Si eres sabio, no te quedarás rezagado. Esta historia la contó el Maestro en Jetavana sobre Anātha-piṇḍika. Pues oímos que Anātha-piṇḍika regresaba de la aldea de la que era jefe cuando vio ladrones en el camino. «No conviene perder el tiempo», pensó; «debo apresurarme a Sāvatthi». Así que azuzó a sus bueyes para que se apresuraran [413] y llegó sano y salvo a Sāvatthi. Al día siguiente fue al monasterio y le contó al Maestro lo que le había sucedido. «Señor», dijo el Maestro, «también en otras épocas los sabios y buenos veían ladrones en el camino y corrían sin demora a sus hogares». Entonces, a petición del comerciante, contó esta historia del pasado.
En una ocasión, cuando Brahmadatta reinaba en Benarés, el Bodhisatta era un rico comerciante que había ido a una aldea a cobrar sus deudas y se dirigía a casa cuando vio ladrones en el camino. De inmediato azuzó a sus bueyes y llegó sano y salvo a casa. Y sentado en su lecho de honor tras una copiosa comida, exclamó: «He escapado de los ladrones y he llegado a mi casa, donde no hay miedo». Y en agradecimiento, pronunció esta estrofa:
Si eres sabio, no te quedarás entre los enemigos;
Una o dos noches con alguien así traen miserias.
Así, desde la plenitud de su corazón, habló el Bodhisatta, y después de una vida de caridad y otras buenas obras, falleció para vivir de acuerdo a sus merecimientos.
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Su relato terminó, el Maestro identificó el Nacimiento diciendo: «Yo era el comerciante de Benarés de aquellos días».