Oración. Que la oración preparatoria sea la habitual.
Primer Preludio. El primer Preludio es una composición, considerando el lugar: será aquí donde se podrán ver, con la vista de la imaginación, las sinagogas, [1] pueblos y ciudades por donde predicó Cristo nuestro Señor.
Segundo Preludio. El segundo, para pedir la gracia que deseo: será aquí para pedirle la gracia a nuestro Señor para que no sea sordo a su llamado, sino dispuesto y diligente a cumplir su Santísima Voluntad.
Primer punto. El primer punto es poner ante mí un rey humano elegido por Dios nuestro Señor, a quien todos los príncipes y hombres cristianos reverencian y obedecen.
Segundo punto. El segundo, observar cómo este rey habla a todo su pueblo, diciendo: «Es mi voluntad conquistar toda la tierra de los incrédulos. Por lo tanto, quien quiera venir conmigo, que se contente con comer como yo, beber y vestirse, etc., como yo; asimismo, que trabaje como yo [2] de día y vigile de noche, etc., para que después pueda participar conmigo en la victoria, como lo ha hecho en las labores».
Tercer punto. El tercero, considerar qué deben responder los buenos súbditos a un rey tan liberal y bondadoso, y, por lo tanto, si alguno no aceptara la petición de tal rey, cuán merecedor sería de ser censurado por todo el mundo y considerado un caballero mezquino.
La segunda parte de este Ejercicio consiste en aplicar la susodicha parábola del Rey temporal a Cristo nuestro Señor, conforme a los tres puntos dichos.
Primer Punto. Y en cuanto al primer Punto, si consideramos tal llamado del Rey temporal a sus súbditos, cuánto más digno de consideración es ver a Cristo nuestro Señor, Rey eterno, y ante Él a todo el mundo entero, al cual llama, y a cada uno en particular, y dice: «Es mi voluntad vencer al mundo entero y a todos los enemigos, y así entrar en la gloria de mi Padre; por tanto, quien quiera venir conmigo, que trabaje conmigo, para que, siguiéndome en el dolor, pueda también seguirme en la gloria».
Segundo punto. El segundo, considerar que todos aquellos con criterio y razón se entregarán por completo a la labor.
Tercer Punto. El tercero, quienes deseen ser más devotos y destacarse en todo servicio a su Rey Eterno y Señor universal, no solo ofrecerán su persona para la labor, sino que, incluso, actuando en contra de su propia sensualidad y de su amor carnal y mundano, harán ofrendas de mayor valor e importancia, diciendo:
Eterno Señor de todas las cosas, hago mi oblación con tu favor y ayuda, en presencia de tu infinita bondad y en presencia de tu gloriosa Madre y de todos los santos de la corte celestial; quiero y deseo, y es mi deliberada determinación, si solo fuera para tu mayor servicio y alabanza, imitarte en soportar todas las injurias y todo abuso y toda pobreza de espíritu, y también pobreza actual, si tu Santísima Majestad quiere elegirme y recibirme en tal vida y estado.
Primera Nota. Este Ejercicio se realizará dos veces al día: por la mañana al levantarse y una hora antes de la comida o antes de la cena.
Segunda Nota. Para la Segunda Semana y las siguientes, es muy útil leer a intervalos los libros de la Imitación de Cristo, o de los Evangelios, y de las vidas de los santos.
Oración. La oración preparatoria habitual.
Primer Preludio. El primer Preludio es presentar la narrativa del asunto que debo contemplar.
He aquí cómo las Tres Divinas Personas miraron toda la llanura o circuito de todo el mundo, lleno de hombres, y cómo, viendo que todos bajaban al infierno, se determinó en su eternidad, [3] que la Segunda Persona se haría hombre para salvar al género humano, y así, venida la plenitud de los tiempos, [4] enviaron al ángel San Gabriel a Nuestra Señora (p. 133).
Segundo Preludio. El segundo, una composición, considerando el lugar: aquí se verá la gran amplitud y amplitud del mundo, donde habitan tantas y tan diversas personas. Luego, también, en particular, la casa y las habitaciones de Nuestra Señora en la ciudad de Nazaret, en la provincia de Galilea.
Tercer Preludio. El tercero, pedir lo que quiero: será pedir el conocimiento interior del Señor, quien por mí se hizo hombre, para que pueda amarlo y seguirlo más.
