Emil Schürer comenta (La literatura del pueblo judío en el tiempo de Jesús, pp. 349-354):
A Flaccon. Adversus Flaccum (Mangey, ii. 517-544).—Sobre las virtudes y una embajada a Gaión. De legatione ad Cajum (Mangey, ii. 545-600).—En estos dos libros Filón relata las persecuciones que los judíos tuvieron que soportar, especialmente en Alejandría, en el tiempo de Calígula. La narración es tan detallada y gráfica que sólo podría ser escrita por alguien que hubiera participado de manera destacada en los acontecimientos. Esta circunstancia hace de estos dos libros una autoridad de primer orden, no sólo para la historia de los judíos de aquellos tiempos, sino también para la historia de Calígula. De las afirmaciones de Mangey no se desprende claramente cómo aparecen los títulos en los mejores manuscritos. Sobre el título Filón a Flaco sólo anota (ii. 517): similiter codex Mediceus, in reliquis vero manuscriptis scribitur Filón el judío está escrito, una historia útil y útil para toda la vida. Según Flaco [sic: luego no para Flaco], es decir, acerca de la providencia. Aún más imprecisas son las declaraciones de Mangey respecto al título de la segunda composición (ii. 545): en algunas codificaciones se lee: una historia útil y muy beneficiosa sobre el pueblo contra Gaión y la causa de su odio hacia toda la nación judía. Según las afirmaciones de Pitra (Analecta sacra, ii. 318 ss.) los títulos usuales en el texto impreso Εις Φλακκον y Περι άρετων και πρεσβειας προς Γειον parecen ser también los que prevalecen en los manuscritos. En Focio, Bibliotheca cod. 105 (ed. Bekker), se dice: Y también se leyeron sus palabras, en las que estaban inscritas las inscripciones «Gaios psiegomenos» y «Flaccos o Flackon psiegomenos», etc. (por tanto dos razones). Lo mismo dice Eusebio en la Crónica. Comp. también Johannes Monachus ineditus (Mangey, ii. 517): del Flaccus. Sobre los títulos mencionados por Eusebio en la Historia Eclesiástica, véase el padre. Sólo los dos libros que han llegado hasta nosotros parecen haber sobrevivido en la época de Focio. Pero el comienzo del primero y el final del segundo muestran que son sólo porciones de un todo mayor. Porque el libro adversus Flaccum comienza (ii. 517): Segundo después de Sian, Flaco Auelio tiene éxito en la conspiración contra los judíos. Así pues, este libro fue precedido por otro, en el que se narraban las persecuciones infligidas a los judíos por Sejano. El libro De la legación ad Cajum termina además con estas palabras: Se dice que la razón del odio de la nación judía hacia Gaión es más grave que el regreso a Gaión. De ahí que deba haber seguido otro libro, en el que Filón relata la palinodia, es decir, el cambio de rumbo favorable en el destino de los judíos tras la muerte de Calígula y el edicto de tolerancia de Claudio. Ahora sabemos también por una nota en la Crónica de Eusebio, que las persecuciones bajo Sejano fueron relatadas en el segundo libro de toda esta obra. Por lo tanto, no deberíamos contar menos de cinco libros para el total. Y esto lo confirma la decidida declaración de Eusebio en la Historia Eclesiástica, ii. 5.1:και δη τα κατα Γαιον ουτος Ιουδαιοις συμβαντα πεντε βιβλιοις παραδιδωσι. El breve resumen que Eusebio ofrece del contenido de esta obra coincide exactamente con estos resultados. Pues dice que Filón relata cómo, en tiempos de Tiberio, Sejano realizó grandes esfuerzos en Roma para destruir a toda la nación, y que en Judea Pilato causó gran conmoción entre los judíos porque deseaba emprender algo con respecto al templo que era contrario a sus instituciones. Tras la muerte de Tiberio, Cayo, quien entonces ascendió al trono, se comportó con la mayor arrogancia hacia todos, pero infligió el mayor daño a toda la nación judía. Lo que aquí se dice respecto a Sejano y Pilato no puede referirse a algunas declaraciones ocasionales en los libros que nos han sido conservados, pues estos tratan únicamente de la época de Calígula. Sin embargo, las opresiones de Sejano y Pilato debieron, según las mencionadas insinuaciones de Eusebio, haber sido relatadas en un párrafo aparte, antes de los acontecimientos bajo Calígula. De todo lo anterior, la siguiente debe haber sido, en consecuencia, la estructura de toda la obra. El libro I contenía, cabe presumir, una introducción general. El libro II relata las opresiones durante el reinado de Tiberio, por parte de Sejano en Roma y por Pilato en Judea. Entre las primeras debe ubicarse, sin duda, la importante medida del año 19 d. C., por la cual todos los judíos fueron desterrados de Roma. Entre los intentos de Pilato de «hacer algo con respecto al templo contrario a las instituciones judías», la instalación de escudos consagrados en el palacio de Herodes, mencionada en la carta de Agripa, comunicada por Filón, no puede en ningún caso considerarse; debemos considerarlos más bien como los hechos registrados por Josefo, a saber, que Pilato hizo que los soldados marcharan a Jerusalén con las insignias imperiales y empleó el tesoro del templo en la construcción de un acueducto. Eusebio atestigua expresamente que el acto anterior también fue relatado por Filón. El libro III contiene la composición conservada «Adversus Flaccum», que relata la persecución de los judíos alejandrinos, surgida por iniciativa del pueblo de esa ciudad al comienzo del reinado de Calígula. Hasta entonces, no tenía nada que ver con la instalación de la estatua del emperador en la sinagoga judía ni con ningún edicto de Calígula. En el Libro IV, por el contrario, es decir, en la Legatio ad Cajum, que se conserva, se describen los sufrimientos infligidos a los judíos a consecuencia del edicto de Calígula, que exigía que se le rindiera honores divinos en todas partes. Por último, el Libro V, perdido, trataba de la παλινωδια en el sentido ya mencionado.Porque deseaba emprender algo con respecto al templo, lo cual era contrario a sus instituciones. Sin embargo, tras la muerte de Tiberio, Cayo, quien entonces ascendió al trono, se comportó con la mayor arrogancia hacia todos, pero infligió el mayor daño a toda la nación judía. Lo que aquí se dice respecto a Sejano y Pilato no puede referirse a algunas declaraciones ocasionales en los libros que nos han sido conservados. Pues estos tratan únicamente de la época de Calígula. Sin embargo, las opresiones de Sejano y Pilato debieron, según las mencionadas insinuaciones de Eusebio, haber sido relatadas en un párrafo aparte, antes de los acontecimientos bajo Calígula. De todo lo dicho, la siguiente debió haber sido, en consecuencia, la estructura de toda la obra. El libro I contenía, cabe presumir, una introducción general. El libro II relata las opresiones durante el reinado de Tiberio, por parte de Sejano en Roma y por Pilato en Judea. Entre las primeras debe ubicarse, sin duda, la importante medida del año 19 d. C., por la cual todos los judíos fueron desterrados de Roma. Entre los intentos de Pilato de «hacer algo con respecto al templo contrario a las instituciones judías», la instalación de escudos consagrados en el palacio de Herodes, mencionada en la carta de Agripa, comunicada por Filón, no puede en ningún caso considerarse; debemos considerarlos más bien como los hechos registrados por Josefo, a saber, que Pilato hizo que los soldados marcharan a Jerusalén con las insignias imperiales y empleó el tesoro del templo en la construcción de un acueducto. Eusebio atestigua expresamente que el acto anterior también fue relatado por Filón. El libro III contiene la composición conservada «Adversus Flaccum», que relata la persecución de los judíos alejandrinos, surgida por iniciativa del pueblo de esa ciudad al comienzo del reinado de Calígula. Hasta entonces, no tenía nada que ver con la instalación de la estatua del emperador en la sinagoga judía ni con ningún edicto de Calígula. En el Libro IV, por el contrario, es decir, en la Legatio ad Cajum, que se conserva, se describen los sufrimientos infligidos a los judíos a consecuencia del edicto de Calígula, que exigía que se le rindiera honores divinos en todas partes. Por último, el Libro V, perdido, trataba de la παλινωδια en el sentido ya mencionado.Porque deseaba emprender algo con respecto al templo, lo cual era contrario a sus instituciones. Sin embargo, tras la muerte de Tiberio, Cayo, quien entonces ascendió al trono, se comportó con la mayor arrogancia hacia todos, pero infligió el mayor daño a toda la nación judía. Lo que aquí se dice respecto a Sejano y Pilato no puede referirse a algunas declaraciones ocasionales en los libros que nos han sido conservados. Pues estos tratan únicamente de la época de Calígula. Sin embargo, las opresiones de Sejano y Pilato debieron, según las mencionadas insinuaciones de Eusebio, haber sido relatadas en un párrafo aparte, antes de los acontecimientos bajo Calígula. De todo lo dicho, la siguiente debió haber sido, en consecuencia, la estructura de toda la obra. El libro I contenía, cabe presumir, una introducción general. El libro II relata las opresiones durante el reinado de Tiberio, por parte de Sejano en Roma y por Pilato en Judea. Entre las primeras debe ubicarse, sin duda, la importante medida del año 19 d. C., por la cual todos los judíos fueron desterrados de Roma. Entre los intentos de Pilato de «hacer algo con respecto al templo contrario a las instituciones judías», la instalación de escudos consagrados en el palacio de Herodes, mencionada en la carta de Agripa, comunicada por Filón, no puede en ningún caso considerarse; debemos considerarlos más bien como los hechos registrados por Josefo, a saber, que Pilato hizo que los soldados marcharan a Jerusalén con las insignias imperiales y empleó el tesoro del templo en la construcción de un acueducto. Eusebio atestigua expresamente que el acto anterior también fue relatado por Filón. El libro III contiene la composición conservada «Adversus Flaccum», que relata la persecución de los judíos alejandrinos, surgida por iniciativa del pueblo de esa ciudad al comienzo del reinado de Calígula. Hasta entonces, no tenía nada que ver con la instalación de la estatua del emperador en la sinagoga judía ni con ningún edicto de Calígula. En el Libro IV, por el contrario, es decir, en la Legatio ad Cajum, que se conserva, se describen los sufrimientos infligidos a los judíos a consecuencia del edicto de Calígula, que exigía que se le rindiera honores divinos en todas partes. Por último, el Libro V, perdido, trataba de la παλινωδια en el sentido ya mencionado.Cabe suponer que se trata de una introducción general. El libro II relata las opresiones ejercidas durante el reinado de Tiberio, por Sejano en Roma y por Pilato en Judea. Entre las primeras cabe destacar, sin duda, la importante medida del año 19 d. C., por la cual todos los judíos fueron desterrados de Roma. Entre los intentos de Pilato de «hacer algo con respecto al templo contrario a las instituciones judías», la colocación de escudos consagrados en el palacio de Herodes, mencionada en la carta de Agripa, comunicada por Filón, no puede en ningún caso referirse a ella; debemos considerarlos más bien como los hechos registrados por Josefo, a saber, que Pilato hizo que los soldados marcharan a Jerusalén con las insignias imperiales y empleó el tesoro del templo en la construcción de un acueducto. Eusebio atestigua expresamente que el primer acto también fue relatado por Filón. Libro III. Se conserva la composición adversus Flaccum, que relata la persecución de los judíos alejandrinos, surgida por iniciativa del pueblo de esa ciudad al comienzo del reinado de Calígula. No tenía nada que ver con la instalación de la estatua del emperador en la sinagoga judía ni con ningún edicto de Calígula. En el Libro IV, por el contrario, es decir, en la Legatio ad Cajum, que se conserva, se describen los sufrimientos infligidos a los judíos como consecuencia del edicto de Calígula, que exigía que se le rindiera honores divinos en todas partes. Por último, el Libro V, perdido, trataba de la παλινωδια en el sentido ya mencionado.Cabe suponer que se trata de una introducción general. El libro II relata las opresiones ejercidas durante el reinado de Tiberio, por Sejano en Roma y por Pilato en Judea. Entre las primeras cabe destacar, sin duda, la importante medida del año 19 d. C., por la cual todos los judíos fueron desterrados de Roma. Entre los intentos de Pilato de «hacer algo con respecto al templo contrario a las instituciones judías», la colocación de escudos consagrados en el palacio de Herodes, mencionada en la carta de Agripa, comunicada por Filón, no puede en ningún caso referirse a ella; debemos considerarlos más bien como los hechos registrados por Josefo, a saber, que Pilato hizo que los soldados marcharan a Jerusalén con las insignias imperiales y empleó el tesoro del templo en la construcción de un acueducto. Eusebio atestigua expresamente que el primer acto también fue relatado por Filón. Libro III. Se conserva la composición adversus Flaccum, que relata la persecución de los judíos alejandrinos, surgida por iniciativa del pueblo de esa ciudad al comienzo del reinado de Calígula. No tenía nada que ver con la instalación de la estatua del emperador en la sinagoga judía ni con ningún edicto de Calígula. En el Libro IV, por el contrario, es decir, en la Legatio ad Cajum, que se conserva, se describen los sufrimientos infligidos a los judíos como consecuencia del edicto de Calígula, que exigía que se le rindiera honores divinos en todas partes. Por último, el Libro V, perdido, trataba de la παλινωδια en el sentido ya mencionado.
Las declaraciones de Eusebio también plantean algunas dificultades con respecto al título de la obra completa. Según el pasaje de la Crónica citado anteriormente (nota 61), la obra completa parece haber sido designada como η πρεσβεια. Y Eusebio también afirma, al presentar el contenido de la obra completa, que todo esto está escrito como εν η συναγραψε πρεσβεια (H. E. ii. 5. 6). Este título es, por lo tanto, posible, ya que el relato de Filón sobre la embajada a Calígula, de la cual fue líder, constituye de hecho el núcleo de la obra. Los diversos libros podrían entonces haber tenido sus títulos especiales, como Φλακκος o similar (véase supra, pág. 350). Ahora Eusebio dice además, hacia la conclusión de su resumen del contenido, que Filón había contado otros mil sufrimientos que sufrieron los judíos en Alejandría εν δευτερω συγγραμματι ω επεγραψε «περι αρετων» (H. E. ii. 6. 3). De esto parece resultar que Filón había tratado estos eventos en dos obras, siendo el título de una η πρεσβεια, y la otra περι αρετων. Esta inferencia, sin embargo, queda descartada no solo por su improbabilidad, sino también por las circunstancias de que Eusebio, en su catálogo principal de los escritos de Filón, H. E. ii. 18, solo menciona este último título. Dice que Filón, irónicamente, dio a su obra sobre las acciones impías de Cayo el título περι αρετων (H. E. ii. 18. 8). No se menciona ninguna otra obra que haga referencia a estos eventos, aunque el catálogo es, en otros aspectos, muy completo. Por lo tanto, creo que nos vemos obligados a admitir que el δευτερω es la glosa de un transcriptor, quien no pudo armonizar los diferentes títulos en ii. 5. 6 y ii. 6. 3, y que, de hecho, ambos títulos se refieren a la misma obra.
Esta obra siempre ha despertado especial interés debido a su importancia como autoridad histórica. Se ha publicado por separado en repetidas ocasiones, se ha traducido a lenguas modernas y ha sido objeto de investigación histórica. La controversia sobre su autenticidad por parte de Grätz apenas merece mención. Este libro no debe confundirse con el libro de tribus virtutibus (véase supra, pág. 345), ni con el publicado por Mai, de virtute ejusque partibus (véase supra, nota 10).
Título de Yonge: Tratado sobre las Virtudes y el Oficio de Embajadores. Dirigido a Caius. El editor ha optado por usar «Gaius» en lugar de la variante ortográfica que Yonge utiliza para el nombre.
I. (1) ¿Hasta cuándo nosotros, los ancianos, seguiremos siendo como niños, con el cuerpo canoso por la larga vida, pero con el alma completamente infantil por la falta de sentido y sensibilidad, considerando la más inestable de todas las cosas, a saber, la fortuna, como la más invariable, y la más firme de todas las cosas del mundo, a saber, la naturaleza, como completamente indigno de confianza? Pues, como quienes juegan a las damas, realizamos cambios, alterando la secuencia de nuestras acciones, y considerando las cosas que son fruto de la fortuna como más duraderas que las que resultan de la naturaleza, y las cosas que proceden de acuerdo con ella como menos estables que las que son fruto del azar. (2) Y la razón de todo esto es que formamos nuestro juicio de los acontecimientos presentes sin prestar ninguna atención prudencial al futuro, estando influenciados por la guía errónea de nuestros sentidos externos en lugar de por las operaciones secretas del intelecto; porque las cosas que son abiertamente visibles y están ante nuestras manos como para ser recogidas por ellas, son comprendidas por nuestros ojos, pero nuestro poder de razonamiento los supera, apresurándose hacia lo que es invisible y futuro; pero, sin embargo, oscurecemos la visión de nuestra razón, aunque es mucho más aguda que esos poderes corporales de la vista que se ejercitan con los ojos, algunos de nosotros confundiéndola con la indulgencia en el vino y la saciedad, y otros por el mayor de todos los males, a saber, la ignorancia. (3) Sin embargo, la oportunidad existente y las muchas e importantes proporciones que surgen para ser decididas en el momento presente, incluso si algunas personas deberían ser incrédulas de que la Deidad ejerza una previsión providencial con respecto a los asuntos humanos, y especialmente en nombre de una nación que dirige sus súplicas a él, que pertenece especialmente al padre y soberano del universo, y la gran causa de todas las cosas; y estas proposiciones son suficientes para persuadirlos de esta Verdad.[1] (4) Y esta nación de suplicantes se llama en el idioma caldeo Israel, pero cuando el nombre se traduce al idioma griego se llama, “la nación que ve”; denominación que me parece la más honorable de todas las cosas en el mundo, ya sea privada o pública; (5) pues si la vista de los ancianos, o de los instructores, o de los gobernantes, o de los padres, excita a quienes los contemplan a la reverencia y a la conducta ordenada, y a la admiración y al deseo de una vida de moderación y templanza, ¡cuánto mayor baluarte de virtud y excelencia no debemos esperar encontrar en aquellas almas que, después de haber investigado la naturaleza de cada cosa creada, han aprendido a contemplar al Ser increado y Divino, el primer bien de todos, el único bello, feliz y glorioso!y ser bendito; mejor, si se dice la pura verdad, que el bien mismo; más bello que la belleza misma; más feliz que la felicidad misma; más bendito que la bienaventuranza misma; y, en resumen, si hay algo en el mundo que lo sea, más perfecto que cualquiera de las cosas mencionadas. (6) Porque la razón no puede hacer avances tales como para alcanzar una comprensión completa de Dios, que no puede ser tocado ni manipulado; sino que se retira y se queda corta de tal altura, siendo incapaz de emplear un lenguaje apropiado como un paso hacia la manifestación (no diré del Dios vivo, porque incluso si todo el cielo fuera dotado de voz articulada, no estaría provisto de expresiones felices y apropiadas para hacer justicia a tal tema); sino incluso de sus poderes subordinados, aquellos, por ejemplo, por los cuales creó el mundo y por los cuales reina sobre él como su rey, y por los cuales prevé el futuro, y todos sus otros poderes benéficos, castigadores y correctivos. (7) A menos que debamos clasificar su corrección entre sus poderes benéficos, no sólo porque tal manifestación es una parte de sus leyes y ordenanzas (pues la ley se compone de dos cosas, el honor de los buenos y el castigo de los malos), sino también porque el castigo reprende, y muy a menudo incluso corrige, y mejora a los que han obrado mal; y si no lo hace con ellos, al menos lo hace con los que están cerca de los ofensores así castigados; porque el castigo de los demás hace mejores a la mayoría de los hombres, por temor a que ellos mismos sufran las mismas cosas.el honor de los buenos y el castigo de los malos), sino también porque el castigo reprende, y muy a menudo incluso corrige, y mejora a los que han obrado mal; y si no lo hace con ellos, al menos lo hace con los que están cerca de los ofensores así castigados; porque el castigo de los demás hace mejores a la mayoría de los hombres, por temor a que ellos mismos sufran las mismas cosas.el honor de los buenos y el castigo de los malos), sino también porque el castigo reprende, y muy a menudo incluso corrige, y mejora a los que han obrado mal; y si no lo hace con ellos, al menos lo hace con los que están cerca de los ofensores así castigados; porque el castigo de los demás hace mejores a la mayoría de los hombres, por temor a que ellos mismos sufran las mismas cosas.
II. (8) Porque cuando vio a Cayo, tras la muerte de Tiberio César, asumir la soberanía del mundo entero en una condición libre de toda sedición, y regulada y obediente a leyes admirables, y adaptada a la unanimidad y la armonía en todas sus partes, este y oeste, sur y norte; las naciones bárbaras estando en armonía con los griegos, y los griegos con los bárbaros, y los soldados con el cuerpo de ciudadanos privados, y los ciudadanos con los militares; de modo que todos participaban y disfrutaban de una paz universal común, no podían dejar de maravillarse y asombrarse ante su extraordinaria e indescriptible buena fortuna, (9) ya que había heredado así una herencia ya hecha de todas las cosas buenas, reunidas como si fueran un montón, es decir, numerosos y vastos tesoros de dinero, plata y oro, algunos en lingotes, y algunos en moneda acuñada, y algunos de nuevo dedicados a artículos de lujo, en copas y otros vasos, que están hechos para la ostentación y la magnificencia; y también innumerables huestes de tropas, infantería y caballería, y fuerzas navales, e ingresos que se suministraban en un flujo inagotable como de una fuente; (10) y la soberanía de las porciones más numerosas, y más valiosas e importantes del mundo habitable, que de hecho uno puede llamar con justicia el mundo entero, siendo no solo todo lo que está delimitado por los dos ríos, el Éufrates y el Rin; el uno de los cuales confina a Alemania y a todas las naciones más incivilizadas; y el Éufrates, por otro lado, frena a Partia y a las naciones de los sármatas y escitas, que no son menos bárbaras e incivilizadas que las tribus germánicas; pero, como dije antes, a todo el mundo, desde el amanecer hasta el atardecer, toda la tierra en resumen de este lado del Océano y más allá del Océano, en lo que se regocijaron todo el pueblo romano y toda Italia, e incluso todas las naciones asiáticas y europeas. (11) Pues como nunca habían admirado juntos a ningún emperador que hubiera existido en ese tiempo, no esperando tener en el futuro la posesión, uso y disfrute de todos los bienes privados y públicos, sino pensando que en realidad ya los tenían como una especie de superfluidad de prosperidad que la felicidad estaba esperando llenar hasta el borde: (12) en consecuencia ahora no había nada más que ver en ninguna ciudad, excepto altares, y víctimas, y sacrificios, y hombres vestidos de blanco, y coronados con guirnaldas, y con rostros alegres, y mostrando su alegría con el brillo de sus miradas, y festivales, y asambleas, y concursos musicales, y carreras de caballos, y festejos, y comidas que duraban toda la noche, con la música de la flauta y de la lira, y regocijo, y días festivos, y treguas, y toda clase de placer dirigido a cada uno de los sentidos.(13) En esta ocasión los ricos no estaban en mejor situación que los pobres, ni los hombres de alto rango que los humildes, ni los acreedores que los deudores, ni los amos que los esclavos, ya que la ocasión dio privilegios y comunidades iguales a todos los hombres, de modo que la era de Saturno, que es tan celebrada por los poetas, ya no se consideraba una ficción y una fábula, [2] debido a la prosperidad y felicidad universal que reinaba en todas partes, y la ausencia de todo dolor y miedo, y las exhibiciones diarias y nocturnas de alegría y festividad en todas las casas y en todo el pueblo, que duraron continuamente sin interrupción durante los primeros siete meses de su reinado. (14) Pero en el octavo mes una enfermedad severa atacó a Gayo que había cambiado la forma de su vida que era poco antes, mientras Tiberio estaba vivo, muy simple y por esa razón más saludable que una de gran suntuosidad y lujo; porque empezó a entregarse a la abundancia de vino fuerte y a comer platos ricos, y a la abundante licencia de deseos insaciables y a una gran insolencia, y al uso inoportuno de baños calientes y vomitivos, y luego de nuevo al consumo de vino y a la borrachera, y a la glotonería recurrente, y a la lujuria por muchachos y mujeres, y a todo lo demás que tiende a destruir tanto el alma como el cuerpo, y todos los vínculos que unen y fortalecen a ambos; porque las recompensas de la templanza son la salud y la fuerza, y el salario de la intemperancia son la debilidad y la enfermedad que llevan al hombre cerca de la muerte.y en todo lo demás que tiende a destruir tanto el alma como el cuerpo, y todos los vínculos que unen y fortalecen a ambos; porque las recompensas de la templanza son la salud y la fuerza, y el salario de la intemperancia es la debilidad y la enfermedad que llevan al hombre cerca de la muerte.y en todo lo demás que tiende a destruir tanto el alma como el cuerpo, y todos los vínculos que unen y fortalecen a ambos; porque las recompensas de la templanza son la salud y la fuerza, y el salario de la intemperancia es la debilidad y la enfermedad que llevan al hombre cerca de la muerte.
III. (15) En consecuencia, cuando se difundió la noticia de que estaba enfermo mientras el tiempo aún era adecuado para la navegación (pues era principios de otoño, que es la última estación durante la cual los náuticos pueden emprender viajes con seguridad, y durante la cual, en consecuencia, todos regresan de los mercados extranjeros en cada región a sus propios puertos nativos y puertos de refugio, especialmente todos los que ejercen un cuidado prudente para no verse obligados a pasar el invierno en un país extranjero); ellos, abandonando su antigua vida de delicadeza y lujo, ahora tenían rostros tristes, y cada casa y cada ciudad se llenaron de depresión y melancolía, siendo su dolor ahora igual y contrarrestando la alegría que experimentaron poco tiempo antes. (16) Porque cada porción del mundo habitable estaba enferma en su enfermedad, sintiéndose afectada por una enfermedad más terrible que la que oprimía a Gayo; (17) porque los hombres empezaron a recordar cuán numerosos y cuán grandes son los males que surgen de la anarquía, el hambre y la guerra, y la destrucción de árboles, y las devastaciones, y la privación de tierras, y el saqueo de dinero, y el miedo intolerable a la esclavitud y a la muerte, que nadie puede aliviar, todos los cuales parecían admitir un solo remedio, a saber, la recuperación de Gayo. (18) En consecuencia, cuando su enfermedad comenzó a disminuir, en muy poco tiempo incluso los hombres que vivían en los confines del imperio se enteraron y se regocijaron, pues nada es más rápido que la noticia, [3] e inmediatamente cada ciudad se llenó de suspenso y expectativa, estando continuamente ansiosas por mejores noticias, hasta que finalmente su perfecta recuperación fue anunciada por los recién llegados, ante cuya noticia volvieron de nuevo a su alegría original, cada uno pensando que la salud de Cayo era su propia salvación; (19) y este sentimiento invadió cada continente y cada isla, pues nadie puede recordar una alegría tan grande y general que afectara a un país o una nación, por la buena salud o prosperidad de su gobernador, como la que ahora invadió todo el mundo habitable por la recuperación de Cayo, y por su capacidad de reanudar el ejercicio de su poder y haberse librado completamente de su enfermedad. (20) Porque todos se alegraron, por ignorancia de la verdad, como hombres que ahora por primera vez comienzan a cambiar un modo de vida errante e incivilizado por un sistema social y civilizado, y en lugar de vivir en lugares desiertos, al aire libre y en los distritos montañosos, vivir en ciudades amuralladas,y en lugar de vivir sin ningún gobernador, ni protector, ni legislador, estar ahora establecido bajo el cuidado de un gobernador para ser una especie de pastor y líder de un rebaño más domesticado; (21) porque la mente humana tiende a ser ciega a la percepción de lo que es realmente conveniente y beneficioso para ella, estando influenciada más por conjeturas y nociones de probabilidad que por el conocimiento real.
