Emil Schürer escribe (La literatura del pueblo judío en el tiempo de Jesús, pp. 329-331):
Si bien esta explicación más breve en forma catequética [Preguntas y respuestas sobre el Génesis] estaba destinada a círculos más amplios, la obra científica especial y principal de Filón es su extenso comentario alegórico sobre el Génesis, Νομων ιερων αλληγοριαι (tal es el título que le dan Euseb, Hist. eccl. ii. 18. 1, y Focio, Bibliotheca cod. 103. Compárese también Orígenes, Comment. in Matth. vol. xvii. c. 17; contra Celsum, iv. 51). Estas dos obras con frecuencia se aproximan en cuanto a su contenido. Pues también en las Quaestiones et solutiones se da el significado alegórico más profundo, así como el significado literal. En el gran comentario alegórico, por el contrario, prevalece exclusivamente la interpretación alegórica. El sentido alegórico más profundo de la carta sagrada se resuelve en una discusión extensa y prolija, que, debido a la abundante adición de pasajes paralelos, a menudo parece desviarse del texto. Así, todo el método exegético, al incorporar los pasajes más heterogéneos para dilucidar la idea que se supone existe en el texto, recuerda con fuerza al método del Midrash rabínico. Sin embargo, esta interpretación alegórica, con toda su arbitrariedad, sus reglas y leyes, mantiene posteriormente con aceptable consistencia el significado alegórico, tal como se estableció para ciertas personas, objetos y eventos. Es especialmente fundamental, y de ahí se deduce la exposición, que la historia de la humanidad, tal como se relata en el Génesis, no es en realidad más que un sistema de psicología y ética. Los diferentes individuos que aparecen aquí denotan los diferentes estados del alma (τροποι της ψυχης) que se dan entre los hombres. Analizarlos en su variedad y sus relaciones, tanto entre sí como con la Deidad y el mundo de los sentidos, y de ahí deducir doctrinas morales, es el objetivo principal de este gran comentario alegórico. Así, percibimos al mismo tiempo que el principal interés de Filón no es —como podría suponerse a partir del plan general de su sistema— la teología especulativa por sí misma, sino, por el contrario, la psicología y la ética. A juzgar por su propósito último, no es un teólogo especulativo, sino un psicólogo y moralista (cf. nota 183).
El comentario, al principio, sigue el texto del Génesis versículo por versículo. Posteriormente, se seleccionan secciones individuales, algunas de las cuales se tratan con tanta profundidad que llegan a convertirse en monografías regulares. Así, por ejemplo, Filón aprovecha la historia de Noé para escribir dos libros sobre la embriaguez (περι μεθης), lo cual hace con tal minuciosidad que una recopilación de las opiniones de otros filósofos sobre este tema llenó el primero de estos libros perdidos (Mangey, i. 357).
La obra, tal como la conocemos, comienza en Génesis ii. 1; Και ετελεσθησαν οι ουρανοι και η γη. Por lo tanto, no se trata de la creación del mundo. Pues la composición De opificio mundi, que la precede en nuestras ediciones, es una obra de carácter completamente diferente, pues no es un comentario alegórico sobre la historia de la creación, sino una exposición de esa historia misma. El primer libro de Legum allegoriae tampoco se vincula en modo alguno a la obra De opificio mundi; pues la primera comienza en Génesis ii. 1, mientras que en De opif. mundi, también se trata de la creación del hombre, según Génesis ii. Por lo tanto —como afirma acertadamente Gfrörer en respuesta a Dähne— el comentario alegórico no puede combinarse con De opif. mundi como si ambos fueran solo partes de la misma obra. Como mucho, cabe preguntarse si Filón no escribió también un comentario alegórico sobre Génesis 1. Sin embargo, esto es improbable, pues el comentario alegórico se propone tratar la historia de la humanidad, y esta no comienza hasta Génesis 2:1. Tampoco es necesario que el comienzo abrupto de Leg. alleg. 1 parezca extraño, ya que esta manera de comenzar de inmediato con el texto a exponer se corresponde plenamente con el método del Midrash rabínico. Los libros posteriores del propio comentario de Filón también comienzan de hecho de la misma manera abrupta. En nuestros manuscritos y ediciones, solo los primeros libros llevan el título correspondiente a la obra completa, Νομων ιερων αλληγοριαι. Todos los libros posteriores tienen títulos especiales, lo que da la impresión de ser obras independientes. Sin embargo, en realidad, todo el contenido del primer volumen de Mangey —es decir, las obras que siguen— pertenece al libro en cuestión (con la única excepción de De opificio mundi).
Emil Schürer comenta: “Περι των Χερουβιμ και της φλογινης ρομφαιας και του κτισθεντος πρωτου εξ ανθρωπου Καιν. De Cherubim et flammeo gladio (Mangey, i. 138-162). En Gen. iii 24 y iv. ιερων αλληγοριαι, pero con títulos especiales. Según nuestra conjetura, como se mencionó anteriormente, este libro sería el quinto, a menos que formara el cuarto junto con el comentario sobre Génesis 3:20-23. (La literatura del pueblo judío en la época de Jesús, pág. 332)
FH Colson y GH Whitaker escriben (Philo, vol. 2, págs. 3-7):
Este excelente tratado se divide en dos partes, la primera (1-39) una homilía sobre Génesis iii. 24—
«Y expulsó a Adán, y puso frente al Jardín del Deleite los querubines, y la espada de fuego que giraba por todos lados.»
El segundo (40—fin) sobre Génesis iv. 1—
«Y Adán conoció a Eva, su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín, y él dijo: “Por medio de Dios he adquirido un varón».
I. En la primera parte, comenzamos (1-10) con una disquisición sobre la diferencia entre las frases «arrojado» y «enviado», utilizadas en Génesis 3:23: la primera indica una expulsión permanente, la segunda, una temporal (1-2). Estos diferentes significados se ilustran (3-9) con la expulsión anterior de Agar, descrita en Génesis 16, y la posterior y permanente de Génesis 21. En esta, como suele ocurrir en Filón, Agar representa la educación básica y secular, y Sara la filosofía.
Luego, analizamos (11-20) el significado de «en contra». Si bien se señala que la frase a veces puede indicar hostilidad (12-13), y a veces la postura del acusado ante su juez (14-17), donde el texto «el sacerdote hará que la mujer (acusada) se presente ante el Señor y le descubrirá la cabeza» lleva a interpretar las tres últimas palabras como «revelar los verdaderos motivos», se concluye que las palabras del Génesis se usan en el mismo sentido de amistad, como en el texto «Abraham estaba de pie ante (frente al) Señor» (18-20).