Nota. Es bueno notar aquí que esta misma Oración Preparatoria, sin cambiarla, como se dijo al principio, y los mismos tres Preludios, se deben hacer en esta Semana y en las siguientes, cambiando la forma según el tema.
Primer Punto. El primer punto es ver a las diversas personas, y primero a las que habitan la superficie de la tierra, en tal variedad, tanto en vestimenta como en acciones: unas blancas y otras negras; unas en paz y otras en guerra; unas llorando y otras riendo; unas sanas, otras enfermas; unas naciendo y otras muriendo, etc.
3. Ver a Nuestra Señora y al Ángel que la saluda, y reflexionar para sacar provecho de tal visión.
Segundo Punto. El segundo, escuchar lo que dicen las personas sobre la faz de la tierra, es decir, cómo hablan entre sí, cómo juran y blasfeman, etc.; y asimismo lo que dicen las Personas Divinas, es decir: «Obremos la redención de la raza humana», etc.; y luego lo que dicen el Ángel y Nuestra Señora; y reflexionar entonces para sacar provecho de sus palabras.
Tercer Punto. El tercero, observar entonces lo que hacen las personas sobre la faz de la tierra, como, por ejemplo, matar, ir al infierno, etc.; asimismo, lo que hacen las Personas Divinas, es decir, realizar la Santísima Encarnación, etc.; y asimismo, lo que hacen el Ángel y Nuestra Señora, es decir, el Ángel cumpliendo su deber como embajador, y Nuestra Señora humillándose y dando gracias a la Divina Majestad; y luego reflexionar para sacar algún provecho de cada una de estas cosas.
Coloquio. Al final se realizará un coloquio, pensando qué debo decir a las Tres Divinas Personas, o al Verbo Eterno encarnado, o a nuestra Madre y Señora, pidiendo según lo que siento en mí, para seguir e imitar más a Nuestro Señor, recientemente encarnado.
Diré un PADRE NUESTRO.
Oración. La oración preparatoria habitual.
Primer Preludio. El primer Preludio es la narración, y se tratará aquí de cómo Nuestra Señora salió de Nazaret, con un embarazo de unos nueve meses, como se puede meditar piadosamente, [5] montada en un asno, acompañada por José y una criada, llevando un buey, para ir a Belén a pagar el tributo que César impuso a todas aquellas tierras (p. 135).
Segundo Preludio. El segundo, una composición, contemplando el lugar. Consistirá en ver con la imaginación el camino de Nazaret a Belén; considerando su longitud y anchura, y si dicho camino es llano, atraviesa valles o sube colinas; asimismo, observando el lugar o la cueva de la Natividad, [6] cuán grande, cuán pequeño, cuán bajo, cuán alto, y cómo fue preparado.
Tercer Preludio. El tercero será el mismo y en la misma forma que la Contemplación precedente.
Primer Punto. El primer punto es ver a las personas; es decir, ver a Nuestra Señora, a José, a la doncella y, después de su nacimiento, al Niño Jesús, haciéndome pobre criatura y miserable esclavo indigno, mirándolos y ayudándolos en sus necesidades, con todo el respeto y reverencia posibles, como si estuviera presente; y luego reflexionar sobre mí mismo para sacar algún provecho.
Segundo punto. El segundo, observar, observar y contemplar lo que dicen y, reflexionando sobre mí mismo, sacar algún provecho.
Tercer punto. El tercero, observar y considerar lo que hacen, como si emprendieran un viaje y trabajaran para que el Señor naciera en la mayor pobreza; y como si fuera el fin de tantos trabajos —de hambre, de sed, de calor y de frío, de injurias y afrentas— para que muera en la cruz; y todo esto por mí; reflexionando luego, para obtener algún provecho espiritual.
Coloquio. Terminaré con un Coloquio como en la Contemplación precedente, y con un PADRE NUESTRO.
Después de la Oración Preparatoria y los tres Preludios, se hará la repetición del primer y segundo Ejercicio, anotando siempre algunas partes principales más, donde la persona haya sentido algún conocimiento, consuelo o desolación, haciendo asimismo un Coloquio al fin, y diciendo un PADRE NUESTRO.
En esta repetición y en todas las siguientes se tomará el mismo orden de proceder que en las repeticiones de la Primera Semana, cambiando la materia y conservando la forma.
De la misma forma que se hizo en la repetición antes mencionada.