IV. (22) En todo caso, no pasó mucho tiempo antes de que Gayo, quien ahora era considerado como un salvador y benefactor, y de quien se esperaba que derramara algunas fuentes frescas y eternas de beneficios sobre toda Asia y Europa, para dotar a los habitantes de una felicidad y prosperidad inalienables, tanto para cada individuo individualmente como para todo el estado en general, comenzara, como dice el proverbio, en casa, y cambiara a una ferocidad de disposición, o, mejor dicho, exhibiera el salvajismo que antes había eclipsado por pretensiones e hipocresía; (23) porque ejecutó a su primo que había quedado como socio de su reino, y que de hecho era un sucesor más natural que él mismo; porque él mismo era solo nieto de Tiberio por adopción, pero el otro lo era por sangre; Argumentando como pretexto que lo había descubierto conspirando contra él, aunque su misma edad bastaba para refutar semejante acusación; pues la infeliz víctima apenas estaba dejando atrás la infancia y empezaba a figurar entre los jóvenes. (24) Y, como dicen algunos, si Tiberio hubiera vivido un poco más, Gayo habría sido aniquilado, pues empezó a ser considerado por él con una sospecha inalterable, y el nieto legítimo de Tiberio habría sido nombrado futuro emperador y heredero de su reino paterno. (25) Pero Tiberio fue arrebatado por el destino antes de que pudiera llevar a cabo sus planes; y Gayo pensó que podría evitar cualquier mala fama que pudiera surgir por haber transgredido los principios de la justicia con respecto a su compañero al burlarlo. (26) Y la estratagema que adoptó fue la siguiente. Tras reunir a todos los magistrados principales, dijo: «Deseo que quien es mi primo de nacimiento y mi hermano en afecto, según la instrucción de Tiberio, ya fallecido, sea mi compañero en mi autoridad absoluta. Pero ustedes mismos perciben que aún es un niño y que necesita amos, maestros y tutores; (27) pues ¿qué bendición más deseable para mí que no cargar con el peso de las preocupaciones del gobierno, sino tener a alguien que pueda aliviarlas y aliviarlas compartiéndolas? Por lo tanto», dijo, «pasando por alto y siendo superior a todos los tutores, maestros y tutores, me inscribo como su padre y a él como mi hijo».
V. (28) Con estas palabras engañó tanto a los presentes como al propio joven, pues su propuesta era un mero cebo; su intención no era investirle del poder que esperaba, sino privarle incluso del que ya tenía, según la ley que afectaba a los coherederos y socios; y, en consecuencia, ahora conspiró contra él con absoluta valentía, sin tener consideración ni temor de nadie, pues según las leyes de los romanos la autoridad más completa y absoluta sobre el hijo pertenece al padre, además del hecho de que Gayo tenía la autoridad imperial, lo cual era completamente irresponsable, ya que nadie podía aventurarse ni tenía poder para exigirle cuentas de nada de lo que pudiera hacer. (29) En consecuencia, considerando a este joven como un tercer hombre en los juegos, procedió a derrocarlo, sin sentir compasión, ni por el hecho de haber sido criado con él, ni por su parentesco tan cercano, ni por su edad, pero sin tener idea de perdonar a este miserable joven, condenado a una muerte temprana; su propio socio en el gobierno, su coheredero, quien anteriormente se había esperado que fuera casi el emperador absoluto, por ser el pariente más cercano de Tiberio; porque cuando sus padres mueren, los nietos generalmente son vistos por sus abuelos como en posición de hijos. (30) Se dice, además, que a este joven, al habérsele ordenado suicidarse con sus propias manos, mientras un centurión y un capitán de mil estaban presentes (a quienes se les había ordenado expresamente no tomar parte en el horrendo hecho, ya que no era lícito que los descendientes de los emperadores fueran ejecutados por nadie más; porque Gayo recordaba las leyes en medio de sus actos ilegales, y tenía cierto respeto por la piedad en todos sus actos impíos, imitando lo mejor que podía la naturaleza de la verdad); él, al no saber cómo suicidarse, pues nunca había visto a nadie más ser ejecutado, y nunca había tenido práctica en luchar con armas, que es el ejercicio y curso de instrucción usual para los niños que están siendo educados con vistas a convertirse en líderes y gobernantes, debido a las guerras que pueden tener que conducir, al principio exhortó a aquellos oficiales que habían venido a él a que lo mataran ellos mismos, estirando su cuello; (31) pero como no se atrevieron, él mismo, tomando la espada, preguntó en su ignorancia y falta de experiencia cuál era el lugar más mortal, para que con un golpe bien dirigido pudiera acortar su miserable vida; y ellos, como instructores en la miseria, lo guiaron por el camino y le indicaron el lugar donde debía meter la espada; y él, habiendo aprendido así su primera y última lección, se convirtió, miserable como era, en su propio asesino por obligación.
VI. (32) Pero cuando Gayo cumplió esta primera y mayor empresa, al no quedar ya nadie relacionado con la autoridad suprema, a quien pudiera dirigir la mirada quien le tuviera mala voluntad y de quien sospechara, se dedicó, en segundo lugar, a planear la muerte de Macro, un hombre que había cooperado con él en todo lo relacionado con el imperio, no solo después de haber sido nombrado emperador (pues es característico de la adulación cortejar a quienes gozan de prosperidad), sino que también lo había ayudado previamente en sus medidas para asegurar dicha autoridad. (33) Tiberio, hombre de profunda prudencia y el más hábil de todos los cortesanos para percibir las intenciones ocultas de cualquier hombre, y tan preeminente en inteligencia y agudeza como en buena fortuna, a menudo miraba con recelo a Cayo, por ser malvado hacia la casa de Claudio y estar emparentado con él solo por línea materna, [4] y temía por su nieto, no fuera que, al quedar solo como un niño, fuera condenado a muerte por él. (34) Además, lo juzgaba muy poco apto para una autoridad de tal magnitud, tanto por su insociabilidad y ferocidad de naturaleza como por su temperamento desigual, pues continuamente cedía a los cambios de humor más frenéticos e inconsistentes, sin mantener coherencia ni en sus palabras ni en sus acciones. (35) Macro estudió todo esto con todas sus fuerzas en cada oportunidad, apaciguando las sospechas de Tiberio y todos los prejuicios que percibía contra Cayo por su incesante temor y ansiedad por su nieto. (36) Le explicó que Cayo era una persona de carácter bueno y obediente, y que sentía un gran afecto por su primo, tanto que, por su gran respeto, estaría dispuesto incluso a abandonar el gobierno y cedérselo él solo. Sin embargo, esa excesiva modestia no era ventajosa para muchos, por lo que Cayo, de carácter ingenuo y resuelto, era considerado astuto y maquinador. (37) Y como no pudo persuadirlo con todos los argumentos basados en probabilidades que presentó, presentó los que se basaban en acuerdos específicos, añadiendo: "Yo mismo seré su garantía, yo que merezco que se deposite en mí confianza, ya que he dado pruebas suficientes de que yo mismo soy individualmente amigo de César y amigo de Tiberio, ya que fui yo quien llevó a cabo tus intenciones respecto a la caída de Sejano.(38) En resumen, era muy asiduo, enérgico y exhaustivo en sus alabanzas a Cayo, si es que se puede hablar de discursos en defensa de un hombre como equivalentes a panegíricos sobre él, que más bien se dirigían a disipar las impresiones desfavorables y las sospechas suscitadas por insinuaciones y acusaciones oscuras e indistintas. En resumen, todo lo que cualquiera podría decir en nombre de cualquier hermano o hijo legítimo, eso y más también se lo dijo Macro a Tiberio en nombre de Cayo. (39) Y la causa de esto, según el rumor generalizado, no solo era que Macro, por otro lado, había sido muy cortejado por él, como quien tenía el mayor, o incluso todo, poder bajo el imperio; Pero también que la esposa de Macro le era favorable, por una razón que no debe mencionarse, y a diario instaba, animaba y suplicaba a su esposo que no dejara de mostrar su celo y energía por el joven. Y una esposa es un instrumento muy poderoso para distraer o persuadir la mente de su esposo, especialmente si es de temperamento amoroso, pues debido a su propia consciencia se vuelve más propensa a la adulación. (40) Y Macro, ignorante de la deshonra infligida a su lecho matrimonial y a su familia, y considerando sus halagos como una prueba de su sincera buena voluntad y afecto por él, fue engañado, y sin darse cuenta, fue llevado, por las intrigas de ella, a considerar a sus enemigos más acérrimos como sus mejores amigos.Ignorando la deshonra hecha a su lecho nupcial y a su familia, y considerando sus halagos como una prueba de su sincera buena voluntad y afecto por él, fue engañado y, sin darse cuenta, fue llevado, por sus intrigas, a abrazar a sus más acérrimos enemigos como a sus mejores amigos.Ignorando la deshonra hecha a su lecho nupcial y a su familia, y considerando sus halagos como una prueba de su sincera buena voluntad y afecto por él, fue engañado y, sin darse cuenta, fue llevado, por sus intrigas, a abrazar a sus más acérrimos enemigos como a sus mejores amigos.
VII. (41) Por lo tanto, como sabía que lo había preservado diez mil veces, cuando estaba en el peligro más inminente de ser condenado a muerte, solía ofrecerle advertencias y consejos sin disimulo, sinceros y honestos, con perfecta libertad de expresión; porque, como un buen trabajador, deseaba que lo que consideraba su propia obra permaneciera intacto e indestructible, sin que él ni nadie más lo acabara; (42) por lo tanto, siempre que lo veía durmiendo en cualquier entretenimiento, iba a despertarlo, teniendo, al mismo tiempo, consideración por lo que era apropiado y también por su seguridad, porque un hombre que está dormido es un buen objeto para la traición; y siempre que lo veía mirando con ojos excitados a algún bailarín, o incluso a veces bailando con ellos, o no sonriendo con dignidad a los actores de espectáculos ridículos y burlescos, sino más bien sonriendo como un niño, o totalmente llevado por las melodías de algún arpista o coro, de modo que en algunas ocasiones incluso se unía a su canto, si estaba sentado o acercándose a él, le daba un codazo y trataba de detenerlo. (43) Y muy a menudo, cuando se reclinaba cerca de él, le susurraba al oído y lo amonestaba con suavidad y serenidad, para que nadie más pudiera oír lo que decía, diciendo: «No solo no deberías ser como ningún otro aquí, sino como ningún otro en absoluto, ni en ningún espectáculo, ni en nada que se escuche, ni en nada que afecte los sentidos externos, sino que deberías superar a todos los demás hombres en cada acción de tu vida, tanto como los superas en tu buena fortuna, (44) porque es irrazonable que el gobernante de toda la tierra y de todo el mar se deje dominar por una canción o por una exhibición de baile, o por cualquier broma o actuación ridícula, o por cualquier otra cosa de ese tipo; y no en toda ocasión y en todo lugar, recordar su posición como emperador, como un pastor y protector del rebaño, valiéndose de todo». que pueda tender a cualquier tipo de mejora, de cada palabra y de cada acción, de cualquier descripción.” (45) Luego añadía: «Cuando estéis presentes en cualquier concurso teatral, o en cualquier juego gimnástico, o en cualquiera de los concursos en el hipódromo, no consideréis las actividades en sí tanto como el comportamiento correcto en todas esas actividades, y albergad pensamientos de esta naturaleza: (46) si algunos hombres se esfuerzan de esta manera por perfeccionar cosas que en ningún sentido pueden beneficiar la vida humana, sino que solo brindan placer y diversión a los espectadores, de tal manera que sean alabados y admirados, y reciban recompensas, honores y coronas,y que sus nombres sean proclamados como conquistadores; ¿qué debe hacer quien es hábil en la más sublime e importante de todas las artes? (47) Ahora bien, la mayor y más excelente de todas las ciencias es la ciencia del gobierno, mediante la cual todo país bueno y fértil, ya sea campestre o montañoso, se cultiva, y todo mar es navegado sin peligro por buques mercantes cargados, para comunicar a los diferentes países las producciones útiles de cada uno, por un deseo natural de participación y asociación, de modo que cada país reciba lo que necesita y envíe en compensación los bienes que le sobran; (48) porque la envidia nunca ha obtenido un dominio sobre todo el mundo habitable, ni siquiera sobre esas grandes divisiones de él, toda Europa o toda Asia, sino que se esconde en agujeros como un reptil venenoso, arrastrándose en pequeños distritos para atacar a un hombre individual, o a una sola familia, o, si es muy violenta y poderosa, tal vez una ciudad; pero nunca ataca a un círculo más grande de una nación entera o un país entero, especialmente desde que su augusta familia realmente ha comenzado a gobernar a todos los hombres en todas las partes del mundo. (49) »Porque tu casa ha descubierto y sacado a la luz todo lo que es bueno, incluso en medio de los males, y ha desterrado todos los males a los confines de la tierra, y más allá de sus fronteras a las profundidades del Tártaro, y ha traído de vuelta, desde los confines más distantes de la tierra y el mar, aquellas cosas provechosas y beneficiosas que de alguna manera fueron desterradas al mundo habitable que nos rodea; y ahora todas estas cosas están confiadas a tu poder, para ser gobernadas por tu autoridad. (50) «En consecuencia tú, habiendo sido conducido por la naturaleza al timón supremo del mundo, y teniendo el gobierno de todo puesto en tus manos, debes guiar la nave universal de toda la humanidad de una manera segura y saludable, regocijándote y deleitándote en nada más que en hacer el bien a tus súbditos; (51) pues cada persona tiene diferentes contribuciones que ofrecer, las cuales necesariamente ofrecen en sus respectivas ciudades. Pero el regalo más adecuado para un gobernante es adoptar consejos sabios con respecto a quienes están sujetos a su autoridad, ejecutar las intenciones correctamente formadas y otorgarles bienes sin ninguna limitación, con mano y mente generosas, excepto aquellos que sea mejor reservar debido a una prudente previsión de la incertidumbre del futuro.(48) por medio de la cual todo país bueno y fértil, ya sea champaña o montañoso, es cultivado, y todo mar es navegado sin peligro por buques mercantes cargados pesadamente, para comunicar a los diferentes países las producciones útiles de cada uno, por un deseo natural de participación y asociación, de modo que cada tierra recibe lo que necesita, y envía en compensación aquellas cosas buenas de las que tiene superfluidad; (48) porque la envidia nunca ha obtenido un dominio sobre todo el mundo habitable, ni siquiera sobre esas grandes divisiones de él, toda Europa o toda Asia, sino que acecha en agujeros como un reptil venenoso, arrastrándose en pequeños distritos para atacar a un hombre individual, o a una sola familia, o, si es muy violenta y poderosa, tal vez a una ciudad; pero nunca ataca a un círculo más amplio de una nación entera o de un país entero, especialmente desde que su augusta familia realmente ha comenzado a gobernar a todos los hombres en todas las partes del mundo. (49) »Porque tu casa ha descubierto y sacado a la luz todo lo que es bueno, incluso en medio de los males, y ha desterrado todos los males a los confines de la tierra, y más allá de sus fronteras a las profundidades del Tártaro, y ha traído de vuelta, desde los confines más distantes de la tierra y el mar, aquellas cosas provechosas y beneficiosas que de alguna manera fueron desterradas al mundo habitable que nos rodea; y ahora todas estas cosas están confiadas a tu poder, para ser gobernadas por tu autoridad. (50) «En consecuencia tú, habiendo sido conducido por la naturaleza al timón supremo del mundo, y teniendo el gobierno de todo puesto en tus manos, debes guiar la nave universal de toda la humanidad de una manera segura y saludable, regocijándote y deleitándote en nada más que en hacer el bien a tus súbditos; (51) pues cada persona tiene diferentes contribuciones que ofrecer, las cuales necesariamente ofrecen en sus respectivas ciudades. Pero el regalo más adecuado para un gobernante es adoptar consejos sabios con respecto a quienes están sujetos a su autoridad, ejecutar las intenciones correctamente formadas y otorgarles bienes sin ninguna limitación, con mano y mente generosas, excepto aquellos que sea mejor reservar debido a una prudente previsión de la incertidumbre del futuro.(48) por medio de la cual todo país bueno y fértil, ya sea champaña o montañoso, es cultivado, y todo mar es navegado sin peligro por buques mercantes cargados pesadamente, para comunicar a los diferentes países las producciones útiles de cada uno, por un deseo natural de participación y asociación, de modo que cada tierra recibe lo que necesita, y envía en compensación aquellas cosas buenas de las que tiene superfluidad; (48) porque la envidia nunca ha obtenido un dominio sobre todo el mundo habitable, ni siquiera sobre esas grandes divisiones de él, toda Europa o toda Asia, sino que acecha en agujeros como un reptil venenoso, arrastrándose en pequeños distritos para atacar a un hombre individual, o a una sola familia, o, si es muy violenta y poderosa, tal vez a una ciudad; pero nunca ataca a un círculo más amplio de una nación entera o de un país entero, especialmente desde que su augusta familia realmente ha comenzado a gobernar a todos los hombres en todas las partes del mundo. (49) »Porque tu casa ha descubierto y sacado a la luz todo lo que es bueno, incluso en medio de los males, y ha desterrado todos los males a los confines de la tierra, y más allá de sus fronteras a las profundidades del Tártaro, y ha traído de vuelta, desde los confines más distantes de la tierra y el mar, aquellas cosas provechosas y beneficiosas que de alguna manera fueron desterradas al mundo habitable que nos rodea; y ahora todas estas cosas están confiadas a tu poder, para ser gobernadas por tu autoridad. (50) «En consecuencia tú, habiendo sido conducido por la naturaleza al timón supremo del mundo, y teniendo el gobierno de todo puesto en tus manos, debes guiar la nave universal de toda la humanidad de una manera segura y saludable, regocijándote y deleitándote en nada más que en hacer el bien a tus súbditos; (51) pues cada persona tiene diferentes contribuciones que ofrecer, las cuales necesariamente ofrecen en sus respectivas ciudades. Pero el regalo más adecuado para un gobernante es adoptar consejos sabios con respecto a quienes están sujetos a su autoridad, ejecutar las intenciones correctamente formadas y otorgarles bienes sin ninguna limitación, con mano y mente generosas, excepto aquellos que sea mejor reservar debido a una prudente previsión de la incertidumbre del futuro.(48) porque la envidia nunca ha obtenido un dominio sobre todo el mundo habitable, ni siquiera sobre esas grandes divisiones de él, toda Europa o toda Asia, sino que acecha en agujeros como un reptil venenoso, arrastrándose en pequeños distritos para atacar a un hombre individual, o a una sola familia, o, si es muy violenta y poderosa, tal vez una ciudad; pero nunca ataca a un círculo más grande de una nación entera o un país entero, especialmente desde que su augusta familia realmente comenzó a gobernar a todos los hombres en todas las partes del mundo. (49) »Porque tu casa ha descubierto y sacado a la luz todo lo que es bueno, incluso en medio de los males, y ha desterrado todos los males a los confines de la tierra, y más allá de sus fronteras a las profundidades del Tártaro, y ha traído de vuelta, desde los confines más distantes de la tierra y el mar, aquellas cosas provechosas y beneficiosas que de alguna manera fueron desterradas al mundo habitable que nos rodea; y ahora todas estas cosas están confiadas a tu poder, para ser gobernadas por tu autoridad. (50) «En consecuencia tú, habiendo sido conducido por la naturaleza al timón supremo del mundo, y teniendo el gobierno de todo puesto en tus manos, debes guiar la nave universal de toda la humanidad de una manera segura y saludable, regocijándote y deleitándote en nada más que en hacer el bien a tus súbditos; (51) pues cada persona tiene diferentes contribuciones que ofrecer, las cuales necesariamente ofrecen en sus respectivas ciudades. Pero el regalo más adecuado para un gobernante es adoptar consejos sabios con respecto a quienes están sujetos a su autoridad, ejecutar las intenciones correctamente formadas y otorgarles bienes sin ninguna limitación, con mano y mente generosas, excepto aquellos que sea mejor reservar debido a una prudente previsión de la incertidumbre del futuro.(48) porque la envidia nunca ha obtenido un dominio sobre todo el mundo habitable, ni siquiera sobre esas grandes divisiones de él, toda Europa o toda Asia, sino que acecha en agujeros como un reptil venenoso, arrastrándose en pequeños distritos para atacar a un hombre individual, o a una sola familia, o, si es muy violenta y poderosa, tal vez una ciudad; pero nunca ataca a un círculo más grande de una nación entera o un país entero, especialmente desde que su augusta familia realmente comenzó a gobernar a todos los hombres en todas las partes del mundo. (49) »Porque tu casa ha descubierto y sacado a la luz todo lo que es bueno, incluso en medio de los males, y ha desterrado todos los males a los confines de la tierra, y más allá de sus fronteras a las profundidades del Tártaro, y ha traído de vuelta, desde los confines más distantes de la tierra y el mar, aquellas cosas provechosas y beneficiosas que de alguna manera fueron desterradas al mundo habitable que nos rodea; y ahora todas estas cosas están confiadas a tu poder, para ser gobernadas por tu autoridad. (50) «En consecuencia tú, habiendo sido conducido por la naturaleza al timón supremo del mundo, y teniendo el gobierno de todo puesto en tus manos, debes guiar la nave universal de toda la humanidad de una manera segura y saludable, regocijándote y deleitándote en nada más que en hacer el bien a tus súbditos; (51) pues cada persona tiene diferentes contribuciones que ofrecer, las cuales necesariamente ofrecen en sus respectivas ciudades. Pero el regalo más adecuado para un gobernante es adoptar consejos sabios con respecto a quienes están sujetos a su autoridad, ejecutar las intenciones correctamente formadas y otorgarles bienes sin ninguna limitación, con mano y mente generosas, excepto aquellos que sea mejor reservar debido a una prudente previsión de la incertidumbre del futuro.aquellas cosas provechosas y beneficiosas que de alguna manera fueron desterradas al mundo habitable que nos rodea; y ahora todas estas cosas están confiadas a tu poder, para ser gobernadas por tu autoridad. (50) “Por consiguiente, tú, habiendo sido conducido por la naturaleza al timón supremo del mundo, y teniendo el gobierno de todo en tus manos, debes guiar la nave universal de toda la humanidad de manera segura y saludable, regocijándote y deleitándote únicamente en hacer el bien a tus súbditos; (51) pues cada persona tiene diferentes contribuciones que otorgar, las cuales cada individuo necesariamente ofrece en sus distintas ciudades. Pero el regalo más adecuado para un gobernante es adoptar consejos sabios con respecto a quienes están sujetos a su autoridad, ejecutar intenciones correctamente formadas y otorgarles bienes sin ninguna limitación, con mano y mente generosas, excepto aquellos que sea mejor reservar debido a una prudente previsión de la incertidumbre del futuro.»aquellas cosas provechosas y beneficiosas que de alguna manera fueron desterradas al mundo habitable que nos rodea; y ahora todas estas cosas están confiadas a tu poder, para ser gobernadas por tu autoridad. (50) «Por consiguiente, tú, habiendo sido conducido por la naturaleza al timón supremo del mundo, y teniendo el gobierno de todo en tus manos, debes guiar la nave universal de toda la humanidad de manera segura y saludable, regocijándote y deleitándote únicamente en hacer el bien a tus súbditos; (51) pues cada persona tiene diferentes contribuciones que otorgar, las cuales cada individuo necesariamente ofrece en sus distintas ciudades. Pero el regalo más adecuado para un gobernante es adoptar consejos sabios con respecto a quienes están sujetos a su autoridad, ejecutar intenciones correctamente formadas y otorgarles bienes sin ninguna limitación, con mano y mente generosas, excepto aquellos que sea mejor reservar debido a una prudente previsión de la incertidumbre del futuro.»
VIII. (52) El desdichado hombre repetía constantemente este tipo de sugerencias con la esperanza de mejorar a Cayo; pero él, siendo una persona pendenciera y conflictiva, volvía su mente en la dirección opuesta, como si se le exhortara a hacer exactamente lo contrario, y concibió un disgusto tan decidido por su monitor, que nunca lo miraba con un semblante alegre; y a veces, cuando lo veía de lejos, les hablaba así a los que estaban cerca: (53) «Aquí viene el maestro de quien ya no tiene derecho a ser considerado un alumno; -aquí viene el pedagogo de quien ya no es un niño, el monitor de quien es más sabio que él mismo, el hombre que cree apropiado que el emperador obedezca a su súbdito, que se erige en un hombre profundamente versado por la experiencia en la ciencia del gobierno y como maestro de ella, aunque no sé de quién ha aprendido los principios del gobierno soberano; (54) porque desde el momento en que dejé mi cuna, he tenido diez mil instructores, padres, hermanos, tíos, primos y abuelos, hasta los mismos fundadores de mi familia, de hecho todos los que estaban emparentados conmigo, ya sea por el lado de mi padre o de mi madre, que habían adquirido poder absoluto para sí mismos, incluso sin tener en cuenta el hecho de que, por Siendo ellos los autores de mi ser, me habían inculcado cierto grado de poder real y cierta aptitud natural para el gobierno. (55) Pues así como existen semejanzas de cuerpo y alma tanto en la forma, posición y movimientos de los hombres, y también como las inclinaciones, disposiciones y acciones de los hombres se conservan en cierto grado de similitud mediante los principios de descendencia, así también es probable que los mismos principios transmitan un esbozo de similitud respecto a la aptitud de uno para el gobierno. (56) ¿Se atreverá entonces alguien, que sea ignorante, a instruirme a mí, que soy lo contrario de ignorante? ¿A mí, que incluso antes de nacer, mientras aún estaba en el vientre de mi madre, fui formado como emperador en el taller de la naturaleza? Pues ¿cómo es posible que personas, que poco antes eran individuos privados, contemplen como deben las intenciones de un alma imperial? Pero algunas personas, en su desvergonzada audacia, se atreven a presentarse como intérpretes y perfeccionadores de los principios del gobierno, cuando en realidad difícilmente deberían figurar entre quienes tienen algún conocimiento del asunto». (57) Y mientras se esforzaba diligentemente por distanciarse de Macro, también empezó a inventar motivos falsos, pero plausibles y engañosos, para culparlo y acusarlo; pues las naturalezas apasionadas e irritables, especialmente cuando pertenecen a hombres poderosos,Son muy ingeniosos para tejer plausibilidades. Ahora bien, los pretextos que utilizó en su contra fueron de la siguiente naturaleza. (58) Dijo que Macro pensaba así: «Cayo es obra mía; obra de Macro. Soy más fiel, o al menos no menos, su padre que sus propios padres. Habría sido destruido una y otra vez por Tiberio, sediento de su sangre, de no haber sido por mí y por mi capacidad de persuasión. Y además, cuando Tiberio murió, yo, que tenía bajo mi mando a toda la fuerza del ejército, lo coloqué inmediatamente en la posición que había ocupado Tiberio, enseñándole que el estado había sufrido la pérdida de un hombre, pero que la autoridad imperial continuaba inalterada, tan íntegra como siempre». (59) Y muchos han dado crédito a estas afirmaciones suyas como si fueran ciertas, desconociendo la falsa y astuta disposición de quienes las pronunciaban; pues hasta entonces no se había manifestado el carácter deshonesto e insidioso de su disposición. Pero pocos días después, el miserable hombre fue ejecutado, junto con su esposa, recibiendo el máximo castigo como recompensa por su extrema bondad hacia su asesino. (60) Esta es la consecuencia de hacer favores a personas ingratas; pues a cambio de los beneficios que han recibido, infligen las mayores ofensas a quienes los han recibido. En consecuencia, Macro, quien había hecho todo con sinceridad y el más sincero afán y celo por el bien de Gayo, primero para salvarlo de la muerte, y luego para que él mismo pudiera suceder en la autoridad imperial, recibió como recompensa el destino que he mencionado. (61) Pues se dice que el desdichado se vio obligado a suicidarse con su propia mano, y también su esposa experimentó la misma miseria, aunque en algún momento se creyó que ella tenía los términos más íntimos de familiaridad con Gayo; pero dicen que ninguno de los atractivos del amor es estable ni confiable, porque es una pasión que rápidamente engendra saciedad.” (59) Y muchos han dado crédito a estas afirmaciones suyas como si fueran ciertas, sin conocer la falsa y astuta disposición de quienes las pronunciaron; pues hasta entonces no se había manifestado el carácter deshonesto e insidioso de su disposición. Pero pocos días después, el miserable hombre fue ejecutado, junto con su esposa, recibiendo el máximo castigo como recompensa por su extrema bondad hacia su asesino. (60) Esta es la consecuencia de hacer favores a personas ingratas; pues a cambio de los beneficios que han recibido, infligen las mayores ofensas a aquellos de quienes los han recibido. En consecuencia, Macro, quien había hecho todo con sinceridad y el más sincero afán y celo por el bien de Gayo, primero para salvarlo de la muerte, y luego para que él mismo pudiera suceder en la autoridad imperial, recibió como recompensa el destino que yo (61) Se dice que el desgraciado se vio obligado a suicidarse con su propia mano, y su esposa también sufrió la misma miseria, aunque en algún momento se creyó que mantenía una relación muy íntima con Gayo; pero dicen que ninguno de los atractivos del amor es estable ni confiable, porque es una pasión que rápidamente produce saciedad.” (59) Y muchos han dado crédito a estas afirmaciones suyas como si fueran ciertas, sin conocer la falsa y astuta disposición de quienes las pronunciaron; pues hasta entonces no se había manifestado el carácter deshonesto e insidioso de su disposición. Pero pocos días después, el miserable hombre fue ejecutado, junto con su esposa, recibiendo el máximo castigo como recompensa por su extrema bondad hacia su asesino. (60) Esta es la consecuencia de hacer favores a personas ingratas; pues a cambio de los beneficios que han recibido, infligen las mayores ofensas a aquellos de quienes los han recibido. En consecuencia, Macro, quien había hecho todo con sinceridad y el más sincero afán y celo por el bien de Gayo, primero para salvarlo de la muerte, y luego para que él mismo pudiera suceder en la autoridad imperial, recibió como recompensa el destino que yo (61) Se dice que el desgraciado se vio obligado a suicidarse con su propia mano, y su esposa también sufrió la misma miseria, aunque en algún momento se creyó que mantenía una relación muy íntima con Gayo; pero dicen que ninguno de los atractivos del amor es estable ni confiable, porque es una pasión que rápidamente produce saciedad.
