En la reproducción del texto en inglés:
1. No se ha realizado ningún cambio en la redacción. Sin embargo, se han indicado en cursiva las correcciones pertinentes de los dos errores sin importancia en la cita.
Cabe señalar de paso que el texto de las Sagradas Escrituras no es raro que se presente en los Ejercicios Espirituales con una redacción algo diferente a la de la Vulgata. Tales divergencias no se han notado en esta traducción. Cabe recordar que, cuando se escribió el libro, el Concilio de Trento aún no había puesto su sello en la Vulgata.
2. Los encabezados y las rúbricas se han mantenido tal como aparecen en el manuscrito. Donde faltaban, se han añadido en cursiva.
3. Se han completado las abreviaturas.
4. Dondequiera que se usen cursivas, las palabras en este carácter pertenecen al traductor y no a San Ignacio.
5. En el uso de letras minúsculas y mayúsculas, así como en la puntuación y la división en párrafos, no se suele seguir la práctica del copista. También se utilizan diversos tipos de letra independientemente del manuscrito.
6. Por conveniencia, en las citas de las Sagradas Escrituras, se sustituye el método moderno por capítulo y versículo por el del capítulo y letra del manuscrito. Además, las citas se indican con comillas en lugar de los paréntesis del manuscrito. Élder Mullan, SJ
¡Despierta, Señor, y fomenta el espíritu de los Ejercicios que el beato Ignacio se esforzó por difundir, para que también nosotros nos llenemos de él y seamos celosos de amar lo que él amó y practicar lo que enseñó! Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola
Primera Anotación. La primera Anotación es que con el nombre de Ejercicios Espirituales se entiende toda forma de examen de conciencia, de meditación, de contemplación, de oración vocal y mental, y de realizar otras acciones espirituales, como se explicará más adelante. Pues así como pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, así también toda forma de preparar y disponer el alma para liberarse de todas las tendencias desordenadas y, una vez liberada, buscar y encontrar la Divina Voluntad en cuanto a la gestión de la propia vida para la salvación del alma, se llama Ejercicio Espiritual.
Segunda Anotación. [1] La segunda es que quien da a otro el modo y el orden para meditar o contemplar, debe relatar fielmente los acontecimientos de dicha Contemplación o Meditación, repasando los Puntos con solo un desarrollo breve o sumario. Pues, si quien realiza la Contemplación toma la verdadera base de la narración y, discutiendo y considerando por sí mismo, encuentra algo que aclara un poco los acontecimientos o los hace más comprensibles —ya sea por su propio razonamiento o porque su intelecto está iluminado por el poder divino—, obtendrá mayor deleite y fruto espiritual que si quien da los Ejercicios hubiera explicado y ampliado mucho el significado de los acontecimientos. Pues no es saber mucho, sino comprender y deleitarse interiormente, lo que contenta y satisface al alma.
Tercera Anotación. La tercera: Como en todos los Ejercicios Espirituales siguientes, usamos actos del intelecto al razonar y actos de la voluntad al mover los sentimientos: observemos que, en los actos de la voluntad, cuando hablamos verbalmente o mentalmente con Dios nuestro Señor o con sus santos, se requiere mayor reverencia de nuestra parte que cuando usamos el intelecto para comprender.
Cuarta Anotación. La cuarta: Los siguientes ejercicios se dividen en cuatro partes:
Primero, la consideración y contemplación sobre los pecados;
En segundo lugar, la vida de Cristo nuestro Señor hasta el Domingo de Ramos inclusive;
En tercer lugar, la Pasión de Cristo nuestro Señor;
En cuarto lugar, la Resurrección y la Ascensión, con los tres métodos de oración.
Aunque se dedican cuatro semanas a los Ejercicios, para corresponder a esta división, no debe entenderse que cada semana tenga, necesariamente, siete u ocho días. Pues, como sucede que en la primera semana algunos tardan más en encontrar lo que buscan —es decir, contrición, dolor y lágrimas por sus pecados— y, del mismo modo, algunos son más diligentes que otros, y se dejan llevar por diferentes espíritus; a veces es necesario acortar la semana y otras alargarla. Lo mismo ocurre con todas las semanas posteriores, buscando las cosas según el tema. Sin embargo, los Ejercicios se terminarán en treinta días, un poco más o menos.