Oración. Tras la Oración Preparatoria y los tres Preludios, conviene pasar los cinco sentidos de la imaginación a través de la primera y la segunda Contemplación, de la siguiente manera:
Primer Punto. El primer punto es ver a las personas con la imaginación, meditando y contemplando particularmente sus detalles y extrayendo algún provecho de la visión.
Segundo punto. El segundo, escuchar con el oído lo que están, o podrían estar, diciendo y, reflexionando sobre uno mismo, sacar provecho de ello.
Tercer Punto. El tercero, oler y gustar con el olfato y el gusto la infinita fragancia y dulzura de la Divinidad, del alma, de sus virtudes y de todo, según la persona que se contempla; reflexionando sobre uno mismo y sacando provecho de ello.
Cuarto punto. El cuarto, tocar con el tacto, como por ejemplo, abrazar y besar los lugares donde dichas personas ponen los pies y se sientan, procurando siempre sacar provecho de ello.
Coloquio. Hay que terminar con un Coloquio como en la primera y segunda Contemplación, y con un PADRE NUESTRO.
Primera Nota. La primera nota es señalar que, para esta y las siguientes semanas, solo tengo que leer el Misterio de la Contemplación que debo hacer inmediatamente, de modo que en ningún momento lea ningún Misterio que no deba hacer ese día o a esa hora, para que la consideración de un Misterio no obstaculice la consideración del otro.
Segunda Nota. Segunda: El primer Ejercicio, sobre la Encarnación, se realizará a medianoche; el segundo al amanecer; el tercero a la hora de la Misa; el cuarto a la hora de Vísperas y el quinto antes de la hora de la cena, con una duración de una hora en cada uno de los cinco Ejercicios; y el mismo orden se seguirá en todos los siguientes.
Tercera Nota. La tercera: Cabe destacar que si quien realiza los Ejercicios es mayor o débil, o si bien fuerte, se ha debilitado de alguna manera desde la Primera Semana, es mejor que en esta Segunda Semana, al menos algunas veces, sin levantarse a medianoche, haga una Contemplación por la mañana, otra a la hora de la Misa, otra antes de la cena, una repetición de las mismas a la hora de las Vísperas y luego la Aplicación de los Sentidos antes de cenar.
Cuarta Nota. La cuarta: En esta Segunda Semana, de las diez Adiciones que se mencionaron en la Primera Semana, la segunda, la sexta, la séptima y, en parte, la décima deben cambiarse.
En el segundo será, inmediatamente al despertar, poner delante de mí la contemplación que debo hacer, deseando conocer más al Verbo Eterno encarnado, para servirle y seguirle más.
La sexta será traer frecuentemente a la memoria la Vida y Misterios de Cristo nuestro Señor, desde su Encarnación hasta el lugar o Misterio que estoy contemplando.
La séptima será, que se debe procurar mantener la oscuridad o la luz, aprovechando el buen o mal tiempo, según se crea que le puede aprovechar y ayudar a encontrar lo que desea la persona que se ejercita.
Y en la décima adición, el que se ejercita debe ordenarse según los misterios que contempla; porque unos piden penitencia y otros no.
Las diez adiciones, pues, deben hacerse con mucho cuidado.
Quinta Nota. La quinta nota: En todos los Ejercicios, excepto en el de medianoche y en el de la mañana, el equivalente de la segunda Adición se tomará de la siguiente manera: — Inmediatamente después de recordar que es la hora del Ejercicio que debo realizar, antes de partir, considerando adónde voy y ante Quién, y resumiendo brevemente el Ejercicio que debo realizar, y luego haciendo la tercera Adición, entraré en el Ejercicio.
Segundo Día. Para la primera y la segunda Contemplación, se tomarán la Presentación en el Templo (pág. 137) y la Huida a Egipto como exilio (pág. 138). En estas dos Contemplaciones se harán dos repeticiones y la Aplicación de los Cinco Sentidos, de la misma manera que el día anterior.
Nota. A veces, aunque quien se ejercita esté fuerte y dispuesto, conviene hacer un cambio, desde este segundo día hasta el cuarto inclusive, para encontrar mejor lo que desea, tomando solo una Contemplación al amanecer y otra a la hora de la Misa, y repitiéndolas a la hora de Vísperas y aplicando los sentidos antes de la cena.
Tercer día. Cómo el Niño Jesús obedeció a sus padres en Nazaret (pág. 139), y cómo después lo encontraron en el Templo (pág. 140), y cómo hacer las dos repeticiones y aplicar los cinco sentidos.
