© 2010 Jan Herca (licencia Creative Commons Attribution-ShareAlike 4.0)
Tras una noche larga de preguntas y respuestas, el sueño venció finalmente al grupo de apóstoles. Era la primera noche en su nuevo cuartel general, la espaciosa casa de Zebedeo, y el silencio de aquel hogar, situado a cierta distancia del reducido núcleo de Cafarnaúm, invitaba a permanecer en vela dejando que las sorprendentes revelaciones del Maestro se sucedieran una tras otra en la cabeza.
Pero Jesús no deseaba precipitar la formación de sus discípulos. Les despidió diciendo que era tan importante el trabajo de conocer la Verdad como la búsqueda del merecido descanso para retomar las fuerzas. Y les emplazó a que estuvieran listos para nuevas pláticas al día siguiente.
A regañadientes, todos dejaron al Rabí, que permaneció un rato más en la penumbra del patio, mientras recogía los enseres de la cena.
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Era noche cerrada y la sombra humana de Salvin, el Hijo Creador, moviéndose con paso firme, caminó por una insegura vereda en dirección a los peñascos de Arbel. Una escasa luna permitía reconocer los fragmentos de grava y evitar los tropiezos. Jesús, que como de costumbre no podía dormir, se dirigió en busca de un lugar solitario y apartado.
Trepó con pericia por los escarpados agrestes y peligrosos del monte Arbel. Los ruidos de la noche se hicieron cada vez más siniestros e inquietantes, pero preocupaciones mayores llenaban la mente de Jesús como para asustarse de la oscuridad. El temor surge de la incertidumbre ante lo desconocido. Para los mortales, el futuro inmediato de los próximos días o meses constituye todo el conjunto de las preocupaciones de la vida. Pero para Salvin, este singular hombre y ser Creador, un futuro largo y distante se estaba batallando en el horizonte.
Las últimas crestas pusieron a prueba los reflejos y el equilibrio del Maestro, que a punto estuvo de dar con su corpulento cuerpo en el suelo. Alcanzó la cima casi sin resuello, y durante unos minutos se paró a tomar aliento inclinándose hacia delante. Cuando por fin la respiración se acompasó, pudo incorporarse y disfrutar de la impresionante vista nocturna del lago. Una pátina luminosa y espejeante se extendía sobre el mar de Galilea, reflejando los débiles rayos de la luna. Las grandes urbes del mar brillaban chispeantes con la débil claridad de las lucernas que iluminaban algunas calles. Unas escasas velas se apreciaban en la noche del mar. La dura jornada de pesca no hacía más que empezar para muchas cuadrillas de pescadores.
Jesús se sentó en un pedestal de piedra que permitía admirar todo el paisaje, y después de unos segundos de sosiego, llevó su mente al contacto espiritual. No tardó mucho en contactar con su Padre del Cielo y establecer una comunicación con él que duró varias horas.
En estas largas conversaciones, el Maestro, actuando como Salvin, utilizaba una capacidad del mundo del espíritu, poderosa e impresionante, que le permitía dialogar con su Padre y con otros altos representantes del Padre como si estuvieran allí mismo junto a él. Su mente se proyectaba en el espacio y en el tiempo, surcando millones y millones de años-luz en el universo en sólo un instante. Su rostro se alteraba con la velocidad de la comunicación, provocando que sus mejillas y sus cejas se contrayeran en multitud de gestos. Sólo un minuto del tiempo terrestre usando este sistema equivalía a miles de horas de un diálogo humano.
Jesús transmitía al Padre Azul todas sus dudas y vacilaciones, sus experiencias, sus expectativas e ilusiones, y recibía con placer los consejos que le llegaban desde el Paraíso.
Tanto tiempo pasó así que llegaron por el horizonte los primeros rayos de luz, y con ellos el Maestro se despidió y dio por concluida la comunicación.
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El resplandor rojizo de un sol escondido se extendió por el valle del Jordán y el mar de Galilea. Jesús permaneció todavía en silencio durante un rato.
En medio de aquella tranquilidad, el Maestro percibió algo. Una inusual estrella se mecía en el horizonte, al otro lado del lago.