Quinta Anotación. La quinta: Es muy útil para quien recibe los Ejercicios entrar en ellos con gran ánimo y generosidad hacia su Creador y Señor, ofreciéndole [2] toda su voluntad y libertad, para que Su Divina Majestad use de su persona y de todo lo que tiene según [3] su Santísima Voluntad.
Sexta Anotación. La sexta: Cuando quien imparte los Ejercicios ve que no llegan al alma del que se ejercita movimientos espirituales, como consuelos o desolaciones, y que no es movido por diferentes espíritus, debe preguntarle cuidadosamente sobre los Ejercicios, si los hace en los horarios señalados y cómo. Lo mismo sobre las Adiciones, si las observa con diligencia. Que pregunte detalladamente sobre cada una de estas cosas.
Del consuelo y de la desolación se habla en la pág. 170; de las Adiciones en la pág. 22.
Séptima Anotación. Séptima: Si quien imparte los Ejercicios ve que quien los recibe está desolado y tentado, que no sea duro ni insatisfecho con él, sino amable e indulgente, dándole ánimo y fuerza para el futuro, desvelándole las asechanzas del enemigo de la naturaleza humana y animándolo a prepararse y disponerse para la consolación venidera.
Octava Anotación. Octava: Si quien imparte los Ejercicios ve que quien los recibe necesita instrucción sobre las desolaciones y asechanzas del enemigo —y lo mismo sobre los consuelos—, puede explicarle, en la medida que las necesite, las Reglas de la Primera y Segunda Semana para reconocer diferentes espíritus. (Pág. 177).
Novena Anotación. La novena es observar que, cuando quien se ejercita esté en los Ejercicios de la Primera Semana, si es una persona poco versada en cosas espirituales y se siente tentado grosera y abiertamente —habiéndole sugerido, por ejemplo, obstáculos para seguir en el servicio de Dios nuestro Señor, como trabajos, vergüenza y temor por la honra del mundo—, quien imparte los Ejercicios no le explique las Reglas de la Segunda Semana para el discernimiento de espíritus. Porque, si bien las de la Primera Semana le serán útiles, las de la Segunda le serán perjudiciales, por ser materia demasiado sutil y elevada para su comprensión.
Décima Anotación. La décima: Cuando quien imparte los Ejercicios percibe que quien los recibe es asaltado y tentado bajo la apariencia del bien, entonces es conveniente instruirlo sobre las Reglas de la Segunda Semana ya mencionadas. Pues, ordinariamente, el enemigo de la naturaleza humana tienta bajo la apariencia del bien más bien cuando la persona se ejercita en la Vida Iluminativa, que corresponde a los Ejercicios de la Segunda Semana, y no tanto en la Vida Purgativa, que corresponde a los de la Primera.
Undécima Anotación. La undécima: Es útil para quien recibe los Ejercicios en la Primera Semana no saber nada de lo que debe hacer en la Segunda, sino esforzarse tanto en la Primera para alcanzar el objetivo que busca como si no esperara encontrar ningún bien en la Segunda.
Duodécima Anotación. La duodécima: Como quien recibe los Ejercicios debe dedicar una hora a cada uno de los cinco Ejercicios o Contemplaciones que se realizarán diariamente, quien los imparte debe advertirle cuidadosamente que siempre se asegure de que su alma permanezca contenta con la conciencia de haber dedicado una hora completa al Ejercicio, y más que menos. Porque el enemigo suele intentar acortar la hora de dicha contemplación, meditación u oración.
Decimotercera Anotación. La decimotercera: Cabe destacar también que, así como en el tiempo de consolación es fácil y no fastidioso estar en contemplación toda la hora, así es muy difícil en el tiempo de desolación completarla. Por esta razón, quien se ejercita, para combatir la desolación y vencer las tentaciones, debe permanecer siempre algo más de la hora completa; para acostumbrarse no solo a resistir al adversario, sino incluso a vencerlo.