Primer Preámbulo. Considerando ahora el ejemplo que Cristo nuestro Señor, obedeciendo a sus padres, nos dio para el primer estado —que consiste en la observancia de los Mandamientos—, y también para el segundo —que es el de la perfección evangélica—, cuando permaneció en el Templo, dejando a su padre adoptivo y a su madre natural para dedicarse al puro servicio de su Padre eterno, comenzaremos, al mismo tiempo que contemplamos su vida, a investigar y preguntarnos en qué vida o estado desea Su Divina Majestad que le sirvamos.
Y así, para alguna introducción de ello, veremos en el primer Ejercicio siguiente la intención de Cristo nuestro Señor, y, por el contrario, la del enemigo de la naturaleza humana, y cómo debemos disponernos para llegar a la perfección en cualquier estado de vida que Dios nuestro Señor nos diera a escoger.
Uno de Cristo, nuestro Comandante en jefe y Señor; el otro de Lucifer, enemigo mortal de nuestra naturaleza humana.
Oración. La oración preparatoria habitual.
Primer Preludio. El Primer Preludio es la narrativa. Aquí será cómo Cristo llama y quiere que todos estén bajo su estandarte; y Lucifer, por el contrario, bajo el suyo.
Segundo Preludio. El segundo, una composición, contemplando el lugar. Será aquí para ver un gran campo de toda esa región de Jerusalén, donde el Comandante en jefe supremo del bien es Cristo nuestro Señor; otro campo en la región de Babilonia, donde el jefe del enemigo es Lucifer.
Tercer Preludio. El tercero, pedir lo que quiero: y será aquí pedir conocimiento de los engaños del mal jefe y ayuda para protegerme de ellos, y conocimiento de la verdadera vida que muestra el supremo y verdadero Capitán, y gracia para imitarlo.
Primer punto. El primer punto es imaginar como si el jefe de todos los enemigos estuviera sentado en ese gran campo de Babilonia, como en una gran silla de fuego y humo, de forma horrible y aterradora.
Segundo punto. El segundo, considerar cómo convoca a innumerables demonios y cómo los dispersa, unos a una ciudad y otros a otra, y así por todo el mundo, sin omitir provincias, lugares, estados ni personas en particular.
Tercer Punto. El tercero, considerar el discurso que les dirige y cómo les dice que se liberen de las redes y las cadenas; que primero deben tentar con el anhelo de riquezas —como suele hacer en la mayoría de los casos [7]— para que los hombres lleguen más fácilmente al vano honor del mundo y luego al orgullo desmedido. De modo que el primer paso será el de las riquezas; el segundo, el del honor; el tercero, el del orgullo; y de estos tres pasos deriva a todos los demás vicios.
Así que, por el contrario, hay que imaginarse cuál es el Capitán supremo y verdadero, quién es Cristo nuestro Señor.
Primer Punto. El primer punto es considerar cómo Cristo nuestro Señor se sitúa en un gran campo de aquella región de Jerusalén, en un lugar humilde, hermoso y atractivo.
Segundo punto. El segundo, considerar cómo el Señor del mundo entero elige a tantas personas —apóstoles, discípulos, etc.— y las envía por todo el mundo difundiendo su sagrada doctrina en todas las condiciones y estados de las personas.
Tercer punto. El tercero, considerar el discurso que Cristo nuestro Señor dirige a todos sus siervos y amigos que envía en esta expedición, recomendándoles que deseen ayudar a todos, llevándolos primero a la más alta pobreza espiritual, y —si Su Divina Majestad quisiera servirlos y los eligiera— no menos a la pobreza real; el segundo, ser respetuosos con la contumelia y el desprecio, porque de estas dos cosas se sigue la humildad. Así que hay tres pasos: el primero, la pobreza contra la riqueza; el segundo, la contumelia o desprecio contra el honor mundano; el tercero, la humildad contra el orgullo. Y de estos tres pasos, que los induzcan a todas las demás virtudes.
Primer Coloquio. Un Coloquio a Nuestra Señora, para que me conceda la gracia de su Hijo y Señor para ser recibido bajo su bandera; primero, en la más alta pobreza espiritual, y —si Su Divina Majestad quisiera ser servido y quisiera elegirme y recibirme— no menos en la pobreza real; segundo, en sufrir contumelias e injurias, para imitarlo más en ellas, si tan solo puedo sufrirlas sin pecado de persona alguna ni disgusto de Su Divina Majestad; y con esto, un Ave María.