IX. (62) Pero después de que Macro y toda su casa fueran sacrificados, Gayo comenzó a tramar una tercera traición aún más grave. Su suegro había sido Marco Silano, hombre sabio y de ilustre cuna. Tras la muerte prematura de su hija, este seguía siendo muy atento y cariñoso con Gayo, mostrándole todo el respeto imaginable, más como un suegro que como un verdadero padre, y esperaba encontrar que Gayo también le mostrara igual benevolencia, transformándose, según los principios de igualdad, de yerno a hijo. pero él, sin saberlo, albergaba opiniones erróneas y se engañaba a sí mismo, (63) porque pronunciaba continuamente discursos cariñosos, sin guardar nada que pudiera tender a la mejora y al perfeccionamiento de la disposición, el modo de vida y el modo de gobierno de Cayo, hablando con toda libertad y considerando su propia nobleza de nacimiento y cercanía de conexión por matrimonio como circunstancias que le daban motivos para una gran familiaridad y franqueza, pues su hija había muerto hacía muy poco tiempo, de modo que las leyes y los vínculos que unen a tales parientes apenas estaban destruidos, y casi se puede decir que aún temblaban de vida, quedando todavía algunas reliquias del aliento de vitalidad, por así decirlo, y permaneciendo calientes en el cuerpo. (64) Pero Gayo, considerando toda admonición como un insulto, porque se creía el más sabio y virtuoso de todos los hombres, y además el más valiente y justo, odiaba a todos los que se atrevían a ofrecerle instrucción incluso más que a sus enemigos declarados. (65) Por lo tanto, considerando a Silano un pesado, que solo quería frenar la impetuosidad y la indulgencia de sus apetitos, y descartando todo recuerdo y consideración por su difunta esposa, traicioneramente condenó a muerte a su padre, que también era su propio suegro.
X. (66) Y para entonces el asunto empezó a ser ampliamente comentado a consecuencia de las continuas muertes de tantos hombres eminentes, de modo que ahora estas cosas empezaron a ser mencionadas en todas bocas como una infamia y una maldad intolerables; no ciertamente abiertamente, por miedo, sino suavemente y en voz baja, en susurros; (67) y luego, de nuevo, por un cambio repentino (pues la multitud es muy inestable en todo, en intenciones, palabras y acciones), los hombres, incrédulos de que alguien que apenas un poco antes era misericordioso y humano pudiera haber cambiado tan completamente, pues Gayo había sido considerado afable, sociable y amistoso, comenzaron a buscar excusas para él, y tras una breve búsqueda las encontraron, diciendo con respecto a su primo y coheredero en el reino cosas como estas: (68) “La ley inmutable de la naturaleza ha ordenado que no haya participación en el poder soberano, y ha establecido por sus propios principios inalterables lo que este hombre inevitablemente debió sufrir a manos de su coheredero más poderoso. El que era más poderoso ha castigado al otro. Esto no es asesinato. Quizás, de hecho, la ejecución de ese joven se hizo providencialmente para beneficio De toda la raza humana, pues si una porción se hubiera asignado como súbditos a uno y otra porción a otro, habrían surgido problemas y confusión, y guerras civiles y extranjeras. ¿Y qué es mejor que la paz? Y la paz se logra con un buen gobierno basado en principios sólidos. Y ningún gobierno puede ser bueno sino aquel que está libre de toda contienda y disputa, y entonces todo lo demás se arregla gracias a él. (69) Y en referencia al caso de Macro, dijeron: «El hombre estaba inflado de orgullo en un grado desmesurado; no tenía idea de esa gran lección que vino de Delfos: ‘conócete a ti mismo’. Y dicen que el conocimiento es la causa de la felicidad, y que la ignorancia es la madre de la infelicidad. ¿Qué pudo haberlo poseído para alterar y cambiar tanto sus posiciones relativas como para colocarse a sí mismo, que era súbdito, en el rango de gobernador, y reprimir a Cayo, que era el emperador, en el lugar de súbdito? Porque es propio de un gobernante mandar, y eso fue lo que hizo Macro; pero es deber de un súbdito obedecer, y eso fue lo que él consideró que Gayo debía acatar. (70) Porque estos hombres desconsiderados, sin tomarse la molestia de indagar en la verdad, llamaron órdenes a las recomendaciones de Macro, y a quien daba consejos, gobernador, por ignorancia e insensibilidad, o bien por adulación, suprimiendo la verdad y dando una falsa impresión de la naturaleza de los nombres y las cosas. (71) Y en referencia a Silano dijeron:Silano era un completo ridículo cuando se le metió en la cabeza que un suegro tendría tanta influencia sobre su yerno como un verdadero padre sobre su hijo. Y, sin embargo, incluso los verdaderos padres, que ocupan un puesto privado, se someten a sus hijos cuando estos ocupan altos cargos y puestos de alta autoridad, conformándose con el segundo puesto; pero este necio, incluso cuando ya no era su suegro, siguió reclamando privilegios que no le pertenecían, sin percatarse de que con la muerte de su hija también había muerto el vínculo que se había originado en el matrimonio de Gayo con ella, (72) pues los matrimonios mixtos son los lazos que unen a las familias sin parentesco, convirtiendo la alienación en parentesco cercano; pero cuando ese vínculo se disuelve, la unión también se disuelve, especialmente cuando se disuelve por una circunstancia inalterable, a saber, por la muerte de la mujer que se casó con otra familia. (73) Conversaciones como estas se llevaban a cabo en todas las reuniones, estando los oradores totalmente influenciados por su deseo de que el emperador no pareciera cruel, pues como habían esperado que en el alma de Cayo estuviera asentada tal humanidad y gentileza como no había existido en ninguno de los emperadores anteriores, pensaron que sería algo muy extraño si ahora hiciera un cambio tan grande y tan repentino hacia una disposición completamente contraria.Pensaron que sería algo muy extraño si ahora él hiciera un cambio tan grande y repentino hacia una disposición completamente contraria.Pensaron que sería algo muy extraño si ahora él hiciera un cambio tan grande y repentino hacia una disposición completamente contraria.
XI. (74) Habiendo cumplido entonces por completo las tres empresas mencionadas anteriormente, con referencia a tres divisiones más importantes, dos de ellas pertenecientes al país, una a la clase de consejeros y la otra a los caballeros, y la tercera afectando a sus propias relaciones, y considerando que ahora que había derrotado al más poderoso y poderoso de sus enemigos, debía haber infundido el mayor terror a todos los demás, alarmando a los consejeros por la muerte de Silano (75) (pues no era inferior a nadie en el senado), y a los caballeros por la ejecución de Macro (pues él, como el líder de un coro, había sido considerado durante mucho tiempo el primer hombre de los caballeros por reputación y gloria), y a todos sus parientes de sangre por la matanza de su primo y coheredero del reino, ya no eligió permanecer encadenado por los límites ordinarios de la naturaleza humana, sino que aspiró a elevarse por encima de ellos y deseó ser considerado un dios. (76) Y al comienzo de este deseo insano dicen que fue influenciado por una serie de razonamientos como la siguiente: pues así como los cuidadores de los rebaños de otros animales, a saber, pastores de vacas, cabreros y pastores, no son ni bueyes ni cabras ni ovejas, sino hombres que han recibido una porción más excelente y una formación mental y física más admirable; así de la misma manera, dijo él, ¿es apropiado que yo, que soy el líder del más excelente de todos los rebaños, a saber, la raza humana, deba ser considerado como un ser de naturaleza superior, y no meramente humano, sino como alguien que ha recibido una porción mayor y más santa? (77) En consecuencia, habiendo grabado esta idea en su mente, como un hombre vanidoso y necio como era, llevó en sí mismo una fábula e invención falaz como si hubiera sido una verdad innegable; y después de haber llevado su audacia a tal punto que obligó a la multitud a admitir su deificación más impía, intentó hacer otras cosas consistentes y conformes con ella, y de esta manera avanzó hasta el punto más alto gradualmente, como si estuviera subiendo escaleras. (78) Porque al principio comenzó a compararse con aquellos seres que se llaman semidioses, como Baco, Hércules y los gemelos de Lacedemonia; convirtiendo en completo ridículo a Trofonio, Anfiarao, Anfíloco y otros del mismo tipo, con todos sus oráculos y ceremonias secretas, en comparación con su propio poder. (79) En segundo lugar, como un actor en un teatro, continuamente usaba diferentes vestidos en diferentes momentos, tomando en un momento una piel de león y una maza, ambas doradas; entonces estaba vestido con el personaje de Hércules; en otra ocasión llevaba un sombrero de fieltro sobre su cabeza,(80) Y se consideraba en este aspecto superior a todos estos seres, porque cada uno de ellos, si bien tenía sus propios honores peculiares, no tenía derecho a los que pertenecían a los demás, sino que él, en su envidiosa ambición, se apropió de todos los honores de todo el cuerpo de semidioses a la vez, o mejor dicho, se apropió de los semidioses mismos; transformándose no en el triple Gerión, para atraer a todos los espectadores por la multitud de sus cuerpos; Pero, ¿qué era lo más extraordinario de todo? Cambiar y transformar la esencia de un cuerpo en toda variedad de formas y figuras, como el egipcio Proteo, a quien Homero describió como susceptible de toda variedad de transformaciones, en todos los elementos, y en los animales y plantas que pertenecen a los diferentes Elementos.[5] (81) Y aun así, ¿por qué, oh Gayo, te creías necesitado de honores espurios, como los que a menudo llenan los templos y estatuas de los seres antes mencionados? Deberías más bien haber imitado sus virtudes. Hércules purificó la tierra y el mar, realizando labores de la mayor importancia posible y del mayor beneficio para toda la humanidad, para erradicar todo lo dañino y calculado para dañar la naturaleza de cada uno de los elementos. (82) Baco hizo la vid susceptible de cultivo, y extrajo de ella una bebida deliciosa, que es al mismo tiempo muy beneficiosa para las almas y los cuerpos de los hombres, llevando a los primeros a la alegría, trabajando en ellos un olvido de los males y una esperanza de bendiciones, y haciendo a los segundos más saludables, vigorosos, activos y flexibles. (83) E individualmente hace a cada hombre mejor, y altera las familias y hogares populosos, llevándolos de una vida miserable y laboriosa de vejación a un curso de relajación y alegre felicidad, y causando a cada ciudad en la tierra, tanto griega como bárbara, festividad incesante, alegría, entretenimiento y jolgorio; porque de todas estas cosas es el buen vino la causa. (84) Además, se dice que los hijos gemelos de Júpiter, Cástor y Pólux, son partícipes de la inmortalidad. Pues, siendo uno mortal y el otro inmortal, quien recibió la porción más excelente no optó por comportarse de manera egoísta, sino por mostrar su buena voluntad y afecto hacia su hermano; (85) por haber adquirido la idea de que la eternidad era eterna, y considerando que él viviría para siempre, y que su hermano moriría para siempre,y que a la vez que su inmortalidad padecía un dolor eterno por su hermano, concibió y llevó a cabo un sistema de contrapeso maravilloso, mezclando la mortalidad consigo mismo y la inmortalidad con su hermano, y así modificó la desigualdad, que es el principio de toda injusticia, por la igualdad, que es la fuente de la justicia.
XII. (86) Todos estos seres, ¡oh Gayo!, fueron admirados por los beneficios que concedieron a la humanidad, y son admirados por ello hasta nuestros días, y merecidamente considerados dignos de veneración y de los más altos honores. Pero ahora, dinos tú mismo de qué logro tuyo te enorgulleces y te jactas de ser en lo más mínimo similar a sus acciones. (87) ¿Has imitado a los hijos gemelos de Júpiter en su afecto fraternal, para que pueda empezar por ese punto? ¿No fuiste tú, más bien, ¡oh hombre de corazón duro y el más despiadado de los hombres!, quien masacraste inhumanamente a tu hermano, coheredero del reino contigo, incluso antes de que alcanzara la madurez, cuando aún era un jovencito. ¿No desterraste después a tus hermanas, para que no te causaran también algún temor razonable por la privación y pérdida de tu poder imperial? (88) ¿Has imitado a Baco en algún aspecto? ¿Has sido inventor de nuevas bendiciones para la humanidad? ¿Has llenado de alegría todo el mundo habitable como él? ¿Acaso Asia y Europa son insuficientes para contener los dones que has derramado sobre la humanidad? (89) Sin duda has inventado nuevas artes y ciencias, como una plaga común y asesina de tu especie, por las cuales has cambiado todas las cosas agradables y aceptables en vejación y dolor, y has hecho la vida miserable e intolerable para todos los hombres en todas partes, apropiándote para ti mismo en tu intolerable e insaciable codicia de todas las cosas buenas y bellas que pertenecían a todos los demás, ya sean del este o de cualquier otro país del universo, llevándote todo del sur, todo del norte, y en recompensa dando y derramando sobre aquellos a quienes habías saqueado toda clase de cosas dañinas y perjudiciales de tu propio espíritu amargo, todo lo que siempre se engendra en disposiciones crueles, destructivas y envenenadas; estas son las razones por las que te nos apareciste como un nuevo Baco. (90) Pero supongo que imitaste a Hércules en tus incansables labores y tus incesantes demostraciones de valor y virtud; tú, ¡oh, el más desdichado de los hombres! Habiendo llenado cada continente y cada isla con buenas leyes, principios de justicia, riqueza, comodidad, prosperidad y abundancia de otras bendiciones, tú, hombre desdichado, lleno de cobardía e iniquidad, que has vaciado cada ciudad de todo lo que puede conducir a la estabilidad y la prosperidad, y las has llenado de todo lo que conduce a la angustia y la confusión, y a la más absoluta miseria y desolación. (91) Dime entonces, ¡oh Gayo!, después de haber contribuido de esta manera a la destrucción universal, ¿tú, digo,¿Buscas la inmortalidad para que las calamidades que has amontonado sobre la humanidad no sean efímeras ni pasajeras, sino imperecederas y eternas? Pero creo, por el contrario, que incluso si antes te hubieras presentado como un dios, sin duda te habrías transformado, debido a tus malas prácticas, en una naturaleza ordinaria, semejante a la de los mortales comunes y perecederos; pues si las virtudes pueden inmortalizar a sus poseedores, sin duda los vicios pueden hacerlos mortales. (92) No inscribas, pues, tu nombre junto al de los hijos gemelos de Júpiter, las más afectuosas deidades, tú que has sido el asesino y la destrucción de tus hermanos, ni pretendas compartir los honores de Hércules o Baco, quienes han beneficiado la vida humana. Has sido el destructor de los buenos efectos que ellos produjeron.
XIII. (93) Pero la locura y el frenesí al que se entregó eran tan absurdos y tan completamente dementes, que incluso fue más allá de los semidioses y ascendió e invadió la veneración y el culto que se rinde a quienes son considerados más grandes que ellos, como las deidades supremas del mundo, Mercurio, Apolo y Marte. (94) Y, en primer lugar, se vistió con el caduceo, las sandalias y el manto de Mercurio, exhibiendo una regularidad en su desorden, una consistencia en su confusión y un raciocinio en su locura. (95) Después, cuando creyó oportuno, dejó a un lado estos ornamentos y se metamorfoseó y se transformó en Apolo, coronándose la cabeza con guirnaldas en forma de rayos, y sosteniendo un arco y flechas en su mano izquierda, y extendiendo gracias en su derecha, como si le correspondiera ofrecer bendiciones a todos los hombres de su acervo disponible, y exhibir el mejor arreglo posible en su mano derecha, pero contraer los castigos que podía infligir y asignarles un espacio más reducido en su izquierda. (96) E inmediatamente hubo coros establecidos, que habían sido cuidadosamente entrenados, cantando himnos a él, los mismos que, poco antes, lo habían llamado Baco, Evio y Lieo, y cantado himnos báquicos en su honor cuando asumió el disfraz de Baco. (97) Muy a menudo, también, se vestía con una coraza y marchaba espada en mano, con un yelmo en la cabeza y un escudo en el brazo izquierdo, llamándose Marte, y a cada lado marchaban con él los asistentes de este nuevo y desconocido Marte, una tropa de asesinos y verdugos que ya le habían realizado toda clase de servicios perversos cuando estaba furioso y sediento de sangre humana; (98) y entonces cuando los hombres vieron esto se asombraron y aterrorizaron ante la maravillosa visión, y se preguntaron cómo un hombre que hacía exactamente lo contrario de lo que hacían aquellos seres a los que afirmaba ser igual en honor, no eligió imitar sus virtudes, sino que asumió el carácter exterior de cada uno con la conducta más abominable. Y, sin embargo, todos esos adornos y decoraciones que les pertenecían estaban fijados a sus estatuas e imágenes, que indicaban mediante símbolos los beneficios que los seres así honrados confieren a la raza humana. (99) Mercurio, por ejemplo, necesita alas en los tobillos. ¿Por qué? ¿Acaso no es porque le corresponde ser el intérprete y declarante de la voluntad de los dioses (de cuya función, de hecho, deriva su nombre griego de Hermes[6]), anunciando buenas noticias a la humanidad (pues no solo ningún dios, sino ningún hombre sensato se convertirá jamás en mensajero del mal),y por lo tanto, es necesario que sea extremadamente veloz y casi alado, dada la inquebrantable rapidez con la que requiere proceder. Ya que es justo que las buenas noticias se anuncien con gran prontitud, así como las malas noticias deben darse lentamente, a menos que alguien prefiera decir que deben ser completamente suprimidas en silencio. (100) Además, lleva consigo su caduceo o vara de heraldo, como símbolo de reconciliación y paz, pues las guerras reciben sus respiros y terminaciones por medio de heraldos, que restauran la paz; y las guerras que no tienen heraldos que las terminen causan interminables calamidades a ambas partes, tanto a quienes invaden a sus vecinos como a quienes intentan repeler la invasión. (101) Pero ¿con qué propósito se puso Gayo las sandalias aladas de Mercurio? ¿Acaso deseaba difundir con poder, rapidez y estruendo esa miserable y nefasta inteligencia que más bien debería quedar sepultada en el silencio, difundiendo su voz por doquier con incesante celeridad? Y, sin embargo, ¿qué necesidad tenía de un movimiento tan veloz? Pues incluso estando inmóvil, derramaba males indecibles sobre males como si brotaran de una fuente inagotable, derramándolos sobre cada rincón del mundo habitable. (102) ¿Y de qué le servía la varita del heraldo, si nunca dijo ni hizo nada relacionado con la paz, sino que, por el contrario, llenó de guerras civiles cada casa y cada ciudad de Grecia y de los países bárbaros? Que, pues, impostor como es, deje de lado el nombre de Mercurio, pues al arrogarlo solo profana un apelativo que no le pertenece.¿Llevando su voz a todas partes con incesante celeridad? Y, sin embargo, ¿qué necesidad tenía de un movimiento tan rápido? Pues incluso estando inmóvil, derramaba males indecibles sobre males como si de una fuente inagotable se tratase, derramándolos sobre cada porción del mundo habitable. (102) ¿Y de qué le servía la varita del heraldo, si nunca dijo ni hizo nada relacionado con la paz, sino que, más bien, llenó de guerras civiles cada casa y cada ciudad de Grecia y de los países bárbaros? Que, pues, impostor como es, deje de lado el nombre de Mercurio, pues al arrogarlo solo profana un apelativo que no le pertenece.¿Llevando su voz a todas partes con incesante celeridad? Y, sin embargo, ¿qué necesidad tenía de un movimiento tan rápido? Pues incluso estando inmóvil, derramaba males indecibles sobre males como si de una fuente inagotable se tratase, derramándolos sobre cada porción del mundo habitable. (102) ¿Y de qué le servía la varita del heraldo, si nunca dijo ni hizo nada relacionado con la paz, sino que, más bien, llenó de guerras civiles cada casa y cada ciudad de Grecia y de los países bárbaros? Que, pues, impostor como es, deje de lado el nombre de Mercurio, pues al arrogarlo solo profana un apelativo que no le pertenece.
XIV. (103) Además, de todos los atributos de Apolo, ¿cuál se asemeja en lo más mínimo a sus características? Lleva una corona que emite rayos por todas partes, y el artista que la realizó representó admirablemente los rayos del sol; pero ¿cómo puede el sol, o de hecho cualquier luz, ser un objeto bienvenido para él, y no la noche, o cualquier otra cosa, si existe una oscuridad más completa, o incluso algo más oscuro que la oscuridad misma, para la realización de sus actos ilícitos? Dado que las buenas acciones requieren la brillantez del mediodía para su debido despliegue, pero las acciones vergonzosas, como dicen, son propias de las profundidades del Tártaro, donde deben ser sumergidas para ocultarse de la vista, como corresponde. (104) Que también trasponga las cosas que lleva en cada una de sus manos, y no contamine la disposición apropiada, pues que lleve sus flechas y su arco en su mano derecha, pues sabe cómo disparar con buena puntería y atravesar a hombres y mujeres, y a familias enteras, y a ciudades populosas, hasta su completa destrucción. (105) Y que deseche de una vez por todas sus gracias, o que las guarde en la sombra en su mano izquierda, pues ha desfigurado su belleza, dirigiendo todos sus ojos y excitando todos sus deseos contra vastas propiedades, para saquearlas de manera inicua, a consecuencia de lo cual sus dueños fueron asesinados, encontrándose desafortunados por su buena fortuna. (106) Pero sin duda él con gran felicidad dio una nueva representación de la habilidad médica de Apolo, pues este dios fue el inventor de medicinas curativas, [7] para causar salud a los hombres, creyéndose apto para curar las enfermedades que eran infligidas por otros, por razón de la excesiva mansedumbre y gentileza de su propia naturaleza y hábitos, (107) pero este hombre, por el contrario, carga a los que están en buena salud con enfermedades, e inflige mutilaciones a los que están sanos, y en resumen visita a los vivos con la muerte más cruel, causada por la mano del hombre antes del tiempo de su muerte natural, preparando cada máquina imaginable de destrucción en abundante abundancia, por medio de la cual, si él mismo no hubiera sido previamente condenado a muerte de acuerdo con la justicia, todo lo glorioso o respetable en cada ciudad habría sido destruido hace mucho tiempo. (108) Porque sus designios estaban preparados contra todos los que tenían autoridad y todos los que poseían riquezas, y especialmente contra los de Roma y del resto de Italia, por quienes se habían acumulado tales cantidades de oro y plata que incluso si se hubieran reunido todas las riquezas de todo el resto del mundo habitable desde sus fronteras más distantes,Se habría encontrado que era muy inferior en cantidad. Por esta razón, él, este odiador de los ciudadanos, este devorador del pueblo, esta peste, este mal destructivo, comenzó a desterrar todas las semillas de paz de su país, como si(109) se dice que Apolo no solo fue médico sino también un excelente profeta, anunciando con sus predicciones oraculares lo que probablemente conduciría a la ventaja de la humanidad, para que nadie, siendo eclipsado por la incertidumbre, sin ver el camino que tiene ante sí como un ciego, pudiera caer apresuradamente en males inesperados como si fueran los mayores beneficios; sino que los hombres, habiendo adquirido previamente un conocimiento del futuro como si fuera realmente presente, y mirándolo con el ojo de su mente, pudieran protegerse contra los males futuros tal como pueden ver los males realmente ante ellos con el ojo corporal, y de esta manera asegurarse contra cualquier desastre irremediable. (110) ¿Es apropiado ahora comparar con estos oráculos de Apolo la nefasta advertencia de Gayo, mediante la cual se anunció prematuramente la pobreza, la deshonra, el destierro y la muerte a todos los que ostentaban poder y autoridad en cualquier parte del mundo? ¿Qué conexión o semejanza había entre él y Apolo, si nunca prestó atención a ningún lazo de parentesco o amistad? Que este supuesto Apolo deje, pues, de imitar a ese verdadero sanador de la humanidad, pues la forma de Dios no es algo que pueda ser imitado por uno inferior, como el dinero bueno es imitado por el malo.
XV. (111) Un hombre, en efecto, podría esperar cualquier cosa menos que un hombre dotado de tal cuerpo y tal alma, cuando ambos son afeminados y decaídos, pudiera jamás asemejarse al vigor de Marte en ninguno de los dos aspectos; pero este hombre, como un mimo transformándose en el escenario, poniéndose toda clase de máscaras una tras otra, intentó engañar a los espectadores con una serie de apariencias ficticias. (112) Vamos, pues, que sea sometido a un examen respecto a todos los detalles de su alma y cuerpo, debido a su absoluta diferencia con la mencionada deidad en cada posición y en cada movimiento. ¿No era él completamente diferente de Marte, no solo en cuanto a su apariencia, como se celebra en las fábulas, sino también en cuanto a sus cualidades naturales? Marte, que está dotado de un valor preeminente, que sabemos que es un poder calculado para evitar el mal, para ser el asistente y aliado de todos los que están injustamente oprimidos, como de hecho su mismo nombre lo muestra, (113) porque me parece que se llama Marte por su ayuda, [8] que es lo mismo que asistir, siendo como tal el dios que es capaz de sofocar las guerras y causar la paz, de la cual esta representación suya era enemiga, siendo el compañero de guerras y el hombre que cambió la paz y la estabilidad en desorden y confusión.
XVI. (114) ¿No hemos aprendido, pues, de todos estos ejemplos, que Gayo no debe ser comparado con ningún dios, ni siquiera con ningún semidiós, puesto que no tiene ni la misma naturaleza, ni la misma esencia, ni siquiera los mismos deseos e intenciones que cualquiera de ellos; (115) porque consideraba a los judíos con la más especial sospecha, como si fueran las únicas personas que albergaban deseos opuestos a los suyos, y que habían sido enseñados de alguna manera desde sus mismos pañales por sus padres, maestros e instructores, e incluso antes de eso por sus santas leyes, y también por sus máximas y costumbres no escritas, a creer que había un solo Dios, su Padre y Creador del mundo; (116) porque todos los demás, todos los hombres, todas las mujeres, todas las ciudades, todas las naciones, todos los países y regiones de la tierra, casi había dicho todo el mundo habitado, aunque gemía por lo que estaba sucediendo, no obstante lo adulaban, dignificándolo sobremanera y ayudando a aumentar su orgullo y arrogancia; y algunos de ellos incluso introdujeron en Italia la costumbre bárbara de postrarse en adoración ante él, adulterando sus sentimientos nativos de libertad romana. (117) Pero la única nación de los judíos, al estar exceptuada de estas acciones, fue sospechosa por él de querer contrarrestar sus deseos, ya que solía aceptar la muerte voluntaria como una entrada a la inmortalidad, con el fin de no permitir que se destruyera ninguna de sus costumbres nacionales o hereditarias, incluso si era de carácter trivial, porque, como es el caso en una casa, a menudo sucede que al quitar una pequeña parte, incluso las partes que parecían estar sólidamente establecidas se derrumban, al ser relajadas y llevadas a la decadencia por la eliminación de esa única cosa, (118) pero en este caso lo que se puso en movimiento no fue una nimiedad, sino algo de la mayor importancia, a saber, la erección de la naturaleza creada y perecedera de un hombre, al menos en cuanto a apariencia se refería, en la naturaleza increada e imperecedera de Dios, que la nación juzgó correctamente como la más terrible de todas. impiedades (pues hubiera sido más fácil cambiar un dios en hombre, que un hombre en Dios), además de que con tal acción se dieron lugar otras enormes maldades, infidelidades e ingratitudes hacia el Benefactor del mundo entero, que por su propio poder otorga abundantes suministros de toda clase de bendiciones a todas las partes del universo.