Decimocuarta Anotación. Decimocuarta: Si quien imparte los Ejercicios ve que quien los recibe avanza con consolación y mucho fervor, debe advertirle que no haga promesas ni votos desconsiderados ni precipitados; y cuanto más íntegro sea su carácter, más debe advertirle y amonestarle. Pues, aunque se pueda influir justamente en otro para que abrace la vida religiosa, en la que se entiende que debe hacer votos de obediencia, pobreza y castidad, y aunque una buena obra realizada bajo voto es más meritoria que una realizada sin él, se deben considerar cuidadosamente las circunstancias y cualidades personales del individuo y cuánta ayuda o impedimento puede encontrar para cumplir lo que desea prometer.
Decimoquinta Anotación. La decimoquinta: Quien imparte los Ejercicios no debe influir en quien los recibe más hacia la pobreza o hacia una promesa que hacia sus opuestos, ni más hacia un estado o estilo de vida que hacia otro. Pues si bien, fuera de los Ejercicios, podemos legítimamente y con mérito influir en todo aquel que probablemente sea apto para elegir la continencia, la virginidad, la vida religiosa y toda clase de perfección evangélica, sin embargo, en los Ejercicios Espirituales, al buscar la Divina Voluntad, es más conveniente y mucho mejor que el mismo Creador y Señor se comunique a su alma devota, inflamándola con su amor y alabanza, y disponiéndola para que sea más capaz de servirle en el futuro. Así pues, quien imparte los Ejercicios no debe desviarse ni inclinarse hacia un lado ni hacia el otro, sino que, manteniéndose en el centro como una balanza, deje que el Creador actúe inmediatamente con la criatura, y la criatura con su Creador y Señor.
Decimosexta Anotación. La decimosexta: Para que el Creador y Señor obre con mayor seguridad en su criatura, es muy conveniente, si el alma se apega o se inclina a algo desordenadamente, que uno se mueva, poniendo todas sus fuerzas, a ir en contra de aquello a lo que se siente atraído erróneamente. Así, si se inclina a buscar y poseer un oficio o beneficio, no para honra y gloria de Dios nuestro Señor, ni para el bienestar espiritual de las almas, sino para su propia ventaja e intereses temporales, debe excitar sus sentimientos a lo contrario, siendo constante en oraciones y otros ejercicios espirituales, y pidiendo a Dios nuestro Señor lo contrario, es decir, no desear tal oficio o beneficio, ni ninguna otra cosa, a menos que Su Divina Majestad, ordenando sus deseos, cambie su primera inclinación hacia él, de modo que el motivo para desear o tener una cosa u otra sea solo el servicio, honra y gloria de Su Divina Majestad.
Decimoséptima Anotación. Decimoséptima: Es muy útil que quien imparte los Ejercicios, sin querer preguntar ni saber de quien los recibe sus pensamientos o pecados personales, esté fielmente informado de los diversos movimientos y pensamientos que los diferentes espíritus ponen en él. Pues, según le sea más o menos útil, puede darle algunos Ejercicios espirituales adecuados y adaptados a la necesidad del alma así ejercitada.
Decimoctava Anotación. La decimoctava: Los Ejercicios Espirituales deben adaptarse a las disposiciones de quienes deseen recibirlos, es decir, a su edad, educación o capacidad, para no dar a quien sea inculto o de poca inteligencia cosas que no pueda soportar ni aprovechar fácilmente.
Además, a cada uno se le debe dar aquello con que, según su voluntad de disponer, pueda ayudarse mejor y aprovecharse.
Así pues, a quien necesite ayuda para instruirse y alcanzar cierto grado de contentamiento espiritual, se le puede administrar el Examen Particular, pág. 21, y luego el Examen General, pág. 25; además, durante media hora por la mañana, el Método de Oración sobre los Mandamientos, los Pecados Capitales, etc., pág. 125. Recomiéndele también que confiese sus pecados cada ocho días y, si puede, que reciba el Santísimo Sacramento cada quince días, y mejor aún, si así lo desea, cada ocho. Este método es más adecuado para personas analfabetas o con poca educación. Que se les explique cada uno de los Mandamientos; así como los Pecados Capitales, los Preceptos de la Iglesia, los Cinco Sentidos y las Obras de Misericordia.