Segundo Coloquio. Pediré lo mismo al Hijo, para que me lo consiga del Padre; y con esto diré: ALMA DE CRISTO.
Tercer Coloquio. Pediré lo mismo al Padre, para que me lo conceda; y diré un Padrenuestro.
Nota. Este Ejercicio se realizará a medianoche y luego una segunda vez por la mañana, y se repetirá dos veces a la hora de la Misa y a la hora de Vísperas, terminando siempre con los tres Coloquios: a Nuestra Señora, al Hijo y al Padre; y el siguiente sobre los Pares, antes de la cena.
Oración. La oración preparatoria habitual.
Primer Preludio. El primer Preludio es la narración de tres parejas de hombres, cada uno de los cuales ha adquirido diez mil ducados, no solo ni como debían [8] por amor a Dios, y todos desean salvarse y encontrar en paz a Dios nuestro Señor, liberándose del peso y el impedimento que les supone el apego a lo adquirido.
Segundo Preludio. El segundo, una composición, contemplando el lugar. Será aquí para verme a mí mismo, cómo me presento ante Dios nuestro Señor y todos sus santos, para desear y saber qué es más agradable a su Divina Bondad.
Tercer Preludio. El tercero, pedir lo que deseo. Aquí será pedir la gracia para elegir lo que sea más para la gloria de Su Divina Majestad y la salvación de mi alma.
Primera Pareja. La primera pareja querría liberarse del apego que siente por lo adquirido, para encontrar en paz a Dios nuestro Señor y poder salvarse, y no pone los medios a la espera de la hora de la muerte.
Segunda Pareja. Los segundos quieren liberarse del apego, pero desean hacerlo de tal manera que permanezcan con lo adquirido, para que Dios venga adonde ellos desean, y no deciden abandonarlo para ir a Dios, aunque sería lo mejor para ellos.
Tercer par. El tercero quiere librarse del apego, pero tanto que ni siquiera le tiene agrado, para conservar o no lo adquirido, sino solo quererlo o no quererlo según Dios Nuestro Señor lo ponga en su voluntad y les parezca mejor para el servicio y alabanza de Su Divina Majestad; y mientras tanto, quieren creer que lo han dejado todo por apego, obligándose a no querer eso ni nada más, a menos que solo el servicio de Dios Nuestro Señor los mueva; de modo que el deseo de poder servir mejor a Dios Nuestro Señor los mueve a tomarlo o dejarlo.
Tres Coloquios. Haré los mismos tres Coloquios que se hicieron en la Contemplación precedente, sobre los Dos Estandartes.
Nota. Cabe señalar que cuando sentimos una tendencia o repugnancia hacia la pobreza real, cuando no somos indiferentes a la pobreza ni a la riqueza, es muy útil, para vencer esa tendencia desordenada, pedir en los Coloquios (aunque sea contra la carne) que el Señor nos elija para la pobreza real, y que la deseemos, la pidamos y la supliquemos, con tal de que sea para servicio y alabanza de su Divina Bondad.
Quinto Día. Contemplación sobre la partida de Cristo nuestro Señor de Nazaret al río Jordán, y cómo fue bautizado (p. 140).
Primera Nota. Esta Contemplación se realizará una vez a medianoche y otra por la mañana, con dos repeticiones a la hora de la Misa y Vísperas, y se aplicarán los cinco sentidos antes de la cena. En cada uno de estos cinco Ejercicios, se empezará con la Oración Preparatoria habitual y los tres Preludios, como se explicó en la Contemplación de la Encarnación y de la Natividad; y se terminará con los tres Coloquios de los tres Pares, o según la nota que sigue después de los Pares.
Segunda Nota. El examen particular, después de la comida y de la cena, se realizará sobre las faltas y negligencias en los Ejercicios y Adiciones de este día; y así en los días siguientes.
Sexto día. Contemplación de cómo Cristo nuestro Señor salió del río Jordán al desierto inclusive, tomando la misma forma en todo que en el quinto.
Séptimo Día. Cómo San Andrés y otros siguieron a Cristo nuestro Señor (p. 142).
Octavo día. Sobre el Sermón de la Montaña, que trata de las Ocho Bienaventuranzas (pág. 144).