XVII. (119) Por lo tanto, se preparó una guerra terrible e irreconciliable contra nuestra nación, pues ¿qué mal podría ser más terrible para un esclavo que un amo enemigo? Y sus súbditos son esclavos del emperador, aunque no lo fueran para ninguno de los emperadores anteriores, pues gobernaban con dulzura y conforme a las leyes. Pero ahora que Gayo había erradicado todo sentimiento de humanidad de su alma y admiraba la anarquía (pues, considerándose a sí mismo la ley, abrogó todas las leyes de otros legisladores en todos los estados y países como si fueran sentencias vanas), debíamos ser considerados no solo esclavos, sino los más bajos y deshonrados de los esclavos, ahora que nuestro gobernante se había convertido en nuestro amo.
XVIII. (120) Y la multitud mixta y promiscua de los alejandrinos, al percibir esto, nos atacó, considerándolo como una oportunidad muy favorable para hacerlo, y exhibió toda la arrogancia que había estado latente durante un largo período, perturbándolo todo y causando confusión universal, (121) pues comenzaron a aplastar a nuestro pueblo como si hubiera sido rendido por el emperador por las miserias más extremas e innegables, o como si hubiera sido sometido en la guerra, con su pasión frenética y más brutal, forzando a entrar en sus casas y expulsando a los propietarios, con sus esposas e hijos, que dejaron desoladas y vacías de habitantes. (122) Y, sin estar alerta ante la noche y la oscuridad, como ladrones comunes por miedo a ser descubiertos, saquearon abiertamente todos sus muebles y tesoros, llevándoselos a plena luz del día y exhibiendo su botín a todo el que encontraban, como si lo hubieran heredado o comprado legítimamente a sus dueños. Y si una multitud se unía para compartir algún botín, lo repartían en plena plaza del mercado, denunciándolo y ridiculizándolo ante sus verdaderos dueños. (123) Estas cosas eran en sí mismas terribles y dolorosas; ¿cómo podrían ser de otra manera? (124) Sin duda, era muy miserable para los hombres convertirse en mendigos después de haber sido ricos, y verse reducidos de repente de un estado de abundancia a uno de absoluta indigencia, sin haber hecho nada malo, y quedar sin hogar y sin techo, siendo expulsados de sus propias casas, para que así, obligados a vivir al aire libre día y noche, pudieran ser destruidos por el calor abrasador del sol o por el frío de la noche. (124) Sin embargo, incluso estos males eran más leves que los que estoy a punto de mencionar; Pues cuando el pueblo había reunido a estas innumerables miríadas de hombres, mujeres y niños, como si fueran rebaños de ovejas y bueyes, desde todos los rincones de la ciudad, en un espacio muy estrecho, como si fuera un corral, esperaban que en pocos días encontrarían un montón de cadáveres amontonados, pues habrían perecido de hambre por falta de alimento, por no haberse preparado con lo necesario, por prever los males que les sobrevendrían repentinamente; (125) o bien aplastados y asfixiados por falta de espacio adecuado para respirar, con el aire a su alrededor contaminado y todo el poder vivificante de su respiración interrumpido, o, a decir verdad, completamente expulsado, por el aliento de quienes expiraban entre ellos. Por lo cual, cada individuo inflamado,y de alguna manera oprimido por un descenso de fiebre sobre él, inhaló un aliento caliente y malsano a través de sus fosas nasales y boca, amontonando, como dice el proverbio, fuego sobre fuego; (126) porque el poder que reside en las partes más internas cambió su naturaleza y se volvió excesivamente ardiente; por lo que, cuando las brisas externas, siendo moderadamente frescas, soplan, todos los órganos de los poderes respiratorios florecen y están en una condición buena y saludable; pero cuando estas brisas cambian y se vuelven calientes, entonces esos órganos deben necesariamente estar en un mal estado, agregándose fuego al fuego.
XIX. (127) Como ya no podían soportar la miseria del lugar donde estaban confinados, se dispersaron hacia zonas desoladas del desierto, hacia la costa y entre las tumbas, en su afán por encontrar aire puro e inmaculado. Y si alguno de ellos había sido abandonado previamente en otras partes de la ciudad, o si alguno había llegado allí desde los campos ignorando los males que habían azotado a sus compañeros, sufrían toda clase de desgracias, siendo apedreados, heridos con tejas afiladas o golpeados en las partes más mortales del cuerpo, especialmente en la cabeza, con ramas de arce y roble, de tal manera que les causaban la muerte. (128) Y algunas de esas personas, acostumbradas a pasar el tiempo en la ociosidad y la inacción, sentadas por ahí, se dedicaban a observar a quienes, como ya he dicho, estaban así amontonados y apiñados en un espacio muy reducido, como si fueran una fuerza a la que estaban bloqueando; para que nadie escapara a escondidas sin que ellos lo notaran. Y muchos intentaban escapar por falta de lo necesario, descuidando su propia seguridad por temor a que, si se quedaban, todos perecieran de hambre. Así que aquellos hombres, previendo que intentarían escapar, mantenían una vigilancia constante, y en cuanto atrapaban a alguien, lo ejecutaban de inmediato con toda clase de insultos y crueldad. (129) Y había otra compañía acechándolos en los muelles del río, para atrapar a cualquier judío que llegara a esos lugares, y para saquearlos de todo lo que trajeran para el comercio; pues, forzando su entrada en sus barcos, sacaron la carga ante los ojos de sus legítimos dueños, y luego, atando las manos de los mercaderes tras ellos, los quemaron vivos, tomando los timones, yelmos, yugos de las bateas, y los bancos para que los remeros se sentaran, como combustible. (130) Y así estos hombres perecieron de una muerte miserable, siendo quemados vivos en medio de la ciudad; pues a veces, por falta de otra madera, juntaban montones de haces de leña, y atándolos, los arrojaban sobre las miserables víctimas; Y ellos, ya medio quemados, murieron más por el humo de la leña verde que por las llamas, pues los haces de leña nuevos solo desprendían una llama insustancial y humeante, y se extinguieron pronto, al no poder reducirse a cenizas debido a su ligereza. (131) Y a muchos que aún vivían los tomaron y los ataron, les ataron los tobillos con correas y cuerdas, y luego los arrastraron por el centro de la plaza del mercado, saltando sobre ellos y sin perdonar sus cadáveres ni siquiera después de muertos; pues, despedazándolos miembro por miembro,y pisoteándolos, comportándose con mayor brutalidad y ferocidad que incluso las bestias más salvajes, destruyeron toda apariencia de humanidad a su alrededor, de modo que no quedó ni un fragmento de ellos al que se le pudieran ofrecer los ritos del entierro.
XX. (132) Pero como el gobernador del país, quien por sí solo podría, si hubiera querido, haber sofocado la violencia de la multitud en una sola hora, fingió no ver lo que vio ni oír lo que oyó, sino que permitió que la turba continuara la guerra contra nuestro pueblo sin ninguna restricción, y sumió en la confusión nuestro anterior estado de tranquilidad, la población, estando aún más excitada, procedió a planes y traiciones aún más descarados y audaces, y, desplegando compañías muy numerosas, derribaron algunas de las sinagogas (y hay muchísimas en cada sección de la ciudad), y algunas las arrasaron hasta los cimientos, y en otras arrojaron fuego y las quemaron, en su locura y frenesí insanos, sin importarle las casas vecinas; porque no hay nada más rápido que el fuego, cuando echa leña al fuego. (133) Omito mencionar los ornamentos en honor del emperador, que fueron destruidos y quemados junto con estas sinagogas, tales como escudos dorados, coronas doradas, columnas e inscripciones, por cuyo bien debieron incluso abstenerse y perdonar las otras cosas; pero estaban llenos de confianza, en cuanto a que no temían ningún castigo a manos de Gayo, pues bien sabían que él albergaba un odio indescriptible contra los judíos, de modo que su opinión era que nadie podía hacerle un servicio más aceptable que infligiendo todo tipo de daño a la nación que odiaba; (134) Y, como querían congraciarse con él mediante una nueva forma de adulación, para permitir, y en el futuro dar rienda suelta a, todo tipo de maltrato hacia nosotros sin que jamás se nos pidiera cuentas, ¿qué hicieron? Todas las sinagogas que no pudieron destruir quemándolas y arrasándolas por completo, debido a la gran cantidad de judíos que vivían en las inmediaciones, las dañaron y profanaron de otra manera, a la vez que trastocaron por completo sus leyes y costumbres; pues erigieron en cada una de ellas imágenes de Gayo, y en la más grande, conspicua y célebre de ellas, erigieron una estatua de bronce suya, llevada sobre un carro de cuatro caballos. (135) Y tan excesiva e impetuosa fue la rapidez de su celo, que, como no tenían preparado un carro nuevo para cuatro caballos, sacaron del gimnasio uno muy viejo, lleno de veneno, mutilado en las orejas, y en la parte trasera, y en el pedestal, y en muchos otros puntos, y según dicen algunos, uno que ya había sido dedicado en honor de una mujer, la eminente Cleopatra, que era la bisabuela de la última.(136) Ahora bien, la magnitud de las acusaciones que presentó contra quienes habían dedicado este carro precisamente por este motivo es notoria para todos; pues, ¿qué significaba si era nuevo y pertenecía a una mujer? ¿Y qué si era viejo y pertenecía a un hombre? ¿Y qué, en resumen, si estaba dedicado completamente al nombre de otra persona? ¿No era natural que quienes ofrecían un carro de este tipo en nombre del emperador estuvieran llenos de cautela, por temor a que alguien los denunciara ante nuestro emperador, quien se preocupaba tanto de que todo lo que le afectaba o le concernía se hiciera con la mayor dignidad posible? (137) Pero estos hombres esperaban ser elogiados con gran lujo y recibir mayores y más conspicuas ventajas como recompensa por su conducta al dedicar las sinagogas a Gayo como nuevos terrenos consagrados, no por el honor que se le tributaba con este procedimiento, sino porque así agotaban todos los medios posibles para insultar y perjudicar a nuestra nación. (138) Y se pueden encontrar pruebas innegables y notorias de que así fue. Pues, en primer lugar, se pueden derivar de unos diez reyes o más que reinaron sucesivamente, uno tras otro, durante trescientos años, y que jamás erigieron imágenes ni estatuas de sí mismos en nuestras sinagogas, aunque había muchos de sus parientes y familiares a quienes consideraban, registraban y mencionaban como dioses. (139) ¿Y qué no habrían hecho con aquellos a quienes consideraban hombres? ¿Un pueblo que considera a perros, lobos, leones, cocodrilos y numerosos otros animales, tanto terrestres como acuáticos, y numerosas aves, como dioses, y erige en su honor altares, templos, santuarios y recintos consagrados por todo Egipto?pero porque de esta manera agotaron todos los medios posibles para insultar y dañar a nuestra nación. (138) Y se pueden encontrar pruebas innegables y notorias de que esto fue así. Pues, en primer lugar, se pueden derivar de unos diez reyes o más que reinaron en orden, uno tras otro, durante trescientos años, y que nunca tuvieron imágenes ni estatuas de sí mismos erigidas en nuestras sinagogas, aunque había muchos de sus parientes y familiares a quienes consideraban, registraban y hablaban como dioses. (139) ¿Y qué no habrían hecho con aquellos a quienes consideraban hombres? ¿un pueblo que considera a perros, lobos, leones, cocodrilos y numerosos otros animales, tanto terrestres como acuáticos, y numerosos pájaros, como dioses, y erige en su honor altares, templos, santuarios y recintos consagrados por todo Egipto?pero porque de esta manera agotaron todos los medios posibles para insultar y dañar a nuestra nación. (138) Y se pueden encontrar pruebas innegables y notorias de que esto fue así. Pues, en primer lugar, se pueden derivar de unos diez reyes o más que reinaron en orden, uno tras otro, durante trescientos años, y que nunca tuvieron imágenes ni estatuas de sí mismos erigidas en nuestras sinagogas, aunque había muchos de sus parientes y familiares a quienes consideraban, registraban y hablaban como dioses. (139) ¿Y qué no habrían hecho con aquellos a quienes consideraban hombres? ¿un pueblo que considera a perros, lobos, leones, cocodrilos y numerosos otros animales, tanto terrestres como acuáticos, y numerosos pájaros, como dioses, y erige en su honor altares, templos, santuarios y recintos consagrados por todo Egipto?
XXI. (140) Quizás algunas personas que entonces no habrían abierto la boca dirán ahora: «Acostumbraban a respetar las buenas acciones de sus gobernantes más que a los propios gobernadores, porque los emperadores son más grandes que los Ptolomeos, tanto en dignidad como en fortuna, y con justicia tienen derecho a recibir mayores honores». (141) Entonces, ¡oh vosotros, los más necios de toda la humanidad! Para no verme obligado a pronunciar nada irrespetuoso ni blasfemo, ¿por qué nunca pensaste en Tiberio, quien fue emperador antes de Cayo, quien de hecho fue la causa de que Cayo se convirtiera en emperador, quien disfrutó del poder supremo por tierra y mar durante veintitrés años, y quien nunca permitió que ninguna semilla de guerra se quemara ni se levantara, ni en Grecia ni en el territorio de los bárbaros, y quien otorgó paz y las bendiciones de la paz hasta el final de su vida con mano y mente generosas a todo el imperio y al mundo entero? ¿Por qué, digo, no lo consideraste digno de un honor similar? (142) ¿Era inferior en nacimiento? No; era de la más noble sangre por parte de ambos padres. ¿Fue inferior en su educación? ¿Quién, de todos los hombres que florecieron en su tiempo, fue más prudente o más elocuente? ¿O en su edad? ¿Qué rey o emperador vivió jamás hasta una edad más próspera que él? Es más, incluso siendo joven, fue llamado el anciano como muestra de respeto debido a su extraordinaria sabiduría. Este hombre, a pesar de ser tan sabio, tan bueno y tan grande, fue pasado por alto e ignorado por ustedes. (143) Además, ¿por qué no rindieron un honor similar a quien superó a la raza común de la naturaleza humana en todas las virtudes, quien, por la grandeza de su poder absoluto y su propia excelencia, fue el primer hombre en ser llamado Augusto, no recibiendo el título después de otro por una sucesión de sangre como parte de su herencia, sino que fue él mismo el origen de sus sucesores, otorgándoles ese título y honor? Él, quien se convirtió en emperador por primera vez, cuando todos los asuntos del estado estaban en desorden y confusión; (144) pues las islas estaban en guerra contra los continentes, y estos competían con las islas por la supremacía, cada uno con los líderes y campeones de los romanos más poderosos y eminentes que ocupaban el poder. Y, a su vez, grandes sectores de Asia competían contra Europa, y Europa contra Asia, por el poder y el dominio supremos; [9] las naciones europeas y asiáticas surgían de los confines de la tierra y libraban terribles guerras entre sí por toda la tierra y por todos los mares, con enormes armamentos, de modo que casi toda la raza humana habría sido destruida por una masacre mutua y habría desaparecido por completo.Si no hubiera sido por un hombre y líder, Augusto, por cuyos medios fueron llevados a una mejor situación, y por lo tanto podemos llamarlo con justicia el que apartó el mal. (145) Este es César, quien calmó las tormentas que rugían en todas direcciones, quien curó las enfermedades comunes que afligían tanto a griegos como a bárbaros, que descendieron del sur y del este, y se extendieron y penetraron hasta el norte y el oeste, de tal manera que llenaron todos los distritos y aguas vecinos con miserias inesperadas. (146) Este es quien no solo aflojó, sino que abolió por completo las ataduras en las que todo el mundo habitable estaba previamente atado y agobiado. Este es quien destruyó tanto las guerras evidentes como las invisibles que surgieron de los ataques de los ladrones. Este es quien liberó el mar de las naves piratas y lo llenó de mercaderes.[10] (147) Este es quien dio libertad a todas las ciudades, quien trajo el desorden al orden, quien civilizó y convirtió en obedientes y armoniosas a las naciones que antes de él eran insociables, hostiles y brutales. Este es quien multiplicó Grecia por muchas Grecias y quien grecizó las regiones de los bárbaros en sus divisiones más importantes: el guardián de la paz, el que repartía a cada hombre lo que le convenía, el hombre que ofrecía favores a todos los ciudadanos con la más generosa liberalidad, quien nunca en toda su vida ocultó ni reservó para sí nada bueno o excelente.el distribuidor a cada hombre de lo que le convenía, el hombre que ofrecía a todos los ciudadanos favores con la más generosa liberalidad, el que nunca en toda su vida ocultó o reservó para sí nada que fuera bueno o excelente.el distribuidor a cada hombre de lo que le convenía, el hombre que ofrecía a todos los ciudadanos favores con la más generosa liberalidad, el que nunca en toda su vida ocultó o reservó para sí nada que fuera bueno o excelente.
XXII. (148) Ahora bien, a este hombre, que fue un gran benefactor para ellos durante los cuarenta y tres años que reinó sobre Egipto, lo pasaron por alto en silencio y descuido, sin erigir nada en sus sinagogas para honrarlo; ninguna imagen, ninguna estatua, ninguna inscripción. (149) Y, sin embargo, si alguna vez hubo un hombre al que correspondía otorgarle honores nuevos y sin precedentes, ciertamente era apropiado que se le decretaran, no solo porque era, por así decirlo, el origen y la fuente de la familia de Augusto, ni porque fuera el primero, el más grande y universal benefactor, habiéndose confiado, en lugar de la multitud de gobernadores que existían antes, la nave común del estado como un piloto de admirable habilidad en la ciencia del gobierno para dirigirla y gobernarla; pues el verso,
«El gobierno de muchos no es bueno,»[11]
(150) Y tenemos evidencia de esto en los templos, pórticos, recintos sagrados, arboledas y columnatas que se han erigido, de modo que todas las ciudades juntas, antiguas y modernas, que exhiben obras magníficas, son superadas por la belleza y magnitud de los edificios erigidos en honor a César, y especialmente por aquellos levantados en nuestra ciudad de Alejandría. (151) Porque no hay recinto sagrado de tal magnitud como el que se llama el Bosque de Augusto, y el templo erigido en honor al desembarco de César, que se eleva a una gran altura, de gran tamaño y de la más conspicua belleza, frente al mejor puerto; siendo tal como no se ve en ninguna otra ciudad, y llena de ofrendas, en imágenes y estatuas; y decorada por todos lados con plata y oro; siendo un espacio muy extenso, adornado de la manera más magnífica y suntuosa con pórticos, y bibliotecas, y habitaciones de hombres, y arboledas, y propileos, y terrazas anchas y abiertas, y patios al aire libre, y con todo lo que pudiera contribuir a su uso o belleza; siendo una esperanza y un faro de seguridad para todos los que zarpaban o llegaban al puerto.
XXIII. (152) Por lo tanto, aunque tenían tan admirables pretextos para tal conducta, y todas las naciones del mundo se inclinaban a estar de acuerdo con ellos, no innovaron en sus sinagogas, sino que observaron la ley en cada detalle; y rechazaron cualquier muestra de respeto y veneración que pudiera considerarse debida a César. Quizás alguna persona cautelosa y sensata pregunte: “¿Por qué se le negaron todos estos honores?”. Diré la razón, sin suprimir nada. (153) Eran conscientes de la atención que prestaba a todo, y del sumo cuidado que ponía en que las leyes y costumbres nacionales vigentes en cada nación se confirmaran y preservaran, estando tan ansiosos por la preservación de los derechos de las naciones extranjeras en este aspecto como por los de los romanos. y que recibió sus honores, no por la destrucción de las leyes existentes en ningún pueblo, llenándose de orgullo y arrogancia, sino en un espíritu de debida conformidad con la magnitud de un imperio tan vasto, que se dignifica y honra con tales muestras de respeto que se le rinden al emperador. (154) Y hay prueba irrefutable de que nunca se dejó influenciar ni envanecer por los excesivos honores que se le rindieron, en el hecho de que no aprobaba que nadie se dirigiera a él como amo o dios, pero si alguien usaba tales expresiones se enojaba; y podemos verlo también en su aprobación de los judíos, quienes bien sabía que evitaban religiosamente tal lenguaje. (155) ¿Cómo veía entonces la gran división de Roma que está al otro lado del río Tíber, que sabía muy bien que estaba ocupada y habitada por los judíos? Y eran en su mayoría ciudadanos romanos, habiendo sido emancipados; Pues, habiendo sido llevados cautivos a Italia, fueron manumitidos por quienes los habían comprado como esclavos, sin haber sido jamás obligados a alterar ninguna de sus observancias hereditarias o nacionales. (156) Por lo tanto, sabía que tenían sinagogas y que solían visitarlas, especialmente en los días sagrados de reposo, cuando cultivaban públicamente su filosofía nacional. Sabía también que solían contribuir con sumas sagradas de dinero de sus primicias y enviarlas a Jerusalén por medio de quienes debían oficiar los sacrificios. (157) Pero nunca los expulsó de Roma ni los privó de sus derechos como ciudadanos romanos, porque tenía respeto por Judea, ni meditó en ninguna nueva medida de innovación o rigor con respecto a sus sinagogas, ni les prohibió reunirse para la interpretación de la ley.ni hizo oposición alguna a sus ofrendas de primicias, sino que se comportó con tal piedad hacia nuestros compatriotas y con respecto a todas nuestras costumbres, que él, casi puedo decir, con toda su casa, adornó nuestro templo con muchas ofrendas costosas y magníficas, ordenando que se ofrecieran sacrificios continuos de holocaustos completos por los siglos de los siglos con sus propios ingresos, como primicia de los suyos al Dios Altísimo, sacrificios que se realizan hasta el día de hoy y se realizarán por siempre, como prueba y muestra de una disposición verdaderamente imperial. (158) Además, en las divisiones mensuales del país, cuando todo el pueblo recibía dinero o trigo a su vez, nunca permitía que los judíos fallaran en la recepción de este favor, sino que incluso si sucedía que esta distribución cayera en el día de su sábado sagrado, día en el que no les es lícito recibir nada, ni dar nada, ni en resumen realizar ninguno de los deberes ordinarios de la vida, encargaba al dispensador de estos regalos, y le daba los mandatos más cuidadosos y especiales para que hiciera la distribución a los judíos al día siguiente, para que no perdieran los efectos de su bondad común.
XXIV. (159) Por lo tanto, todas las personas en todos los países, incluso las que no eran naturalmente favorables a la nación judía, se cuidaron mucho de no violar ni atacar ninguna de las costumbres y leyes judías. Y durante el reinado de Tiberio las cosas sucedieron de la misma manera, aunque en ese momento la situación en Italia se sumió en una gran confusión cuando Sejano se preparaba para atentar contra nuestra nación; (160) pues supo inmediatamente después de su muerte que las acusaciones presentadas contra los judíos que residían en Roma eran falsas calumnias, invenciones de Sejano, quien deseaba destruir nuestra nación, la cual, solo él, o por encima de todos los demás, probablemente se opondría a sus consejos y acciones impías en defensa del emperador, quien corría gran peligro de ser atacado, violando todos los tratados y toda honestidad. (161) Y envió órdenes a todos los gobernadores de provincias de cada país para que consolaran a los ciudadanos de nuestra nación en sus respectivas ciudades, ya que el castigo que se pretendía infligir no debía aplicarse a todos, sino solo a los culpables; y estos eran muy pocos. Y les ordenó que no cambiaran ninguna de las costumbres existentes, sino que las consideraran como garantías, ya que los hombres eran pacíficos en sus disposiciones y caracteres naturales, y sus leyes los educaban y los disponían a la tranquilidad y la estabilidad.
XXV. (162) Pero Gayo se enorgullecía, no solo diciendo, sino creyéndose un dios. Y entonces no encontró pueblo, ni entre los griegos ni entre los bárbaros, más adecuado que los alejandrinos para confirmarlo en su ambición desmedida y antinatural; pues son extraordinariamente propensos a la adulación, el engaño y la hipocresía, provistos de toda clase de palabras halagadoras y propensos a confundirlo todo con su habla desenfrenada y licenciosa. (163) Y el nombre de Dios es tan poco venerado entre ellos, que lo han dedicado a los ibis, a las áspides venenosas que se encuentran en su país y a muchas otras bestias salvajes que existen en él. (164) De modo que ellos, muy naturalmente, cediendo a toda clase de apelativos e invocaciones hacia él, se dirigieron a él como Dios, engañando a hombres de comprensión superficial, que eran totalmente inexpertos en la impiedad que prevalecía en Egipto, aunque son detectados por aquellos que están familiarizados con su excesiva necedad, o, debería decir mejor, con su absurda impiedad. (164) De lo cual, Gayo, al no tener experiencia, imaginó que los alejandrinos realmente creían que él era Dios, ya que ellos, sin ningún disfraz, usaban abierta y claramente todos los apelativos sin ninguna limitación, con los que estaban acostumbrados a invocar a los otros dioses. (165) En segundo lugar, creía que las innovaciones que hicieron con respecto a sus sinagogas, fueron hechas con una conciencia pura y por un sincero honor y respeto hacia él, en parte influenciado por las efemérides a modo de memorial, que algunas personas le enviaron desde Alejandría; porque estas cosas eran lo que le encantaba leer, a tal grado que los escritos de todos los demás autores, ya fueran en prosa o en poesía, eran considerados por él como absolutamente odiosos en comparación con el deleite que estos documentos le proporcionaban, y en parte por el lenguaje de algunos de sus domésticos, que continuamente bromeaban con él y ridiculizaban todas las cosas serias.
XXVI. (166) La mayor parte de estos hombres eran egipcios, hombres malvados e indignos, que habían impregnado sus almas con el veneno y la maldad de sus áspides y cocodrilos nativos, y los representaban fielmente allí. Y el líder de todas las tropas egipcias, como el corifeo de un coro, era un hombre llamado Helicón, un esclavo maldito e infame, que había sido introducido en la casa imperial para su ruina; pues había adquirido unas nociones superficiales de las ciencias encíclicas, por imitación y rivalidad con su antiguo amo, quien lo entregó a Tiberio César. (167) Y en ese momento no tenía ningún privilegio especial, ya que Tiberio odiaba perfectamente todos los ingenios juveniles con el solo propósito de divertirse, ya que él, desde casi su más temprana juventud, era de disposición solemne y austera. (168) Pero cuando Tiberio murió y Gayo heredó el imperio, él, siguiendo a un nuevo amo que lo invitó a todo tipo de relajación y lujo, capaces de deleitar cada uno de sus sentidos externos, se dijo a sí mismo: "¡Levántate, oh Helicón! Ahora es tu oportunidad. Tienes un oyente y un espectador, que es de todos los hombres del mundo el más indicado para recibir favorablemente la exhibición de tus talentos. Eres un hombre de talentos naturales muy atractivos. Eres capaz de bromear con gracia y decir cosas ingeniosas como ningún otro. Eres hábil en todo tipo de diversiones, trivialidades y juegos de moda. Y eres igualmente hábil en aquellas ramas de la educación encíclica que no se encuentran tan comúnmente. Además, tienes una facilidad de palabra y de réplica que está lejos de ser desagradable. (169) Si, por lo tanto, te mezclas Con tus bromas, cualquier pequeño estímulo, aunque sea mínimamente inoportuno o doloroso, que provoque no solo risa, sino también amargura, en alguien siempre dispuesto a sospechar algo malo, alejarás deliberadamente de ti a un maestro que, por naturaleza, es muy propenso a escuchar cualquier acusación que se le presente en tono de broma; pues sus oídos, como bien sabes, siempre están atentos y siempre atentos a quienes suelen entretejer acusaciones ajenas con su adulación. (170) Y no busques más motivos; pues tienes una base suficiente respecto a las costumbres de los judíos y las leyes nacionales de ese pueblo, en el que te criaste, y en el que has sido instruido desde tu más tierna infancia, no por un solo hombre, sino por esa parte tan parlanchina y vejatoria de la ciudad de Alejandría. Así que ahora, haz una exhibición de tu erudición.
