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La autenticidad de esta carta es indiscutible. El autógrafo original se conserva celosamente en la Catedral de Spoleto. En tiempos de Wadding se guardaba en la iglesia conventual de ese lugar, pero posteriormente desapareció de alguna manera y no quedó rastro de él hasta 1895, cuando el Padre Cardinali, sacerdote de Spoleto, lo puso en manos de Monseñor Faloci. Este último se lo presentó al Papa León XIII y, tras reposar unos tres años en el Vaticano, fue devuelto a la catedral de Spoleto, a petición de Monseñor Serafini, arzobispo de Spoleto. [1] Solo se conoce la existencia de otro autógrafo de San Francisco. [2] El alcance de la carta es obvio: es una palabra de tierno aliento y consejo al Fraile Pecorello de Dio, compañero y amigo más íntimo de San Francisco, quien en ese momento se encontraba acosado por dudas y temores. La forma de la carta parece presentar algunas dificultades a ciertos críticos. Por ejemplo, San Francisco al principio usa las palabras: F. Leo F. Francisco tuo salutem et pacem. Es evidente, por supuesto, que este encabezamiento no puede interpretarse de forma que se considere al Hermano León como el autor de la carta; en ese caso, sería Francisco suo, y nadie, que yo sepa, ha intentado jamás esta violación del texto. Pero ha habido quienes, pensando que San Francisco desconocía la diferencia entre dativo y nominativo,
CARTA DE SAN FRANCISCO AL HERMANO LEÓN, CONSERVADA EN SPOLETO. (Véase página 130_.) [ p. 131 ] no han dudado en manipular el texto para adaptar el latín del Poverello a lo que consideran una mejor gramática. [3] Confieso que no encuentro dificultad en traducir el encabezado tal como aparece en el autógrafo original. Por regla general, sin duda, es el remitente de una carta quien saluda a su destinatario. Pero, en este caso, la humildad de San Francisco lo ha llevado a cambiar de tema y pide una bendición en lugar de otorgarla. Por lo tanto, coincido plenamente con la ingeniosa solución del Sr. Carmichael a esta cuestión y coincido con él en que San Francisco, siempre imaginativo, quiso decir lo que escribió, y que «existe realmente un profundo, dulce y patético significado en la peculiar forma de dirigirse al santo». En consecuencia, el sobrescrito debería decir: «Hermano León, desea a tu hermano Francisco salud y paz». Así lo he traducido aquí, siguiendo al Sr. Carmichael.
En cuanto al uso del plural (faciatis) en el cuerpo de la nota que desconcertó a Wadding, dado que el singular parece ser el adecuado, algunos coinciden con los editores de Quaracchi en que el santo, al escribir con tanta familiaridad a León, adopta la forma italiana; otros, con M. Sabatier, [4], que el hermano León había hablado en nombre de un grupo. Quizás no esté de más recordar a este respecto lo que Celano nos cuenta sobre el método de composición de San Francisco [5], así como sobre la carta [ p. 132 ] del santo mencionado por Eccleston, que contenía un latín defectuoso. [6] Un crítico francés [7] cree que tal vez estaríamos justificados al identificar la carta a la que se refiere Eccleston con la dirigida al hermano León que ahora nos ocupa. Sea como fuere, el contexto de la presente carta lleva a suponer que, en el momento de su redacción, el hermano León aún no frecuentaba a San Francisco. En esta hipótesis, debemos fijar la fecha de su composición no posterior a 1220. [8] No es de extrañar que, después de casi siete siglos, algunas palabras de la carta autógrafa conservada en Spoleto resulten difíciles de leer. De ahí que aparezcan algunas variantes insignificantes en los textos publicados por Wadding [9] y Faloci. [10] El texto de Quaracchi que he traducido aquí se ha editado a partir del original:
Hermano León, ¡desea a tu hermano Francisco salud y paz!
Te digo: Sí, hijo mío, y como madre; pues en estas palabras y consejos resumo brevemente todo lo que dijimos en el camino, y si después necesitas pedirme consejo, te aconsejo lo siguiente: De la manera que mejor te parezca para agradar al Señor Dios y seguir sus [ p. 133 ] pasos y pobreza, hazlo con la bendición del Señor Dios y en mi obediencia. Y si es necesario para tu alma o por cualquier otro consuelo y deseas, León, venir a mí, ¡ven! [11]
130:1 Véase Los autógrafos de Francisco, de Mons. Faloci (Misc. Franc., t. VI, pág. 33), y La caligrafía de San Francisco, del mismo autor (Misc. Franc., t. VII, pág. 67). ↩︎
130:2 La Bendición dada al Hermano León (ver abajo, Parte III). ↩︎
131:1 Véase, por ejemplo, el texto paralelo en latín e italiano dado por el Padre Bernardo da Fivizzano, OMCap. ↩︎
131:2 «Este plural muestra claramente que el hermano León había hablado en nombre de un grupo.»—Sabatier: Vida de San Francisco, pág. 301. ↩︎
131:3 Cuando mandaba escribir cartas a modo de saludo o admonición, no permitía que se borrara ninguna letra ni sílaba, aunque a menudo eran superfluas o estaban mal colocadas. (Véase 1 Cel. 82.) ↩︎
132:1 Véase Eccleston: De Adventu Minorum in Angliam (Mon. Germ. hist., Scriptores, t. XXVIII, p. 563), aunque se da otra lectura en Anal. Franc., t. I, p. 232, y por Fr. Cuthbert, OSFC, The Friars, etc., p. 267. ↩︎
132:2 Padre. Ubald d’Alençon, Opúsculos, pág. 23. ↩︎
132:3 Véase Spec. Perf. (ed. Sabatier), pág. lxiv, nota 3. ↩︎
132:4 Pequeños Documentos, Epístolas. XVI. ↩︎
132:5 Franc. misceláneo, t. VI, pág. 39. ↩︎
133:1 Es interesante comparar con esta carta las expresiones de aliento, algo similares, que San Francisco dirigió al hermano Richer. Véase 1 Cel. 1, 49; Spec. Perf. (ed. Sabatier), c. 2 y 16; Actus B. Francisci, c. 36 y 39. ↩︎