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Martes, 9 de julio de 26 (6 de ab de 3786)
La mañana se presentó con unas amenazadoras nubes negras en medio del lago. Los pescadores sabían lo que eso podía significar, y prudentemente, las cuadrillas habían preferido esperar en el embarcadero.
Parecían un grupo de inconscientes saliendo en barca esa mañana, pero Jesús les dijo a sus apóstoles que no debían temer tanto a los elementos naturales.
Aún así, maestro, no conviene tentar al espíritu de las nubes y del agua. Es uno de los más peligrosos —replicaron ellos.
—¡Qué paciencia hay que teneros! —exclamó Jesús mientras tomaba un remo—. ¿Acaso no entendisteis nada de lo que os dije ayer?
Ante la seguridad de su maestro, nadie se atrevió a replicar, y todos remaron con fuerza en dirección a Tariquea.
Afortunadamente, llegaron sin contratiempos, aunque con una mirada permanente de temor en el cielo.
Tomás y Judas esperaban en el atracadero de la ciudad. Les hicieron señas para que condujeran la barca hasta una escollera donde Tomás tenía varios botes a su cargo.
Una vez en tierra, Felipe presentó a Tomás. El escéptico pescador había acudido esa mañana ante Jesús con el firme convencimiento de que iba a encontrarse con otro Mesías palabrero y que tardaría sólo minutos en desenmascararle. Pero su firmeza se vino abajo en cuanto el Maestro se dirigió hacia él:
—Tomás, ¿por qué estás aquí si careces de fe?
Aquella fría bienvenida les dejó a todos entrecortados. Pero Tomás sintió por un momento que aquel hombre podía leer sus pensamientos:
—Rabino, ¿cómo sabes eso?
Parecía que Jesús iba a rechazar al nuevo candidato propuesto por Felipe para el apostolado, pero dijo Jesús:
—Tomás, a pesar de que careces de fe, yo te recibo en mi grupo, si estás dispuesto a seguirme.
El escéptico pescador sentía que se desmoronaban sus recelos. El rabino, no sabía muy bien por qué, le había cautivado. Entonces, sin pensarlo mucho, Tomás se oyó decir las palabras más sorprendentes que hubieran salido de su boca en toda su vida:
—Estoy dispuesto.
Y de este modo tan inusitado Tomás quedó admitido al cuerpo de apóstoles.
Después Natanael presentó a Judas. Los hermanos Jonás y los Zebedeo ya conocían a Judas de antes. Había sido uno de los seguidores permanentes de Juan, el Bautista, y no habían congeniado mucho con él durante su pertenencia al grupo del profeta. Judas había sido especialmente esquivo y sólo se había relacionado en ese tiempo con otros seguidores judeos de Juan. Las dos parejas de hermanos veían con cierto recelo la admisión de este nuevo postulante. Pero dejaron la cosa en manos de Jesús:
—Judas, todos somos de la misma carne —comentó el Maestro—. Al recibirte en nuestra hermandad, oro para que seas leal a tus hermanos galileos. Sígueme tú también.
—Así lo haré, maestro —respondió Judas.
Y con estas palabras, Judas pasó a formar parte del grupo, que con él quedaba cerrado a doce.
━━━ ✦ ━━━
Esa mañana Jesús la pasó en la casa de Tomás. El nuevo discípulo tenía una amplia vivienda muy cerca del atracadero. Estaba casado y tenía cuatro hijos, dos chicos y dos chicas. La presencia del renombrado rabí de Cafarnaúm causó sensación, haciendo que numerosos integrantes del vecindario se dejaran caer por la casa del jefe del puerto, entre ellos Jebud, el armador amigo de Zebedeo.
Durante esa mañana Jesús explicó a los presentes sus intenciones hacia sus doce discípulos. Más bien fue ésta una plática dirigida a los doce, pero las recomendaciones muy bien podían ser de utilidad para cualquier creyente. Esta fue la primera vez que los discípulos escucharon a Jesús anunciar públicamente su intención de iniciar una serie de viajes por el territorio judío para diseminar sus enseñanzas.
Inevitablemente, la congregación de curiosos que se había reunido no permitió a Jesús disponer de un sólo minuto con los apóstoles. El Maestro, encantado con la expectación, respondió extensamente a todas las dudas sobre su mensaje que la predicación de Felipe y Natanael habían causado.