XXVII. (171) Con estos argumentos absurdos y malditos, excitó sus propias expectativas, se preparó e inflamó sus propios deseos; y luego atendió y cortejó a Gayo día y noche, sin separarse un instante, estando con él en todo momento y ocasión, y aprovechando cada instante, cuando estaba solo o descansaba, para proferir acusaciones contra nuestra nación, como un hombre infame, despertando placer en la mente del emperador ridiculizando a los judíos y sus leyes y costumbres, para que así sus calumnias nos hirieran más eficazmente; pues nunca se confesó abiertamente como nuestro acusador, ni de hecho pudo hacer tal confesión; sino que recorrió todo tipo de caminos torcidos y practicó toda clase de maniobras, y por ello fue un enemigo más peligroso y formidable incluso que aquellos hombres que abiertamente declararon su odio y hostilidad hacia nosotros. (172) Dicen también que algunos embajadores de Alejandría, conscientes de ello, lo habían contratado en secreto con sobornos considerables, no solo con dinero, sino también con la esperanza de honores futuros que, según le hicieron creer, podría alcanzar en un futuro próximo, cuando Cayo llegara a Alejandría. (173) Y él, pregonando constantemente que, estando su señor presente y junto a él, dominaría casi por completo una gran parte del mundo (pues era bien sabido que, cortejando asiduamente a Cayo, podría adquirir poder sobre la más ilustre de los ciudadanos y sobre todos los que la magnífica y gloriosa ciudad tenía en especial honor, [12] lo prometió todo). (174) Nosotros, por lo tanto, como durante mucho tiempo no sospechamos de este enemigo natural, que desde su escondite conspiraba contra nosotros, tomamos precauciones solo contra nuestros enemigos externos; pero cuando percibimos que también debíamos protegernos de él, investigamos el asunto cuidadosamente, considerando cada expediente para ver si podíamos, por algún medio, propiciar y conciliar al hombre que nos apuntaba y disparaba por todos los medios y desde todos los lugares, con gran precisión y poder de dañarnos; (175) pues tenía la costumbre de jugar a la pelota con él, y de ejercitarse en deportes gimnásticos con él, y de bañarse con él, y desayunar con él, y estaba con Cayo cuando este quería ir a descansar, cumpliendo el papel de chambelán y jefe de su guardia personal, un oficio que no estaba confiado a ningún otro, de modo que solo él tenía todo tipo de oportunidades favorables para ser escuchado con tranquilidad por el emperador, cuando estaba alejado de cualquier tumulto o distracción externa, y podía escuchar tranquilamente lo que principalmente deseaba.(176) Y mezcló gran cantidad de observaciones satíricas y burlonas con sus acusaciones más formales y serias, para excitar placer en sus oyentes por ese medio, y hacernos el mayor daño posible; porque las burlas y las ridiculizaciones parecían, tal como las usaba, ser el objetivo principal al que apuntaba, aunque en realidad era sólo el indirecto; y las acusaciones que lanzó contra nosotros parecían ser meras observaciones casuales, caídas accidentalmente, aunque en realidad eran su principal y único objetivo, mientras intentaba todos los recursos posibles, (177) y así, como marineros que tienen un viento favorable soplando en su popa, fue llevado hacia adelante con toda la vela ante un vendaval favorable, amontonando sobre nosotros y encadenando una acusación tras otra, mientras la mente de su oyente se formaba en un molde más sólido y retentivo, de modo que el recuerdo de las acusaciones no se erradicaba fácilmente.
XXVIII. (178) En consecuencia, hallándonos en una situación muy difícil, aunque habíamos recurrido a todos los recursos imaginables para apaciguar y conciliar a Helicón, no pudimos encontrar la manera de hacerlo ni acceso a él, ya que nadie se atrevía a abordarlo ni a acercarse a él, debido a su extrema insolencia y crueldad con la que se comportaba con todos; y también porque desconocíamos si existía alguna razón especial para su distanciamiento de la nación judía; ya que también estaba excitando y exasperando a su señor contra nuestro pueblo, y, en consecuencia, dejamos de trabajar en este punto y nos centramos en lo más importante. Pues nos pareció oportuno presentar a Gayo un memorial que contuviera un resumen de lo que habíamos sufrido y de cómo considerábamos que merecíamos ser tratados. (179) y este memorial era casi un compendio de una petición más larga que le habíamos enviado poco tiempo antes, por mano del rey Agripa; pues él, por casualidad, se alojaba por un corto tiempo en la ciudad, mientras se dirigía a Siria para tomar posesión del reino que le había sido dado; (180) pero nosotros, sin darnos cuenta, nos estábamos engañando a nosotros mismos, pues antes también habíamos hecho lo mismo, cuando originalmente comenzamos a zarpar, pensando que al ir ante un juez encontraríamos justicia; pero en realidad era un enemigo irreconciliable para nosotros, atrayéndonos, en cuanto a apariencia, con miradas favorables y trato alegre; (181) pues, tras recibirnos favorablemente al principio en las llanuras a orillas del Tíber (pues casualmente estaba paseando por el jardín de su madre), conversó con nosotros formalmente y nos saludó con la mano derecha con gesto protector, dándonos muestras significativas de su buena voluntad. Tras enviarnos al secretario, encargado de atender a las embajadas que llegaban, llamado Óbulo, dijo: «Yo mismo escucharé lo que tengan que decir en la primera oportunidad favorable». De modo que todos los presentes nos felicitaron como si ya hubiéramos logrado nuestro objetivo, al igual que todos los de nuestra propia gente, que se dejan llevar por las apariencias. (182) Pero yo mismo, a quien se consideraba poseedor de una prudencia superior, tanto por mi edad como por mi educación y mi conocimiento general, era menos optimista respecto a los asuntos que tanto entusiasmaban a los demás. «¿Por qué?», dije yo, después de meditar profundamente en mi corazón, “¿por qué, habiendo habido tantos embajadores que vinieron, casi se podría decir, de todos los rincones del mundo, dijo en esa ocasión que escucharía lo que teníamos que decir,¿Y nadie más? ¿Qué habría querido decir? Pues no ignoraba que éramos judíos, y nos habríamos conformado con no ser tratados peor que los demás; (183) pero esperar ser considerado digno de recibir privilegios especiales y precedencia por un señor de otra nación, joven y monarca absoluto, habría parecido una locura. Pero parece que mostraba cortesía hacia todo el distrito de los alejandrinos, al que otorgaba así un privilegio, al prometer emitir su fallo con prontitud; a menos que, en realidad, haciendo caso omiso de su carácter de oyente justo e imparcial, pretendiera ser un pretendiente de nuestros adversarios y un enemigo nuestro, en lugar de comportarse como un juez.
XXIX. (184) Con estas ideas en mente, resistí las optimistas esperanzas de los demás, y no tuve descanso ni de día ni de noche. Pero mientras me dejaba llevar por el desaliento y me lamentaba por mi ignorancia del futuro (pues no era prudente posponer las cosas), de repente nos sobrevino otra calamidad gravísima e inesperada, que puso en peligro no solo a una parte de los judíos, sino a toda la nación en su conjunto. (185) Pues habíamos venido de Roma a Dicearchia para atender a Gayo; él había bajado a la costa y permanecía cerca del golfo, tras haber dejado por un tiempo sus propios palacios, que eran numerosos y estaban magníficamente amueblados. (186) Y mientras considerábamos ansiosamente sus intenciones, pues esperábamos constantemente ser llamados, llegó un hombre con los ojos inyectados en sangre y aspecto muy perturbado, sin aliento y palpitando. Nos alejó un poco del resto (pues había varias personas cerca) y nos dijo: “¿Han oído la noticia?”. Y cuando estaba a punto de decirnos qué era, se detuvo por las abundantes lágrimas que le impedían hablar. (187) Y comenzando de nuevo, se detuvo una segunda y una tercera vez de la misma manera. Y nosotros, al ver esto, nos alarmamos y nos conmocionamos, y le suplicamos que nos dijera por qué decía haber venido; pues no podía haber venido solo a llorar ante tantos testigos. «Si, entonces», dijimos, «tienes algún motivo real para llorar, no te guardes tu dolor; hace tiempo que estamos acostumbrados a la desgracia». (188) Y él, con dificultad, sollozando en voz alta y entrecortada, dijo lo siguiente: «¡Nuestro templo ha sido destruido! ¡Gaius ha ordenado erigir una estatua colosal de sí mismo en el Sanctasanctórum, con su propio nombre inscrito en ella, junto con el título de Júpiter!». (189) Y mientras todos nos quedábamos mudos de asombro y terror ante lo que nos había dicho, y permanecíamos inmóviles, inmóviles (pues permanecíamos allí mudos y desesperados, a punto de caer al suelo de miedo y dolor, con los músculos desprovistos de fuerza por la noticia); otros llegaron con la misma triste historia. (190) Y entonces todos nos retiramos y nos encerramos juntos, lamentando nuestras miserias individuales y comunes, y repasamos todas las circunstancias imaginables, pues un hombre en desgracia es un animal muy locuaz, luchando como podemos con nuestra miseria. Y nos dijimos: «Hemos navegado hasta aquí en pleno invierno para no vernos envueltos en la violación de la ley y en las desgracias derivadas de ella,Sin darnos cuenta del invierno de miseria que nos aguardaba en tierra, mucho más doloroso que cualquier tormenta en el mar. Pues de una parte, la naturaleza es la causa, la que ha dividido las estaciones del año y las ha ordenado debidamente, pero la naturaleza es algo que ejerce un poder salvador; mientras que la otra tormenta es causada por un hombre que no alberga ideas propias de un hombre, sino un joven, promotor de todo tipo de innovación, investido de un poder irresponsable sobre el mundo entero. Y la juventud, cuando se combina con el poder absoluto y cede a la pasión irresistible y desenfrenada, es un mal invencible. (191) ¿Y se nos permitirá acercarnos a él o hablar sobre las sinagogas ante este insultador de nuestro santo y glorioso templo? Pues es evidente que no prestará atención alguna a cosas de menor importancia y que se tienen en inferioridad, cuando se comporta con insolencia y desprecio hacia nuestro más bello y renombrado templo, respetado por todo Oriente y Occidente, y considerado como el sol que brilla por todas partes. (192) E incluso si se nos permitiera el libre acceso a él, ¿qué otra cosa podríamos esperar sino una sentencia de muerte inexorable? Pero sea así; pereceremos. Porque, en efecto, una muerte gloriosa en defensa y por la preservación de nuestras leyes, es una forma de vida. "Pero, De hecho, si no se deriva ninguna ventaja de nuestra muerte, ¿no sería una locura perecer además de lo que ahora tenemos que soportar, y esto además, mientras parecemos embajadores, de modo que la calamidad parezca afectar más a quienes nos han enviado que a quienes quedan? (193) No es que aquellos de nuestros compatriotas, por naturaleza más inclinados a detestar toda maldad, nos acusen de impiedad, como si, en el extremo de los peligros, cuando todo nuestro país era sacudido y amenazado, recordáramos algunos intereses privados por egoísmo. Pues es necesario que las cosas pequeñas cedan ante las grandes, y que los objetos privados cedan ante los intereses generales; ya que, cuando se destruyen, se acaba la constitución y la nación. (194) ¿Cómo puede ser santo o lícito que luchemos de otra manera, señalando que somos ciudadanos de Alejandría, sobre quienes ahora se cierne un peligro inminente, a saber, la destrucción total de la constitución general de la nación judía? Porque con la destrucción del templo hay motivos para temer que este hombre, tan aficionado a la innovación y dispuesto a atreverse con las acciones más audaces, también ordenará la abolición del nombre general de toda nuestra nación. (195) ”Si, por lo tanto, ambos objetivos por los que fuimos enviados son derribados, tal vez alguien diga: ¿Qué entonces,¿Acaso no sabían que debían negociar un regreso seguro? Pero yo le respondería a tal hombre: «O no tienes los sentimientos genuinos de un hombre de noble cuna, o no fuiste educado como tal, y nunca te han instruido en el conocimiento de las Sagradas Escrituras; pues los hombres verdaderamente nobles están llenos de esperanza, y las leyes también infunden buenas esperanzas en quienes las estudian no superficialmente, sino con todo el corazón». (196) Quizás estas cosas sirvan como prueba para la generación actual, para ver cómo se inclinan hacia la virtud y si se les ha enseñado a soportar los males con mentes resueltas y firmes, sin ceder en el primer momento; entonces, se descartan todas las consideraciones humanas, y que se descarten, pero que permanezca en nuestras almas una esperanza y una confianza imperecederas en Dios Salvador, como él a menudo ha preservado a nuestra nación en medio de dificultades y angustias inextricables».
XXX. (197) Estas eran las cosas que decíamos, lamentando al mismo tiempo nuestras inesperadas calamidades y, sin embargo, animándonos mutuamente con la esperanza de un cambio hacia un estado de cosas más tranquilo y pacífico. Y tras una breve reflexión y demora, dijimos a quienes nos habían traído esta triste noticia: “¿Por qué se quedan aquí sentados en silencio, después de haber encendido en nuestros oídos la chispa de la ansiedad que nos ha encendido y convertido todo en llamas, cuando deberían añadir a lo que nos han contado un relato de las causas que han afectado a Gayo?”. (198) Y ellos respondieron: «Ya conoces la causa principal y primordial de todo; pues eso es universalmente conocido por todos. Él desea ser considerado un dios; y cree que solo los judíos son propensos a ser desobedientes; y que, por lo tanto, no puede infligirles mayor daño o perjuicio que profanando e insultando la santa dignidad de su templo; pues se dice que es el más hermoso de todos los templos del mundo, puesto que continuamente recibe nuevas decoraciones y lo ha sido durante un período infinito, prodigándose en él un gasto interminable e ilimitado. Y como es un hombre muy contencioso y pendenciero, piensa apropiarse completamente de este edificio. (199) Y ahora está mucho más entusiasmado con este tema que antes por una carta que Capito le envió. Capito es el recaudador de las rentas imperiales en Judea, y por alguna razón es muy hostil a las naciones del país; pues habiendo llegado allí siendo pobre y habiendo amasado enormes riquezas de todo tipo imaginables mediante el saqueo y la extorsión, ahora teme que se presente alguna acusación en su contra, y por esta razón ha urdido un plan para repeler cualquier acusación de ese tipo, es decir, calumniando a aquellos a quienes ha perjudicado; (200) y una circunstancia que ahora mencionaremos le ha dado un pretexto para llevar a cabo su plan.40,200
Hay una ciudad llamada Jamnia, una de las más pobladas de toda Judea, habitada por una multitud promiscua, la mayoría de la cual son judíos. Pero también hay personas de otras tribus de las naciones vecinas que se han establecido allí para su propia destrucción, que, en cierto modo, son residentes temporales entre los ciudadanos nativos, y que les causan muchos problemas y les causan mucho daño, ya que violan continuamente algunas de las costumbres nacionales ancestrales de los judíos. (201) Estos hombres, al enterarse, de los viajeros que visitan la ciudad, del entusiasmo y la vehemencia de Gayo por su propia deificación y de su disposición a ver con malos ojos a toda la raza de Judea, pensando que ahora tienen una oportunidad admirable para atacarlos, han erigido un altar improvisado con los materiales más despreciables, habiendo convertido la arcilla en ladrillos con el único propósito de conspirar contra sus conciudadanos. porque sabían bien que nunca soportarían ver transgredidas sus costumbres, como en efecto sucedió. (202) ”Pues cuando los judíos vieron lo que habían hecho, y se indignaron mucho por la santidad, la belleza y la santidad del lugar sagrado, oscurecidas y profanadas, se reunieron y destruyeron el altar; así que los peregrinos fueron inmediatamente a ver a Capito, quien en realidad era el artífice de todo el asunto; y este, creyendo haber acertado de pleno, lo que llevaba tiempo buscando, le escribió a Gayo, extendiéndose sobre el asunto y exagerándolo enormemente; (203) y este, tras leer la carta, ordenó que se erigiera en el templo de la metrópoli una estatua colosal, dorada por todas partes, mucho más costosa y magnífica que el rico altar erigido en Jamnia, a modo de insulto, teniendo como consejeros a Helicón, hombre de noble cuna, un charlatán. Esclavo, una escoria de la tierra, y un tal Apeles, actor trágico, que en la flor de la juventud, como dicen, hizo gala de su belleza, y cuando pasó la juventud, subió al escenario; (204) y, de hecho, todos los que suben al escenario vendiéndose a los espectadores y a los teatros, no son amantes de la templanza y la modestia, sino de la más extrema desvergüenza e indecencia. «Por esta razón, Apeles fue nombrado consejero del emperador, para que Gayo tuviera un consejero con quien participar en bromas burlonas y cantar, pasando por alto cualquier consideración del bienestar general del estado, como si todo en cada rincón del globo disfrutara de profunda paz y tranquilidad bajo las leyes. (205) »Por lo tanto, Helicón,(206) Cuando oímos esto, nos dolía el alma con cada palabra que decía y con cada nombre que mencionaba; pero esos admirables consejeros de acciones admirables, poco después, encontraron la justa recompensa por su impiedad: uno fue atado por Gayo con cadenas de hierro por otras causas y sometido a tortura y potro tras periodos de alivio, como suele ocurrir con las personas afectadas por enfermedades intermitentes; y Helicón fue ejecutado por Claudio Germánico César por otras acciones perversas que, como un loco, había cometido; pero estos sucesos ocurrieron posteriormente.
XXXI. (207) La carta sobre la erección de la estatua no fue escrita con sencillez, sino con la mayor cautela y prudencia posibles, tomando todas las medidas necesarias para garantizar su seguridad; pues ordena a Petronio, teniente y gobernador de toda Siria, a quien, de hecho, escribió la carta, que dirija la mitad del ejército que se encontraba en el Éufrates para impedir cualquier paso por ese río de los reyes o naciones orientales hacia Judea como escolta de la estatua; no para honrar su erección con especial pompa, sino para castigar con la muerte cualquier intento de impedirla. (208) ¿Qué dices, oh señor? ¿Nos haces la guerra porque esperas que no soportaremos tal indignidad, sino que lucharemos por nuestras leyes y moriremos en defensa de nuestras costumbres nacionales? Porque no es posible que ignoraras lo que probablemente resultaría de tu intento de introducir estas innovaciones respecto a nuestro templo; pero habiendo aprendido previamente con perfecta precisión lo que probablemente sucedería, como si ya hubiera tenido lugar, y conociendo el futuro tan completamente como si fuera realmente presente, ordenaste a tu general que trajera un ejército para que la estatua, una vez erigida, pudiera ser consagrada con el primer sacrificio ofrecido a ella, siendo de una clase muy contaminada, manchada con la sangre de hombres y mujeres miserables. (209) En consecuencia, Petronio, cuando hubo leído lo que se le ordenaba hacer en esta carta, estaba en gran perplejidad, no pudiendo resistirse a las órdenes que se le enviaban por miedo, pues escuchó que la ira del emperador era implacable no solo contra aquellos que no hacían lo que se les ordenaba, sino contra quienes no lo hacían en un momento; y por otro lado, no veía cuán fácil era llevarlas a cabo, pues sabía que los judíos estarían dispuestos, si fuera posible, a soportar diez mil muertes en lugar de una, antes que someterse a ver cualquier cosa prohibida perpetrada con respecto a su religión; (210) pues todos los hombres están ansiosos de preservar sus propias costumbres y leyes, y a la nación judía por encima de todas las demás; pues al considerar sus leyes como oráculos que les dio directamente Dios mismo, y habiendo sido instruidos en esta doctrina desde su más temprana infancia, llevan en sus almas las imágenes de los mandamientos contenidos en estas leyes como sagrados; (211) y en segundo lugar, como continuamente contemplan las formas y figuras visibles de ellas, las admiran y veneran en sus mentes y admiten a los extranjeros que están dispuestos a honrarlas y adorarlas, que lo hagan no menos que sus propios conciudadanos nativos. Pero a todos aquellos que intentan violar sus leyes o ridiculizarlas, los detestan como a sus más acérrimos enemigos.y miran cada uno de los mandamientos con tal temor y reverencia que, ya sea que uno deba llamarlo la invariable buena fortuna o la felicidad de la nación, nunca han sido culpables de la violación incluso del más insignificante de ellos; (212) pero por encima de todas las demás observancias su celo por su santo templo es el sentimiento más predominante, vehemente y universal en toda la nación; y la mayor prueba de esto es que la muerte se pronuncia inexorablemente contra todos los que entran en el circuito interior de los recintos sagrados (porque admiten a todos los hombres de todos los países en el circuito exterior), a menos que sea uno de su propia nación por sangre. (213) Petronio, teniendo en cuenta estas consideraciones, se mostró muy reacio a intentar lo que se le ordenaba hacer, considerando la gran y perversa osadía que estaba cometiendo, e invocando todos los poderes deliberativos de su alma como a un concilio, preguntó la opinión de cada uno de ellos, y encontró que todas las facultades de su mente estaban de acuerdo en que no debía cambiar nada de estas observancias y costumbres que habían sido santificadas desde el principio del mundo; en primer lugar, por los principios naturales de justicia y piedad que las dictaban, y en segundo lugar, por el peligro que amenazaba cualquier intento de innovación en ellas, no solo por parte de Dios, sino también del pueblo que se sentiría insultado por tal conducta. (214) También consideró las circunstancias de la nación misma, su excesiva población, de modo que no se limitaba, como cualquier otra nación, al circuito de la única región que le fue asignada, sino que, casi podría decirse, se había extendido por toda la faz de la tierra; pues está difundida por todos los continentes y por todas las islas, de modo que en todas partes parece apenas inferior en número a la población nativa original del país. (215) ¿No era, entonces, una empresa sumamente peligrosa atraer sobre sí tan innumerables multitudes de enemigos? ¿Y no existía el peligro de que aliados y amigos de todas partes acudieran en su ayuda? Sería el resultado de un peligro y una dificultad muy formidables, además del hecho de que los habitantes de Judea son infinitos en número, y una nación de gran estatura y fuerza personal, y de gran coraje y espíritu, y hombres que están dispuestos a morir en defensa de sus costumbres y leyes nacionales con valentía inquebrantable, de modo que algunos de los que los calumnian dicen que su coraje (como de hecho es perfectamente cierto) está más allá del de cualquier nación bárbara, siendo el espíritu de hombres libres y nobles.(216) Y el estado de todas las naciones que están más allá del Éufrates aumentó su alarma; porque él era consciente de que Babilonia y muchas otras satrapías del este estaban ocupadas por los judíos, sabiendo esto no sólo por informes sino también por experiencia personal; pues cada año se envían mensajeros sagrados para transportar grandes cantidades de oro y plata al templo, que han sido recolectadas de todos los gobiernos subordinados, viajando por caminos escarpados, difíciles y casi intransitables, que ellos consideran planos y fáciles en la medida en que sirven para conducirlos a la piedad. (217) Por lo tanto, estando extremadamente alarmado, como era muy natural, no fuera que si oyeran del diseño sin precedentes de erigir esta estatua colosal en el templo, pudieran de repente dirigir su marcha en esa dirección y rodearlo, algunos de un lado y otros del otro, de modo de acorralarlo completamente, y cooperando y uniéndose unos con otros pudieran tratar al enemigo que estaría así encerrado en medio de ellos con terrible severidad, dudó mucho tiempo, dando gran peso a todas estas consideraciones. (218) De nuevo, se vio arrastrado en la dirección opuesta por consideraciones de carácter contrario, diciéndose a sí mismo: «Esta es la orden de alguien que es mi señor y un joven, y de alguien que juzga todo lo que desea que se haga como conveniente y apropiado, y que está resuelto a que todo lo que una vez decidió se lleve a cabo de inmediato, aunque sea la medida más perjudicial posible y esté llena de contienda e insolencia; y ahora, tras haber trascendido toda naturaleza humana, se ha declarado Dios; y un gran peligro para mi vida me acecha tanto si me opongo a él como si cumplo sus órdenes; si las cumplo, el resultado muy probablemente será una guerra, una que tal vez tenga un éxito dudoso y que estará lejos de resultar como se espera; y si me opongo a él, entonces estaré expuesto al odio abierto e implacable de Gayo». (219) Y con esta opinión suya coincidieron muchos de los romanos que se unían a él en la administración de los asuntos de Siria, sabiendo que la ira de Gayo y los castigos que infligiría caerían primero sobre ellos por ser cómplices en la desobediencia a los mandatos que había enviado; (220) pero finalmente, cuando llegó la orden, la forma de la estatua les brindó un pretexto para demorarse, durante el cual podrían tener tiempo para una consideración más detenida del asunto; pues no enviaron a nadie de Roma (según me parece, porque la providencia de Dios dominó el asunto de esta manera, quien detuvo así invisiblemente la mano de estos malvados).Ni ordenó al hombre más hábil ni a quien se consideraba así en Siria que gestionara el asunto, pues mientras él impulsaba con celeridad esta acción ilegal, se desató repentinamente una guerra. (221) Por lo tanto, teniendo ahora oportunidad de considerar qué camino sería más ventajoso (pues cuando los grandes acontecimientos se suceden de repente, desbaratan y confunden la mente), ordenó que la estatua se hiciera en alguna de las regiones limítrofes. (222) Por lo tanto, Petronio, enviando a los artistas más hábiles y renombrados de Fenicia, les dio los materiales necesarios para la fabricación de la estatua; y los llevaron a Sidón, y allí procedieron a hacerla. EspañolTambién mandó llamar a los magistrados de los judíos y a los sacerdotes y gobernantes del pueblo, tanto para anunciarles las órdenes que había recibido de Gayo como para aconsejarles que se sometieran alegremente a las órdenes que había impuesto su señor y que consideraran debidamente los peligros que se cernían ante sus ojos; pues las potencias militares más belicosas de Siria estaban todas listas, y pronto cubrirían todo el país de cadáveres; (223) pues pensó que si podía debilitar previamente su resolución, podría por medio de ellos influir en el resto de la multitud y persuadirlos de no oponerse a la voluntad del emperador; pero, como era natural, sus expectativas se vieron totalmente defraudadas. Pues se dice que se asombraron ante sus primeras palabras, y que al principio quedaron completamente abrumados por el anuncio de su verdadero peligro y miseria, y que se quedaron sin habla y derramaron incesantemente lágrimas como de una fuente, arrancándose la barba y el pelo, y diciendo: (224) «Nosotros, que antes éramos muy afortunados, hemos pasado por muchos sucesos hasta una edad extremadamente avanzada para poder contemplar por fin lo que ninguno de nuestros antepasados vio jamás. ¿Con qué ojos podemos soportar contemplar estas cosas? Que sean arrancadas, y que nuestras miserables vidas y nuestra afligida existencia terminen, antes de que contemplemos un mal como este, un espectáculo tan intolerable que es impío oír o concebir».Y allí procedió a hacerlo. También mandó llamar a los magistrados judíos, a los sacerdotes y gobernantes del pueblo, tanto para anunciarles las órdenes que había recibido de Gayo como para aconsejarles que se sometieran con entusiasmo a las órdenes impuestas por su señor, y que consideraran debidamente los peligros que les acechaban; pues las potencias militares más aguerridas de Siria estaban listas y pronto cubrirían todo el país de cadáveres; (223) pues creía que si lograba debilitar previamente su resolución, podría, por medio de ellos, influir en el resto de la multitud y persuadirla de no oponerse a la voluntad del emperador; pero, como era natural, sus expectativas se vieron totalmente defraudadas. Pues se dice que se asombraron ante sus primeras palabras, y que al principio quedaron completamente abrumados por el anuncio de su verdadero peligro y miseria, y que se quedaron sin habla y derramaron incesantemente lágrimas como de una fuente, arrancándose la barba y el pelo, y diciendo: (224) «Nosotros, que antes éramos muy afortunados, hemos pasado por muchos sucesos hasta una edad extremadamente avanzada para poder contemplar por fin lo que ninguno de nuestros antepasados vio jamás. ¿Con qué ojos podemos soportar contemplar estas cosas? Que sean arrancadas, y que nuestras miserables vidas y nuestra afligida existencia terminen, antes de que contemplemos un mal como este, un espectáculo tan intolerable que es impío oír o concebir».Y allí procedió a hacerlo. También mandó llamar a los magistrados judíos, a los sacerdotes y gobernantes del pueblo, tanto para anunciarles las órdenes que había recibido de Gayo como para aconsejarles que se sometieran con entusiasmo a las órdenes impuestas por su señor, y que consideraran debidamente los peligros que les acechaban; pues las potencias militares más aguerridas de Siria estaban listas y pronto cubrirían todo el país de cadáveres; (223) pues creía que si lograba debilitar previamente su resolución, podría, por medio de ellos, influir en el resto de la multitud y persuadirla de no oponerse a la voluntad del emperador; pero, como era natural, sus expectativas se vieron totalmente defraudadas. Pues se dice que se asombraron ante sus primeras palabras, y que al principio quedaron completamente abrumados por el anuncio de su verdadero peligro y miseria, y que se quedaron sin habla y derramaron incesantemente lágrimas como de una fuente, arrancándose la barba y el pelo, y diciendo: (224) «Nosotros, que antes éramos muy afortunados, hemos pasado por muchos sucesos hasta una edad extremadamente avanzada para poder contemplar por fin lo que ninguno de nuestros antepasados vio jamás. ¿Con qué ojos podemos soportar contemplar estas cosas? Que sean arrancadas, y que nuestras miserables vidas y nuestra afligida existencia terminen, antes de que contemplemos un mal como este, un espectáculo tan intolerable que es impío oír o concebir».¿Con qué ojos podemos soportar contemplar estas cosas? Que sean arrancadas, y que nuestras miserables vidas y nuestra afligida existencia terminen, antes de que contemplemos un mal como este, un espectáculo tan intolerable, del que es impío oírlo o concebirlo.¿Con qué ojos podemos soportar contemplar estas cosas? Que sean arrancadas, y que nuestras miserables vidas y nuestra afligida existencia terminen, antes de que contemplemos un mal como este, un espectáculo tan intolerable, del que es impío oírlo o concebirlo.
