado a su isla. (162) Y ellos, cuando hubieron cumplido con su tarea, partieron; y entonces la miseria de Flaco se renovó, pues ya no veía ninguna escena a la que estaba acostumbrado, sino que solo vio una triste miseria que se le presentaba por la evidencia más conspicua, mientras miraba a su alrededor a lo que para él era una desolación perfecta, en medio de la cual se encontraba; de modo que le pareció que una ejecución violenta en su tierra natal habría sido un mal menor, o mejor dicho, en comparación con sus circunstancias actuales, un bien muy deseable; Y se sintió tan abrumado por el dolor que no se diferenciaba en nada de un maníaco, y saltaba, corría de un lado a otro, aplaudía, se golpeaba los muslos, se tiraba al suelo y gritaba sin parar: (163) “¡Soy Flaco! ¡Quien hace poco era el gobernador de la poderosa ciudad, de la populosa ciudad de Alejandría! ¡El gobernador del más fértil de todos los países, Egipto! ¡Soy aquel en quien todas esas miríadas de habitantes volvieron sus ojos! ¡Quien tenía incontables fuerzas de infantería, caballería y barcos, formidables, no solo por su número, sino por estar compuestas por los más eminentes e ilustres de todos mis súbditos! ¡Soy aquel que todos los días me acompañaba, cuando salía, por incontables compañías de clientes! (164) Pero ahora, ¿no era todo esto una visión más que una realidad? ¿Y estaba yo dormido? ¿Y era esta prosperidad que entonces contemplaba un sueño: fantasmas que marchaban por el vacío, ficciones del alma, que tal vez registraban cosas inexistentes como si tuvieran existencia? Sin duda, me he engañado. (165) Estas cosas no eran más que una sombra y nada real, imitaciones de la realidad y no una verdad real, lo que evidencia la falsedad; pues así como al despertar no encontramos nada de lo que se nos apareció en nuestros sueños, sino que todo se ha desvanecido, así también, toda esa brillante prosperidad que antes disfrutaba se ha extinguido en un brevísimo instante.y de los que salieron a verlo y que se pararon a ambos lados del camino. (161) Y aquellos hombres que lo habían conducido hasta aquí, trayendo a la población de los Andrios, lo exhibieron a todos, haciéndolos testigos de la llegada del exiliado a su isla. (162) Y ellos, cuando hubieron cumplido con su tarea, partieron; y entonces la miseria de Flaco se renovó, pues ya no veía ninguna escena a la que estaba acostumbrado, sino que solo vio una triste miseria que se le presentaba por la evidencia más conspicua, mientras miraba a su alrededor a lo que para él era una desolación perfecta, en medio de la cual se encontraba; de modo que le pareció que una ejecución violenta en su tierra natal habría sido un mal menor, o mejor dicho, en comparación con sus circunstancias actuales, un bien muy deseable; Y se sintió tan abrumado por el dolor que no se diferenciaba en nada de un maníaco, y saltaba, corría de un lado a otro, aplaudía, se golpeaba los muslos, se tiraba al suelo y gritaba sin parar: (163) “¡Soy Flaco! ¡Quien hace poco era el gobernador de la poderosa ciudad, de la populosa ciudad de Alejandría! ¡El gobernador del más fértil de todos los países, Egipto! ¡Soy aquel en quien todas esas miríadas de habitantes volvieron sus ojos! ¡Quien tenía incontables fuerzas de infantería, caballería y barcos, formidables, no solo por su número, sino por estar compuestas por los más eminentes e ilustres de todos mis súbditos! ¡Soy aquel que todos los días me acompañaba, cuando salía, por incontables compañías de clientes! (164) Pero ahora, ¿no era todo esto una visión más que una realidad? ¿Y estaba yo dormido? ¿Y era esta prosperidad que entonces contemplaba un sueño: fantasmas que marchaban por el vacío, ficciones del alma, que tal vez registraban cosas inexistentes como si tuvieran existencia? Sin duda, me he engañado. (165) Estas cosas no eran más que una sombra y nada real, imitaciones de la realidad y no una verdad real, lo que evidencia la falsedad; pues así como al despertar no encontramos nada de lo que se nos apareció en nuestros sueños, sino que todo se ha desvanecido, así también, toda esa brillante prosperidad que antes disfrutaba se ha extinguido en un brevísimo instante.pero sólo vio la triste miseria que se le presentaba con la evidencia más conspicua, mientras miraba a su alrededor lo que para él era una desolación perfecta, en medio de la cual estaba colocado; de modo que le pareció que una ejecución violenta en su tierra natal habría sido un mal menor, o más bien, en comparación con sus circunstancias actuales, un bien muy deseable; Y se sintió tan abrumado por el dolor que no se diferenciaba en nada de un maníaco, y saltaba, corría de un lado a otro, aplaudía, se golpeaba los