Oración. La oración preparatoria habitual.
Primer Preludio. El primer Preludio es la narración, que trata de cómo, tras expirar Cristo en la Cruz, y el Cuerpo, siempre unido a la Divinidad, permaneció separado del Alma, el Alma bendita, también unida a la Divinidad, descendió al Infierno, y de allí, tomando a las almas justas, llegando al Sepulcro y resucitando, se apareció a su Santísima Madre en Cuerpo y Alma.
Segundo Preludio. El segundo, una composición, considerando el lugar; que consistirá en ver la disposición del Santo Sepulcro y el lugar o casa de Nuestra Señora, considerando sus partes en particular; asimismo, la sala, el oratorio, etc.
Tercer Preludio. El tercero, pedir lo que quiero, y será aquí pedir la gracia para regocijarme y alegrarme intensamente por tan gran gloria y gozo de Cristo nuestro Señor.
Primer Punto, Segundo Punto y Tercer Punto. Sean el primero, segundo y tercer Punto los mismos habituales que tomamos en la Cena de Cristo nuestro Señor.
Cuarto punto. El cuarto, considerar cómo la Divinidad, que parecía ocultarse en la Pasión, ahora aparece y se manifiesta tan maravillosamente en la Santísima Resurrección por sus verdaderos y santísimos efectos.
Quinto punto. El quinto es considerar el oficio de consolación que Cristo nuestro Señor desempeña, y comparar cómo los amigos suelen consolar a sus amigos.
Coloquio. Terminaré con un Coloquio, o Coloquios, según el tema, y un Padrenuestro.
Primera Nota. En las siguientes Contemplaciones, prosigamos por todos los Misterios de la Resurrección, como se indica a continuación, hasta la Ascensión inclusive, adoptando y conservando en el resto la misma forma y manera durante toda la Semana de la Resurrección que la que se adoptó durante toda la Semana de la Pasión. De modo que, para esta primera Contemplación, sobre la Resurrección, nos guiemos en cuanto a los Preludios según el tema; y en cuanto a los cinco Puntos, sean los mismos; y que las Adiciones que se indican a continuación sean las mismas; y así, en todo lo restante, nos guiemos por el método de la Semana de la Pasión, como en las repeticiones, los cinco Sentidos, al acortar o alargar los Misterios.
Segunda Nota. La segunda nota: Comúnmente en esta CUARTA SEMANA, es más conveniente que en las otras tres pasadas, hacer cuatro Ejercicios, y no cinco: el primero, luego al levantarse por la mañana; el segundo, a la hora de la Misa, o antes de comer, en lugar de la primera repetición; el tercero, a la hora de Vísperas, en lugar de la segunda repetición; el cuarto, antes de comer, poniendo los cinco Sentidos en los tres Ejercicios del mismo día, notando y deteniéndose en las partes más principales, y donde se ha sentido mayores movimientos espirituales y gusto.
Tercera Nota. La tercera: Aunque en todas las Contemplaciones se dan tantos Puntos en cierto número —como tres, cinco, etc.—, quien contempla puede establecer más o menos Puntos, según le convenga. Por lo tanto, es muy útil, antes de comenzar la Contemplación, conjeturar y marcar en cierto número los Puntos que debe tomar.
Cuarta Nota. En esta CUARTA SEMANA, en las diez Adiciones, se cambiarán la segunda, la sexta, la séptima y la décima.
Lo segundo será, luego al despertar, poner delante de mí la contemplación que he de hacer, queriendo despertar sentimiento y alegrarme del gran gozo y alegría de Cristo nuestro Señor.
El sexto, traer a la memoria y pensar en cosas que mueven al placer espiritual, alegría y gozo, como de gloria celestial.
El séptimo, usar de los consuelos ligeros o temporales, como en verano, el frescor, y en invierno, el sol o calor, hasta donde el alma piensa o conjetura que pueden ayudarla a estar gozosa en su Creador y Redentor.
Décima: en lugar de la penitencia, téngase en cuenta la templanza y toda moderación, a no ser que se trate de preceptos de ayuno o de abstinencia, que manda la Iglesia, porque éstos deben cumplirse siempre, si no hay justo impedimento.
Nota. Primero, conviene remarcar dos cosas: la primera es que el amor debe manifestarse más en hechos que en palabras.
El segundo, el amor, consiste en el intercambio entre ambas partes; es decir, en que el amante da y comunica al amado lo que tiene, o lo que tiene o puede; y, por el contrario, el amado al amante. De modo que si uno tiene conocimiento, lo da al que no lo tiene. Lo mismo ocurre con los honores y las riquezas; y así el uno al otro.
Oración. La oración de siempre.
Primer Preludio. El primer Preludio es una composición que presenta cómo me encuentro ante Dios nuestro Señor, y cómo los Ángeles y los Santos interceden por mí.
Segundo Preludio. El segundo, pedir lo que deseo. Será aquí pedir el conocimiento interior de tan gran bien recibido, para que, estando enteramente agradecido, pueda en todo amar y servir a Su Divina Majestad.
Primer Punto. El Primer Punto es recordar los beneficios recibidos de la Creación, la Redención y los dones particulares, meditando con profundo sentimiento cuánto ha hecho Dios nuestro Señor por mí y cuánto me ha dado de lo que tiene, y luego el mismo Señor desea darme a Sí mismo tanto como pueda, según su divina disposición.
Y con esto reflexionar sobre mí, considerando con mucha razón y justicia, lo que debo de mi parte ofrecer y dar a Su Divina Majestad, es a saber, todo lo que es mío, y yo con ello, como quien ofrece con mucho sentimiento:
Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi intelecto y toda mi voluntad: todo lo que tengo y poseo. Tú me lo diste: ¡a Ti, Señor, te lo devuelvo! Todo es tuyo, dispón de ello según tu voluntad. Dame tu amor y tu gracia, porque esto me basta.
Segundo Punto. El segundo, observar cómo Dios habita en las criaturas, en los elementos, dándoles el ser, en las plantas que vegetan, en los animales que sienten en ellos, en los hombres que les dan la comprensión: [1] y así en mí, dándome el ser, animándome, dándome la sensación y haciéndome comprender; [2] asimismo haciendo de mí un templo, siendo creado a semejanza e imagen de Su Divina Majestad; reflexionando sobre mí mismo de la manera que se dice en el primer punto, o en otra que considere mejor. De la misma manera se hará en cada punto que sigue.
Tercer punto. El tercero, considerar cómo Dios obra y trabaja por mí en todas las cosas creadas sobre la faz de la tierra —es decir, se comporta como quien trabaja—, como en los cielos, los elementos, las plantas, los frutos, el ganado, etc., dándoles el ser, preservándolos, dándoles vegetación y sensación, etc.
Luego reflexionar sobre mí mismo.
Cuarto Punto. El cuarto, observar cómo todos los bienes y dones descienden de lo alto, como mi pobre poder del supremo e infinito poder de lo alto; y así la justicia, la bondad, la piedad, la misericordia, etc.; como del sol descienden los rayos, de la fuente las aguas, etc.
Luego para terminar de reflexionar sobre mí mismo, como se ha dicho.
Terminaré con un Coloquio y un PADRE NUESTRO.