Pero esta luz no era visible para los ojos humanos. Jesús aún estaba utilizando su visión espiritual. Como si comprendiera lo que sucedía se puso en pie sin perder de vista a aquel objeto luminoso.
De pronto, la luz se movió con celeridad recorriendo las aguas en un vuelo casi rasante. Al llegar a la otra orilla se pudo distinguir fácilmente que en realidad aquella bola de luz estaba formada por dos figuras globulares en forma de cántaro alargado, y que la luz era tan sólo un tenue halo que rodeaba una silueta casi humana.
Sin que el Maestro se inmutara aquellas luces se posaron a escasos metros de él.
Jesús sonrió y se acercó a aquellos dos extraordinarios seres. Una vez su brillante luz espiritual se atenuó dejaron entrever un fornido cuerpo, muy parecido al humano. A la espalda, una especie de coraza escondió unos escudos alargados en forma de alas que se replegaron hasta ocultarse por completo. Sus facciones habrían resultado sumamente hermosas a cualquier ser humano, con unos ojos rasgados de iris verdosos.
Eran dos magníficos seconafines, dos «Importancia del Tiempo», llegados directamente de la capital del sistema. Se llamaban Aurien y Lorien, y habían sido convocados por Salvin el año antes, durante uno de los contactos de Jesús con la administración de su universo local.
—Queridos hijos, sed bienvenidos.
—Adorado Maestro, es un honor servirte en tu misión de otorgamiento como mortal.
Ambos hicieron una profunda reverencia inclinando su esbelto cuerpo de más de dos metros.
Utilizaron el nebadoniano, el idioma universal en la creación estelar de Jesús, y la soledad de aquel inhóspito paraje les protegió de los oídos no deseados. De todos modos, si alguien hubiera estado allí tan solo habría visto a un aparente lunático hablando solo.
Por espacio de varias horas Jesús y estos dos magníficos ángeles conversaron largamente sobre el futuro de la civilización de Urantia, que así llamaban a la Tierra.
Jesús, en calidad del ser Creador conocido como Salvin, el Miguel de Nebadon, disponía de unas prerrogativas y unos poderes impresionantes para conocer el futuro. El Maestro era capaz de proyectar su mente hacia adelante en el tiempo, pudiendo descubrir y analizar los efectos a largo plazo de sus acciones.
Pero ni siquiera seres tan espectaculares como los Hijos Creadores disponen de semejantes poderes de forma ilimitada. Ellos también se encuentran restringidos y supeditados a unas barreras. Por ello, cuando los altos seres espirituales desean profundizar en la visión y el pronóstico del futuro, utilizan a estos impresionantes ángeles, los «Importancia del Tiempo». Estos seres son como auténticas máquinas del tiempo vivientes. Tienen la incomprensible capacidad de proyectar el pasado y el presente y de hacer predicciones y profecías de sucesos distantes en el futuro. Para ellos, el progreso temporal es algo que pueden diluir hasta volverlo maleable, dúctil, haciendo que el círculo de la eternidad se doble hacia adentro y se vuelva una sucesión lineal que pueden recorrer con su prodigiosa mente. Ni ellos mismos son conscientes de cómo esta habilidad es posible. Este asunto de la transformación del tiempo sólo es un conocimiento en manos de los altos creadores del universo. El resto de seres ven sus efectos, son capaces de aprovecharse de los resultados, o incluso como en el caso de los «Importancia del Tiempo», pueden provocar que suceda, pero el origen de estos sucesos es algo que escapa a su comprensión.[1]
Jesús planteó a los dos seconafines sus planes para la elevación espiritual del planeta mediante una nueva revelación de la verdad, una revelación que marcaría una nueva época, un antes y un después en la historia del mundo. También trajo a la consideración de Aurien y Lorien el aspecto del derramamiento del Espíritu de la Verdad. Con todos estos ingredientes los tres analizaron la situación en profunda reflexión. Finalmente, Aurien expuso sus conclusiones, que fueron corroboradas por Lorien.