Mucha gente de Tariquea pudo empezar a vislumbrar este día el adelanto que el nuevo evangelio de Jesús suponía respecto a la predicación de los escribas oficiales.
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Esa tarde, después del almuerzo y cuando toda la gente había regresado a sus casas, Jesús se llevó a los doce a una elevación cercana a la ciudad, desde la que había unas vistas espléndidas de la población y del lago. Durante un rato el Maestro pidió a sus amigos que lo dedicaran a la oración mientras él comunicaba con su Padre en un lugar apartado.
Al cabo de una hora Jesús les reunió a todos de nuevo en torno suyo, explicándoles que deseaba seguir compartiendo con ellos más enseñanzas privadas. Y les dijo:
—La creación del universo es la obra del Padre, pero él no realiza esta acción de forma personal, sino que delega su autoridad y otorga su poder creativo a parejas de seres creadores: uno es llamado el Hijo Creador y el otro es la Hija Creativa, también llamada la Ministra Divina. Ésta última es de quien se ha originado la creencia en el Espíritu Santo.[1]
› En cuanto a su poder creativo, ella es la auténtica creadora física del universo tal y como lo conocemos. Ella creó la tierra, los cielos, las aguas, y a todos los seres vivientes que la pueblan, incluido el hombre. El Hijo Creador en realidad provee de los diseños. El Hijo es el arquitecto y la Hija es la constructora o tekton[2].
› Ella es la responsable del origen de la vida. Sólo ella guarda este secreto. Como dijo el profeta: «Envías tu Espíritu, y son creadas las cosas. Y renuevas la faz de la Tierra».
› El Hijo es omnitemporal, es decir, es capaz de sobrepasar la limitación del tiempo y hacer cosas de forma instantánea. Pero él es una criatura igualmente limitada al espacio. No puede estar en dos sitios a la vez. Sin embargo, la Hija, en su asociación creativa, es capaz de aportar esta cualidad para permitir al Hijo escapar a esta limitación. La Hija Divina es omnipresente y se encuentra su influencia espiritual por todo el orbe conocido.
› Pero, escuchad, está próximo el día en que el Hijo será investido de todo poder en la Tierra y en el Cielo, y entonces veréis llegar al Espíritu de la Verdad, el Confortador, la influencia conjunta que permitirá al Hijo escapar a las limitaciones del espacio.
› ¿Podéis vislumbrar siquiera la grandeza del plan de Dios? Él os regala, no sólo una influencia espiritual, sino varias, cada una encaminada a acrecentar más el hambre y sed de rectitud en vosotros. Por un lado, tenéis con vosotros una influencia espiritual del Padre, y luego varias más derivadas de los Hijos cocreadores: el Espíritu Santo proveniente de la Ministra Divina, y el Espíritu de la Verdad proveniente del Hijo. Además, vuestra Madre Celestial os otorga también siete influencias espirituales que operan en el terreno de la mente, y que podrían llamarse los espíritus de sabiduría, de adoración, de asesoramiento, de conocimiento, de valentía, de comprensión y de intuición. Algunos antiguos profetas conocieron la verdad sobre estas cosas. ¡Qué panorama tan halagüeño para los hijos terrenales disponer de tanta ayuda celestial!, ¿no os parece?
Pero por las caras de sus pupilos no estaba tan claro que hubieran entendido. Muchas de aquellas enseñanzas les resultaban estrafalarias: ¿la Ministra Divina, la Hija? ¿Es que acaso este ser celestial era una mujer? ¡Eso era algo impensable! ¿Y qué era eso de que Dios no era el autor de la creación y había necesitado de la ayuda de otros seres? ¡Aquello contravenía por completo la verdad divina contenida en el primer libro de la Torá, que decía claramente: «Y creó Dios los cielos y la Tierra». Pero nadie se atrevió a indagar en estos oscuros asuntos.
Felipe rompió el espeso silencio y propuso el primer interrogante:
—Maestro, ¿qué es en realidad el Espíritu?
Jesús buscó las palabras más fáciles, en vista de las dificultades de sus oyentes.