De 21 a 39, analizamos principalmente la intención de los dos Querubines y la Espada Flamígera. Se sugieren dos explicaciones físicas: (a) la esfera planetaria, por un lado, con sus siete zonas en las que se mueve cada planeta, y la de las estrellas fijas, por otro, representando la revolución de todo el cielo la espada (21-24); (b) los dos hemisferios del cielo, con el sol como espada (25-26). Pero Filón prefiere una interpretación más profunda (27-30), que encuentra en los Querubines las dos principales «Potencias» de Dios: su «bondad» o amor incondicional, y su majestad o soberanía, mientras que la espada es la razón o Logos que une a ambas. Esto último lleva a la reflexión de que Balaam, el necio, fue justamente despojado de su espada, como lo demuestran sus palabras al asno: «Si tuviera una espada, te habría traspasado» (32). Y estas palabras en particular, a su vez, sugieren una breve reflexión sobre quienes, decepcionados por los asuntos mundanos, culpan a los propios asuntos (33-38). Toda la homilía concluye con una sección que enfatiza la razón como fuente de la felicidad humana (39).
II. La idea principal que recorre la segunda parte es que Adán representa la mente, Eva el sentido (es decir, la percepción sensorial) y Caín (cuyo nombre significa «posesión») la idea impía, engendrada por la Mente y el Sentido, de que lo que tenemos es nuestro y no de Dios. Pero primero debemos considerar las palabras «Adán conoció a su esposa». La ausencia de una frase similar en relación con los grandes santos del Pentateuco indica que sus esposas (a diferencia de las de Adán) son Virtudes que reciben la semilla de Dios mismo, aunque dan descendencia a quienes las poseen, una lección que se declara para entendimientos superiores y demasiado espiritual para oídos profanos (40-52). A continuación, debemos preguntarnos por qué no se describe a «Caín» con mayor detalle como «hijo primogénito» (53-55), y la explicación de este punto se funde en una exposición de cómo la Mente, indefensa en sí misma, al aparearse con el Sentido, llega a comprender los fenómenos y supone que esta comprensión es obra suya (56-64). Se enfatiza la insensatez de esta suposición (65-66), y se ilustra primero con las palabras de Labán: «Las hijas son mis hijas, los hijos mis hijos, y el ganado mi ganado, y todo lo que ves es mío». La alegorización de hijas, hijos y ganado como artes o ciencias, razonamientos y percepciones sensoriales, respectivamente, conduce a un arrebato apasionado sobre la falibilidad humana y su esclavitud a los engaños (67-71), una esclavitud que se asemeja a la del esclavo de Éxodo 21, que «amaba a su amo» y rechazaba la libertad (72-74). Una segunda ilustración se extrae de la vana jactancia del Faraón, como se describe en el cántico de Moisés en Éxodo 15 (74-76). La incapacidad del Faraón para comprender que solo Dios actúa, mientras que el hombre debe ser pasivo (77), conduce a una notable digresión sobre la forma correcta de la pasividad humana: no es decir, una pasividad impotente, sino una que se prepara para aceptar y cooperar con el Actor (78-83).
En contraste con las vanas afirmaciones de la Mente, tenemos la afirmación divina de que «todo es mío… en mis fiestas». Las últimas palabras sugieren una meditación sobre el sentido en que Dios celebra la fiesta, cómo su descanso es una actividad eterna, que a diferencia de la actividad del mundo no conoce el cansancio (84-90). De hecho, el hombre no puede festejar en un sentido verdadero, y sigue una enérgica denuncia de la vanidad, el libertinaje y la pecaminosidad de las fiestas populares (91-97). Las últimas palabras de esta denuncia deploran la ceguera pagana ante la verdad de que Dios ve en los recovecos del alma, y así pasamos, mediante una transición un tanto forzada, a la idea del alma como casa de Dios, y la naturaleza de los preparativos necesarios para prepararla para su recepción se describe en un excelente pasaje, en el que Filón da un ejemplo destacado del gran valor que concede a la educación y la cultura seculares de su época (98-105).
El alma así preparada para recibir a Dios inevitablemente encontrará su mayor gozo en reconocer la soberanía y propiedad de Dios (106-107). Así volvemos al tema principal, ilustrado una vez más por el texto: «La tierra no se venderá… porque toda la tierra es mía, pues sois peregrinos y forasteros delante de Mí». Espiritualmente, la «tierra» es el mundo de la creación, cada parte del cual es un préstamo de Él a todas las demás, y aquí Filón se detiene elocuentemente en la interdependencia de las cosas creadas (108-113). También somos nosotros mismos, pues, criaturas inconstantes como somos (113-114), ignorantes de nuestro origen y adónde vamos (114-115), con nuestra mente siempre sujeta al engaño y la seducción (116-117), no podemos decir que nos pertenezcamos a nosotros mismos, un pensamiento que bien podría enseñarnos resignación (118-119). Las últimas palabras del texto, «vosotros sois peregrinos», sugieren el pensamiento de Dios como el verdadero «ciudadano», en contraste con nosotros que, en el mejor de los casos, somos inmigrantes (120-121), y una vez más la frase «no se venderán» nos recuerda que los beneficios que los hombres intercambian son, en el fondo, una cuestión de compra y venta, y que sólo Dios es el verdadero dador (121-123).
Finalmente, tenemos una disquisición sobre el error que entrañan las palabras «He adquirido un hombre por medio de Dios». Filón, siguiendo el ejemplo de Aristóteles, nombra cuatro causas de las cosas y demuestra que el «por quién» o agente, y no el «a través de quién» o instrumento, es aplicable a Dios (124-127); lo ilustra comparando el uso erróneo que José hizo de este último con el uso correcto que Moisés hizo de aquel (128-130).
I. (1) «Y Dios expulsó a Adán y lo colocó frente al paraíso de la felicidad; y colocó allí los querubines y una espada llameante que giraba en todas direcciones, para guardar el camino del árbol de la Vida.[1] En este pasaje, Moisés usa la expresión “Él expulsó», pero antes dijo «Él envió», no usando las diversas expresiones al azar, sino siendo muy consciente de qué partes las empleaba con propiedad y acierto. (2) Ahora bien, a un hombre que es enviado no se le impide regresar en algún momento posterior; pero quien es expulsado por Dios debe sufrir un destierro eterno, pues se le concede a quien aún no ha sido completamente y violentamente tomado prisionero por la maldad, arrepentirse y así regresar a la virtud, de la que ha sido expulsado, como a su gran patria; pero a quien está agobiado y totalmente sometido a una violencia incurable (3) Puesto que vemos a Agar, [2] por quien entendemos el tipo medio de instrucción que se limita al sistema encíclico, dos veces saliendo de Sara, que es el símbolo de la virtud predominante, y una vez regresando por el mismo camino, ya que después de haber huido la primera vez, sin ser desterrada por su señora, regresó para ver la casa de su amo, habiendo sido encontrada por un ángel, como leen las sagradas escrituras: pero la segunda vez, es completamente expulsada, y nunca más será traída de vuelta.