muslos, se tiraba al suelo y gritaba sin parar: (163) “¡Soy Flaco! ¡Quien hace poco era el gobernador de la poderosa ciudad, de la populosa ciudad de Alejandría! ¡El gobernador del más fértil de todos los países, Egipto! ¡Soy aquel en quien todas esas miríadas de habitantes volvieron sus ojos! ¡Quien tenía incontables fuerzas de infantería, caballería y barcos, formidables, no solo por su número, sino por estar compuestas por los más eminentes e ilustres de todos mis súbditos! ¡Soy aquel que todos los días me acompañaba, cuando salía, por incontables compañías de clientes! (164) Pero ahora, ¿no era todo esto una visión más que una realidad? ¿Y estaba yo dormido? ¿Y era esta prosperidad que entonces contemplaba un sueño: fantasmas que marchaban por el vacío, ficciones del alma, que tal vez registraban cosas inexistentes como si tuvieran existencia? Sin duda, me he engañado. (165) Estas cosas no eran más que una sombra y nada real, imitaciones de la realidad y no una verdad real, lo que evidencia la falsedad; pues así como al despertar no encontramos nada de lo que se nos apareció en nuestros sueños, sino que todo se ha desvanecido, así también, toda esa brillante prosperidad que antes disfrutaba se ha extinguido en un brevísimo instante.pero sólo vio la triste miseria que se le presentaba con la evidencia más conspicua, mientras miraba a su alrededor lo que para él era una desolación perfecta, en medio de la cual estaba colocado; de modo que le pareció que una ejecución violenta en su tierra natal habría sido un mal menor, o más bien, en comparación con sus circunstancias actuales, un bien muy deseable; Y se sintió tan abrumado por el dolor que no se diferenciaba en nada de un maníaco, y saltaba, corría de un lado a otro, aplaudía, se golpeaba los muslos, se tiraba al suelo y gritaba sin parar: (163) “¡Soy Flaco! ¡Quien hace poco era el gobernador de la poderosa ciudad, de la populosa ciudad de Alejandría! ¡El gobernador del más fértil de todos los países, Egipto! ¡Soy aquel en quien todas esas miríadas de habitantes volvieron sus ojos! ¡Quien tenía incontables fuerzas de infantería, caballería y barcos, formidables, no solo por su número, sino por estar compuestas por los más eminentes e ilustres de todos mis súbditos! ¡Soy aquel que todos los días me acompañaba, cuando salía, por incontables compañías de clientes! (164) Pero ahora, ¿no era todo esto una visión más que una realidad? ¿Y estaba yo dormido? ¿Y era esta prosperidad que entonces contemplaba un sueño: fantasmas que marchaban por el vacío, ficciones del alma, que tal vez registraban cosas inexistentes como si tuvieran existencia? Sin duda, me he engañado. (165) Estas cosas no eran más que una sombra y nada real, imitaciones de la realidad y no una verdad real, lo que evidencia la falsedad; pues así como al despertar no encontramos nada de lo que se nos apareció en nuestros sueños, sino que todo se ha desvanecido, así también, toda esa brillante prosperidad que antes disfrutaba se ha extinguido en un brevísimo instante.¡Pero compuesta por los más eminentes e ilustres de todos mis súbditos! ¡Soy aquel a quien todos los días, al salir, acompañaban innumerables grupos de clientes! (164) Pero ahora, ¿no era todo esto una visión más que una realidad? ¿Acaso dormía, y era esta prosperidad que entonces contemplaba un sueño: fantasmas que marchaban por el vacío, ficciones del alma, que tal vez registraban cosas inexistentes como si tuvieran existencia? Sin duda, me he engañado. (165) Estas cosas no eran más que una sombra y no eran reales, imitaciones de la realidad y no una verdad real, lo que evidencia la falsedad; pues así como al despertar no encontramos nada de lo que se nos apareció en nuestros sueños, sino que todo se ha desvanecido, así también, toda esa brillante prosperidad que antes disfrutaba se ha extinguido en un brevísimo instante.¡Pero compuesta por los más eminentes e ilustres de todos mis súbditos! ¡Soy aquel a quien todos los días, al salir, acompañaban innumerables grupos de clientes! (164) Pero ahora, ¿no era todo esto una visión más que una realidad? ¿Acaso dormía, y era esta prosperidad que entonces contemplaba un sueño: fantasmas que marchaban por el vacío, ficciones del alma, que tal vez registraban cosas inexistentes como si tuvieran existencia? Sin duda, me he engañado. (165) Estas cosas no eran más que una sombra y no eran reales, imitaciones de la realidad y no una verdad real, lo que evidencia la falsedad; pues así como al despertar no encontramos nada de lo que se nos apareció en nuestros sueños, sino que todo se ha desvanecido, así también, toda esa brillante prosperidad que antes disfrutaba se ha extinguido en un brevísimo instante.