Noveno día. Cómo Cristo nuestro Señor se apareció a sus discípulos sobre las olas del mar (p. 145).
Décimo Día. Cómo predicó el Señor en el Templo [9] (pág. 151).
Undécimo día. Sobre la resurrección de Lázaro (p. 149).
Duodécimo día. El Domingo de Ramos (p. 151).
Primera Nota. La primera nota es que en las Contemplaciones de esta Segunda Semana, según el tiempo que cada uno desee dedicar o según le resulte provechoso, puede alargarlas o acortarlas: si las alarga, puede tomar los Misterios de la Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel, los Pastores, la Circuncisión del Niño Jesús y los Reyes Magos, entre otros; y si las acorta, puede incluso omitir algunos de los que están escritos. Esto sirve de introducción y de guía para una mejor y más completa contemplación posterior.
Segunda Nota. Segunda: El asunto de las Elecciones se iniciará desde la Contemplación de Nazaret hasta el Jordán, inclusive, que es el quinto día, como se explica a continuación.
Tercera Nota. La tercera: Antes de comenzar las Elecciones, para que uno se apegue a la verdadera doctrina de Cristo nuestro Señor, es muy útil considerar y recordar las siguientes tres Maneras de Humildad, reflexionando sobre ellas ocasionalmente a lo largo del día y también participando en los Coloquios, como se explicará más adelante.
Primera Humildad. La primera forma de humildad es necesaria para la salvación eterna; es decir, que me humille tanto como me sea posible, que en todo obedezca la ley de Dios, de modo que, incluso si me hicieran señor de todas las cosas creadas en este mundo, ni de mi propia vida temporal, no dudaría en quebrantar un mandamiento, ya sea divino o humano, que me ata a pecado mortal.
Segunda Humildad. La segunda es una humildad más perfecta que la primera; es decir, si me encuentro en una situación en la que no deseo ni siento inclinación a tener riquezas en lugar de pobreza, a desear honor en lugar de deshonra, a desear una vida larga en lugar de una corta, siendo el servicio de Dios nuestro Señor y la salvación de mi alma iguales; y, por lo tanto, ni por toda la creación, ni porque quisieran quitarme la vida, estaría considerando cometer un pecado venial.
Tercera Humildad. La tercera es la Humildad más perfecta; es decir, cuando —incluyendo la primera y la segunda, y siendo iguales la alabanza y la gloria de la Divina Majestad—, para imitar y ser más semejante a Cristo nuestro Señor, quiero y prefiero la pobreza con Cristo pobre antes que las riquezas, el oprobio con Cristo repleto antes que los honores; y deseo ser considerado inútil e insensato por Cristo, quien primero fue considerado como tal, antes que sabio o prudente en este mundo.
Nota. Así pues, es muy útil para quien desee alcanzar esta tercera Humildad realizar los tres Coloquios de los PARES ya mencionados, pidiendo que Nuestro Señor se digne elegirlo para esta tercera mayor y mejor Humildad, para imitarlo y servirlo más, si es igual o mayor servicio y alabanza a Su Divina Majestad.
Primer Punto. En toda buena elección, en la medida en que dependa de nosotros, nuestra intención debe ser sencilla, considerando únicamente el propósito para el que fuimos creados, a saber, la alabanza de Dios nuestro Señor y la salvación de nuestra alma. Así pues, debo elegir todo lo que hago para que me ayude a alcanzar el fin para el cual fui creado, no ordenando ni llevando el fin a los medios, sino los medios al fin: como sucede que muchos eligen primero casarse —que es un medio— y, en segundo lugar, servir a Dios nuestro Señor en la vida matrimonial —cuyo servicio a Dios es el fin—. Así también, hay otros que primero desean obtener beneficios y luego servir a Dios en ellos. De modo que estos no van directamente a Dios, sino que desean que Dios venga directamente a sus tendencias desordenadas, y, en consecuencia, hacen del fin un medio y del medio un fin. De modo que lo que debían tomar primero, lo toman al final; Porque primero debemos fijarnos como meta el deseo de servir a Dios, que es el fin, y en segundo lugar, obtener un beneficio o casarnos, si nos conviene más, que es el medio para alcanzar el fin. Así pues, nada debería moverme a tomar tales medios ni a privarme de ellos, excepto el servicio y la alabanza de Dios nuestro Señor y la salvación eterna de mi alma.