II. (4) Y debemos hablar de las causas de su primera huida, y luego de su segundo destierro perpetuo. Antes de que los nombres de ambos fueran cambiados, es decir, antes de que hubieran sido alterados para mejor en cuanto a las características de sus almas y hubieran sido dotados de mejores disposiciones, pero mientras el nombre del hombre aún era Abram, o el padre sublime, que se deleitaba en la elevada filosofía que investiga los eventos que ocurren en el aire y la naturaleza sublime de los seres que existen en el cielo, que la ciencia matemática reivindica como la parte más excelente de la filosofía natural, (5) y el nombre de la mujer aún era Sarai; el símbolo de mi autoridad, pues se le llama mi autoridad, y aún no había cambiado su naturaleza para convertirse en virtud genérica, y todo género es imperecedero, sino que aún se clasificaba entre las cosas particulares y las cosas en especie; (6) Entonces Agar, que es el tipo medio de instrucción encíclica, incluso si se esforzara por escapar de la vida austera y severa de los amantes de la virtud, volverá a ella, ya que aún no es capaz de recibir las excelencias genéricas e imperecederas de la virtud, sino que solo puede tocar las virtudes particulares, y tales como se mencionan en especie, en las que es suficiente alcanzar la mediocridad en lugar de la perfección extrema. (7) Pero cuando Abram, en lugar de ser un investigador de la filosofía natural, se convirtió en un hombre sabio y amante de Dios, cambiando su nombre a Abraham, que traducido significa el gran padre de los sonidos; pues el lenguaje, cuando se emiten sonidos, y el padre del lenguaje es la mente, que ha alcanzado la virtud. Y cuando Sarai, en lugar de ser mi autoridad, cambió su nombre a Sara, cuyo significado es princesa, y este cambio equivale a convertirse en virtud genérica e imperecedera, en lugar de virtud especial y perecedera: (8) entonces surgirá el género de la felicidad, es decir, Isaac; y él, cuando todos los afectos femeninos[3] hayan cesado, y cuando la pasión de la alegría y la alegría haya muerto, perseguirá con avidez, no diversiones infantiles, sino objetos divinos; Entonces también aquellas ramas elementales de instrucción que llevan el nombre de Agar, serán expulsadas, y también será expulsado su hijo sofista, que se llama Ismael.
III. (9) Y sufrirán el destierro eterno, Dios mismo confirmando su expulsión, cuando ordena al hombre sabio obedecer la palabra dicha por Sara, y ella lo insta expresamente a expulsar a la sirvienta y a su hijo; y es bueno ser guiado por la virtud, y especialmente cuando enseña lecciones como esta, que las naturalezas más perfectas son muy diferentes de los hábitos mediocres, y que la sabiduría es algo completamente diferente de la sofistería; porque uno se esfuerza por idear lo que es persuasivo para el establecimiento de una opinión falsa, lo cual es pernicioso para el alma, pero la sabiduría, con una larga meditación sobre la verdad mediante el conocimiento de la razón recta, trae verdadera ventaja al intelecto. (10) ¿Por qué, entonces, nos maravillamos de que Dios desterró de una vez por todas a Adán, es decir, a la mente, del distrito de las virtudes, después de que éste contrajo la necedad, esa enfermedad incurable, y si nunca más le permitió regresar, cuando también expulsa y destierra de la sabiduría y del sabio a todo sofista, y a la madre de los sofistas, la enseñanza que es de instrucción elemental, mientras que llama a los nombres de la sabiduría y del sabio Abraham y Sara.
IV. (11) Además, «La espada llameante y los querubines tienen una morada asignada justo enfrente del paraíso». La expresión «enfrente» se usa en parte para transmitir la idea de un enemigo que resiste, y en parte como apropiada para la noción de juicio, como una persona cuya causa se está juzgando que aparece ante su juez; en parte también en un sentido amistoso, para que puedan ser percibidos y considerados en una conexión más estrecha debido a la visión más precisa que así se obtiene, tal como las imágenes y estatuas arquetípicas se colocan frente a los pintores y estatuarios. (12) El primer ejemplo de un enemigo colocado directamente frente a uno se deriva de lo que se dice en el caso de Caín: «Salió de la presencia de Dios y habitó en la tierra de Nod, frente al Edén».[4] Nod, interpretado como conmoción, significa Edén, deleite. Por lo tanto, uno simboliza la maldad que agita el alma, y el otro, la virtud que crea para el alma un estado de tranquilidad y felicidad. No se refiere a la lujuria afeminada que se deriva de la complacencia de la pasión irracional del placer, sino a una alegría libre de trabajo y de dificultades, que se disfruta con gran tranquilidad. (13) Y se sigue por necesidad que cuando la mente se aparta de cualquier imaginación de Dios, por la cual sería bueno y conveniente que se apoyara, entonces inmediatamente, a la manera de un barco, que es sacudido en el mar, cuando los vientos se le oponen con gran violencia, es sacudido en todas direcciones, teniendo disturbios como si fueran su país y su hogar, una cosa que es la más contraria de todas las cosas a la firmeza del alma, que es engendrada por la alegría, que es un término sinónimo de Edén.
V. (14) Ahora bien, del tipo de oposición de lugar que se relaciona con comparecer ante un juez para juicio, tenemos un ejemplo en el caso de la mujer sospechosa de haber cometido adulterio. Pues, dice Moisés, «el sacerdote hará que la mujer se presente ante su señor, y ella se descubrirá la cabeza».[5] Examinemos ahora lo que pretende mostrar con esta orden. A menudo sucede que lo que debe hacerse no se hace como debe hacerse, y a veces también lo que no es apropiado se hace, sin embargo, de manera apropiada. Por ejemplo, cuando la devolución de un depósito no se hace con honestidad, sino que tiene la intención de perjudicar a quien lo recibe, o de usar una trampa para justificar una negación en el caso de otro depósito de mayor valor, en ese caso se realiza una acción apropiada de manera incorrecta. (15) Por otro lado, si un médico no dice la verdad exacta a un paciente enfermo cuando ha decidido purgarlo o realizar alguna operación con bisturí o cauterización para su beneficio, no sea que, si el enfermo, conmovido por la anticipación del sufrimiento, se niegue a someterse a la cura o, por debilidad mental, desespere de su éxito; o en el caso de un hombre sabio que da información falsa al enemigo para asegurar la seguridad de su país, temiendo que, al decir la verdad, los asuntos de los adversarios prosperen, en este caso se realiza una acción que no es intrínsecamente correcta. En referencia a esta distinción, Moisés dice: «Perseguir lo justo con justicia»,[6] como si fuera posible también perseguirlo injustamente, si en algún momento el juez que dicta sentencia no decide con honestidad. (16) Puesto que lo que se dice o se hace es abiertamente notorio para todos los hombres, pero puesto que la intención, la consecuencia de la cual lo que se dice es dicho, y lo que se hace es hecho, no es notoria, sino que es incierto si se trata de un motivo sano y sensato, o de un designio malsano, manchado con numerosas contaminaciones; y puesto que ningún ser creado es capaz de discernir la intención secreta de una mente invisible, sino solo Dios; en referencia a esto Moisés dice que «todas las cosas secretas son conocidas por el Señor Dios, pero solo las que son manifiestas son conocidas por la criatura». (17) Y por lo tanto se le ordena al sacerdote y al profeta, es decir a la razón, «colocar el alma delante de Dios, con la cabeza descubierta»,[7] es decir, el alma debe ser descubierta en cuanto a su diseño principal, y los sentimientos que alimentó deben ser revelados, para que, al ser llevada ante el tribunal de la visión más precisa del Dios incorruptible, pueda ser examinada a fondo en cuanto a todos sus disfraces ocultos, como una moneda vil, o,Por otra parte, si se encuentra libre de toda participación en cualquier tipo de maldad, puede lavar todas las calumnias que se han pronunciado contra ella, trayéndole como testimonio de su pureza a aquel que es el único capaz de contemplar el alma desnuda.