XX. (166) Con discursos como estos, se sentía continuamente abatido y, por así decirlo, postrado; y evitaba todos los lugares donde pudiera encontrarse con mucha gente debido a la vergüenza que lo aferraba. Nunca bajaba al puerto ni soportaba visitar el mercado, sino que se encerraba en su casa, donde se mantenía a salvo, sin atreverse nunca a salir del patio exterior. (167) Pero a veces, en el crepúsculo más profundo del amanecer, cuando todos los demás aún estaban en la cama, de modo que nadie podía verlo, salía de la ciudad y pasaba el día entero en la parte desolada de la isla, desviándose si alguien parecía probable que lo encontrara. y desgarrado en su alma por los recuerdos de sus desgracias que veía a su alrededor en su casa, y devorado por la angustia, regresó a casa en la oscuridad de la noche, rezando, por razón de su inmoderada e interminable miseria, para que la tarde se convirtiera en mañana, temiendo la oscuridad y las extrañas apariencias que se le representaban cuando se iba a dormir, y de nuevo en la mañana rezó para que fuera de noche; [4] porque la oscuridad que lo rodeaba se oponía a todo lo luminoso o alegre. (168) Y unos meses después, habiendo comprado un pequeño pedazo de tierra, pasó gran parte de su tiempo allí viviendo solo, y lamentando y llorando por su destino. (169) Se dice también que a menudo, a medianoche, se posesionaba como quienes celebran los ritos de los Coribantes, y en esos momentos salía de su granja y alzaba la vista al cielo y a las estrellas, y al contemplar toda la belleza que realmente existe en el mundo, exclamaba: (170) «¡Oh, Rey de dioses y hombres! No eres, pues, indiferente a la nación judía, ni son falsas las afirmaciones que hacen respecto a tu providencia; pero quienes dicen que ese pueblo no te tiene como campeón y defensor están lejos de tener una opinión correcta. Y yo soy prueba evidente de ello; pues todos los designios frenéticos que concebí contra los judíos, ahora los sufro yo mismo. (171) Consentí cuando fueron despojados de sus posesiones, dando inmunidad a quienes los saqueaban. ellos; y por esta razón yo mismo he sido privado de toda mi herencia paterna y materna, y de todo lo que he adquirido por don o favor, y de todo lo demás que alguna vez llegó a ser mío de cualquier otra manera. (172) En tiempos pasados los reproché con ignominia por ser extranjeros, aunque en realidad eran peregrinos en la tierra con derecho a plenos privilegios,Para complacer a sus enemigos, una multitud promiscua y desordenada, por quienes yo, miserable como era, fui adulado y engañado; y por esto he sido marcado con infamia, y he sido expulsado como un exiliado de todo el mundo habitable, y estoy encerrado en este lugar. (173) De nuevo, llevé a algunos de ellos al teatro y les ordené que fueran insultados descaradamente e injustamente a la vista de sus mayores enemigos; y por lo tanto, con justicia, yo mismo he sido llevado no a un teatro ni a una sola ciudad, sino a muchas ciudades, para soportar el máximo insulto, siendo maltratado en mi miserable alma en lugar de en mi cuerpo; pues fui llevado en procesión por toda Italia hasta Brundusium, y por todo el Peloponeso hasta Corinto, y por el Ática, y por todas las islas hasta Andros, que es esta prisión mía. (174) y estoy completamente seguro de que ni siquiera este es el límite de mis desgracias, sino que aún me esperan otras para compensar todos los males que he causado. Ejecuté a muchas personas, y cuando algunas fueron ejecutadas por otros, no castigé a sus asesinos. A algunos los apedrearon; a otros los quemaron vivos; a otros los arrastraron por el centro del mercado hasta que sus cuerpos quedaron destrozados. (175) Y por todo esto sé ahora que me espera la retribución, y que los vengadores ya están, por así decirlo, en la meta, y me acosan, ansiosos por matarme, y cada día, o mejor dicho, cada hora, muero antes de tiempo, soportando muchas muertes en lugar de una, la última de todas».