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[pág. xlviii]
El sistema de transcripción de palabras orientales con tipos romanos, adoptado por los traductores de los Libros Sagrados de Oriente, es, en general, el mismo que presenté inicialmente en mis Propuestas para un Alfabeto Misionero, 1854, y que posteriormente describí brevemente en mis Lecciones sobre la Ciencia del Lenguaje, Segunda Serie, pág. 169 (novena edición). Este sistema permite una gran libertad de aplicación a diferentes idiomas y, por lo tanto, ha sido muy recomendable para muchos eruditos, incluso si llevaban mucho tiempo acostumbrados a usar su propio sistema de transliteración.
En realidad, se basa solamente en unos pocos principios, que pueden aplicarse a cada lengua según las opiniones que cada estudiante se haya formado sobre el carácter y la pronunciación de las vocales y consonantes de un alfabeto determinado.
No difiere esencialmente del Alfabeto Estándar propuesto por el Profesor Lepsius. Únicamente pretende plasmar, mediante los tipos comunes que se encuentran en cualquier imprenta, lo que mi erudito amigo ha logrado, quizás de forma más perfecta, mediante una serie de nuevos tipos con signos diacríticos, fabricados expresamente para él por la Academia de Berlín.
Los principios generales de lo que, por su fácil aplicación a todos los idiomas, he llamado el Alfabeto Misionero, son estos:
1. No se deben usar letras que no existan en las fuentes comunes. [p. xlix] 2. El mismo tipo romano siempre debe representar la misma letra extranjera, y la misma letra extranjera siempre debe representarse con el mismo tipo romano.
3. Las letras simples se representan, por regla general, mediante tipos simples y las compuestas mediante tipos compuestos.
4. No se pretende indicar la pronunciación de lenguas extranjeras, sino solo representar letras extranjeras mediante tipos romanos, dejando que la pronunciación se aprenda, como se hace ahora, a partir de gramáticas o de conversaciones con nativos.
5. La base de todo sistema de transliteración debe consistir en una clasificación de los sonidos típicos del habla humana. Dicha clasificación puede ser más o menos perfecta, más o menos minuciosa, según los objetivos en cuestión. Para fines ordinarios, la clasificación en vocales y consonantes, y de las consonantes, a su vez, en guturales, dentales y labiales, es suficiente. En estas tres clases distinguimos consonantes duras (sordas) y sonantes (sonoras), cada una propensa a la aspiración; nasales, sibilantes y semivocales, algunas de las cuales también son sonoras o no.
6. Después de haber establecido los sonidos típicos, les asignamos, en la medida de lo posible, los tipos romanos ordinarios de primera clase.
7. En cada idioma con un alfabeto más rico, ordenamos las letras restantes, según sus afinidades, como modificaciones de las letras típicas más cercanas o como letras de segunda y tercera clase. Así, en sánscrito, las linguales se consideran más cercanas a las dentales y las palatales a las guturales.
8. La forma de expresar dichas modificaciones es uniforme en todo el texto. Mientras que todas las letras típicas de [p. l] de la primera clase se expresan con caracteres romanos, las letras modificadas de la segunda clase se expresan con cursiva, y las letras modificadas de la tercera clase, con versalitas. Solo en casos extremos, cuando se requiere otra clase de caracteres modificados, nos vemos obligados a recurrir a signos diacríticos o a una fuente diferente de caracteres.
9. La decisión de qué letras de cada lengua se considerarán primarias, secundarias o terciarias puede dejarse, hasta cierto punto, a la discreción de cada estudioso.
10. Como se ha comprobado la imposibilidad de diseñar un alfabeto práctico que represente con precisión la pronunciación de las palabras, el Alfabeto Misionero, al no intentar indicar matices sutiles de pronunciación, tiene la ventaja de no confundir a los lectores en la pronunciación de palabras extranjeras. Una t cursiva, por ejemplo, o una T mayúscula minúscula, sirve simplemente como advertencia de que no se trata de la t común, aunque guarda cierta afinidad con ella. Su pronunciación debe aprenderse para cada idioma, como se hace actualmente, mediante una gramática o de otro modo. Así, la t en sánscrito es la t lingual. Su pronunciación debe aprenderse de los pratisajvas o de la boca de un srotriya con alta formación. Aprenderemos entonces que su pronunciación es en realidad la de lo que llamamos la t dental común y corriente, como en town, mientras que la t dental común y corriente en sánscrito tiene una pronunciación propia, extremadamente difícil de adquirir para los europeos.
11. Las palabras u oraciones que solían imprimirse en cursiva están espaciadas.
[p. li]
[p. lii]
[pág. liii]
[p. liv]
[p. lv]
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