[ p. 22 ]
Los argumentos ya aducidos para establecer la autenticidad de las Admoniciones también pueden usarse en favor de esta instrucción dirigida «a todos los clérigos». Se encuentra en ocho de los códices mencionados anteriormente: a saber, los de Asís, Liegnitz, París (ambos manuscritos de Mazarino y en lib. de Prot. theol. fac.), Roma (manuscrito de San Antonio y San Isidoro 1/73) y Düsseldorf. En la edición de Wadding de los Opuscula, esta instrucción sobre el Santísimo Sacramento se encuentra entre las cartas de San Francisco [1] (n.º XIII), pero los códices antiguos no la presentan en forma epistolar, [2] sino tal como está impresa aquí, sin dirección ni saludo. Para la presente edición, el códice de Asís [3] tiene [ p. 23 ], así como los códices de San Antonio y San Isidoro en Roma. El texto es el siguiente:
Consideremos todos, oh clérigos, el gran pecado e ignorancia de algunos respecto al Santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, su Santísimo Nombre y las palabras escritas de la consagración. Porque sabemos que el Cuerpo no puede existir hasta después de estas palabras de consagración. Pues nada tenemos ni vemos del Altísimo mismo en este mundo excepto [Su] Cuerpo y Sangre, nombres y palabras por los cuales hemos sido creados y redimidos de la muerte a la vida.
Pero que todos los que administran tan santísimos misterios, especialmente quienes lo hacen con indiferencia, consideren cuán pobres pueden ser los cálices, corporales y lienzos donde se sacrifica el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo. Y muchos los abandonan en lugares miserables y los llevan por el camino sin respeto, los reciben indignamente y los administran a otros sin distinción. Además, sus nombres y palabras escritas a veces son pisoteados, pues el hombre sensual no percibe estas cosas que son de Dios. [4] ¿No nos moveremos, por todas estas cosas, con un sentido del deber cuando el buen Señor mismo se pone en nuestras manos y lo manipulamos y lo recibimos a diario? [ p. 24 ] ¿Acaso no nos damos cuenta de que necesariamente debemos caer en sus manos?
Corrijamos, pues, de inmediato y con determinación estas faltas y otras; y dondequiera que el Santísimo Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo sea indebidamente reservado y abandonado, que sea retirado de allí y guardado en un lugar precioso. De igual manera, dondequiera que los Nombres y las palabras escritas del Señor se encuentren en lugares impuros, deben ser recogidos y guardados en un lugar decente. Y sabemos que estamos obligados, sobre todo, a observar todas estas cosas según los mandamientos del Señor y las constituciones de la santa Madre Iglesia. Y quien no actúe así, sepa que tendrá que rendir cuentas ante nuestro Señor Jesucristo en el día del juicio. Y quien haga copias de este escrito, para que se observe mejor, sepa que es bendecido por el Señor.
22:1 Wadding, siguiendo a Mariano de Florencia, introduce la carta con el siguiente saludo: «A mis reverendos maestros en Cristo; a todos los clérigos que están en el mundo y viven conforme a las reglas de la fe católica: el hermano Francisco, su más pequeño e indigno siervo, les envía saludos con el mayor respeto y les besa los pies. Ya que me he convertido en siervo de todos, pero no puedo, debido a mis debilidades, dirigirme personalmente y viva voce, les ruego que reciban, con todo amor y caridad, este recuerdo y exhortación que les escribo brevemente». Wadding también (p. 45) añade al final de esta instrucción las siguientes palabras: «Que nuestro Señor Jesucristo llene a todos mis maestros con su santa gracia y los conforte». ↩︎
22:2 El Padre Ubaldo d’Alençon (Opuscules de Saint François, p. 21) se inclina, al igual que el Sr. Sabatier, a considerar esta instrucción como una especie de posdata a la carta de San Francisco al Capítulo General y a todos los Frailes. (Véase Speculum Perfectionis, ed. Sabatier, p. clxvi). ↩︎
22:3 Monseñor Faloci ha editado la Instrucción después de este códice; véase Misc. Francescana, t. VI, p. 95. ↩︎
23:1 Véase 1 Cor. 2: 14. ↩︎