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Wadding parece haber tenido conocimiento indirecto de esta carta. Al menos nos proporciona una carta más breve dirigida a los custodios. El comienzo de la epístola que él numera XIV es similar al que se traduce aquí y parece ser un resumen incompleto de esta última. Sin embargo, es difícil llegar a una conclusión definitiva, ya que la forma original de la carta, que Wadding tradujo del español, es deficiente. La solución a la cuestión radicaría en determinar de qué fuente se extrajo esta carta española.
La carta fue publicada por primera vez en su forma actual por M. Sabatier en 1900 a partir de un manuscrito del siglo XIV de la biblioteca Guarnacci de Volterra. [1] El texto de Quaracchi también se basa en este códice, del cual no se conoce ninguna otra versión de la carta. Sin embargo, podrían aducirse argumentos internos para establecer la autenticidad de la carta, que son los siguientes:
A todos los custodios de los Hermanos Menores, a quienes llegará esta carta, el hermano Francisco, vuestro siervo y pequeño en el Señor Dios, envía saludos con nuevas señales del cielo y de la tierra [2] que de parte del Señor son grandes y excelentísimas y que son tenidas por las más pequeñas por muchos religiosos y por los demás hombres.
Les ruego más que si se tratara de mí mismo que, cuando sea conveniente y parezca oportuno, humildemente supliquen a los clérigos que veneren sobre todo el Santísimo Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, su Santo Nombre y las palabras escritas que santifican el cuerpo. [3] Deben tener como preciosos los cálices, corporales, ornamentos del altar y todo lo relacionado con el Sacrificio. Y si el Santísimo Cuerpo del Señor se encuentra en un lugar muy precario, que, según el mandato de la Iglesia, lo coloquen en un lugar precioso, que lo lleven con gran veneración y lo administren a los demás con discreción. También los Nombres y las palabras escritas del Señor, dondequiera que se encuentren en lugares impuros, que se recojan y se coloquen en un lugar apropiado.
Y en toda predicación que hagáis, amonestad al pueblo acerca de la penitencia y que nadie puede salvarse sino el que recibe el santísimo Cuerpo y Sangre del Señor. [4] Y mientras lo sacrifica el sacerdote en el altar y lo lleva a cualquier lugar, que todo el pueblo, de rodillas, rinda alabanza, honor y gloria al Señor Dios vivo y verdadero.
Y de tal manera anunciaréis y predicaréis Su alabanza a todos los pueblos, que a toda hora y cuando suenen las campanas, siempre se darán alabanzas y gracias al Dios Todopoderoso por todos los pueblos de toda la tierra.
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Y a cualquiera de mis hermanos, custodios, que llegue este escrito, que lo copie y lo conserve consigo, y que lo copien para los hermanos que tienen el oficio de predicar y el cuidado de los hermanos, y que prediquen hasta el fin todo lo que está contenido en este escrito; que sepan que tienen la bendición del Señor Dios y la mía. Y que esto les sea otorgado mediante la verdadera y santa obediencia.