VI. (18) Este es, entonces, el significado de comparecer ante el juez al ser llamado a juicio. Pero el caso de comparecer ante alguien que tenga relación con la conexión o familiaridad, puede ilustrarse con el ejemplo del sabio Abraham. «Pues», dice Moisés, «todavía estaba de pie ante Dios».[8] Y una prueba de su familiaridad está contenida en la expresión de que «se acercó a Dios y habló». Pues es propio que quien no tiene conexión con otro se mantenga a distancia y separado de él, pero quien sí la tiene debe mantenerse cerca. (19) Y permanecer de pie y tener una mente inmutable se acerca mucho al poder de Dios, ya que la Divinidad es inmutable, pero lo creado es intrínseca y esencialmente cambiante. (20) Pero Dios, muy apropiadamente, asigna a los querubines y a la espada llameante una ciudad o morada frente al Paraíso, no como enemigos que se le opongan y luchen contra él, sino como parientes y amigos cercanos, para que, como consecuencia de una continua visión y contemplación mutua, ambos poderes puedan concebir un afecto mutuo, inspirándoles el Dios todo generoso un amor alado y celestial.
VII. (21) Pero ahora debemos considerar cuáles son las alusiones figurativas que se expresan enigmáticamente en la mención de los querubines y de la espada llameante que giraba en todas direcciones. ¿Acaso no podríamos decir que Moisés introduce aquí, bajo una figura, una insinuación de las revoluciones de todo el cielo? Pues las esferas celestiales recibían un movimiento en direcciones opuestas: una esfera recibía un movimiento fijo hacia la derecha, pero la esfera del otro lado recibía un movimiento errático hacia la izquierda. (22) Pero ese círculo exterior de las llamadas estrellas fijas es una sola esfera, que también procede en una revolución periódica fija de este a oeste. Pero el círculo interior de los siete planetas, cuyo curso es a la vez obligatorio y voluntario, tiene dos movimientos, que son hasta cierto punto contrarios entre sí. Y uno de estos movimientos es involuntario, como el de los planetas. Pues aparecen cada día avanzando de este a oeste. Pero su movimiento peculiar y voluntario es de oeste a este, según el cual los períodos de los siete planetas han recibido su medida exacta de tiempo, moviéndose en un curso igual, como el Sol, Lucifer y el llamado Stilbon. Pues estos tres planetas tienen la misma velocidad; pero algunos de los otros son desiguales en cuanto al tiempo, pero conservan cierta proporción relativa entre sí y con los otros tres mencionados. (23) En consecuencia, por uno de los querubines se entiende la circunferencia más externa de todo el cielo, en la que las estrellas fijas celebran su danza verdaderamente divina, que siempre procede según principios similares y es siempre la misma, sin abandonar jamás el orden que el Padre, que las creó, les asignó en el mundo. Pero el otro querubín es la esfera interior, contenida en la ya mencionada, que Dios originalmente dividió en dos partes, creando siete órbitas con una proporción definida entre sí, y adaptó cada planeta a una de ellas. (24) Luego, tras colocar cada estrella en su órbita correspondiente, como un cochero, no confió las riendas a ninguna, temiendo una gestión inarmónica, sino que las hizo depender de sí mismo, pensando que, con esa disposición, su movimiento se armonizaría al máximo. Pues todo lo que existe en armonía con Dios merece alabanza; pero todo lo que existe sin él es defectuoso.
VIII. (25) Este es, pues, uno de los sistemas según los cuales lo que se dice de los querubines puede entenderse alegóricamente. Pero debemos suponer que la espada, compuesta de llamas y girando siempre en todas direcciones, insinúa su movimiento y la agitación eterna de todo el cielo. ¿Y no podríamos decir, según otra forma de entender esta alegoría, que los dos querubines simbolizan cada uno de los hemisferios? Pues dicen que están frente a frente, inclinados hacia el propiciatorio; puesto que los dos hemisferios también están exactamente opuestos entre sí y se inclinan hacia la tierra, que es el centro de todo el universo, por lo que, además, se mantienen separados. (26) Pero la única parte del mundo que se mantiene firme fue llamada Vesta[9] por los antiguos, con el acierto de que los dos hemisferios pudieran girar con excelente armonía alrededor de algún objeto firmemente fijado en el centro. Y la espada llameante simboliza al sol; pues, al ser un conjunto de un inmenso cuerpo de llamas, es el más veloz de todos los seres existentes, hasta tal punto que en un día da la vuelta al mundo entero.
IX. (27) También, en una ocasión, escuché un razonamiento más ingenioso de mi propia alma, que solía ser frecuentemente embargada por cierta inspiración divina, incluso respecto a asuntos que ni siquiera a sí misma podía explicar; el cual ahora, si logro recordarlo con precisión, relataré. Me decía que en el único Dios vivo y verdadero había dos poderes supremos y primarios: la bondad y la autoridad; y que por su bondad había creado todo, y por su autoridad gobernaba todo lo creado; (28) y que el tercer elemento que se encontraba entre ambos, y que tenía el efecto de unirlos, era la razón, pues gracias a ella Dios era a la vez gobernante y bueno. Ahora bien, de esta autoridad gobernante y de esta bondad, al ser dos poderes distintos, los querubines eran los símbolos, pero de la razón, la espada llameante lo era. (29) Y tú, oh mente mía, recibe la impresión pura de cada uno de estos querubines, para que así, instruida a fondo sobre la autoridad gobernante del Creador de todas las cosas y sobre su bondad, recibas una feliz herencia; pues inmediatamente comprenderás la conjunción y combinación de estos poderes imperecederos, y aprenderás en qué aspectos Dios es bueno, siendo su majestad, que surge de su poder soberano, siendo siempre conspicua; y en lo que él es poderoso, su bondad, siendo igualmente objeto de atención, es de esta manera que puedes alcanzar las virtudes que son engendradas por estas concepciones, a saber, un amor y un temor reverencial a Dios, sin ser elevado a la arrogancia por cualquier prosperidad que pueda sobrevenirte, teniendo siempre en cuenta la grandeza de la soberanía de tu Rey; ni renunciar abyectamente a la esperanza de cosas mejores en la hora de la desgracia inesperada, teniendo en cuenta, entonces, la misericordia de tu gran y generoso Dios. (30) Y deja que la espada llameante te enseñe que estas cosas pueden ser seguidas por una razón pronta y ardiente combinada con la acción, que nunca deja de estar en movimiento con rapidez y energía para la selección de objetos buenos y la evitación de todos los que son malos.