XXXII. (225) De esta manera lamentaron su destino; pero cuando los habitantes de la ciudad santa y de toda la región circundante oyeron del designioEn medio de la agitación, todos se pusieron en orden de batalla como si hubieran dado una señal concertada, tras recibir la orden de su miseria común. Salieron en grupo y, dejando vacías sus ciudades, aldeas y casas, se apresuraron a un solo paso hacia Fenicia, pues Petronio se encontraba allí en ese momento. (226) Cuando algunos de los guardias de Petronio vieron una multitud incontable que se acercaba, corrieron a su general para informarle y advertirle que tomara precauciones, pues se avecinaba una guerra. Mientras le contaban lo que habían visto, seguía sin guardias. La multitud de judíos, que se le echó encima como una nube, ocupó toda Fenicia y causó gran consternación entre los fenicios, que así contemplaban la enorme población de la nación. (227) Al principio se alzó un clamor tan grande, acompañado de llanto y golpes de pecho, que los oídos de los presentes no pudieron soportar la enormidad del ruido; pues no cesó cuando ellos cesaron, sino que continuó vibrando incluso después de que se callaron. Luego, se acercaron al gobernador y se le dirigieron súplicas según la ocasión; pues las calamidades son en sí mismas maestras de lo que se debe hacer en una emergencia. La multitud se dividió en seis grupos: uno de ancianos, otro de jóvenes y otro de niños; y, a su vez, un grupo de matronas ancianas, uno de mujeres en la flor de la vida y otro de vírgenes. (228) Cuando Petronio apareció a lo lejos, todas las filas, tal como estaban asignadas, cayeron al suelo, profiriendo un lúgubre aullido y lamentación, mezclado con súplicas. Pero cuando les mandó que se levantasen y se acercasen a él, ellos a duras penas consintieron en levantarse durante largo tiempo, y esparciendo abundante polvo sobre sus cabezas y derramando abundantes lágrimas, pusieron ambas manos detrás de ellos, como cautivos que están encadenados de esta manera, y así se acercaron a él. (229) Entonces, el cuerpo de los ancianos, de pie ante él, se dirigió a él en los siguientes términos: «Como ves, estamos sin armas, pero a nuestro paso algunos nos han acusado de ser enemigos, pero incluso las mismas armas de defensa con las que la naturaleza ha dotado a cada individuo, es decir, nuestras manos, las hemos apartado de ti y las hemos puesto en una posición donde no pueden hacer nada, ofreciendo nuestros cuerpos libremente un blanco fácil a cualquiera que desee condenarnos a muerte. (230) Te hemos traído a nuestras esposas, a nuestros hijos y a toda nuestra familia, y en tu persona nos postraremos ante Gayo, sin dejar a nadie en casa, para que puedas preservarnos a todos,o destruirnos a todos juntos mediante una destrucción general y completa. Petronio, somos una nación pacífica, tanto por nuestra disposición natural como por nuestras decididas intenciones, y la educación que nos han inculcado con diligencia y esmero nos ha enseñado esta lección desde nuestra más tierna infancia. (231) Cuando Cayo asumió el poder imperial, fuimos los primeros en toda Siria en felicitarlo, estando Vitelio en aquel momento en nuestra ciudad, de quien recibiste el gobierno como su sucesor, a quien se le enviaron escritos sobre estos asuntos, y la feliz noticia, procedente de nuestra ciudad, donde había sido recibida con alegría, llegó a las demás ciudades con similar aceptación. (232) El nuestro fue el primer templo que recibió sacrificios por el feliz reinado de Cayo. ¿Lo hizo para ser el primero o el único templo en ser privado de sus formas tradicionales de culto? Hemos abandonado nuestras ciudades, nuestras casas y nuestras posesiones, y con gusto les entregaremos todos nuestros muebles, nuestro ganado y todos nuestros tesoros, en resumen, todo lo que nos pertenece, como botín voluntario. Pensaremos que los recibimos, no que los entregamos. Solo pedimos una cosa en lugar de todo eso y para contrarrestarlo, a saber, que no se produzcan innovaciones con respecto a nuestro templo, sino que se conserve tal como lo recibimos de nuestros padres y antepasados. (233) Y si no podemos convencerlos en esto, entonces nos ofrecemos a la destrucción, para no vivir para contemplar una calamidad más terrible y dolorosa que la muerte. Sabemos que están preparando grandes fuerzas de infantería y caballería contra nosotros si nos oponemos a la erección y dedicación de esta estatua. Nadie es tan loco como para, siendo esclavo, oponerse a su amo. Nos sometemos voluntaria y fácilmente a la pena de muerte; Que tus tropas nos maten, que nos sacrifiquen, que nos despedacen sin oponer resistencia ni contienda, que nos traten con toda la crueldad posible para los conquistadores, (234) pero ¿qué necesidad hay de un ejército? Nosotros mismos, sacerdotes admirables para este propósito, comenzaremos el sacrificio, llevando al templo a nuestras esposas y degollándolas, llevando a nuestros hermanos y hermanas y convirtiéndonos en fratricidas, llevando a nuestros hijos e hijas, esa edad inocente e inocente, y convirtiéndonos en infanticidas. Quienes sufren trágicas calamidades deben usar un lenguaje trágico. (235) Entonces, de pie en medio de nuestras víctimas, habiéndonos bañado profundamente en la sangre de nuestros parientes (pues esa sangre será el único baño que tendremos para purificarnos para el viaje a las sombras), mezclaremos nuestra propia sangre con ella,(236) Y cuando estemos muertos, que este mandamiento sea inscrito sobre nosotros como un epitafio: ‘Que ni siquiera Dios nos culpe, quienes hemos tenido la debida consideración a ambas consideraciones, la lealtad piadosa hacia el emperador y la preservación reverencial de nuestras santas leyes establecidas.’ Y esto es lo que se dirá merecidamente de nosotros si renunciamos a nuestra miserable vida, despreciándola debidamente. (237) Hemos oído hablar de una antiquísima tradición, transmitida por toda Grecia por sus historiadores, que afirman que la cabeza de la Gorgona tenía tal poder que quienes la contemplaban se convertían al instante en piedras y rocas. Pero esto parece ser solo una ficción y una fábula, pues la verdad es que los grandes, inesperados y maravillosos acontecimientos a menudo traen consigo grandes desastres; por ejemplo, la ira de un amo causa la muerte o calamidades equivalentes a la muerte. (238) ¿Acaso creen (que Dios no permita que tal suceso ocurra) que si alguno de nuestros compatriotas viera que traen esta estatua a nuestro templo, no los convertiría en piedras? Con sus miembros congelados, sus ojos fijos, inmovilizados, y todo su cuerpo perdiendo la movilidad natural en cada una de sus partes y extremidades unidas. (239) Sin embargo, ahora, oh Petronio, te dirigiremos una última y justísima petición: te decimos que no debes hacer lo que se te ordena, pero te rogamos que nos concedas un respiro y te suplicamos encarecidamente que esperes un poco hasta que designemos una embajada y la enviemos a tu señor para que le transmita nuestras súplicas. (240) Quizás en nuestra embajada encontremos algún argumento para persuadirlo, ya sea presentándole todas las consideraciones respecto al honor de Dios o la preservación de nuestras leyes indestructibles e inalterables, o instándolo a que no debemos ser sometidos a un destino peor que el de todas las naciones, incluso en los confines más remotos de la tierra, a quienes se les ha permitido conservar sus costumbres nacionales; respecto a lo cual su abuelo y bisabuelo tomaron una decisión justa al confirmar y sellar nuestras costumbres con sumo cuidado. (241) Quizás cuando escuche estos argumentos sea más misericordioso con nosotros. Las intenciones de los grandes no siempre son las mismas, y las que se adoptan con ira son las que cambian más rápidamente. Hemos sido gravemente calumniados. Permítanos refutar las falsas acusaciones que se han presentado contra nosotros. Es difícil ser condenado sin ser escuchado en nuestra propia defensa.(242) «Y si no logramos convencerlo, ¿qué le impedirá después hacer lo que ahora se propone? Hasta entonces, no enviemos esta embajada, no destruyan las esperanzas de tantas personas, ya que nuestro celo y seriedad no se manifiestan en la causa de la ganancia, sino en la de la religión; aunque, de hecho, decimos una tontería al usar semejante expresión, pues ¿qué puede ser una ganancia más real y beneficiosa para ellos que la santidad?»
XXXIII. (243) Expresaron estas quejas y súplicas con gran agonía y miseria de alma, con excesivo sollozo y dificultad para hablar, pues todos sus miembros sudaban de aprensión, y sus incesantes lágrimas fluían a torrentes, de modo que todos los que los oían, y el propio Petronio, simpatizaban con su dolor, pues él era por naturaleza un hombre muy amable y gentil en su disposición natural, de modo que era fácilmente influenciado por lo que ahora se decía o escuchaba; y lo que se decía parecía completamente justo, y la miseria de aquellos a quienes ahora veía parecía la más lastimosa; (244) Se levantó y se retiró con sus compañeros consejeros, deliberando sobre qué debía hacer. Vio que quienes poco antes se oponían con todas sus fuerzas a los deseos de los judíos ahora vacilaban y estaban perplejos, y que quienes antes dudaban se inclinaban mayoritariamente a la compasión, lo cual le complació. Sin embargo, aunque conocía bien la disposición del emperador y lo implacable e inexorable que era en su ira, (245) aún conservaba algunas chispas de la filosofía y la piedad judías, pues hacía tiempo que había aprendido algo de ellas gracias a su afán de aprender, y las había estudiado aún más desde que llegó como gobernador de los países donde hay un gran número de judíos dispersos por todas las ciudades de Asia y Siria. O en parte porque así lo disponía su mente, debido a su inclinación espontánea, natural e innata por todo lo que merece atención y estudio. Además, Dios mismo aparece a menudo para sugerir ideas virtuosas a hombres virtuosos, mediante las cuales, al beneficiar a otros, ellos también se beneficiarán, como sucedió con Petronio. ¿Cuál fue entonces su resolución? (246) No apresurar a los artistas, sino persuadirlos a continuar terminando la estatua que tenían entre manos, esforzándose y trabajando en la medida de lo posible para no ser inferiores a los modelos más renombrados, sino para dedicarle tiempo suficiente a perfeccionar su obra, ya que las cosas que se hacen con prisa suelen ser inferiores, pero las que se hacen con gran esfuerzo y habilidad requieren mucho tiempo. (247) Pero decidió no permitir la embajada que le pidieron permiso para enviar, pues consideró que no sería seguro para él permitirla; aun así, decidió no oponerse a quienes deseaban remitir todo el asunto al soberano y amo supremo, pero tampoco estar de acuerdo ni contradecir a la multitud, pues consideraba que cualquier línea de conducta estaba llena de peligro. (248) Además, decidió escribir una carta a Gayo, sin acusar en absoluto a los judíos,y por otra parte, no dando ningún relato exacto de sus súplicas y ruegos, y para explicar el retraso que se estaba produciendo en la erección de la estatua, en parte porque la preparación de la misma requería un cierto espacio de tiempo para su finalización, y en parte, le recordó que la estación del año era en cierto grado la causa del inevitable retraso, en el que no había duda de que Gayo debía necesariamente aceptar, (249) porque era justo en ese momento el apogeo de la cosecha de trigo y de todos los demás cultivos de cereales; y dijo que temía que, desesperados por la preservación de sus leyes y costumbres nacionales y hereditarias, los hombres pudieran llegar a sentir tal desprecio por la vida que devastaran sus tierras o quemaran todo el distrito cerealista, ya fuera montañoso o campestre, y, por lo tanto, que él pudiera requerir una guardia para asegurar una recolección cuidadosa de las cosechas, y que no solo las que se producían en la tierra cultivable, sino también las producidas por árboles frutales; (250) pues él mismo tenía la intención, como se dice, de navegar a Alejandría en Egipto, pero un general tan importante no eligió cruzar el mar abierto tanto por el peligro como por la numerosa flota que se requeriría como escolta, y también por su consideración por su propia persona, ya que todo lo necesario para su comodidad se le proporcionaría más fácilmente si tomaba la ruta tortuosa a través de Asia y Siria; (251) pues, si navegaba por la costa, podría zarpar cada día y desembarcar cada noche, especialmente si llevaba consigo una cantidad suficiente de barcos de guerra, y no transportes, en los cuales un viaje costero es más exitoso, así como uno en mar abierto es mejor para los barcos mercantes. (252) Por lo tanto, era necesario que se prepararan abundantes cantidades de forraje y alimento para su ganado en cada una de las ciudades sirias, y especialmente en todas las que estaban en la costa, pues una numerosa multitud procedería tanto por tierra como por mar, reunida no solo de la propia Roma y de Italia, sino también la que lo había seguido desde todas las demás provincias del imperio hasta Siria, siendo en parte la guardia regular de los magistrados, y en parte el ejército regular de infantería y caballería, y la fuerza naval, y también una tropa de sirvientes pero poco inferior en número al ejército. (253) Además, se necesitaba no solo una abundancia de provisiones suficiente para todos los fines necesarios, sino también para toda la prodigalidad superflua que a Gayo le gustaba. Si lee estos escritos, quizá no solo no se enfade, sino que incluso se sienta complacido con nuestra prudencia, ya que esta demora no se debió a ninguna consideración hacia los judíos,pero con el fin de proveer para la recolección de la cosecha.
XXXIV. (254) Y cuando sus asesores emitieron sus opiniones, ordenó que se escribieran cartas y designó a hombres activos, acostumbrados a viajar con rapidez, para que las entregaran. Y ellos, al llegar al final de su viaje, entregaron las cartas; pero el emperador, antes de terminar de leerlas, se enfureció y continuó marcando cada página, furioso e indignado. (255) y al llegar al final de la carta, juntó las manos y dijo: «En verdad, Petronio, pareces comprender poco que eres súbdito del emperador; la serie ininterrumpida de gobiernos a los que has sido elegido te ha llenado de astucia. Hasta el momento me parece que no tienes ni la menor idea de reconocer que sabes, ni siquiera de oídas, que Gayo es emperador, pero pronto lo descubrirás por experiencia propia, (256) porque eres cuidadoso con las leyes de los judíos, una nación que odio más que cualquier otra, y eres indiferente a las órdenes imperiales de tu soberano. Temes a la multitud. ¿No tenías entonces contigo las fuerzas militares que temen todas las naciones orientales, y la principal de ellas, los partos? (257) Pero los compadeciste, prestaste más atención a la compasión que a las órdenes expresas de Gayo. «Usa la cosecha como pretexto, pero pronto descubrirás que has atraído sobre tu cabeza un castigo que no se puede evitar con ningún pretexto o excusa. Culpa a la necesidad de recolectar las cosechas y de abastecer adecuadamente a mis ejércitos, pues incluso si una escasez total oprimiera a Judea, ¿acaso no hay vastas regiones en sus fronteras de gran fertilidad y productividad, suficientes y capaces de suministrar todos los alimentos necesarios y compensar la deficiencia de un distrito? (258) Pero ¿por qué hablo así antes de actuar? ¿Y por qué nadie se anticipa a mis intenciones? Quien se demore descubrirá primero que está recibiendo el pago de su demora al sufrir en su propia persona. No diré más, pero no olvidaré el asunto." (259) Y después de un breve intervalo, dictó a uno de sus secretarios una respuesta a Petronio, elogiándolo en apariencia por su prudencia y por su cuidadosa y precisa consideración del futuro, pues era muy cuidadoso con los gobernadores de las provincias, viendo que tenían en todo momento grandes facilidades para hacer innovaciones o revoluciones, especialmente si se encontraban en distritos de importancia y al mando de poderosos ejércitos como el que estaba en el Éufrates para la protección de Siria. (260) Por lo tanto,siendo muy cortés con él en palabras y en sus cartas, ocultó su enojo hasta una oportunidad favorable, aunque estaba muy exasperado; pero al final de la carta, después de haber mencionado todos los demás temas, le pidió que no estuviera tan ansioso por nada como por la rápida erección y dedicación de la estatua, ya que para ese momento la cosecha ya debería haber sido posible, ya fuera que la excusa fuera originalmente honesta y verdadera o solo plausible.
XXXV. (261) Sin embargo, poco tiempo después, el rey Agripa llegó a Roma, según la costumbre, para presentar sus respetos a Cayo, y no sabía absolutamente nada ni de lo que Petronio había escrito en su carta, ni de lo que Cayo había escrito en su primera o segunda epístola, pero por sus movimientos irregulares y agitaciones, y por la excitación que brillaba en sus ojos, conjeturó que tenía alguna ira latente debajo, y consideró, reflexionó y dio vueltas a cada asunto en todas direcciones, estrujándose el cerebro por cada razón, ya fuera grande o pequeña, para ver si había dicho o hecho algo indecoroso, (262) y cuando estuvo seguro de que no había hecho absolutamente nada, conjeturó, como era natural, que era alguien más con quien estaba ofendido. Pero de nuevo, cuando vio que lo miraba con tristeza y que mantenía sus ojos continuamente fijos en él, y en nadie más que estuviera presente, empezó a alarmarse, y aunque a menudo pensaba en hacerle la pregunta, se contuvo, reflexionando de esta manera: “Quizás al hacer esto pueda atraer sobre mí las amenazas que ya están destinadas a otros, al atraer sobre mí la sospecha de ser un entrometido, un hombre imprudente y audaz”. (263) Por lo tanto, cuando Gayo vio que se encontraba en un estado de gran alarma y perplejidad, pues era muy agudo para comprender los designios y sentimientos más íntimos de un hombre a partir de su apariencia exterior y la expresión de su semblante, dijo: «Estás avergonzado, oh Agripa. Te aliviaré de tu perplejidad. (264) Aunque has vivido conmigo durante tanto tiempo, ¿ignoras aún que hablo no solo con la voz, sino también con los ojos, insinuando todo, por decir lo menos, tanto de una manera como de otra? (265) Tus leales y excelentes conciudadanos, la única nación de hombres en toda la faz de la tierra por la que Gayo no es considerado un dios, parecen ahora incluso desear tramar mi muerte en su obstinada Desobediencia, pues cuando ordené que se erigiera mi estatua con la figura de Júpiter en su templo, se levantaron con todo su pueblo y abandonaron la ciudad y todo el país en masa, con el pretexto de dirigirme una petición, pero en realidad estaban decididos a actuar de manera contraria a las órdenes que les había impuesto. (266) Y cuando estaba a punto de añadir otras acusaciones contra ellos, Agripa cayó en tal estado de dolor que se puso de todos los colores, poniéndose al instante inyectado en sangre, pálido y lívido, (267) porque estaba completamente agitado y temblaba de pies a cabeza.Un temblor se apoderó de todas sus extremidades y de cada miembro de su cuerpo, debilitándose todos sus tendones, músculos y nervios, hasta que se desmayó y se habría desplomado si alguno de los presentes no lo hubiera sostenido. Recibiendo la orden de llevarlo a casa, lo llevaron a su palacio, donde permaneció un tiempo en estado de letargo sin que nadie comprendiera qué repentina desgracia lo había llevado a ese estado. (268) Por lo tanto, Gayo estaba aún más exasperado contra nuestra nación y albergaba una ira más furiosa contra nosotros que antes, “Porque”, dijo él, “si Agripa, quien es mi amigo más íntimo y querido, y alguien vinculado a mí por tantos beneficios, está completamente bajo la influencia de sus costumbres nacionales que no puede soportar ni siquiera escuchar una palabra en contra de ellas, sino que se desmaya a tal grado que está cerca de morir, ¿qué debe esperarse que sean los sentimientos de otros que no tienen motivo o influencia para llevarlos al otro camino?” (269) Agripa, entonces, durante todo ese día y la mayor parte del día siguiente, yació en un estado de profundo estupor, completamente inconsciente de todo lo que pasaba; Pero al anochecer levantó un poco la cabeza y por un instante abrió, aunque con dificultad, sus ojos lánguidos, y con una visión borrosa y difusa contempló a la gente que lo rodeaba, aunque aún no podía distinguir claramente sus formas y rasgos; (270) y luego, al volver a dormirse, se tranquilizó, encontrándose en mejor estado que al principio, como quienes lo rodeaban podían deducir por su respiración y por el estado de su cuerpo. (271) Y después, al despertarse y levantarse, preguntó: «¿Dónde estoy ahora? ¿Estoy con Gayo? ¿Está mi señor aquí?» Y ellos respondieron: «¡Ánimo! Estás solo en tu palacio. (272) Cayo no está. Ya has dormido lo suficiente, pero ahora date la vuelta, levántate, apóyate en el codo y reconoce a quienes te rodean; son todos de tu propia gente, tus amigos, libertos y criados, que te honran por encima de todos y que, a cambio, reciben tu honor». (273) Y él, pues ya empezaba a recuperarse de su estado de estupefacción, vio sentimientos de simpatía en los rostros de todos, y cuando sus médicos ordenaron a la mayoría que salieran de la habitación para que pudieran refrescar su cuerpo con unción y comida de temporada, (274) “Váyase”, dijo, "porque debe por todos los medios encargarse de que pueda tener un estilo de vida más cuidadosamente regulado, pues no me basta, hombre desafortunado que soy, con una alimentación escasa, pobre y económica,y el uso preciso de los alimentos necesarios; ni habría atendido a tales asuntos si no hubiera sido mi objetivo proporcionar a mi miserable nación el último recurso que mi mente me sugiere para ayudarla”. (275) En consecuencia, él, derramando abundantes lágrimas, comiendo solo lo necesario sin salsa ni condimentos, y sin beber vino mezclado, sino solo probando agua, pronto dejó de comer. «Mi estómago miserable», dijo, «rehúye lo que pide; y ahora, ¿qué debo hacer sino dirigirme a Gayo con respecto a las circunstancias actuales?»
XXXVI. (276) Y, tras tomar las tablillas, le escribe de la siguiente manera: «Oh, señor, el miedo y la vergüenza me han quitado todo el valor para presentarme ante ti y dirigirme a ti; pues el miedo me enseña a temer tus amenazas; y la vergüenza, por respeto a la grandeza de tu poder y dignidad, me mantiene en silencio. Pero un escrito mostrará mi petición, que ahora te ofrezco como mi más ferviente petición. (277) ¡Oh, emperador! En todos los hombres es innato el amor a su patria y el afán por sus costumbres y leyes nacionales. Y sobre estos asuntos no es necesario que te dé información, ya que tienes un profundo amor por tu patria y un profundo respeto por tus costumbres nacionales. Y lo que les pertenece a todos les parece hermoso, aunque no lo sea en realidad; pues juzgan estas cosas no más por la razón que por el afecto. (278) Como sabéis, soy judío; y Jerusalén es mi patria, donde se erige el santo templo del Dios Altísimo. Y tengo reyes por abuelos y antepasados, la mayoría de los cuales han sido llamados sumos sacerdotes, considerando su poder real inferior a su oficio de sacerdotes; y pensando que el sumo sacerdocio es tan superior al poder de un rey como Dios al hombre; pues uno se dedica a servir a Dios, y el otro solo se ocupa de gobernarlos. (279) Por consiguiente, yo, siendo de esta nación y estando apegado a este país y a tal templo, os dirijo esta petición en nombre de todos ellos; en nombre de la nación, para que no la consideréis de forma contraria a la verdadera, ya que es una nación piadosa y santa, y desde su origen muy leal a vuestra familia. (280) ”Porque en todos los aspectos que las leyes imponen a los hombres, y en los que pueden mostrar su piedad y lealtad, mi nación no es inferior a ninguna en Asia ni en Europa, ya sea en cuanto a oraciones, al suministro de ofrendas sagradas o a la abundancia de sus sacrificios, no solo los que se ofrecen en las festividades públicas, sino también los que se ofrecen continuamente día tras día; por lo cual demuestran su lealtad y fidelidad con mayor certeza que con la boca y la lengua, demostrándola con los designios de sus corazones honestos, no diciendo que son amigos del César, sino siéndolo en realidad. (281) «En cuanto a la ciudad santa, debo decir ahora lo necesario. Como ya he dicho, es mi país natal y la metrópoli, no solo de Judea, sino también de muchas otras.Debido a las colonias que ha enviado periódicamente a las regiones limítrofes de Egipto, Fenicia, Siria en general, y en especial a la parte llamada Celasiria, así como a las regiones más distantes de Panfilia, Cilicia, la mayor parte de Asia Menor hasta Bitinia y los confines del Ponto. Y de igual manera a Europa, a Tesalia, Beocia, Macedonia, Etolia, Ática, Argos, Corinto y todas las regiones más fértiles y ricas del Peloponeso. (282) Y no solo los continentes están llenos de colonias judías, sino también las islas más célebres, como Eubea, Chipre y Creta. No digo nada de los países más allá del Éufrates, pues todos ellos, salvo una pequeña porción, y Babilonia y todas las satrapías circundantes, que tienen alguna ventaja de suelo o clima, tienen judíos asentados. (283) Así que si mi tierra natal se considera, como es razonable, con derecho a una parte en tu favor, no solo una ciudad se beneficiaría de ti, sino diez mil de ellas en cada región del mundo habitable, en Europa, Asia y África, en el continente, en las islas, en las costas y en las zonas del interior. (284) Y corresponde bien a la grandeza de tu buena fortuna que, al otorgar beneficios a una ciudad, también beneficies a otras diez mil, para que tu renombre sea celebrado en todo el mundo habitable, y muchas alabanzas a tu nombre se combinen con la acción de gracias. (285) “Habéis considerado que los países nativos de algunos de vuestros amigos eran dignos de ser admitidos para compartir todos los privilegios de la constitución romana; y los que hace poco tiempo eran esclavos, se convirtieron en amos de otros que también disfrutaban de vuestro favor en un grado superior, o al menos no inferior, y que también se deleitaban con las causas de vuestra beneficencia. (286) Y, de hecho, soy perfectamente consciente de que pertenezco a la clase que está sujeta a un señor y amo, y también de que se me admite al honor de ser uno de sus compañeros, siendo inferior a usted en cuanto a mi derecho de nacimiento y rango natural, y a nadie inferior, por no decir al más eminente de todos los hombres, en buena voluntad y lealtad hacia usted, (287) tanto por esa disposición natural como por la cantidad de beneficios con los que me ha enriquecido; de modo que si, en consecuencia, hubiera sentido la confianza de implorarle yo mismo en nombre de mi país, si no que le concediera la constitución romana, al menos que le concediera libertad y una remisión de impuestos,No habría pensado que tenía motivo alguno para temer vuestro disgusto por presentaros semejante petición y por solicitar lo más deseable de todas, vuestro favor, que no os haría daño conceder, y que es lo más ventajoso de todas las cosas que mi país puede recibir. (288) »¿Qué bendición más deseable para una nación sometida que la buena voluntad de su soberano? ¡Fue en Jerusalén, oh emperador!, donde se anunció por primera vez tu tan deseada sucesión al imperio; y la noticia de tu ascenso se extendió desde la ciudad santa por todo el continente y fue recibida con gran alegría. Y por ello, esa ciudad merece tu favor; (289) pues, así como en las familias los hijos mayores reciben los más altos honores por derecho de nacimiento, por ser los primeros en dar el nombre de padre y madre a sus padres, así también, siendo esta la primera de todas las ciudades del este en saludarte como emperador, debería recibir de ti un mayor beneficio que cualquier otra; o si no mayor, al menos tan grande como cualquier otra ciudad. (290) «Habiendo presentado estos Tras haber presentado estas súplicas por justicia y haber hecho estas peticiones en nombre de mi patria, llego finalmente a mi súplica por el templo. ¡Oh, mi señor y amo, Gayo! Este templo, desde su fundación original hasta ahora, nunca ha admitido forma alguna hecha por manos, porque ha sido la morada de Dios. Ahora bien, las imágenes y los cuadros son solo imitaciones de los dioses perceptibles a los sentidos externos; pero nuestros antepasados no consideraban coherente con la reverencia debida a Dios hacer ninguna imagen o representación del Dios invisible. (291) Agripa, al llegar al templo, lo honró, y fue tu abuelo; y también Augusto, al ordenar en sus cartas que se enviaran allí todas las primicias de todos los lugares; y mediante el sacrificio continuo. Y tu bisabuela… (292) »Por lo cual, nadie, ya sea griego o bárbaro, sátrapa o rey, o enemigo implacable; ninguna sedición, ninguna guerra, ninguna captura, ninguna destrucción, ningún suceso que haya tenido lugar jamás, ha amenazado este templo con tal innovación como para colocar en él ninguna imagen, o estatua, o cualquier obra de cualquier tipo hecha con manos; (293) porque, aunque los enemigos han mostrado su hostilidad hacia los habitantes del país, aun así, la reverencia o el temor los ha poseído lo suficiente como para evitar que abroguen alguna de las leyes que se establecieron en el principio, como tendientes al honor del Creador y Padre del universo; porque sabían que son estas y otras acciones similares las que traen tras ellos las calamidades irremediables de las aflicciones enviadas por el cielo.Por esta razón han tenido cuidado de no sembrar una semilla impía, temiendo verse obligados a cosechar su cosecha natural, en un fruto que daría destrucción total.