—Desde el momento de tu partida de este mundo, muchos de tus seguidores, la mayoría más destacada, se aprestarán para tergiversar tus enseñanzas y convertir tu sencillo llamamiento espiritual en un conjunto de normas de conducta, costumbres y actitudes de todo tipo sobre cuestiones sociales. En lugar de transmitir tu mensaje y perseverar en la búsqueda de la verdad, elaborarán un nuevo sistema de creencias sobre tu persona basado en la religión judía. Una nueva religión se organizará en torno a tu nombre.
› Este proceso de socialización e institucionalización de tu evangelio supondrá unos doscientos años del tiempo de este planeta. Durante este tiempo, tus seguidores correrán un grave peligro porque surgirá una corriente de reacción contraria a la novedad de la joven fe.
› Pero antes o después, el mundo occidental, el más dispuesto para aceptar una nueva religión, claudicará ante este credo que se formará en tu nombre, y no tardará en convertirla en su religión oficial.
› Durante un número imprevisible de siglos, al menos diez, la religión que se formará en tu nombre irá ganando en influencia y poder hasta invadir todos los ámbitos de la sociedad. Será un período de progresiva secularización que llevará al mundo a la tiranía y al totalitarismo de los dirigentes religiosos. Será una época de tinieblas espirituales para este mundo, donde tu mensaje permanecerá en un prolongado letargo víctima de un exceso de misticismo y de superstición. Grandes guerras y penurias se auguran para estos tiempos a causa de los choques culturales entre la religión que te venerará en occidente y otras culturas del oriente.
› Sin embargo, esta época también llegará a su fin. Dentro de no menos de quince siglos, un aire fresco de nuevas ideas traerán una renovación de los planteamientos religiosos. Por desgracia, esta renovación será tímida y no se atreverá a reformar de forma profunda muchos principios religiosos. Los cambios sólo serán aceptados en una parte del occidente influido por la religión con tu nombre, y sucederá una inevitable confrontación y fragmentación.
› Pero algo sucederá en los trescientos años siguientes que erradicará por siempre de este mundo occidental la dominación eclesiástica totalitaria. Un renacimiento cultural provocará una corriente en aumento de laicismo y anticlericalismo. Este laicismo traerá grandes avances científicos y materiales, y una poderosa ciencia y un humanismo laico tomarán el relevo del secularismo. Por desgracia, el totalitarismo clerical dejará paso al totalitarismo político e industrial. Grandes guerras y holocaustos mundiales se auguran para este período.
› En ese momento de fractura espiritual del mundo, en medio de las influencias del antiguo clericalismo y del nuevo laicismo, será el momento para una nueva revelación de la Verdad que marque una nueva época.
› Esta nueva revelación irá extendiéndose de forma lenta y pausada por toda Urantia, y con el tiempo triunfará allí donde la religión fabricada en tu nombre no lo hizo. Llevará estas verdades a los pueblos orientales y al resto del orbe, formando una nueva influencia espiritual mundial más consecuente con el mensaje que tú vas a proclamar ahora.
› El humanismo, que habrá triunfado en el mundo occidental trayendo una concienciación global en materia de paz, conservación de los recursos naturales, economía y gobierno, se irá viendo influida progresivamente por esta nueva conciencia espiritual.
› Allá dentro de veinticinco siglos esta nueva espiritualidad religiosa triunfará, patrocinando los mayores logros que haya imaginado esta humanidad. Este triunfo de la Verdad permitirá el comienzo del establecimiento de la fraternidad entre todos los pueblos que tú vas a predicar a esta generación.
› Será este el momento propicio para una nueva ministración de la Verdad.[2]
Jesús había escuchado con atención estos presagios y ya conocía muchas de estas predicciones. Le entusiasmaba comprobar que estos brillantes seres coincidían con él en sus pronósticos. ¡Veinticinco siglos para el triunfo de su revelación! Podría parecer una eternidad para lo que suele ser el cómputo temporal humano, pero apenas era un breve lapso de tiempo para los planes lentos y certeros de los creadores divinos.
Los seconafines, obviamente, al referirse a una nueva religión en nombre de Jesús, se estaban refiriendo en realidad al cristianismo. El Maestro había reflexionado muchas veces sobre esta nueva fe que surgiría tras su partida. Sabía que todos sus esfuerzos para evitar que sus apóstoles y seguidores le idolatraran iban a ser baldíos. Aunque la primera generación mantendría más fielmente la idea de la hermandad de los creyentes, las sucesivas generaciones estarían prestas a formar organizaciones y fomentar nuevas estructuras sociales sobre la base de su persona.