X. (31) ¿No ves que incluso el sabio Abraham, cuando comenzó a medir todo con referencia a Dios y a no dejar nada a la criatura, tomó una imitación de la espada llameante, es decir, “fuego y espada”,[10] estando ansioso por matar y quemar a esa criatura mortal que nació de él, para que así, al ser elevada, pudiera remontarse a Dios, desenredándose así el intelecto del cuerpo? (32) Moisés también representa a Balaam, que es el símbolo de un pueblo vano, despojado de sus armas, como un fugitivo y desertor, que conoce bien la guerra que le corresponde al alma llevar a cabo por el bien del conocimiento; porque le dice a su asno, que aquí es un símbolo de los designios irracionales de la vida que todo hombre necio alberga, que «si hubiera tenido una espada, ya te habría matado».[11] Y grandes gracias se deben al Creador de todas las cosas, porque él, conociendo las luchas y la resistencia de la necedad, no le dio el poder del lenguaje, lo cual habría sido como darle una espada a un loco, para que no tuviera poder para obrar una gran e inicua destrucción entre todos los que se encontrara con ella. (33) Pero los reproches que pronuncia Balaam son expresados en algún grado por todos aquellos que no están purificados, sino que siempre hablan neciamente, dedicándose a la vida de un comerciante, o de un granjero, o a algún otro negocio, cuyo objeto es proveer las cosas necesarias para la vida. Mientras todo prospere para cada individuo, monta su animal con alegría y cabalga con alegría, y sujetando firmemente las riendas, no consentirá en soltarlas. Y si alguien le aconseja desmontar y poner límites a sus apetitos, por su incapacidad para saber qué le acontecerá en el futuro, le reprocha celos y envidia, diciendo que no se dirige así por buena voluntad. (34) Pero cuando le sobreviene una desgracia inesperada, considera a quienes le han advertido como buenos profetas y hombres capaces, por encima de todos, de prever el futuro, y atribuye su desgracia a lo que no es en absoluto la causa de ningún mal: la agricultura, el comercio o cualquier otra actividad que haya considerado conveniente elegir para ganar dinero.
XI. (35) Pero estas actividades, aunque carecen de los órganos del habla, sin embargo, a través de las acciones, emitirán un lenguaje más claro que cualquier discurso que provenga de la lengua, y dirán: “¡Oh, adulador y falso acusador! ¿No somos nosotros las actividades a las que te dedicaste con la cabeza en alto, como si hubieras montado sobre una bestia de carga? ¿Y acaso, por alguna insolencia u obstinación nuestra, te hemos causado algún sufrimiento? Mira, la razón armada y oponiéndose a Dios, por quien toda buena y mala fortuna llega a su cumplimiento. ¿No lo ves? (36) ¿Por qué, entonces, nos reprochas ahora, cuando antes no tenías ninguna falta que encontrarnos, mientras tus asuntos prosperaban? Porque somos los mismos que antes, sin haber cambiado nada de nuestra naturaleza, ni lo más mínimo. Pero ahora estás aplicando pruebas que han no hay en ellos ninguna solidez, y en consecuencia son irrazonablemente violentos contra nosotros, pues si hubierais comprendido desde el principio que no son las actividades que seguís las que son las causas de vuestra participación en el bien o en el mal, sino más bien la razón divina, que es el timonel y gobernador del universo, entonces habríais soportado más fácilmente los acontecimientos que os han sucedido, dejando de presentar falsas acusaciones contra nosotros y de atribuirnos efectos que no somos capaces de producir. (37) ”Si, por tanto, esta razón, poniendo fin a esa contienda y disipando las ideas tristes y desalentadoras que surgen de ella, te promete tranquilidad, entonces, con alegría y gozo, nos darás tu mano derecha aunque sigamos siendo como somos ahora. Pero no nos enorgullece tu favor amistoso, ni nos da mucha importancia que estés enojado con nosotros; pues sabemos que no somos la causa ni de la buena ni de la mala fortuna, ni siquiera si lo crees, a menos que atribuyas al mar la causa de los marineros que hacen viajes favorables, o de los naufragios que a veces les ocurren, y no más bien a las variaciones de los vientos, que a veces soplan suavemente y a veces con la más violenta impetuosidad; pues como toda agua es tranquila por naturaleza, (38) en consecuencia, cuando un vendaval favorable sopla sobre la popa de un barco, cada cuerda está doblada y el barco está a toda vela, transportando a los marineros al puerto; pero cuando de repente el viento cambia a la dirección opuesta y sopla contra la proa del barco, entonces levanta un fuerte oleaje y una gran perturbación en el agua, y vuelca el barco y el mar, que de ninguna manera fue la causa de lo que ha sucedido, es culpado por ello, aunque notoriamente está tranquilo o tormentoso según la suavidad o violencia de los vientos.” (39) Con todas estas consideraciones creo que ha quedado abundantemente demostrado que la naturaleza ha hecho de la razón el más poderoso coadjutor del hombre, y lo ha hecho feliz y verdaderamente racional a quien es capaz de hacer un uso adecuado de ella; pero a quien no tiene esta facultad, lo ha vuelto irracional e infeliz.
XII. (40) «Y Adán conoció a su esposa, y ella concibió y dio a luz a Caín; y dijo: «He adquirido un hombre por medio del Señor»; y él también hizo que ella diera a luz a su hermano Abel.»[12] A estos hombres, de cuya virtud da testimonio la legislación judía, no los representa como conociendo a sus esposas, como Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, y si hay otros con el mismo celo que ellos; (41) pues, puesto que decimos que la mujer debe entenderse simbólicamente como el sentido externo, y puesto que el conocimiento consiste en la alienación del sentido externo y del cuerpo, es evidente que los amantes de la sabiduría deben repudiar el sentido externo en lugar de elegirlo, ¿y no es esto completamente natural? Pues quienes viven con estos hombres son, de nombre, esposas, pero de hecho, virtudes. Sara es princesa y guía, Rebeca es perseverancia en lo que es bueno; Lea, de nuevo, es la virtud, desfalleciente y cansada ante el prolongado esfuerzo, que todo hombre necio rechaza, evita y repudia; y Séfora, la esposa de Moisés, es la virtud, ascendiendo de la tierra al cielo y alcanzando una comprensión justa de las virtudes divinas y benditas que allí existen, y se la llama ave. (42) Pero para que podamos describir la concepción y el parto de las virtudes, que los supersticiosos se tapen los oídos o que se vayan; pues estamos a punto de enseñar a las personas iniciadas, dignas del conocimiento de los misterios más sagrados, la naturaleza completa de tales ordenanzas divinas y secretas. Y quienes son así dignos son quienes, con toda modestia, practican la piedad genuina, de esa clase que se niega a disfrazarse con falsos colores. Pero no actuaremos como hierofantes ni como expositores de los misterios sagrados ante aquellos que padecen la enfermedad incurable del orgullo del lenguaje, de las expresiones sutiles y de los trucos de modales, y que no miden la santidad y la sacralidad con ningún otro criterio.