—Si me preguntáis qué es el Espíritu os diré que es la fuente del incesante ministerio que alienta a los hijos de los hombres. Vuestro poder y logro es, como dijo el profeta, «conforme a su misericordia, a través de la renovación del Espíritu». La vida espiritual, así como la energía física, se consume. Del mismo modo a como los mortales necesitan del alimento y la bebida para no desfallecer y continuar, del mismo modo los seres renacidos en el espíritu requieren de éste alimento divino. Los esfuerzos espirituales resultan en un relativo agotamiento espiritual. Como está escrito: «Es el Espíritu el que estimula, él es quien da la vida».
—¿Cómo podemos acrecentar nuestro poder espiritual, a través del estudio de las escrituras? —preguntó Andrés.
—Las teorías y doctrinas religiosas, las palabras escritas en los libros, carecen del poder renovador y transformador del espíritu humano. Lo que el mundo de hoy necesita es lo que vuestro antiguo maestro declaró: «No en palabras solamente, sino también en el poder y en el Espíritu Santo». La semilla de la verdad teórica está muerta, los más elevados conceptos morales no tienen vigencia, a menos que y mientras que el Espíritu divino infunda inspiración sobre las realidades de la verdad y estimule las fórmulas de la rectitud.
› Es la presencia del Espíritu divino, el agua de la vida, la que sacia la sed de la mente descontenta que desea trascender las realidades mortales. Los seres motivados por el espíritu siempre encuentran cómo saciar su sed de verdad, pues el agua espiritual es en ellos un manantial de satisfacción que fluye eternamente hacia la vida.
—Pero, maestro, ¿de dónde podemos sacar ese agua de vida? ¿Nos darás tú de ese agua? —Ahora le tocó a Santiago preguntar.
—Hermanos míos, no cometáis el error de querer interpretar literalmente mis palabras. Cuando os hablo del agua de la vida no me refiero a una bebida terrenal, sino que pretendo estimular vuestro intelecto a las realidades supremas. El seguimiento del camino de la verdad y la fe constituyen los mejores esfuerzos para extraer agua de vida del pozo espiritual. Son los frutos espirituales de aquellos que siguen la voluntad del Padre los que les alimentan y les impulsan hacia la vida eterna. No esperéis pues que os diga: el agua de vida está aquí o está allí, porque en realidad está en vosotros y con vosotros. Buscadla más bien en vuestro corazón.
Muchas otras preguntas y respuestas intercambiaron esa tarde y noche Jesús y sus recién estrenados doce apóstoles. Pero por más que el Maestro se esforzó en hacerles comprender, todos tendían a adaptar su mensaje a sus conceptos preconcebidos: Pedro no podía imaginar otro ser divino fuera del Todopoderoso; Andrés sólo podía imaginar al espíritu como una parte del ser humano, la que escapaba a la muerte, y no entendía a qué influencias espirituales se refería Jesús; Juan había captado la noción de que Dios delegaba su poder, pero para él eso sólo podía ser en un Hijo, nunca en una Hija; también había encontrado algunos problemas en comprender la figura del Espíritu, pero a pesar de eso, es el que más cerca estuvo de entender este concepto de todos los doce; Santiago no podía entender la necesidad de tanta influencia espiritual; ¿por qué Dios no actuaba por sí mismo sin más?; Felipe estaba verdaderamente intrigado por la idea del Espíritu, y creía entender que Jesús les hablaba de él como si de un ser divino se tratara; intentaría en más ocasiones saciar su curiosidad sobre este tema, pensó; Natanael no había tenido dificultad en imaginar a un ser femenino como el creador del mundo, pero la idea de un espíritu fortalecedor le parecía ridícula, propia de la más pura fantasía; Mateo no había entendido nada y se sentía profundamente confuso; le alivió pensar que no necesitaría recordar esta difícil enseñanza puesto que no la utilizaría Jesús de forma pública; Simón sólo podía concebir la creación del mundo y las influencias espirituales tal y como las escrituras y los escribas las predicaban; los gemelos apenas sí habían logrado captar algo con claridad; Tomás estaba sumamente perplejo con las afirmaciones tan novedosas de Jesús; y Judas había entendido mucho, pero junto con Simón no podía admitir nada fuera de lo que ya enseñaban los doctores de la ley.
Las lecciones de Jesús de este día a los apóstoles sobre el Espíritu Santo están basadas en El Libro de Urantia doc. 138:5. Respecto al Espíritu Santo, el discurso de Jesús se basa en El Libro de Urantia, doc. 34. ↩︎
El tekton era el artesano que trabajaba con sus manos, como los carpinteros o los herreros. ↩︎