Primer Punto. El primer punto: Es necesario que todo aquello sobre lo que queramos hacer una elección sea indiferente o bueno en sí mismo, y sea permitido dentro de nuestra Santa Madre, la Iglesia jerárquica, y no malo ni opuesto a ella.
Segundo Punto. Segundo: Hay cosas que caen bajo elección inmutable, como el sacerdocio, el matrimonio, etc. Hay otras que caen bajo elección que sí puede cambiarse, como tomar beneficios o dejarlos, tomar bienes temporales o deshacerse de ellos.
Tercer Punto. Tercero: En la Elección inmutable, ya hecha —como el matrimonio, el sacerdocio, etc.—, no hay nada más que elegir, pues uno no puede liberarse; solo debe asegurarse de que, si uno no ha hecho su elección debida y ordenadamente, sin tendencias desordenadas, arrepintiéndose, procure vivir una vida buena en su elección. No parece que esta elección sea una vocación divina, [10] por ser una elección desordenada y errónea. Muchos yerran en esto, presentando una elección perversa o mala como una vocación divina [11]; pues toda vocación divina es siempre pura y clara, sin mezcla de carne ni de ninguna otra tendencia desordenada.
Punto cuatro. Si alguien ha elegido debidamente y ordenadamente cosas que están bajo elección y que pueden cambiarse, y no se ha rendido a la carne ni al mundo, no hay razón para que haga una nueva elección, sino que se perfeccione tanto como pueda en lo que ya ha elegido.
Nota. Cabe destacar que si la elección que puede cambiarse no se hizo con sinceridad y orden, conviene hacerla debidamente si se desea que de ella provengan frutos notables y muy agradables a Dios nuestro Señor.
Primera Vez. La primera vez es cuando Dios nuestro Señor mueve y atrae la voluntad de tal manera que, sin dudar ni poder dudar, esa alma devota sigue lo que se le muestra, como lo hicieron San Pablo y San Mateo al seguir a Cristo nuestro Señor.
Segundo Tiempo. El segundo, cuando se recibe suficiente luz y conocimiento mediante la experiencia de consuelos y desolaciones, y mediante la experiencia del discernimiento de diversos espíritus.
Tercer Tiempo. El tercer tiempo es tranquilo, cuando se considera, primero, para qué nació el hombre —es decir, para alabar a Dios nuestro Señor y salvar su alma— y, deseando esto, elige como medio una vida o estado dentro de los límites de la Iglesia, para que le ayuden en el servicio de su Señor y la salvación de su alma.
Dije tiempo de tranquilidad, cuando el alma no está bajo la acción de diversos espíritus y utiliza sus poderes naturales libre y tranquilamente.
Si la elección no se hace en la primera ni en la segunda vez, se siguen dos maneras de hacerla en cuanto a esta tercera vez.
Contiene seis puntos.
Primer Punto. El primer punto es presentarme el asunto sobre el cual quiero hacer la elección, como un cargo o beneficio, ya sea para tomarlo o dejarlo; o cualquier otra cosa que sea objeto de una elección y que pueda cambiarse.
Segundo Punto. Segundo: Es necesario mantener como meta el fin para el cual fui creado, que es alabar a Dios nuestro Señor y salvar mi alma, y, suponiendo esto, encontrarme indiferente, sin ninguna propensión excesiva; de modo que no esté más inclinado ni dispuesto a aceptar lo propuesto que a dejarlo, ni más a dejarlo que a aceptarlo, sino que me encuentre en medio de una balanza, para seguir lo que considero más para la gloria y alabanza de Dios nuestro Señor y la salvación de mi alma.
Tercer punto. Pedir a Dios nuestro Señor que se digne mover mi voluntad y poner en mi alma lo que debo hacer respecto a lo propuesto, para promover más su alabanza y gloria; dialogando bien y fielmente con mi intelecto, y eligiendo conforme a su santísimo placer y voluntad.
Cuarto Punto. Cuarto: Considerar, calcular, cuántas ventajas y utilidades se derivan para mí de ocupar el cargo o beneficio propuesto, solo para la alabanza de Dios nuestro Señor y la salvación de mi alma, y, por el contrario, considerar, asimismo, las desventajas y peligros que conlleva tenerlo. Hacer lo mismo en la segunda parte, es decir, considerar las ventajas y utilidades que conlleva no tenerlo, y, por el contrario, las desventajas y peligros que conlleva no tenerlo.