XIII. (43) Pero debemos comenzar nuestra explicación de estos misterios de esta manera. Un esposo se une con su esposa, y el ser humano masculino con la ser humana femenina en una unión que tiende a la generación de hijos, en estricta conformidad y obediencia a la naturaleza. Pero no es lícito que las virtudes, que son las madres de muchas cosas perfectas, se asocien con un esposo mortal. Pero ellas, sin haber recibido el poder de la generación de ningún otro ser, nunca podrán concebir nada por sí solas. (44) ¿Quién, entonces, es quien siembra la buena semilla en ellas, sino el Padre del universo, el Dios increado, quien es el progenitor de todas las cosas? Este, por lo tanto, es el ser que siembra, y luego otorga su propia descendencia, que él mismo sembró; (45) Y presentaré como testigo competente en prueba de lo que he dicho, al santísimo Moisés.[13] Porque él presenta a Sara concibiendo un hijo cuando Dios la vio solo; pero la representa dando a luz a su hijo, no a quien la vio entonces, sino a quien ansiaba alcanzar la sabiduría, y su nombre es Abraham. (46) Y enseña la misma lección más claramente en el caso de Lea, donde dice que «Dios abrió su matriz».[14] Pero abrir la matriz es la tarea especial del esposo. Y ella, habiendo concebido, dio a luz, no para Dios, pues él solo es suficiente y abundante para sí misma, sino para aquel que sufrió el trabajo por causa de lo que es bueno, es decir, por Jacob; de modo que en esta ocasión la virtud recibió la semilla divina de la gran Causa de todas las cosas, pero dio a luz a su descendencia a uno de sus amantes, que merecía ser preferido a todos sus otros pretendientes.[15]
(47) Otra vez, cuando el sabio Isaac dirigió sus súplicas a Dios, Rebeca, que es la perseverancia, quedó embarazada por obra de aquel que recibió la súplica; pero Moisés, que recibió a Séfora, [16] es decir, la virtud alada y sublime, sin ninguna súplica o ruego de su parte, encontró que ella no había concebido de ningún hombre mortal.
XIV. (48) Ahora os invito, hombres iniciados, purificados en cuanto a vuestros oídos, a recibir estas cosas como misterios verdaderamente sagrados en lo más profundo de vuestras almas; y no las reveléis a nadie que no sea iniciado, sino que las guardéis como un tesoro sagrado, guardándolas en vuestros corazones, no en un almacén donde se encuentran oro y plata, sustancias perecederas, sino en ese tesoro que alberga la más excelente de todas las posesiones del mundo: el conocimiento de la gran Causa primera, de la virtud y, en tercer lugar, de la generación de ambas. Y si alguna vez os encontráis con alguien debidamente iniciado, aferraos a él con afecto y manteneos unidos a él, para que si ha aprendido algún misterio más reciente, no os lo oculte antes de que lo hayáis comprendido a fondo. (49) Pues yo mismo, habiendo sido iniciado en los grandes misterios por Moisés, el amigo de Dios, sin embargo, cuando posteriormente contemplé al profeta Jeremías y supe que no solo había sido iniciado en los sagrados misterios, sino que también era un competente hierofante o expositor de ellos, no dudé en convertirme en su discípulo. Y él, como un hombre bajo la influencia de la inspiración, pronunció un oráculo en el carácter de Dios, hablando así a la virtud más pacífica: “¿No me has llamado tu casa, tu padre y el esposo de tu virginidad?”[17], mostrando con esta expresión de forma manifiesta que Dios es a la vez una casa, la morada incorpórea de las ideas incorpóreas, y el Padre de todas las cosas, puesto que es él quien las ha creado; y el esposo de la sabiduría, sembrando para la raza humana la semilla de la felicidad en tierra buena y virgen. Pues es propio de Dios conversar con una naturaleza pura, inmaculada e intacta, virgen en verdad, de una manera diferente a como conversamos con ella. (50) Pues la asociación de los hombres, con miras a la procreación, convierte a las vírgenes en mujeres. Pero cuando Dios comienza a asociarse con el alma, vuelve a hacer virgen a lo que antes era mujer. Puesto que, al desterrar y destruir todos los apetitos degenerados impropio del ser humano, por los cuales se había afeminado, introduce en su lugar virtudes genuinas, perfectas e inmaculadas; por lo tanto, no conversará con Sara antes de que haya abandonado todos los hábitos, como los de otras mujeres, [18] y hasta que haya regresado a la clase de vírgenes puras.
XV. (51) Pero quizás sea posible que en algunos casos un alma virgen se contamine por pasiones intemperantes y se vuelva impura. Por esta razón, el oráculo sagrado ha sido cauto, llamando a Dios esposo, no de una virgen, pues una virgen está sujeta al cambio y a la mortalidad, sino de la virginidad; es decir, de una idea que siempre existe con los mismos principios y de la misma manera. Pues así como todas las cosas dotadas de cualidades distintivas son por naturaleza susceptibles de origen y destrucción, así también esos poderes arquetípicos, creadores de esas cosas particulares, han recibido a su vez una herencia imperecedera. (52) Por lo tanto, ¿es apropiado que el Dios increado e inmutable sembrara las ideas de virtudes inmortales y virginales en una mujer que se transforma en la apariencia de la virginidad? ¿Por qué, entonces, oh alma, ya que es justo que vivas como virgen en la casa de Dios y te apegues a la sabiduría, te apartas de estas cosas y más bien abrazas el sentido externo, que te afemina y te contamina? Por lo tanto, darás a luz una descendencia completamente contaminada y completamente destructiva, el fratricida y maldito Caín, una posesión que no se debe buscar; pues el nombre Caín, interpretado como posesión.
XVI. (53) Y cabe preguntarse por el tipo de narración que el legislador judío emplea con frecuencia en muchos casos, donde se aparta del estilo habitual. Pues, tras relatar la historia de los padres de la raza humana, creados de la tierra, comienza a relatar la historia del primogénito de padres humanos, sobre quien no dice absolutamente nada, como si ya hubiera mencionado su nombre con frecuencia y no lo mencionara por primera vez. En consecuencia, simplemente dice que «ella dio a luz a Caín». ¿Qué clase de ser era, oh escritor? ¿Y qué has dicho antes sobre él, de gran o pequeña importancia? (54) Y, sin embargo, no ignoras la importancia de una correcta aplicación de los nombres. Porque antes de este tiempo, a medida que avanzas en tu historia, muestras esto, cuando hablando en referencia a la misma persona dices: “Y Adán conoció a Eva su esposa, y ella concibió y dio a luz un hijo, y lo llamó Set”. [19] Por lo tanto, era mucho más necesario en el caso del primogénito, que fue el comienzo de la generación de los hombres entre sí, mostrar la naturaleza de quien fue concebido y nacido, en primer lugar mostrando que era un niño varón, y en segundo lugar mencionando su nombre peculiar, Caín. (55) Dado que, por lo tanto, no fue debido a la inexperiencia o a la ignorancia de según qué personas debía dar nombres, que parece haber descartado su práctica habitual en el caso de Caín, ahora debemos considerar por qué nombró así a los que nacieron de nuestros primeros padres, más bien mencionando el nombre de manera incidental que dándolo realmente. Y la causa, según me parece, según la mejor conjetura que puedo formular, es ésta.