[5] (176) Y él cedía continuamente al miedo y a la aprensión, y temblaba de miedo en cada miembro y cada porción de su cuerpo, y toda su alma temblaba de terror y se estremecía de palpitaciones y agitación, como si nada en el mundo pudiera ser un consuelo para el hombre ahora que estaba privado de toda esperanza favorable; (177) nunca se le apareció ningún buen augurio, todo tenía una apariencia hostil, cada informe era De mal agüero, su despertar era doloroso, su sueño aterrador, su soledad semejante a la de las fieras; sin embargo, la soledad de sus rebaños era lo más placentero para él; cualquier vivienda en la ciudad era su mayor aflicción; su reproche seguro era la soledad en los campos, un estilo de vida peligroso, doloroso e indecoroso; todo aquel que se acercaba a él, por muy justa que fuera, era objeto de sospecha. (178) «Este hombre», decía, «que viene rápidamente, está planeando algo contra mí; no parece que se apresure por ningún otro objetivo,Pero él me persigue; este hombre de aspecto agradable me tiende una trampa; este hombre de palabras francas me desprecia; este hombre me da de comer y beber como se alimenta al ganado antes de matarlo. (179) ¿Hasta cuándo, con mi corazón endurecido, soportaré tan terribles calamidades? Sé bien que temo a la muerte, pues por crueldad la Deidad no me castigará con violencia, acortando mi miserable vida para sobrecargarme con miserias irremediables que atesora contra mí, para complacer a quienes yo, traidoramente, condené a muerte.
XXI. (180) Mientras repetía estas cosas una y otra vez y se retorcía en agonía, esperaba el fin de su destino, y su ininterrumpida tristeza agitaba, perturbaba y trastornaba su alma. Pero Gayo, hombre de naturaleza inhumana e insaciable en su venganza, no dejó ir, como hacen algunos, a quienes ya habían sido castigados, sino que los atacó sin cesar, y continuamente les urgía nuevos y terribles sufrimientos; y, sobre todos los hombres, odiaba a Flaco hasta tal punto que sospechaba de todos los que llevaban el mismo nombre, debido a su aversión por el mismo apelativo. (181) y a menudo se arrepentía de haberlo condenado al destierro y no a muerte, y aunque tenía un gran respeto por Lépido que había intercedido por él, lo culpaba, de modo que se mantenía en un estado de gran alarma por temor al castigo inminente sobre él, porque temía que, como era muy probable, él, por haber sido la causa de que otra persona recibiera un castigo más leve, pudiera recibir uno más severo. (182) Por lo tanto, como ya nadie se atrevía a decir una palabra para desaprobar la ira del emperador, este dio rienda suelta a su furia, que ahora era implacable y desenfrenada, y que, aunque debería haberse mitigado con el tiempo, más bien se vio incrementada por él, tal como las enfermedades recurrentes en el cuerpo cuando se produce una recaída, pues todas estas recaídas son más graves que los ataques originales. (183) Dicen que en una ocasión Gayo, estando despierto por la noche, comenzó a pensar en los magistrados y oficiales que estaban desterrados, y que en realidad eran considerados desafortunados, pero que en realidad ahora habían adquirido así una vida libre de problemas y verdaderamente tranquila y libre. (184) Y le dio un nuevo nombre a este destierro, llamándolo emigración. «Pues», dijo, «es solo una especie de emigración el destierro de estos hombres, puesto que poseen todo lo necesario para la vida en abundancia y pueden vivir en tranquilidad, estabilidad y paz. Pero es absurdo que vivan en el lujo, disfrutando de la paz y entregándose a todos los placeres de una vida filosófica». (185) Entonces ordenó que los más eminentes de estos hombres, y aquellos de mayor rango y reputación, fueran ejecutados, dando una lista regular de sus nombres, a la cabeza de la cual estaba Flaco. Y cuando los hombres llegaron a Andros, a quienes se les había ordenado ejecutarlo, Flaco se encontraba, justo en ese momento, viniendo de su granja a la ciudad, y ellos, en su camino desde el puerto, se encontraron con él, (186) y mientras aún estaban a distancia se percibieron y se reconocieron mutuamente; ante lo cual él,Percibiendo al instante el propósito por el que habían venido (pues el alma de todo hombre es muy profética, especialmente la de aquellos que sufren), se desviaron del camino, huyeron y se dispersaron por el terreno accidentado, olvidando, quizás, que Andros era una isla y no el continente. ¿Y de qué sirve la velocidad en una isla bañada por el mar? Pues una de dos cosas debe ocurrir necesariamente: o que si el fugitivo avanza más, sea llevado al mar, o bien detenido al llegar al límite más lejano. (187) Por lo tanto, en una comparación de males, la destrucción por tierra debe ser preferible a la destrucción por mar, ya que la naturaleza ha hecho la tierra más afín al hombre y a todos los animales terrestres, no solo mientras viven, sino incluso después de su muerte, para que el mismo elemento pueda recibir tanto su primera generación como su última disolución. (188) Los oficiales, por lo tanto, lo persiguieron sin detenerse a tomar aliento y lo arrestaron; e inmediatamente algunos de ellos cavaron una zanja, y los otros lo arrastraron por la fuerza a pesar de toda su resistencia, gritos y forcejeos, por lo que todo su cuerpo fue herido como el de las bestias que son despachadas con muchas heridas; (189) porque él, girándose alrededor de ellos y aferrándose a sus verdugos, quienes fueron obstaculizados en sus punterías que le lanzaron con sus espadas, y quienes así lo golpearon con golpes oblicuos, fue la causa de que sus propios sufrimientos fueran más severos; porque en consecuencia, fue mutilado y cortado en las manos, los pies, la cabeza, el pecho y los costados, de modo que quedó destrozado como una víctima, y así cayó, infligiendo la justicia justamente en su propio cuerpo heridas iguales en número a los asesinatos de los judíos a quienes había condenado a muerte ilegalmente. (190) Y todo el lugar fluía con sangre derramada de sus numerosas venas, las cuales estaban cortadas en cada parte de su cuerpo, y que manaban sangre como de una fuente. Y cuando el cadáver fue arrastrado a la zanja cavada, la mayor parte de las extremidades se separó del cuerpo, y los tendones que lo mantienen unido fueron cortados. (191) Tal fue el fin de Flaco, quien sufrió así, convirtiéndose en la evidencia más evidente de que la nación judía no está desprovista de la providencial ayuda de Dios.(187) Por lo tanto, en una comparación de males, la destrucción por tierra debe ser preferible a la destrucción por mar, ya que la naturaleza ha hecho la tierra más cercanamente afín al hombre y a todos los animales terrestres, no solo mientras están vivos, sino incluso después de su muerte, para que el mismo elemento pueda recibir tanto su generación primaria como su disolución final. (188) Los oficiales, por lo tanto, lo persiguieron sin detenerse a tomar aliento y lo arrestaron; e inmediatamente algunos de ellos cavaron una zanja, y los otros lo arrastraron por la fuerza a pesar de toda su resistencia, gritos y forcejeos, por lo que todo su cuerpo fue herido como el de las bestias que son despachadas con varias heridas; (189) pues él, al rodearlos y aferrarse a sus verdugos, quienes, al verse obstaculizados en sus intentos de atacarlo con sus espadas, lo asestaron con golpes oblicuos, agravó sus propios sufrimientos. Como consecuencia, quedó mutilado y con cortes en las manos, los pies, la cabeza, el pecho y los costados, destrozado como una víctima, y así cayó, infligiéndose la justicia con justicia heridas tan numerosas como las de los judíos a quienes había ejecutado ilegalmente. (190) Y todo el lugar fluyó con sangre derramada de sus numerosas venas, cortadas en cada parte de su cuerpo, y que manaba sangre como de una fuente. Y cuando el cadáver fue arrastrado a la zanja que se había cavado, la mayor parte de los miembros se separaron del cuerpo, y los tendones que mantenían unido todo el cuerpo fueron cortados. (191) Tal fue el fin de Flaco, quien sufrió así, siendo la evidencia más manifiesta de que la nación de los judíos no está desprovista de la asistencia providencial de Dios.