Jesús les dijo:
—Todas estas predicciones estaban en mi mente desde los primeros momentos de mi toma de conciencia divina en este planeta. Esto confirma todas las sospechas que albergaba acerca del progreso de mi obra. Este es el camino del Padre: que viva una vida humana plena hasta el final como mensaje elocuente del camino hacia la Verdad. Ahora sé y estoy seguro de que éste es el camino, un camino que será largo, arduo y penoso para muchos de mis hijos en esta Tierra, pero que finalmente triunfará, y cuando lo haga, traerá los mayores dones y frutos para esta humanidad. He consultado con el Padre, y tengo su aprobación para modificar el plan de ascenso espiritual de este planeta y ejemplizar un camino nuevo de perfeccionamiento planetario. En algún momento futuro, cuando la revelación creciente haga triunfar la hermandad de buena voluntad de los hijos de Dios en esta Tierra, volveré de forma manifiesta en calidad de Soberano de este universo, para retomar el trabajo que ahora voy a iniciar. Estas ministraciones excepcionales, junto a las visitas ordinarias de los Hijos Magisteriales relativas a los cierres de las eras, auguran los mayores logros espirituales para esta esfera habitada y una reversión completa de los problemas inherentes que las rebeliones y el aislamiento causaron en el pasado. Un futuro lleno de esperanza y de éxito se extiende en el horizonte para este planeta de mi natividad humana. ¡Cómo ardo en deseos de comenzar la obra del Padre y hacer su voluntad!
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Jesús se despidió de Aurien y Lorien con un brillo de profunda emoción y agradecimiento en sus ojos. Su visión espiritual le permitió seguir su vuelo de regreso a casa, despegando como un cometa en el firmamento, y dejando una estela radiante y luminosa que se perdió rápidamente en el azul de la mañana.
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Viernes, 12 de julio de 26 (9 de ab de 3786)
Los doce apóstoles se sintieron aliviados cuando vieron a Jesús llegar a la casa de Zebedeo a medio día. No terminaban de acostumbrarse a estas frecuentes escapadas en solitario de su maestro. Una creciente curiosidad llenaba el vacío de estas ausencias. ¿Qué es lo que hacía el Rabí durante tanto tiempo a solas lejos de la ciudad? Durante gran parte de la mañana Pedro, Santiago y Andrés comentaron sus teorías con el resto de los compañeros. Para Pedro el Maestro ayunaba y luchaba contra las tentaciones del maligno. Para Santiago Jesús preparaba en secreto a las huestes seráficas para la batalla final contra las fuerzas del mal. Y Andrés creía que practicaba una forma más eficaz de oración que era el medio por el cual lograba que su Padre le otorgara todo cuanto pedía.
Juan Zebedeo, que tiempo atrás fue el único que había pasado uno de esos retiros con Jesús, trató de convencer a sus amigos de que estaban en un error y que Jesús en realidad se comunicaba directamente con su Padre. Pero pronto empezaron las tensiones entre el más joven de los discípulos y el resto de los once. A causa de su juventud y del tono un tanto engreído con que Juan solía contar las cosas, los demás dieron por supuesto que el menor de los Zebedeo exageraba y en realidad nunca había estado con el Maestro a solas. Juan se tomó muy a mal esta falta de credibilidad en él, enzarzándose en una agria disputa con su hermano y con Pedro.
Los otros seis apóstoles no sabían muy bien qué opinar. En realidad eran unos recién llegados y todo lo que oían de Jesús no dejaba de llenarles de asombro. Tan sólo Judas se mostró algo inquisitivo y preguntó porqué el Rabí no hacía nada por rescatar al Bautista de manos de Herodes y parecía evitar el enfrentamiento con Antipas. Sin embargo, aunque todos sentían la misma decepción, ninguno supo darle una explicación de este incomprensible comportamiento de Jesús.