XVII. (56) El resto de la raza humana da nombres a las cosas que son diferentes de las cosas mismas, de modo que lo que vemos es una cosa, pero el nombre que le damos es otro; pero en la historia de Moisés, los nombres que él asigna a las cosas son las energías más conspicuas de las cosas mismas, de modo que la cosa misma es a la vez, por necesidad, su nombre, y en ningún aspecto es diferente del nombre que se le impone. Y pueden aprender esto con mayor claridad del ejemplo anterior que he mencionado. (57) Cuando la mente que está en nosotros, y llamémosla Adán, se encuentra con el sentido externo, según el cual todas las criaturas vivientes parecen existir (y que se llama Eva), habiendo concebido un deseo de conexión, se asocia con este sentido externo, uno concibe como en una red, y busca naturalmente el objeto externo del sentido externo. Por medio de los ojos llega a la concepción del color, por los oídos concibe el sonido, por la nariz llega a la concepción de los olores, de los sabores por los órganos del gusto y de toda sustancia por los del tacto; y habiendo así concebido, queda embarazada, e inmediatamente está de parto y da a luz el mayor de todos los males del alma, a saber, la vana opinión, pues concibe una opinión de que todo lo que ha visto, que ha oído, que ha gustado, que ha olido o que ha tocado le pertenece, y se considera a sí misma como la inventora y creadora de todo ello.
XVIII. (58) Y no hay nada antinatural en que reciba esta impresión, pues hubo un tiempo en que la mente no tenía comunicación con el sentido externo, ni lo tenía, estando muy alejada de todo lo gregario y acostumbrado a asociarse, y asemejándose a esos animales solitarios que se alimentan solos. Por consiguiente, como en aquel entonces se consideraba aislada, no tocaba cuerpo alguno, pues carecía de órgano para captar objetos externos, sino que era ciega y carente de poder, no siendo un ser como la mayoría de la gente llama a una persona cuando ve a alguien privado de sus ojos, pues tal persona carece de un solo sentido externo y posee un gran y abundante vigor en los demás. (59) Pero esta mente, privada de todas las facultades derivadas de los sentidos externos, y siendo realmente impotente, siendo solo la mitad de un alma perfecta, desprovista de la facultad por la cual podría naturalmente concebir cuerpos, siendo solo una vestidura de sí misma, privada de sus órganos afines, y como tal, desgraciadamente, está completamente privada de estos órganos de los sentidos externos en los que podría apoyarse como un bastón, y por los cuales podría haberse sostenido al tambalearse. Por esta causa, una gran oscuridad se extiende sobre todos los cuerpos, de modo que nada puede ser visible a través de ella; pues no había sentido externo por el cual las cosas pudieran distinguirse. (60) Dios, pues, queriendo darle la facultad de comprender no sólo los cuerpos incorpóreos, sino también los sólidos, llenó toda el alma, añadiendo una segunda porción a lo que ya había creado, a la que llamó apelativamente mujer, y con un nombre especial Eva, indicando el sentido exterior con una expresión metafórica.
XIX. (61) Y ella, desde el primer momento en que nació, derrama abundante luz en un torrente sobre la mente a través de cada una de sus partes subordinadas, como a través de tantos agujeros, y habiendo disipado la niebla previamente existente, la capacitó como a un maestro para discernir las naturalezas de los cuerpos a distancia y con perfecta claridad; (62) y la mente estando ahora irradiada con luz, como si los rayos del sol hubieran brillado repentinamente sobre ella después de la noche, o como si acabara de despertar de un sueño profundo, o como si hubiera sido para ver a un hombre ciego que repentinamente recuperó la vista, llegó de inmediato a todas las cosas con las que la creación estaba relacionada, cielo, y tierra, y agua, y aire, y plantas, y animales, y sus hábitos, y cualidades distintivas, y facultades, y disposiciones, y movimientos, y energías, y acciones, y cambios, y fines; y algunas cosas vio, otras oyó, otras saboreó, otras olió y otras tocó; y hacia algunas sentía inclinación porque le producían placer, y hacia otras sentía aversión porque le causaban dolor. (63) Habiéndolo mirado, pues, a su alrededor y habiéndose contemplado a sí mismo y a sus propias facultades, se atrevió a proferir la misma jactancia que Alejandro, rey de Macedonia, pues dicen que él, cuando decidió reclamar el dominio supremo sobre Europa y Asia, se situó en un lugar adecuado y, mirando a su alrededor, dijo: «Todo lo de este lado y todo lo de aquel lado es mío», mostrando así el vacío del alma verdaderamente infantil, infantil y tonto, y en absoluto real. (64) Pero la mente, habiendo reivindicado primero las facultades del sentido externo, y habiendo concebido por medio de ellas toda idea de la sustancia corporal, se llenó de un orgullo irracional y se envaneció, hasta el punto de pensar que todo en el mundo era de su propiedad, y que nada en absoluto pertenecía a nadie más.
XX. (65) Esta es la disposición en nosotros que Moisés caracterizó cuando le dio a Caín su nombre, nombre que, interpretado como posesión, Caín mismo estaba lleno de toda necedad o, mejor dicho, de toda impiedad; pues en lugar de pensar que toda la posesión pertenecía a Dios, concibió que todas le pertenecían a él mismo, aunque no solo no era capaz de poseerse a sí mismo con firmeza, sino que ni siquiera sabía de qué esencia constituía; sin embargo, confiaba en los sentidos externos, como competentes para alcanzar los objetos perceptibles solo por ellos. Que nos diga, pues, cómo podrá evitar ver mal, o equivocarse en cuanto a su audición, o escapar incluso en cualquier otro de estos sentidos externos. (66) Y, en verdad, es inevitable que estos errores nos ocurran continuamente a todos, incluso si estuviéramos dotados de los órganos más precisos posibles. Porque es difícil, o mejor dicho, imposible, que alguien evite por completo los defectos naturales y los errores involuntarios que surgen, puesto que las causas eficientes de las opiniones erróneas son innumerables, tanto dentro como alrededor de nosotros y fuera de nosotros, y puesto que se encuentran en toda criatura mortal, el hombre, por lo tanto, concibe muy incorrectamente que todo le pertenece, por orgulloso que sea y por muy alta que mantenga su cabeza.