XXXVII. (294) «¿Pero por qué necesito invocar la ayuda de testigos extranjeros cuando tengo muchos que puedo proporcionarte entre tus propios compatriotas y amigos? Marco Agripa, tu abuelo materno, en cuanto llegó a Judea, siendo Herodes, mi abuelo, rey del país, creyó oportuno subir desde la costa hasta la metrópoli, que estaba tierra adentro. (295) Y cuando contempló el templo, las decoraciones de los sacerdotes y la piedad y santidad de la gente del país, se maravilló, considerando todo el asunto como algo de gran solemnidad y digno de gran respeto, y pensando que había contemplado algo demasiado magnífico para ser descrito. Y no pudo hablar de otra cosa a sus compañeros que de la magnificencia del templo y todo lo relacionado con él. (296) »Por lo tanto, todos los días que permanecía en la ciudad, debido a su amistad con Herodes, iba a ese lugar sagrado, deleitándose con el espectáculo de la construcción, los sacrificios y todas las ceremonias relacionadas con el culto a Dios, la regularidad que se observaba, la dignidad y el honor que se le tributaban al sumo sacerdote, y su grandeza al vestir sus vestiduras sagradas y al comenzar los sacrificios. (297) Y después de adornar el templo con todas las ofrendas que pudo contribuir, y de otorgar muchos beneficios a los habitantes, prestándoles muchos servicios importantes, y tras haberle dicho a Herodes muchas cosas amistosas, y habiendo recibido respuestas correspondientes, fue conducido de regreso a la costa y al puerto, no solo por una ciudad, sino por todo el país, con ramas esparcidas en su camino, y siendo muy admirado y respetado por su piedad. (298) "¿Qué hizo tu otro abuelo, Tiberio César? ¿No parece que adoptó una línea de conducta exactamente similar? En cualquier caso, durante los veintitrés años que fue emperador, conservó la forma de culto en el templo tal como se había transmitido desde los tiempos más remotos, sin abrogar ni alterar en lo más mínimo.
XXXVIII. (299) «Además, puedo relatar un acto de ambición por su parte, aunque sufrí infinidad de males cuando vivía; sin embargo, la verdad es considerada preciada y muy digna de ser honrada por ustedes. Pilato era uno de los lugartenientes del emperador, nombrado gobernador de Judea. Él, no más con el objetivo de honrar a Tiberio que con el de vejar a la multitud, dedicó unos escudos dorados en el palacio de Herodes, en la ciudad santa; los cuales no tenían forma ni ninguna otra cosa prohibida representada en ellos, excepto una inscripción necesaria, que mencionaba estos dos hechos, el nombre de la persona que los había colocado allí y la persona en cuyo honor fueron colocados. (300) Pero cuando la multitud oyó lo sucedido, y cuando la circunstancia se hizo notoria, entonces el pueblo, presentando a los cuatro hijos del rey, que no estaban en respeto inferior a los mismos reyes, en fortuna o en rango, y sus otros descendientes, y aquellos magistrados que estaban entre ellos en ese momento, le suplicaron que alterara y rectificara la innovación que había cometido respecto de los escudos; y que no hiciera alteración alguna en sus costumbres nacionales, que hasta entonces se habían conservado sin interrupción alguna, sin ser cambiadas en el más mínimo grado por ningún rey o emperador. (301) »Pero cuando rechazó rotundamente esta petición (pues era un hombre de carácter muy inflexible, despiadado y obstinado), exclamaron: ‘No provoquen una sedición; no nos hagan la guerra; no destruyan la paz que existe. El honor del emperador no es sinónimo de deshonra a las leyes antiguas; que no les sirva de pretexto para insultar a nuestra nación. Tiberio no desea que se destruyan nuestras leyes ni costumbres. Y si ustedes mismos afirman que sí, muéstrennos alguna orden suya, alguna carta o algo similar, para que nosotros, que hemos sido enviados como embajadores, dejemos de molestarlos y podamos dirigir nuestras súplicas a su señor’. (302) "Pero esta última frase lo exasperó al máximo, pues temía que en realidad fueran a una embajada ante el emperador y lo acusaran de otros aspectos de su gobierno, como su corrupción, sus actos de insolencia, su rapiña, su hábito de insultar al pueblo, su crueldad, sus continuos asesinatos de personas sin juicio ni condena, y su incesante, gratuita y gravísima inhumanidad. (303) Por lo tanto, extremadamente enojado y siempre hombre de pasiones feroces, se encontraba en una gran perplejidad, sin atreverse a derribar lo que una vez había erigido,No deseando hacer nada aceptable para sus súbditos, y al mismo tiempo estando suficientemente familiarizado con la firmeza de Tiberio en estos puntos. Y los que estaban en el poder en nuestra nación, al ver esto y percibir que estaba inclinado a cambiar de opinión sobre lo que había hecho, pero que no quería que se pensara así, escribieron una carta muy suplicante a Tiberio. (304) Y él, al leerla, ¿qué dijo de Pilato y qué amenazas profirió contra él? Pero no es nuestro propósito ahora contarles lo furioso que estaba, aunque no era muy propenso a la ira repentina; ya que los hechos hablan por sí solos. (305) pues inmediatamente, sin dejar nada para el día siguiente, escribió una carta, reprochándole y vilipendiándolo con la mayor amargura por su acto de audacia y maldad sin precedentes, y ordenándole que desmantelara inmediatamente los escudos y los transportara desde la metrópoli de Judea a Cesarea, a orillas del mar que se había llamado Cesarea Augusta en honor a su abuelo, para que pudieran ser erigidos en el templo de Augusto. Y así fue como fueron erigidos en dicho edificio. De esta manera, proveyó a dos asuntos: tanto al honor debido al emperador como a la preservación de las antiguas costumbres de la ciudad.
XXXIX. (306) “Lo que se erigió en esa ocasión fueron escudos, en los que no había ninguna representación grabada de ser vivo. Pero ahora lo que se propone erigir es una estatua colosal. Además, la construcción se realizó en la casa del gobernador; pero dicen que lo que ahora se contempla será en lo más profundo del templo, en el mismísimo Lugar Santísimo, donde, una vez al año, el sumo sacerdote entra, en el día llamado el gran ayuno, para ofrecer incienso, y en ningún otro día, pues, de acuerdo con nuestra ley nacional, también ofrece oraciones por una provisión abundante y fértil de bendiciones, y por la paz de toda la humanidad. (307) Y si alguien más, no diré de los judíos, sino incluso de los sacerdotes, y no de los de menor rango, sino incluso de los que están en el rango siguiente al primero, debe ir (308) tan grandes son las precauciones tomadas por nuestro legislador con respecto al Santo de los Santos, que determinó preservarlo solo inaccesible e intocable para cualquier ser humano. ¿Cuántas muertes no supones entonces que el pueblo, a quien se le ha enseñado a considerar este lugar con tan santa reverencia, soportaría voluntariamente antes que ver una estatua incrustada en él? Creo firmemente que preferirían matar a toda su familia, con sus esposas e hijos, y a sí mismos por último, en las ruinas de sus casas y familias, y Tiberio lo sabía bien. (309) ¿Y qué hizo tu bisabuelo, el más excelente de todos los emperadores que han vivido sobre la tierra, el primero en recibir el título de Augusto por su virtud y buena fortuna; el que difundió la paz en todas direcciones, sobre la tierra y el mar, hasta los confines del mundo? (310) ¿No lo hizo, cuando escuchó el informe de las peculiares características de nuestro templo, y de que no hay en él ninguna imagen ni representación hecha por manos, ninguna semejanza visible de Él? Quien es invisible, sin intento alguno de imitar su naturaleza, ¿no se maravilló y honró, digo? Pues, como estaba imbuido de algo más que un simple conocimiento superficial de filosofía, pues se había deleitado con ella y continuaba deleitándose con ella a diario, en parte repasaba en su memoria todos los preceptos filosóficos que su mente había aprendido previamente, y en parte también mantenía viva su erudición gracias a la conversación de los literatos que siempre lo rodeaban; pues en sus banquetes y agasajos, dedicaba la mayor parte del tiempo a la conversación erudita.para que no sólo se nutrieran los cuerpos sino también las mentes de sus amigos.
XL. (311) «Y aunque podría establecer este hecho y demostrarles los sentimientos de Augusto, su bisabuelo, con abundantes pruebas, me contentaré con dos: en primer lugar, envió órdenes a todos los gobernadores de las diferentes provincias de Asia, al enterarse de que se descuidaban las primicias sagradas, ordenándoles que permitieran que solo los judíos se reunieran en las sinagogas, (312) porque estas asambleas no eran fiestas que, de la embriaguez y la intoxicación, derivaban en violencia, perturbando así la paz del país, sino que eran escuelas de templanza y justicia, pues quienes se reunían en ellas eran estudiosos de la virtud y contribuían con las primicias cada año, enviando comisionados para transportar las cosas santas al templo de Jerusalén. (313) »Y, En segundo lugar, ordenó que nadie obstaculizara a los judíos, ni en su camino a las sinagogas, ni al traer sus contribuciones, ni al proceder en obediencia a sus leyes nacionales a Jerusalén, pues estas cosas fueron expresamente ordenadas, si no con tantas palabras, al menos en efecto; (314) y adjunto una carta, para traer convicción a ustedes que son nuestros padres, lo que escribió Cayo Norbano Flaco, en la que detalla lo que le había sido escrito por César, y el encabezamiento de la carta es el siguiente: (315)-
CAYO NORBANO FLACCUS, PROCÓNSUL, A LOS GOBERNADORES DE LA
EFESIOS, SALUDO.
«César me ha escrito que los judíos, dondequiera que estén, suelen reunirse, siguiendo una antigua costumbre peculiar de su nación, para contribuir con dinero que envían a Jerusalén; y no quiere que se les impida hacerlo; por lo tanto, te he escrito para que sepas que ordeno que se les permita hacerlo». (316) «¿No es esta una prueba contundente, oh emperador, de la intención de César respecto a los honores que había adoptado para nuestro templo, al no considerar correcto que, debido a alguna regla general sobre reuniones, las asambleas de los judíos, que celebraban para ofrecer las primicias y otros fines piadosos, se reunieran en un solo lugar?» (317) «Hay también otra prueba, en ningún sentido inferior a esta, y que constituye la prueba más innegable de la voluntad de Augusto, pues ordenó que se ofrecieran sacrificios perfectos de holocaustos al Dios Altísimo todos los días, con sus propios ingresos, los cuales se realizan hasta la actualidad. Las víctimas son dos ovejas y un toro, con los que César honró el altar de Dios, sabiendo bien que no hay ninguna imagen erigida en el templo, ni a la vista ni en ningún lugar secreto. (318) Pero ese gran gobernante, que no era inferior a nadie en filosofía, consideró para sí mismo que es necesario en las cosas terrenales que se reserve un lugar sagrado especial para el Dios invisible, quien no permitirá que se haga ninguna representación visible de sí mismo, mediante la cual se llegue a participar de esperanzas favorables y al disfrute de bendiciones perfectas. (319) »Y tu abuela, Julia Augusta, siguiendo el ejemplo de tan gran guía en los caminos de la piedad, también adornó el templo con algunos frascos e incensarios de oro, y con una gran cantidad de otras ofrendas, de la más costosa y magnífica descripción; ¿y qué propósito tenía al hacer esto, si no hay ninguna estatua erigida dentro del templo? Pues las mentes de las mujeres son, en cierto grado, más débiles que las de los hombres, y no son tan capaces de comprender algo que solo es apreciable por el intelecto, sin ninguna ayuda de objetos dirigidos a los sentidos externos; (320) pero ella, así como superó a todas las de su sexo en otros aspectos, también fue superior a ellas en esto, en razón del puro conocimiento y la sabiduría que le habían sido inculcados, tanto por naturaleza como por el estudio; De modo que, teniendo un intelecto masculino, era tan aguda y profunda, que comprendía lo que es apreciable sólo por el intelecto, incluso más que aquellas cosas que son perceptibles por los sentidos externos,y consideraban a estos últimos sólo como sombras de los primeros.
XLI. (321) «Por lo tanto, oh señor, teniendo todos estos ejemplos estrechamente relacionados contigo y tu familia, de nuestros propósitos y costumbres, derivados de aquellos de quienes provienes, de quienes naciste y por quienes fuiste criado, te imploro que preserves esos principios que cada una de las personas que he mencionado preservó; (322) aquellos que poseían el poder imperial te exhortan, mediante sus leyes, a ti, el emperador; aquellos que fueron augustos te hablan a ti, que también eres Augusto; tus abuelos y antepasados hablan a sus descendientes; numerosas autoridades se dirigen a un individuo, casi diciendo, con palabras expresas: No destruyas las cosas en nuestros consejos que permanecen y que se han conservado como leyes permanentes hasta el día de hoy; porque incluso si no se produjera ningún daño de su abrogación, aun así, en todo caso, el resultado sería un sentimiento de incertidumbre respecto al futuro, y tal La incertidumbre está llena de temor, incluso para los más optimistas y confiados, si no son despreciadores de las cosas divinas. (323) »Si enumerara los beneficios que he recibido de tus manos, el día se me haría corto; además, no es apropiado que quien se ha propuesto hablar sobre un tema se desvíe a una digresión sobre otro. E incluso si callara, los hechos mismos hablan y emiten una voz clara. (324) Me liberaste cuando estaba atado con cadenas y hierros. ¿Quién lo ignora? Pero después de haberlo hecho, ¡oh emperador!, no me ates con lazos aún más amargos: pues las cadenas de las que me liberaste rodeaban una parte de mi cuerpo, pero las que ahora anticipo son las cadenas del alma, que probablemente la oprimirán por completo y en todas sus partes; (325) me quitaste el miedo a la muerte, que continuamente pendía sobre mi cabeza; me recibiste cuando estaba casi muerto de miedo; me resucitaste como si fuera de entre los muertos. Continúa tu favor, oh maestro, para que tu Agripa no se vea obligado a renunciar por completo a la vida; pues pareceré (si no lo haces) haber sido liberado de la esclavitud, no para ser salvado, sino para perecer de una manera más visible. (326) “Me has dado la herencia más grande y gloriosa entre la humanidad, el rango y el poder de un rey, primero sobre un distrito, luego sobre otro más importante, añadiendo a mi reino el distrito llamado Traconítide y Galilea. No, pues, ¡oh maestro!, después de haberme colmado de medios superfluos, me prives de lo realmente necesario. No, después de haberme elevado a la luz más brillante,Derríbame de nuevo de mi eminencia a la más profunda oscuridad. (327) Estoy dispuesto a descender de esta espléndida posición en la que me has colocado; no desapruebo volver a la condición en la que me encontraba hace poco; lo dejaré todo; considero todo menos importante que preservar inalteradas las antiguas costumbres y leyes de mi nación; pues si se violan, ¿qué podría decir, ni a mis compatriotas ni a ningún otro hombre? Se seguiría necesariamente que se me considerara una de dos cosas: o un traidor a mi pueblo, o alguien a quien ya no consideras amigo. ¿Y qué mayor miseria que cualquiera de estas dos cosas? (328) Pues si aún me cuentan entre tus amigos, seré acusado de traición contra mi nación si ni mi país se preserva de toda desgracia, ni siquiera el templo se conserva inviolable. Porque ustedes, grandes hombres, preserven la propiedad de sus compañeros y de quienes se refugian en su protección, bajo su esplendor y magnificencia imperiales. (329) Y si albergan alguna pena o aflicción secreta, no me encarcelen, como a Tiberio, sino líbrame de cualquier expectativa de ser encarcelado en el futuro; ordenen que me aparten de aquí de inmediato. ¿De qué me serviría vivir, si deposito todas mis esperanzas de seguridad y felicidad en su amistad y favor?pero líbrame de cualquier expectativa de ser encarcelado en el futuro; ordena que me quiten de en medio de inmediato. ¿De qué me serviría vivir, si deposito todas mis esperanzas de seguridad y felicidad en tu amistad y favor?pero líbrame de cualquier expectativa de ser encarcelado en el futuro; ordena que me quiten de en medio de inmediato. ¿De qué me serviría vivir, si deposito todas mis esperanzas de seguridad y felicidad en tu amistad y favor?
XLII. (330) Habiendo escrito esta carta y sellada, la envió a Gayo, y luego, encerrándose, permaneció en su propia casa, lleno de agonía, confusión, desorden y ansiedad, en cuanto a cuál era la mejor manera de acercarse y dirigirse al emperador; porque él y su pueblo habían corrido un peligro no menor, pero tenían motivos para temer la expulsión de su país, la esclavitud y la destrucción total, como inminentes no solo para los que vivían en la tierra santa, sino para todos los judíos en todas partes del mundo. (331) Pero el emperador, tras tomar la carta y leerla, y tras considerar cada sugerencia que contenía, se enfureció mucho porque sus intenciones no se habían llevado a cabo. Sin embargo, al mismo tiempo, se sintió conmovido por las apelaciones a su justicia y por las súplicas que le dirigían, y en algunos aspectos se sintió complacido con Agripa, y en otros lo culpó. (332) Lo culpó por su excesivo deseo de complacer a sus compatriotas, quienes eran los únicos hombres que se habían resistido a sus órdenes y se habían mostrado reacios a someterse a su deificación; pero lo elogió por no ocultar ni disimular ninguno de sus sentimientos, conducta que, según él, era prueba de una disposición liberal y noble. (333) Por lo tanto, algo apaciguado, al menos en apariencia, se dignó a responder con cierta amabilidad, concediendo a Agripa el mayor y más grande favor: el consentimiento para que no se erigiera su estatua; y ordenó que se escribieran cartas a Publio Petronio, gobernador de Siria, instándole a no permitir ninguna alteración ni innovación en el templo de los judíos. (334) Sin embargo, aunque le concedió el favor, no lo hizo sin ninguna mezcla, sino que lo mezcló con un profundo temor, pues añadió a la carta:
Si a algún pueblo de los países limítrofes, con excepción de la propia metrópoli, que desee erigir altares o templos, o incluso imágenes de estatuas, en mi honor y el de mi familia, se le impide hacerlo, le encargo que castigue de inmediato a quienes intenten impedírselo, o que los lleve ante el tribunal. (335) Esto no era más que el inicio de sediciones y guerras civiles, y una forma indirecta de anular el don que parecía estar concediendo. Pues algunos hombres, más por el deseo de mortificar a los judíos que por cualquier sentimiento de lealtad hacia Gayo, se inclinaban a llenar todo el país con erecciones de un tipo u otro. Pero quienes presenciaron la violación de sus costumbres nacionales practicada ante sus ojos, resolvieron, sobre todo, no soportar tal agravio sin resistencia. Pero Gayo, juzgando a quienes así se vieron incitados a la desobediencia como merecedores del castigo más severo posible, ordenó por segunda vez que se erigiera su estatua en el templo. (336) Pero por la providencia y el cuidado de Dios, quien todo lo contempla y todo lo gobierna con justicia, ninguna de las naciones vecinas hizo nada; de modo que no hubo motivo para que estas órdenes se llevaran a cabo, y estas calamidades inexorablemente designadas terminaron con solo un grado moderado de culpa. (337) ¿Qué ventaja se obtuvo, entonces?, dirá alguien; pues incluso cuando estaban tranquilos, Gayo no lo estaba; sino que ya se había arrepentido del favor que había mostrado a Agripa y había reavivado los deseos que había abrigado poco antes; porque mandó hacer en Roma otra estatua de tamaño colosal, de bronce dorado, que ya no se moviera de la que se había hecho en Sidón, para que el pueblo no se excitase por su movimiento, sino que, mientras permanecían tranquilos y se sentían liberados de sus sospechas, en un período de paz pudiera ser traída de repente al país en un barco y erigida de repente sin que la multitud se diera cuenta de lo que estaba sucediendo.