Así también, si quien da los Ejercicios observa que quien los recibe tiene poca habilidad o poca capacidad natural, de quien no se puede esperar mucho fruto, es más conveniente darle algunos de estos Ejercicios fáciles hasta que confiese sus pecados. Entonces, que se le den algunos Exámenes de Conciencia y algún método para confesarse con más frecuencia de lo habitual, a fin de preservar lo que ha ganado, pero que no se profundice en el tema de la Elección ni en ningún otro Ejercicio fuera de la Primera Semana, especialmente cuando se puede progresar más en otras personas y no hay tiempo para todo.
Decimonovena Anotación. La decimonovena: Una persona con educación o capacidad, que se dedica a asuntos públicos o negocios pertinentes, puede dedicar una hora y media diaria a ejercitarse.
Que se le explique el fin para el cual fue creado el hombre, y también se le puede dar, durante media hora, el Examen Particular y luego el General, y la manera de confesarse y recibir el Santísimo Sacramento. Que, durante tres días, cada mañana, durante una hora, haga la meditación sobre el Primer, Segundo y Tercer Pecado (pp. 37, 38); luego, otros tres días a la misma hora, la meditación sobre la declaración de los Pecados (p. 40); luego, otros tres días a la misma hora, sobre los castigos correspondientes a los Pecados (p. 45). Que se le den en las tres meditaciones las diez Adiciones (p. 47).
Para los misterios de Cristo nuestro Señor, guárdese el mismo régimen, como más adelante se declara y con plenitud se explica en los mismos Ejercicios.
Vigésima Anotación. La vigésima: A quien esté más despreocupado y desee obtener todo el provecho posible, que se le den todos los Ejercicios Espirituales en el orden en que siguen.
En esto, ordinariamente, aprovechará más cuanto más se separe de todos los amigos y conocidos y de todo cuidado terreno, como mudando la casa donde moraba, y tomando otra casa o habitación para vivir en ella, con tanta privacidad como pueda, de manera que le sea posible ir cada día a Misa y Vísperas, sin temor de que sus conocidos le pongan impedimentos.
De este aislamiento se derivan, entre otros muchos, tres beneficios principales:
La primera es que el hombre, apartándose de muchos amigos y conocidos, y asimismo de muchos negocios no bien ordenados, para servir y alabar a Dios nuestro Señor, no merece poco delante de su Divina Majestad.
La segunda es que, estando así aislado, y no teniendo el entendimiento dividido en muchas cosas, sino concentrando su cuidado en una sola, es a saber, en servir a su Criador y aprovechar a su propia alma, usa con mayor libertad de sus potencias naturales, en buscar con diligencia lo que tanto desea.
La tercera: cuanto más sola y aislada se encuentra nuestra alma, tanto más apta se hace para aproximarse y alcanzar a su Creador y Señor, y cuanto más se aproxima a Él, tanto más se dispone a recibir gracias y dones de su Divina y Soberana Bondad.
EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA CONQUISTARSE A SÍ MISMO Y REGULAR LA PROPIA VIDA SIN DETERMINARSE A TRAVÉS DE [4] NINGUNA TENDENCIA DESORDENADA
Para que tanto quien imparte los Ejercicios Espirituales como quien los recibe se beneficien más, se presupone que todo buen cristiano debe estar más dispuesto a salvar la propuesta de su prójimo que a condenarla. Si no puede salvarla, que se pregunte qué intención tiene; y si la tiene mal, que lo corrija con caridad. Si eso no basta, que busque todos los medios adecuados para que tenga buena intención y se salve.
1 La palabra Anotación no aparece en el original después de la primera vez. Lo mismo ocurre con casos similares en los manuscritos. ↩︎
2 Ofrenda está con la letra de San Ignacio, corrigiendo dar o presentar, que está tachado. ↩︎
3 Puede hacer uso de… según sea de puño y letra del Santo, corrigiendo alguna palabra borrada. ↩︎
4 Sin determinarse uno mismo a través de está en la mano del Santo, las palabras se insertan entre la vida y la tendencia, la palabra sin ser cancelada. ↩︎