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¡Ay! La esterilidad de la época aún no ha llegado a su límite. Todos los hombres irradian felicidad, como si disfrutaran de un gran festín, como si estuvieran encaramados a una torre en primavera. Solo yo estoy quieto, y aún no doy señales de alegría. Soy como un niño que aún no ha sonreído, desamparado como quien no tiene dónde reposar la cabeza. Otros hombres tienen abundancia, mientras que solo yo parezco haberlo perdido todo. Soy un hombre necio de corazón, apagado y confuso. Otros hombres están llenos de luz; solo yo parezco estar en la oscuridad. Otros hombres están alerta; solo yo estoy apático. Soy inquieto como el océano, a la deriva como si no tuviera dónde detenerme. Todos los hombres tienen su utilidad; solo yo soy estúpido y bufón. Aunque solitario y a diferencia de otros hombres, venero a la Madre Nodriza, Tao.
Mis palabras son muy fáciles de entender, muy fáciles de poner en práctica; sin embargo, el mundo no puede entenderlas ni practicarlas.
Mis palabras tienen una pista, mis acciones tienen un principio subyacente. Es porque los hombres no conocen la pista que no me entienden.
Son pocos los que me conocen y por eso mi honor es mayor.
Así, el Sabio viste ropas toscas, pero lleva una joya en su pecho.
EL FIN