XLIII. (338) Y pretendía hacer esto durante su viaje por la costa durante el período que había asignado para su estancia en Egipto. Pues un deseo indescriptible ocupaba su mente de ver Alejandría, a la que ansiaba ir con toda la prisa imaginable, y una vez allí, pensaba quedarse un tiempo considerable, insistiendo en que la deificación que tanto ansiaba podría fácilmente originarse y llevarse a gran altura en esa ciudad por encima de todas las demás, y que luego sería un modelo para todas las demás ciudades de la adoración a la que tenía derecho, ya que era la más grande de todas las ciudades de Oriente y estaba construida en la mejor ubicación del mundo. Pues todos los hombres y naciones inferiores ansían imitar a los grandes hombres y a los grandes estados. (339) Además, Gayo era en otros aspectos un hombre en cuya naturaleza no había nada estable ni confiable, de modo que, incluso si hacía algo bueno o amable, se arrepentía rápidamente de ello, y de tal manera que pronto intentó anular lo que había hecho de tal manera que causó aún mayor aflicción y daño a aquellos a quienes había favorecido. (340) Por ejemplo, liberó a algunos prisioneros, y luego, sin ninguna razón, los arrojó a prisión por segunda vez, infligiéndoles una segunda calamidad más grave que la primera, a saber, la que fue causada por una desgracia inesperada. (341) Nuevamente, condenó al destierro a algunas personas que esperaban la sentencia de muerte; No porque fueran conscientes de haber cometido crímenes que merecieran la muerte, ni siquiera cualquier castigo, ni siquiera el más leve, sino por la inhumanidad desmedida de su amo, no esperaban escapar. Para estos hombres, el destierro era una auténtica ganancia, equivalente casi a una restauración, pues consideraban que habían escapado del mayor de los males: el peligro de muerte. (342) Pero no pasó mucho tiempo antes de que enviara soldados tras ellos, aunque no habían surgido nuevas circunstancias, y ejecutara simultáneamente a los más excelentes y nobles de los exiliados que vivían en las diferentes islas como si fueran sus propios países, y que soportaban sus desgracias con la mayor satisfacción, infligiendo así la mayor, más lastimosa e inesperada miseria a muchas de las familias más nobles de Roma. (343) Y si alguna vez daba a alguien una suma de dinero como regalo, la exigía de vuelta en algún momento futuro, no un simple préstamo sino que también exigía intereses e intereses compuestos, y a menudo trataba a las mismas personas que lo habían recibido de él como ladrones,y castigándolos con las penas más severas por haberlo robado; pues no se conformaba con que esos miserables hombres devolvieran lo que se les había dado, sino que también los obligaba a renunciar a todas las propiedades que habían heredado de sus padres, parientes o amigos, o que, habiendo elegido una vida de trabajo y ganancias, habían adquirido por sus propios recursos. (344) Y aquellos que parecían tener el mayor crédito con él, y que vivían con él en un círculo de placer, por así decirlo, con grandes apariencias de amistad y buena voluntad, fueron gravemente perjudicados por él, viéndose obligados a gastar grandes sumas en viajes irregulares, ilegales e imprevistos, y en entretenimientos; pues prodigaron propiedades enteras en la preparación de un solo banquete, de modo que se vieron obligados a recurrir a usureros, tan grande era su prodigalidad; (345) Por lo tanto, muchos hombres desaprobaban recibir cualquier favor de él, pensando no solo que no les traería ninguna ventaja, sino incluso que eran solo un cebo y una trampa para llevarlos a un sufrimiento intolerable. (346) Tan grande era, por lo tanto, su desigualdad de temperamento hacia todos, y muy especialmente hacia la nación de los judíos, a la que era fervientemente hostil, y en consecuencia, comenzando por Alejandría, les quitó todas sus sinagogas allí y en las otras ciudades, y las llenó de imágenes y estatuas de su propia imagen; pues, sin importarle ninguna otra erección de ningún tipo, erigió su propia estatua en todas partes por la fuerza. Y el gran templo de la ciudad santa, que permaneció intacto hasta el final, al ser considerado digno de todo respeto y preservación, lo alteró y transformó en un templo propio, para llamarlo el templo del nuevo Júpiter, el ilustre Gayo. (347) ¿Qué dices? ¿Acaso tú, que eres hombre, buscas apropiarte del aire y el cielo, sin contentarte con la vasta multitud de continentes, islas, naciones y países de los que gozas de soberanía? ¿Y no crees que ninguno de los dioses venerados en esa ciudad o por nuestro pueblo sea digno de ningún país, ciudad o incluso de ningún pequeño recinto que les haya sido consagrado en tiempos antiguos, y dedicado a ellos con oráculos e himnos sagrados, y pretendes privarlos de eso, para que en toda la vasta circunferencia del mundo no haya rastro visible ni memorial de ningún honor o culto piadoso rendido al verdadero Dios viviente? (348) En verdad, estás inspirando buenas esperanzas a la humanidad; ¿ignoras que estás abriendo las fuentes de males de todo tipo, innovando y cometiendo actos de audaz impiedad, como es perverso hacer e incluso pensar en ellos?(344) Y aquellos que parecían tener el mayor crédito con él, y que vivían con él en un círculo de placer, por así decirlo, con grandes apariencias de amistad y buena voluntad, fueron gravemente perjudicados por él, viéndose obligados a gastar grandes sumas en viajes irregulares, ilegales e inesperados, y en entretenimientos; pues prodigaron propiedades enteras en la preparación de un solo banquete, de modo que se vieron obligados a recurrir a usureros, tan grande era su prodigalidad; (345) Por lo tanto, muchos hombres desaprobaban recibir cualquier favor de él, pensando no solo que no les traería ninguna ventaja, sino incluso que eran solo un cebo y una trampa para llevarlos a un sufrimiento intolerable. (346) Tan grande era, por lo tanto, su desigualdad de temperamento hacia todos, y muy especialmente hacia la nación de los judíos, a la que era fervientemente hostil, y en consecuencia, comenzando por Alejandría, les quitó todas sus sinagogas allí y en las otras ciudades, y las llenó de imágenes y estatuas de su propia imagen; pues, sin importarle ninguna otra erección de ningún tipo, erigió su propia estatua en todas partes por la fuerza. Y el gran templo de la ciudad santa, que permaneció intacto hasta el final, al ser considerado digno de todo respeto y preservación, lo alteró y transformó en un templo propio, para llamarlo el templo del nuevo Júpiter, el ilustre Gayo. (347) ¿Qué dices? ¿Acaso tú, que eres hombre, buscas apropiarte del aire y el cielo, sin contentarte con la vasta multitud de continentes, islas, naciones y países de los que gozas de soberanía? ¿Y no crees que ninguno de los dioses venerados en esa ciudad o por nuestro pueblo sea digno de ningún país, ciudad o incluso de ningún pequeño recinto que les haya sido consagrado en tiempos antiguos, y dedicado a ellos con oráculos e himnos sagrados, y pretendes privarlos de eso, para que en toda la vasta circunferencia del mundo no haya rastro visible ni memorial de ningún honor o culto piadoso rendido al verdadero Dios viviente? (348) En verdad, estás inspirando buenas esperanzas a la humanidad; ¿ignoras que estás abriendo las fuentes de males de todo tipo, innovando y cometiendo actos de audaz impiedad, como es perverso hacer e incluso pensar en ellos?(344) Y aquellos que parecían tener el mayor crédito con él, y que vivían con él en un círculo de placer, por así decirlo, con grandes apariencias de amistad y buena voluntad, fueron gravemente perjudicados por él, viéndose obligados a gastar grandes sumas en viajes irregulares, ilegales e inesperados, y en entretenimientos; pues prodigaron propiedades enteras en la preparación de un solo banquete, de modo que se vieron obligados a recurrir a usureros, tan grande era su prodigalidad; (345) Por lo tanto, muchos hombres desaprobaban recibir cualquier favor de él, pensando no solo que no les traería ninguna ventaja, sino incluso que eran solo un cebo y una trampa para llevarlos a un sufrimiento intolerable. (346) Tan grande era, por lo tanto, su desigualdad de temperamento hacia todos, y muy especialmente hacia la nación de los judíos, a la que era fervientemente hostil, y en consecuencia, comenzando por Alejandría, les quitó todas sus sinagogas allí y en las otras ciudades, y las llenó de imágenes y estatuas de su propia imagen; pues, sin importarle ninguna otra erección de ningún tipo, erigió su propia estatua en todas partes por la fuerza. Y el gran templo de la ciudad santa, que permaneció intacto hasta el final, al ser considerado digno de todo respeto y preservación, lo alteró y transformó en un templo propio, para llamarlo el templo del nuevo Júpiter, el ilustre Gayo. (347) ¿Qué dices? ¿Acaso tú, que eres hombre, buscas apropiarte del aire y el cielo, sin contentarte con la vasta multitud de continentes, islas, naciones y países de los que gozas de soberanía? ¿Y no crees que ninguno de los dioses venerados en esa ciudad o por nuestro pueblo sea digno de ningún país, ciudad o incluso de ningún pequeño recinto que les haya sido consagrado en tiempos antiguos, y dedicado a ellos con oráculos e himnos sagrados, y pretendes privarlos de eso, para que en toda la vasta circunferencia del mundo no haya rastro visible ni memorial de ningún honor o culto piadoso rendido al verdadero Dios viviente? (348) En verdad, estás inspirando buenas esperanzas a la humanidad; ¿ignoras que estás abriendo las fuentes de males de todo tipo, innovando y cometiendo actos de audaz impiedad, como es perverso hacer e incluso pensar en ellos?Habiendo elegido una vida de trabajo y ganancias, habían adquirido sus propios recursos. (344) Y aquellos que parecían tener el mayor crédito con él, y que vivían con él en un círculo de placer, por así decirlo, con grandes apariencias de amistad y buena voluntad, fueron gravemente perjudicados por él, viéndose obligados a gastar grandes sumas en viajes irregulares, ilegales e imprevistos, y en entretenimientos; pues prodigaron propiedades enteras en la preparación de un solo banquete, de modo que se vieron obligados a recurrir a usureros, tan grande era su prodigalidad; (345) por lo tanto, muchos hombres desaprobaron recibir cualquier favor de él, pensando no solo que no era ventajoso, sino incluso que incluso eran solo un cebo y una trampa para conducirlos a un sufrimiento intolerable. (346) Tan grande era, por lo tanto, su desigualdad de temperamento hacia todos, y más especialmente hacia la nación de los judíos, a la que era fervientemente hostil, que, comenzando por Alejandría, les quitó todas las sinagogas de allí y de las demás ciudades, y las llenó de imágenes y estatuas de su propia imagen; pues, sin preocuparse por ninguna otra construcción, erigió su propia estatua por todas partes a la fuerza; y el gran templo de la ciudad santa, que permaneció intacto hasta el final, al ser considerado digno de todo respeto y conservación, lo alteró y lo transformó en un templo propio, para poder llamarlo el templo del nuevo Júpiter, el ilustre Gayo. (347) ¿Qué es esto que dices? ¿Tú, hombre, buscas apropiarte del aire y del cielo, insatisfecho con la inmensa multitud de continentes, islas, naciones y países que dominas? ¿Y no crees que ninguno de los dioses venerados en esa ciudad o por nuestro pueblo sea digno de ningún país, ciudad o incluso de ningún pequeño recinto que les haya sido consagrado en tiempos antiguos y dedicado con oráculos e himnos sagrados, y pretendes privarlos de ello, para que en toda la vasta circunferencia del mundo no quede rastro visible ni memorial de honor o piadoso culto rendido al verdadero Dios viviente? (348) En verdad, estás inspirando grandes esperanzas a la humanidad; ¿ignoras que estás abriendo las fuentes de males de todo tipo, innovando y cometiendo actos de audaz impiedad, actos que son perversos incluso si se los piensa?Habiendo elegido una vida de trabajo y ganancias, habían adquirido sus propios recursos. (344) Y aquellos que parecían tener el mayor crédito con él, y que vivían con él en un círculo de placer, por así decirlo, con grandes apariencias de amistad y buena voluntad, fueron gravemente perjudicados por él, viéndose obligados a gastar grandes sumas en viajes irregulares, ilegales e imprevistos, y en entretenimientos; pues prodigaron propiedades enteras en la preparación de un solo banquete, de modo que se vieron obligados a recurrir a usureros, tan grande era su prodigalidad; (345) por lo tanto, muchos hombres desaprobaron recibir cualquier favor de él, pensando no solo que no era ventajoso, sino incluso que incluso eran solo un cebo y una trampa para conducirlos a un sufrimiento intolerable. (346) Tan grande era, por lo tanto, su desigualdad de temperamento hacia todos, y más especialmente hacia la nación de los judíos, a la que era fervientemente hostil, que, comenzando por Alejandría, les quitó todas las sinagogas de allí y de las demás ciudades, y las llenó de imágenes y estatuas de su propia imagen; pues, sin preocuparse por ninguna otra construcción, erigió su propia estatua por todas partes a la fuerza; y el gran templo de la ciudad santa, que permaneció intacto hasta el final, al ser considerado digno de todo respeto y conservación, lo alteró y lo transformó en un templo propio, para poder llamarlo el templo del nuevo Júpiter, el ilustre Gayo. (347) ¿Qué es esto que dices? ¿Tú, hombre, buscas apropiarte del aire y del cielo, insatisfecho con la inmensa multitud de continentes, islas, naciones y países que dominas? ¿Y no crees que ninguno de los dioses venerados en esa ciudad o por nuestro pueblo sea digno de ningún país, ciudad o incluso de ningún pequeño recinto que les haya sido consagrado en tiempos antiguos y dedicado con oráculos e himnos sagrados, y pretendes privarlos de ello, para que en toda la vasta circunferencia del mundo no quede rastro visible ni memorial de honor o piadoso culto rendido al verdadero Dios viviente? (348) En verdad, estás inspirando grandes esperanzas a la humanidad; ¿ignoras que estás abriendo las fuentes de males de todo tipo, innovando y cometiendo actos de audaz impiedad, actos que son perversos incluso si se los piensa?Obligado a gastar grandes sumas en viajes irregulares, ilegales e imprevistos, y en entretenimientos; pues derrochaban propiedades enteras en la preparación de un solo banquete, de modo que se veían obligados a recurrir a usureros, tan grande era su prodigalidad; (345) por lo tanto, muchos hombres desaprobaban recibir cualquier favor de él, pensando no solo que no les servía de nada, sino incluso que eran solo un cebo y una trampa para llevarlos a un sufrimiento intolerable. (346) Tan grande era, por lo tanto, su desigualdad de temperamento hacia todos, y muy especialmente hacia la nación de los judíos, a la que era fervientemente hostil, y en consecuencia, comenzando por Alejandría, les quitó todas sus sinagogas allí y en las otras ciudades, y las llenó de imágenes y estatuas de su propia imagen. Pues, sin importarle ninguna otra construcción, erigió su propia estatua por todas partes por la fuerza; y el gran templo de la ciudad santa, que permaneció intacto hasta el final, al ser considerado digno de todo respeto y preservación, lo alteró y transformó en un templo propio, para llamarlo el templo del nuevo Júpiter, el ilustre Gayo. (347) ¿Qué dices? ¿Acaso tú, que eres hombre, buscas apropiarte del aire y el cielo, sin contentarte con la vasta multitud de continentes, islas, naciones y países de los que gozas de soberanía? ¿Y no crees que ninguno de los dioses venerados en esa ciudad o por nuestro pueblo sea digno de ningún país, ciudad o incluso de ningún pequeño recinto que les haya sido consagrado en tiempos antiguos, y dedicado a ellos con oráculos e himnos sagrados, y pretendes privarlos de eso, para que en toda la vasta circunferencia del mundo no haya rastro visible ni memorial de ningún honor o culto piadoso rendido al verdadero Dios viviente? (348) En verdad, estás inspirando buenas esperanzas a la humanidad; ¿ignoras que estás abriendo las fuentes de males de todo tipo, innovando y cometiendo actos de audaz impiedad, como es perverso hacer e incluso pensar en ellos?Obligado a gastar grandes sumas en viajes irregulares, ilegales e imprevistos, y en entretenimientos; pues derrochaban propiedades enteras en la preparación de un solo banquete, de modo que se veían obligados a recurrir a usureros, tan grande era su prodigalidad; (345) por lo tanto, muchos hombres desaprobaban recibir cualquier favor de él, pensando no solo que no les servía de nada, sino incluso que eran solo un cebo y una trampa para llevarlos a un sufrimiento intolerable. (346) Tan grande era, por lo tanto, su desigualdad de temperamento hacia todos, y muy especialmente hacia la nación de los judíos, a la que era fervientemente hostil, y en consecuencia, comenzando por Alejandría, les quitó todas sus sinagogas allí y en las otras ciudades, y las llenó de imágenes y estatuas de su propia imagen. Pues, sin importarle ninguna otra construcción, erigió su propia estatua por todas partes por la fuerza; y el gran templo de la ciudad santa, que permaneció intacto hasta el final, al ser considerado digno de todo respeto y preservación, lo alteró y transformó en un templo propio, para llamarlo el templo del nuevo Júpiter, el ilustre Gayo. (347) ¿Qué dices? ¿Acaso tú, que eres hombre, buscas apropiarte del aire y el cielo, sin contentarte con la vasta multitud de continentes, islas, naciones y países de los que gozas de soberanía? ¿Y no crees que ninguno de los dioses venerados en esa ciudad o por nuestro pueblo sea digno de ningún país, ciudad o incluso de ningún pequeño recinto que les haya sido consagrado en tiempos antiguos, y dedicado a ellos con oráculos e himnos sagrados, y pretendes privarlos de eso, para que en toda la vasta circunferencia del mundo no haya rastro visible ni memorial de ningún honor o culto piadoso rendido al verdadero Dios viviente? (348) En verdad, estás inspirando buenas esperanzas a la humanidad; ¿ignoras que estás abriendo las fuentes de males de todo tipo, innovando y cometiendo actos de audaz impiedad, como es perverso hacer e incluso pensar en ellos?Y muy especialmente hacia la nación judía, a la que era fervientemente hostil, y, en consecuencia, comenzando por Alejandría, les quitó todas sus sinagogas, tanto allí como en las demás ciudades, y las llenó de imágenes y estatuas de su propia imagen. Pues, sin importarle ninguna otra construcción, erigió su propia estatua por todas partes por la fuerza. Y el gran templo de la ciudad santa, que permaneció intacto hasta el final, al ser considerado digno de todo respeto y preservación, lo alteró y transformó en un templo propio, para llamarlo el templo del nuevo Júpiter, el ilustre Gayo. (347) ¿Qué es lo que dices? ¿Acaso tú, que eres hombre, buscas apropiarte del aire y el cielo, sin contentarte con la vasta multitud de continentes, islas, naciones y países de los que gozas de soberanía? ¿Y no crees que ninguno de los dioses venerados en esa ciudad o por nuestro pueblo sea digno de ningún país, ciudad o incluso de ningún pequeño recinto que les haya sido consagrado en tiempos antiguos, y dedicado a ellos con oráculos e himnos sagrados, y pretendes privarlos de eso, para que en toda la vasta circunferencia del mundo no haya rastro visible ni memorial de ningún honor o culto piadoso rendido al verdadero Dios viviente? (348) En verdad, estás inspirando buenas esperanzas a la humanidad; ¿ignoras que estás abriendo las fuentes de males de todo tipo, innovando y cometiendo actos de audaz impiedad, como es perverso hacer e incluso pensar en ellos?Y muy especialmente hacia la nación judía, a la que era fervientemente hostil, y, en consecuencia, comenzando por Alejandría, les quitó todas sus sinagogas, tanto allí como en las demás ciudades, y las llenó de imágenes y estatuas de su propia imagen. Pues, sin importarle ninguna otra construcción, erigió su propia estatua por todas partes por la fuerza. Y el gran templo de la ciudad santa, que permaneció intacto hasta el final, al ser considerado digno de todo respeto y preservación, lo alteró y transformó en un templo propio, para llamarlo el templo del nuevo Júpiter, el ilustre Gayo. (347) ¿Qué es lo que dices? ¿Acaso tú, que eres hombre, buscas apropiarte del aire y el cielo, sin contentarte con la vasta multitud de continentes, islas, naciones y países de los que gozas de soberanía? ¿Y no crees que ninguno de los dioses venerados en esa ciudad o por nuestro pueblo sea digno de ningún país, ciudad o incluso de ningún pequeño recinto que les haya sido consagrado en tiempos antiguos, y dedicado a ellos con oráculos e himnos sagrados, y pretendes privarlos de eso, para que en toda la vasta circunferencia del mundo no haya rastro visible ni memorial de ningún honor o culto piadoso rendido al verdadero Dios viviente? (348) En verdad, estás inspirando buenas esperanzas a la humanidad; ¿ignoras que estás abriendo las fuentes de males de todo tipo, innovando y cometiendo actos de audaz impiedad, como es perverso hacer e incluso pensar en ellos?¿Que en toda la vasta circunferencia del mundo no haya rastro visible ni memorial de honor o culto piadoso rendido al verdadero Dios viviente? (348) En verdad, estás inspirando buenas esperanzas a la humanidad; ¿ignoras que estás abriendo las fuentes de males de todo tipo, innovando y cometiendo actos de audaz impiedad, como es perverso hacerlo e incluso pensarlo?¿Que en toda la vasta circunferencia del mundo no haya rastro visible ni memorial de honor o culto piadoso rendido al verdadero Dios viviente? (348) En verdad, estás inspirando buenas esperanzas a la humanidad; ¿ignoras que estás abriendo las fuentes de males de todo tipo, innovando y cometiendo actos de audaz impiedad, como es perverso hacerlo e incluso pensarlo?
XLIV. (349) Vale la pena mencionar lo que vimos y oímos cuando nos llamaron para participar en una contienda sobre nuestra constitución nacional. En el momento en que entramos en presencia del emperador, percibimos, por su aspecto y su estado de agitación, que no nos encontrábamos ante un juez, sino ante un acusador, o mejor dicho, ante el enemigo declarado de aquellos a quienes consideraba contrarios a su voluntad. (350) Hubiera sido propio de un juez reunirse con asesores seleccionados por su virtud y erudición cuando se investigaba una cuestión de la mayor importancia que había permanecido latente durante cuatrocientos años y que ahora se planteaba por primera vez entre miríadas de judíos alejandrinos. Hubiera sido apropiado que las partes contendientes, con sus abogados, se colocaran a cada lado de él, y que él los escuchara a ambos por turno. Primero a la acusación y luego a la defensa, según un período medido por agua, [13] y luego, al retirarse, el juez debía deliberar con sus asesores sobre qué debía pronunciar públicamente como sentencia sobre la justicia del caso; pero lo que realmente se hizo se parecía más bien a la conducta de un tirano implacable, exhibiendo autoridad descontrolada, desagrado y orgullo. (351) Porque además de que no se comportó en particular de la manera que acabo de describir como apropiada, después de haber llamado a los administradores de dos jardines, el Mecenas y el Lamio, y están cerca uno del otro y cerca de la ciudad, en la que había pasado tres o cuatro días, pues ese era el lugar en el que este espectáculo teatral, destinado a la felicidad de toda una nación, se pretendía representar en nuestra presencia, ordenó que se abrieran todos los edificios exteriores para él, pues deseaba examinarlos todos minuciosamente; (352) pero nosotros, tan pronto como nos presentaron, en cuanto lo vimos, nos postramos con todo el respeto y adoración imaginables y lo saludamos llamándolo emperador Augusto. Él nos respondió con tanta amabilidad, cortesía y humanidad que no solo perdimos la esperanza de alcanzar nuestro objetivo, sino incluso de salvar nuestras vidas; (353) porque, dijo, «Ustedes odian a Dios, ya que no creen que yo sea un dios, a quien todas las demás naciones ya reconocen como tal, pero a quien ustedes niegan ese apelativo». Y entonces, alzando las manos al cielo, profirió una exclamación que era impío oír, mucho más lo sería repetirla literalmente. (354) E inmediatamente todos los embajadores de la parte opuesta se llenaron de toda alegría imaginable, pensando que su embajada ya había tenido éxito,a causa de las primeras palabras pronunciadas por Gayo, y entonces aplaudieron y bailaron de alegría, y lo llamaron por todos los títulos que se aplican a cualquiera de los dioses.
XLV. (355) Y mientras triunfaba con estos apelativos sobrehumanos, el adulador Isidoro, al ver su temperamento, dijo: «Oh, señor, odiarás con aún mayor vehemencia a estos hombres que tienes ante ti y a sus compatriotas, si te enteras de su desafección y deslealtad hacia ti; pues cuando todos los demás ofrecían sacrificios de acción de gracias por tu salvación, solo estos hombres se negaron a ofrecer sacrificio alguno; y cuando digo «estos hombres», me refiero a todos los demás judíos». (356) Y cuando todos clamamos al unísono: «Oh, Señor Gayo, se nos acusa falsamente; pues sacrificamos y ofrecimos hecatombes enteras, cuya sangre vertimos en una libación sobre el altar, y la carne no la llevamos a nuestras casas para celebrar un banquete, como es costumbre en algunos, sino que entregamos las víctimas enteras a la llama sagrada como holocausto. Y lo hemos hecho ya tres veces, y no solo una: la primera cuando heredaste el imperio, la segunda cuando te recuperaste de aquella terrible enfermedad que afligió a todo el mundo habitable al mismo tiempo, y la tercera vez sacrificamos con la esperanza de tu victoria sobre los germanos». (357) «Concedan», dijo él, «que todo esto sea cierto, y que ustedes sacrificaron; sin embargo, sacrificaron a otro dios y no por mí; y entonces, ¿qué bien me hicieron? Además, no sacrificaron por mí». Inmediatamente, un profundo escalofrío nos invadió al oír esta expresión., similar a lo que nos abrumó cuando llegamos por primera vez a su presencia. (358) Y mientras decía esto, entró en los edificios exteriores, examinando las habitaciones de los hombres y las de las mujeres, y las habitaciones de la planta baja, y todos los apartamentos de la planta alta, y culpando algunos puntos de su preparación como defectuosos, y planeando alteraciones y sugiriendo diseños, y dando órdenes él mismo para hacerlos más costosos (359) y luego nosotros, siendo empujados de esta manera, lo seguimos de arriba abajo por todo el lugar, siendo burlados y ridiculizados por nuestros adversarios como personas en una obra de teatro; porque de hecho todo el asunto era una especie de farsa: el juez asumió el papel de un acusador, y los acusadores el de un juez injusto, que mira a los acusados con un ojo de hostilidad y actúa de acuerdo con la naturaleza de la verdad. (360) Y cuando un juez investido de tan gran poder empieza a reprochar a quien lo juzga, es necesario guardar silencio; pues incluso es posible defenderse en silencio, especialmente para quienes no pueden responder a ninguno de los temas que él no investigaba ni deseaba comprender, puesto que nuestras leyes y costumbres nos restringían la lengua y nos cerraban la boca. (361) Pero tras dar algunas órdenes sobre los edificios, hizo una pregunta muy importante y solemne: “¿Por qué se abstienen de comer carne de cerdo?” Y entonces, ante esta pregunta, nuestros adversarios provocaron una risa tan violenta, en parte porque estaban realmente encantados, y en parte porque querían cortejar al emperador por adulación, y por lo tanto querían que pareciera que esta pregunta había sido dictada con ingenio y formulada con gracia, que algunos de los sirvientes que lo seguían se indignaron al parecer tratar al emperador con tan poco respeto, ya que no era seguro para sus amigos más íntimos sonreír siquiera ante sus palabras. (362) Y cuando respondimos que «cada nación tiene leyes diferentes, y hay algunas cosas cuyo uso está prohibido tanto para nosotros como para nuestros adversarios»; y cuando alguien dijo: «También hay mucha gente que no come carne de cordero, que es la más tierna de todas», se rió y dijo: «Tienen toda la razón, porque no es agradable». (363) Al ser objeto de bromas, burlas y ridiculizaciones de esta manera, quedamos en gran perplejidad; y finalmente dijo de manera rápida y perentoria: «Deseo saber qué principios de justicia reconocen con respecto a su constitución». (364) Y cuando comenzamos a responderle y a explicarlo, él,En cuanto probó nuestra defensa de los principios de justicia y percibió que nuestros argumentos no eran despreciables, antes de que pudiéramos presentar lo más importante, nos interrumpió, corrió e irrumpió en el edificio principal. En cuanto entró, ordenó que las ventanas circundantes se taparan con guijarros transparentes, muy parecidos al cristal blanco, que no obstruyen la luz, pero sí el viento y el calor del sol. (365) Luego, con más calma, preguntó en un tono más moderado: “¿Qué dicen?”. Y cuando empezamos a relacionar nuestra respuesta con lo que habíamos dicho antes, siguió corriendo y entró en otra casa, donde había ordenado colocar unos cuadros antiguos y admirables. (366) Pero cuando nuestras súplicas en favor de la justicia fueron así interrumpidas, interrumpidas y casi aplastadas, nosotros, cansados y exhaustos, sin fuerzas, esperando solo la muerte, no pudimos mantener nuestros corazones como estaban. En nuestra agonía, nos refugiamos en súplicas al único Dios verdadero, rogándole que calmara la ira de este falsamente llamado dios. (367) Y él se compadeció de nosotros y se compadeció. Y, apaciguándose, simplemente dijo: «Estos hombres no me parecen malvados, sino desafortunados e insensatos, por no creer que he sido dotado con la naturaleza de Dios». Así que nos despidió y nos ordenó partir.Rogándole que calmara la ira de este falsamente llamado dios. (367) Y se compadeció de nosotros y sintió compasión. Y, tranquilizado, simplemente dijo: «Estos hombres no me parecen tan malvados como desafortunados e insensatos, al no creer que he sido dotado con la naturaleza de Dios». Así que nos despidió y nos ordenó partir.Rogándole que calmara la ira de este falsamente llamado dios. (367) Y se compadeció de nosotros y sintió compasión. Y, tranquilizado, simplemente dijo: «Estos hombres no me parecen tan malvados como desafortunados e insensatos, al no creer que he sido dotado con la naturaleza de Dios». Así que nos despidió y nos ordenó partir.
XLVI. (368) Habiendo escapado entonces de lo que era más un teatro y una prisión que un tribunal de justicia (pues como en un teatro, había un gran ruido de gente silbando, gimiendo y ridiculizándonos de manera extravagante, y como en una prisión, hubo muchos golpes en nuestros cuerpos, y torturas, y cosas para agitar nuestras almas por las blasfemias que los que nos rodeaban proferían contra la Deidad, y las amenazas que proferían contra nosotros mismos, y que el propio emperador profería con tanta vehemencia, indignado con nosotros no por nadie más, pues en ese caso pronto se habría apaciguado, sino por sí mismo y su gran deseo de ser declarado dios, en cuyo deseo consideraba que los judíos eran el único pueblo que no se sometía y que no podía suscribirse), (369) finalmente Recuperamos el aliento, no porque temiéramos la muerte por un vil anhelo de vida, pues habríamos aceptado con alegría la muerte como inmortalidad si nuestras leyes y costumbres se hubieran podido establecer por tales medios, sino porque sabíamos que seríamos destruidos con gran ignominia, sin que por tales medios se lograra ningún objetivo deseable, pues cualquier insulto al que se sometan los embajadores siempre se atribuye a quienes los enviaron. (370) Gracias a estas consideraciones pudimos mantener la calma por un tiempo, pero hubo otras circunstancias que nos aterrorizaron y nos mantuvieron en gran perplejidad y angustia al escuchar lo que el emperador decidiría, lo que pronunciaría y la sentencia que finalmente dictaría; pues escuchó el tenor general de nuestros argumentos, aunque desdeñó prestar atención a algunos de nuestros hechos. Pero ¿no sería terrible para los intereses de todos los judíos del mundo entero verse sumidos en la confusión por el trato al que fuimos expuestos nosotros, sus cinco embajadores? (371) Porque si nos entregara a nuestros enemigos, ¿qué otra ciudad podría gozar de tranquilidad? ¿Qué ciudad habría cuyos ciudadanos no atacarían a los judíos que viven en ella? ¿Qué sinagoga quedaría indemne? ¿Qué estado no quebrantaría todo principio de justicia con respecto a aquellos de sus compatriotas que se opusieron a las leyes y costumbres nacionales de los judíos? Serán derrocados, naufragarán, serán enviados al abismo, con todas las leyes particulares de la nación, y también las que son comunes a todos y de acuerdo con los principios de justicia reconocidos en cada ciudad. (372) Nosotros, entonces, abrumados por la aflicción,En nuestra miseria, nos confundíamos con razonamientos como estos; pues incluso aquellos que hasta entonces parecían cooperar con nosotros estaban cansados de apoyarnos. Por lo tanto, cuando los llamamos, estando dentro, no se quedaron, sino que salieron en secreto con miedo, conscientes del deseo del emperador de ser considerado Dios. (373) Hemos relatado de forma concisa y sumaria la causa del odio de Gayo a toda la nación judía; ahora debemos proceder a presentarle nuestra palinodia.[14]
parece haber cierta corrupción en el texto aquí. ↩︎
Se decía que la edad de oro existió durante el reinado de Saturno sobre la Tierra. Lo mismo ocurría con Tibulo y Virgilio. ↩︎
así dice Virgilio, Aen. 4.174. ↩︎
Calígula era hijo de Germánico y Agripina. ↩︎
El pasaje de Homero se encuentra en Odisea 4.363. Virgilio, Georg. 4.410, lo imita de forma más concisa, haciendo que Cirene le diga a Aristeo (traducido así por Pope): «Instantáneamente se viste, esquivo de la violación, / la fuerza mímica de cada forma salvaje: / o se desliza con lapso líquido como un arroyo murmurante, / o envuelto en llamas, resplandece en cada miembro. / Pero aún retentivo, con redoblado poder / a través de cada vana forma pasiva constriñe su huida. / Pero cuando, recuperada su forma original, se yergue / paciente de la conquista, y tu causa exige; / declara la causa que impulsó el audaz intento, / y apacigua a los vencidos con la plegaria de un vencedor. / Distendidas las ataduras, imploran al vidente que diga / qué divinidad prohíbe el camino acuático». ↩︎
es decir, de herme—neuo—, «interpretar». ↩︎
este es uno de los atributos de Apolo de los que se jacta ante Dafne, Met. l. 461 (según la traducción de Dryden): «La medicina es mía; qué hierbas y plantas crecen / en campos y bosques, todos sus poderes conozco, / y soy el gran médico llamado abajo. / ¡Ay!, que los campos y los bosques no pueden ofrecer / remedios para curar a su señor enamorado. / Para curar los dolores del amor ninguna planta sirve, / y su propia medicina el médico falla». ↩︎
la palabra griega es are—gein, de la que Filón supone que se deriva Are—s, el nombre griego de Marte. ↩︎
Aquí alude a la guerra entre César y Pompeyo. Pompeyo había sido gobernador de Siria, y Virgilio habla de él confiando en sus fuerzas orientales, Aen. 6.832 (traducido por Dryden): «La pareja que ves brillar con la misma armadura, / ahora, amigos allá abajo, se unen en estrechos abrazos; / pero cuando abandonen los sombríos reinos de la noche, / y revestidos de cuerpos exhalen tu luz superior, / con odio mortal se perseguirán mutuamente, / qué guerras, qué heridas, qué matanzas sobrevendrán. / Desde las alturas alpinas desciende primero el padre, / el esposo de su hija en la llanura asiste, / el esposo de su hija arma a sus amigos orientales». ↩︎
Le atribuye a Augusto un honor que no le corresponde. Fue Pompeyo quien limpió el mar de piratas. ↩︎
Hom. Él. 2:204. ↩︎
parece haber cierta corrupción en el texto aquí. ↩︎
El tiempo asignado a los discursos de los abogados en los tribunales de justicia atenienses se medía con un reloj de agua, la klepsydra, algo así como nuestro reloj de arena. ↩︎
La edición de Yonge inserta un tratado aparte, no encontrado en Cohn-Wendland (Loeb), titulado «Sobre el mundo». En una nota, Yonge afirma que es prácticamente idéntico al tratado de Loeb «Sobre la eternidad del mundo» (titulado también «Sobre la incorruptibilidad del mundo»). Este tratado se ha incluido en un apéndice de este volumen. ↩︎