(187) Por lo tanto, en una comparación de males, la destrucción por tierra debe ser preferible a la destrucción por mar, ya que la naturaleza ha hecho la tierra más cercanamente afín al hombre y a todos los animales terrestres, no solo mientras están vivos, sino incluso después de su muerte, para que el mismo elemento pueda recibir tanto su generación primaria como su disolución final. (188) Los oficiales, por lo tanto, lo persiguieron sin detenerse a tomar aliento y lo arrestaron; e inmediatamente algunos de ellos cavaron una zanja, y los otros lo arrastraron por la fuerza a pesar de toda su resistencia, gritos y forcejeos, por lo que todo su cuerpo fue herido como el de las bestias que son despachadas con varias heridas; (189) pues él, al rodearlos y aferrarse a sus verdugos, quienes, al verse obstaculizados en sus intentos de atacarlo con sus espadas, lo asestaron con golpes oblicuos, agravó sus propios sufrimientos. Como consecuencia, quedó mutilado y con cortes en las manos, los pies, la cabeza, el pecho y los costados, destrozado como una víctima, y así cayó, infligiéndose la justicia con justicia heridas tan numerosas como las de los judíos a quienes había ejecutado ilegalmente. (190) Y todo el lugar fluyó con sangre derramada de sus numerosas venas, cortadas en cada parte de su cuerpo, y que manaba sangre como de una fuente. Y cuando el cadáver fue arrastrado a la zanja que se había cavado, la mayor parte de los miembros se separaron del cuerpo, y los tendones que mantenían unido todo el cuerpo fueron cortados. (191) Tal fue el fin de Flaco, quien sufrió así, siendo la evidencia más manifiesta de que la nación de los judíos no está desprovista de la asistencia providencial de Dios.Por lo cual, todo su cuerpo fue herido como el de las bestias que son despachadas con múltiples heridas; (189) pues él, al girarse alrededor de ellos y aferrarse a sus verdugos, quienes fueron obstaculizados en sus punterías que le lanzaron con sus espadas, y quienes así lo golpearon con golpes oblicuos, fue la causa de que sus propios sufrimientos fueran más severos; pues en consecuencia, fue mutilado y cortado en las manos, los pies, la cabeza, el pecho y los costados, de modo que quedó destrozado como una víctima, y así cayó, infligiendo la justicia justamente en su propio cuerpo heridas iguales en número a los asesinatos de los judíos a quienes había condenado a muerte ilegalmente. (190) Y todo el lugar fluyó con sangre que se derramó de sus numerosas venas, que fueron cortadas en cada parte de su cuerpo, y que manaron sangre como de una fuente. Y cuando el cadáver fue arrastrado a la zanja que se había cavado, la mayor parte de los miembros se separaron del cuerpo, y los tendones que mantenían unido todo el cuerpo fueron cortados. (191) Tal fue el fin de Flaco, quien sufrió así, siendo la evidencia más manifiesta de que la nación de los judíos no está desprovista de la asistencia providencial de Dios.Por lo cual, todo su cuerpo fue herido como el de las bestias que son despachadas con múltiples heridas; (189) pues él, al girarse alrededor de ellos y aferrarse a sus verdugos, quienes fueron obstaculizados en sus punterías que le lanzaron con sus espadas, y quienes así lo golpearon con golpes oblicuos, fue la causa de que sus propios sufrimientos fueran más severos; pues en consecuencia, fue mutilado y cortado en las manos, los pies, la cabeza, el pecho y los costados, de modo que quedó destrozado como una víctima, y así cayó, infligiendo la justicia justamente en su propio cuerpo heridas iguales en número a los asesinatos de los judíos a quienes había condenado a muerte ilegalmente. (190) Y todo el lugar fluyó con sangre que se derramó de sus numerosas venas, que fueron cortadas en cada parte de su cuerpo, y que manaron sangre como de una fuente. Y cuando el cadáver fue arrastrado a la zanja que se había cavado, la mayor parte de los miembros se separaron del cuerpo, y los tendones que mantenían unido todo el cuerpo fueron cortados. (191) Tal fue el fin de Flaco, quien sufrió así, siendo la evidencia más manifiesta de que la nación de los judíos no está desprovista de la asistencia providencial de Dios.
ella era hermana del emperador, y a su muerte su hermano ordenó que se le rindieran honores divinos. ↩︎
este era un lugar común de destierro para criminales, Juvenal 1.72. ↩︎
ahora Cabo Colonna. ↩︎
esto evidentemente se toma de Deuteronomio 28:66: «Y tu vida penderá delante de ti, y temerás día y noche, y no tendrás seguridad de tu vida. Por la mañana dirás: ¡Quién diera que fuese la tarde!, y a la tarde dirás: ¡Quién diera que fuese la mañana!, por el temor de tu corazón con que temerás, y por lo que verán tus ojos». ↩︎
esto es como el pasaje de Shakespeare: «Los cobardes mueren muchas veces antes de morir; / los hombres valientes sólo prueban la muerte una vez». ↩︎