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Contiene normas para purificar las manos de la impureza. Estas normas se basan enteramente en la autoridad de la tradición o la ley oral, ya que la Mishná no cita ni aduce ningún mandamiento del Pentateuco que las respalde. Para comer pan horneado de Cholin, [^1288] las manos deben someterse a una ablución hasta la muñeca; la cantidad de agua utilizada para este propósito no debe ser inferior a un cuarto de lug. [^1289] Para comer Teroomah [^1290] de cualquier tipo, las manos, además de esta primera ablución, deben someterse a otra; por lo tanto, se denominan respectivamente primera y segunda ablución; esta última no requiere necesariamente un cuarto de lug de agua.
El tercer capítulo del Tratado señala ciertos objetos que hacen que las manos sean legalmente impuras. El último capítulo aborda diversos temas y menciona algunas objeciones planteadas por los saduceos, y cómo los Tanaim [sabios de la Mishná] las respondieron.