Quinto punto. Quinto: Después de haber discutido y considerado todos los aspectos sobre el asunto propuesto, mirar hacia dónde se inclina más la razón; y así, según la mayor inclinación de la razón, y no según la inclinación del sentido, se debe deliberar sobre el asunto propuesto.
Sexto Punto. Sexto, hecha tal elección o deliberación, quien la haya hecho debe acudir con mucha diligencia a la oración ante Dios nuestro Señor y ofrecerle dicha elección, para que Su Divina Majestad se digne recibirla y confirmarla, si es para su mayor servicio y alabanza.
Contiene cuatro reglas y una nota.
Primera Regla. La primera es que ese amor que me mueve y me hace elegir tal cosa debe descender de arriba, del amor de Dios, para que quien elige sienta primero en sí mismo que ese amor, mayor o menor, que siente por lo que elige, es solo para su Creador y Señor.
Segunda Regla. La segunda, presentarme a un hombre a quien nunca he visto ni conocido, y deseando [12] toda su perfección, para considerar lo que le diría que hiciera y eligiera para mayor gloria de Dios nuestro Señor y mayor perfección de su alma, y yo, haciendo lo mismo, para observar la regla que establecí para el otro.
Tercera regla. La tercera: considerar, como si estuviera a punto de morir, la forma y la medida que quisiera mantener en la elección actual, y, regulándome por ella, permitirme tomar mi decisión en todo.
Cuarta Regla. La cuarta, considerando cómo me encontraré en el Día del Juicio, es pensar cómo me gustaría haber deliberado sobre el asunto presente y adoptar ahora la regla que desearía haber seguido, para así encontrarme entonces en completo gozo y alegría.
Nota. Tomadas las reglas sobredichas para mi eterna salvación y paz, haré mi elección y ofrenda a Dios nuestro Señor, conforme al sexto punto del primer modo de hacer la elección.
Cabe señalar que, en cuanto a quienes están establecidos en un oficio eclesiástico o en matrimonio, ya sea que abunden o no en bienes temporales, cuando no tienen oportunidad o no tienen una voluntad muy pronta para hacer una elección sobre las cosas que caen bajo una elección que puede cambiarse, es muy útil, en lugar de hacer la elección, darles una forma y un modo para enmendar y reformar cada uno su propia vida y estado. Es decir, poniendo su creación, vida y estado para la gloria y alabanza de Dios nuestro Señor y la salvación de su propia alma, para llegar a este fin, debe considerar mucho y reflexionar a través de los Ejercicios y Modos de Elección, como se ha explicado, qué tan grande debe ser su casa y hogar, cómo debe gobernarlo y regirlo, cómo debe enseñarlo e instruirlo con la palabra y con el ejemplo; asimismo, de sus medios, cuánto debe tomar para su casa y hogar; y cuánto dispensar a los pobres y a los demás objetos piadosos, no faltando ni buscando otra cosa sino que en todo y por todo sea mayor alabanza y gloria de Dios nuestro Señor.
Porque cada uno piense que se aprovechará en todas las cosas espirituales en la medida en que avance por su amor propio, por su voluntad y por su interés.
5 Sinagogas está en la mano del Santo, reemplazando Templos, que está tachado. ↩︎
6 Es dudoso que estas palabras sean como yo o conmigo. ↩︎
7 En Su Eternidad está en la mano de San Ignacio, reponiendo entre Ellos, lo que está cancelado. ↩︎
8 Y así, la plenitud de los tiempos que han venido está en la mano del Santo, y está siendo tachada. ↩︎
9 Como se puede meditar piadosamente, está escrito a mano por San Ignacio y se inserta delante de él, sentado. ↩︎
10 El lugar o cueva de la Natividad está en la mano del Santo, corrigiendo la posada, que está tachada. ↩︎
12 Como suele hacerlo en la mayoría de los casos, se inserta con la letra del Santo. ↩︎
13 No solo o como deberían es una corrección de no solo, que está tachado. La corrección quizás sea de puño y letra de San Ignacio. ↩︎
14 En el está en la mano del Santo, sobre una palabra borrada. ↩︎
15 No parece que esta elección sea una vocación divina que esté en la mano del Santo, corrigiendo no podemos decir que esta elección sea su vocación. ↩︎
16 Divino es añadido por mano de San Ignacio. ↩︎
17 Se añade I, quizá de mano de San Ignacio. ↩︎