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Todas las discusiones cejaron de súbito cuando los doce oyeron la voz grave de su rabbí. Los saludos rápidos y forzados de los discípulos les delataron. El Maestro ya sabía que esta situación iba a repetirse con frecuencia: era difícil que doce hombres con temperamentos y experiencias tan dispares congeniaran sin más en apenas unos días, y se pusieran de acuerdo sobre los aspectos secundarios relacionados con su personalidad divina, sobre la cual de momento el Maestro había preferido no revelarles nada.
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Esa tarde, para relajar los ánimos, les desveló a los doce la verdadera historia de Adán y Eva. Jesús les aseguró que poco a poco les iría dando a conocer la verdad sobre muchos pasajes de las escrituras, pero bajo la advertencia de que aquellas enseñanzas después nunca las utilizaran en público: «Son enseñanzas sólo para vuestros oídos que tenéis el privilegio de poder conocer. Pero que no se nuble vuestro orgullo. Estas revelaciones no representan nada esencial para vuestro progreso espiritual. No es un mayor conocimiento secreto de las escrituras el que os dará la vida eterna, como erróneamente creen los escribas, sino hacer la voluntad de mi Padre en los cielos».
Después de una larga exposición reveladora sobre el mito y la realidad de Adán y Eva, les dijo a modo de conclusión:
—Mirad. Ellos no fueron los primeros padres del género humano. Estudiad bien el libro del Génesis y descubriréis en él el error que cometió el escriba al hablar de la mujer de Caín, delatando el fallo de esta historia. Adán y Eva en realidad son mis predecesores en la proclamación de la Verdad en este mundo. Ellos pecaron y fallaron en su cometido. Pero hace ya mucho tiempo que su falta fue exculpada. Así pues, ahora que sabéis estas cosas, tened siempre un buen recuerdo lleno de cariño para estos enviados de mi Padre, que a pesar de todas las fallas en que incurrieron, tanto bien han traído a este mundo. Pero ya veo por vuestras caras que os resulta difícil esta enseñanza. No os sintáis confusos. Ya volveré más adelante sobre ella.
Los apóstoles no entendían estas nuevas declaraciones de su maestro. Para ellos Adán y Eva no podían ser sino los primeros padres, la causa de la situación de la humanidad por su pecado. ¿A qué fallo se refería Jesús en la Torah? ¡Las escrituras no podían fallar! No era de extrañar que Jesús solicitase discreción sobre estas revolucionarias enseñanzas. Los apóstoles las comentaron en muchas ocasiones en privado, pero sabían que nunca serían bien recibidas por el pueblo, y mucho menos por los rabinos oficiales. Una losa de silencio caería por el momento sobre estas novedosas ideas.[3]
Los «Importancia del Tiempo», los seconafines, son unos seres descritos en el documento 28 de El Libro de Urantia. Estos seres equivalen a «máquinas del tiempo vivientes». Ahí se nos dice que no es raro encontrarlos en todas partes dentro de la zona gobernada por un ser como Jesús. Es natural pensar que el Maestro, a pesar de su enorme poder de previsión del futuro, probablemente les consulta con frecuencia para asegurarse de sus previsiones. ↩︎
Sobre las previsiones para el futuro que describen los dos ángeles resulta claro que están hablando de la evolución de la religión cristiana y de la civilización humana hasta la actualidad. La «nueva revelación» de la que hablan los ángeles es claramente El Libro de Urantia. Después hablan de la idea de que en los primeros cinco siglos del tercer milenio la humanidad experimentará un fuerte auge espiritual, llegando finalmente, en algún momento impreciso, a reinar el verdadero evangelio de Jesús (véase LU 195:10). Está por ver si esta nueva «espiritualidad religiosa» que traerá finalmente la hermandad entre todos los pueblos estará basada en el cristianismo o en otra religión. El Libro de Urantia parece indicar en numerosas ocasiones que dentro de «mil años» ocurrirá un nuevo evento en la humanidad que expandirá la revelación (LU 30:0.2; LU 93:10.10; LU 101:4.2). ↩︎
Sobre Adán y Eva, las ideas reflejadas se basan en el contenido de los documentos 51, 74 y 75 de El Libro de Urantia. ↩︎