XXI. (67) Y Labán, quien confiaba mucho en sus cualidades distintivas, me parece que le proporcionó gran diversión a Jacob, quien, más allá de todos los demás hombres, era un perspicaz contemplador de la naturaleza, libre de tales cualidades, cuando se atrevió a decirle: «Mi hija, mis hijos, mi ganado y todo lo que ves, me pertenece a mí y a mis hijas».[20] Pues añadiendo la palabra «mío» a cada uno de estos artículos, no deja de hablar y jactarse de sí mismo. (68) Ahora, tus hijas, dime —y son las artes y ciencias del alma— ¿dices que tus hijas son de tu propiedad? ¿Cómo? En primer lugar, ¿no las recibiste de la mente que las enseñó? En segundo lugar, es natural que también los pierdas, como cualquier otra cosa, ya sea olvidándolos por la magnitud de tus otras preocupaciones, o por enfermedades corporales graves y duraderas, o por la enfermedad incurable que en todo caso está destinada a quienes envejecen, es decir, la vejez, o por otros diez mil accidentes, cuyo número es imposible de calcular. (69) ¿Y qué dirás de los hijos? —y los hijos son los razonamientos que tienen lugar en porciones del alma—, si declaras que los hijos te pertenecen, ¿hablas razonablemente o estás completamente loco por pensar eso? Pues los pensamientos melancólicos, las locuras, los frenesíes mentales, las conjeturas poco fiables, las ideas falsas sobre las cosas y las vanas atracciones mentales, semejantes a sueños y que traen consigo agitación convulsiva, y la enfermedad innata del alma, es decir, el olvido, y muchas otras cosas además de las que he mencionado, restan estabilidad a tu autoridad dominante y demuestran que estas son posesión de alguien más y no tuya. (70) Además, ¿qué dirás del ganado? Ahora bien, el ganado son los sentidos externos, pues el sentido externo es algo irrazonable y bruto, como el ganado. ¿Te atreverás a llamar al ganado tu propiedad? Dime, cuando ves erróneamente, cuando oyes constantemente erróneamente, cuando a veces piensas que los sabores dulces son salobres y a veces consideras dulces los sabores amargos, cuando en realidad, respecto de cada uno de estos sentidos externos, tienes la costumbre de equivocarte con más frecuencia de la que aciertas, ¿no te sonrojas? Y si es así, ¿te darás aires y te jactarás como si emplearas todas las facultades y energías del alma de tal manera que nunca errarás ni te equivocarás?
XXII. (71) Pero si cambiaras y poseyeras los sentidos que debes tener, afirmarías que todo es propiedad de Dios, no de ti mismo: todas las concepciones, todo el conocimiento, todo el arte, toda la especulación, todos los razonamientos particulares, todos los sentidos externos y todas las energías del alma, ya sean ejercidas por ellos o sin ellos; y si te dejas a lo largo de toda tu vida sin instructor ni enseñanza, serás esclavo para siempre de duras amantes, como las vanas opiniones, los apetitos, los placeres, las injusticias, las locuras y las concepciones erróneas; (72) «Porque si», dice Moisés, «el sirviente responde y dice: ‘Estoy contento con mi amo, con mi esposa y con mis hijos, no me iré ni seré libre’, entonces, al ser llevado ante el tribunal de Dios», y al tenerlo como juez, obtendrá con seguridad lo que pidió, «habiéndose perforado primero la oreja»,[21] para que no escuche las palabras de Dios sobre la libertad del alma. (73) Porque es señal de una mente que es, por así decirlo, rechazada de la contienda sagrada y completamente descartada, y de facultades de razonamiento completamente infantiles y deficientes, jactarse de que la mente está contenta, y de creerse a sí misma dueña y benefactora, y jactarse de estar muy complacido con los sentidos externos, y de creerlos propiedad propia, y el mayor de todos los bienes, y con ellos su descendencia; Las consecuencias de la mente son comprender, razonar, discriminar, querer, conjeturar; y las consecuencias de los sentidos externos son ver, oír, gustar, oler, tocar, en resumen, sentir.
XXIII. (74) De ello se deduce inevitablemente que quien se encuentra esclavizado por estos dos amos jamás podrá disfrutar ni siquiera de un sueño de libertad; pues solo huyendo y escapándose por completo de ellos llegamos a un estado de liberación del miedo. Pero hay otro hombre además de él, tan absorto en sí mismo, que exhibe locura y dice que incluso si alguien le arrebatara sus posesiones, obtendría una victoria sobre él, como quien lucha por sus propios bienes. «Porque», dice él, «perseguiré y tomaré cautivo; repartiré el botín; saciaré mi alma y mataré con mi espada; mi diestra obtendrá el dominio».[22] (75) A quien yo le diría: Has olvidado, necio, que todo el que se cree nacido para ser perseguidor, es perseguido; Porque las enfermedades, la vejez, la muerte y todas las demás calamidades que, voluntaria o involuntariamente, nos atormentan, hostigan y persiguen a cada uno de nosotros. Quien pretende capturar o someter es capturado y sometido. Quien espera apoderarse del botín y organiza su distribución es derrotado y se somete a los enemigos que lo han derrotado, recibiendo vacío en lugar de abundancia, esclavitud en lugar de dominio, siendo asesinado en lugar de matar, y sufriendo por la fuerza todo lo que había planeado hacer a los demás. (76) Porque tal hombre era verdaderamente enemigo de la razón que establece la verdad, y de la naturaleza misma, atribuyéndose todo lo que se hacía como propio, sin recordar nada de lo que le sucedía mientras sufría, como si hubiera escapado a todos los males que pudieran surgir de cualquier fuente.
XXIV. (77) Pues, dice él, el enemigo ha dicho: «Perseguiré y haré prisionero». ¿Quién, entonces, podría ser un enemigo más decidido del alma que quien, por arrogancia, se apropia de los atributos especiales de la Deidad? Ahora bien, crear es un atributo especial de Dios, y es impío atribuir esta facultad a cualquier ser creado. (78) Pero la propiedad especial del ser creado es sufrir; y quien previamente ha considerado cuán afín e inevitable es esto para el hombre, soportará fácilmente todo lo que le acontezca, por doloroso que sea. (79) Porque ser afeitado es una operación de doble naturaleza, pues en un caso la criatura afeitada es el agente activo y el sujeto pasivo; y en el otro caso, no hace más que ceder y someterse al barbero: pues a una oveja se le esquila toda la piel o la que se llama almohada; no hace nada por sí misma, sino que sufre a manos de otra. Pero el hombre coopera con el barbero, se pone en la actitud adecuada y se hace conveniente, combinando los caracteres del sujeto y el agente. (80) Así también en el caso de los azotes, puede ocurrirle a un sirviente que ha cometido ofensas dignas de azotes, a un hombre libre que es azotado en la rueda como castigo por su maldad, o a cualquier cosa inanimada; pues se golpean piedras y árboles, y oro y plata, y cualquier material que se forje en una forja o se corte en dos. (81) Y ser golpeado también les sucede a los atletas que compiten en el boxeo o en el pancracio por la victoria y las coronas. El boxeador para los golpes que le dirigen con una mano, e inclinando el cuello a un lado y al otro, se protege de ser golpeado; y muy a menudo se pone de puntillas y se eleva lo más alto que puede, o bien se agacha y contrae la otra mano, obligando a su antagonista a desperdiciar sus golpes en el aire, casi como si estuviera luchando contra una sombra. Pero el sirviente o el jefe, sin hacer nada a cambio, está sujeto a la voluntad del otro, sufriendo a manos de él lo que le plazca.(82) no admitamos, pues, nunca la influencia de esta pasión, ni en nuestro cuerpo ni, lo que es de mucha mayor importancia, en nuestra alma; sino admitamos más bien ese sentimiento que sufre a cambio, ya que es inevitable que lo que es mortal deba sufrir; para que no seamos débiles por la postración y relajación total de las potencias del alma, como personas afeminadas, quebrantadas de espíritu, disolutas y cayendo a pedazos antes de tiempo, sino que, estando vigorizados en los nervios y el tono de nuestras mentes, podamos soportar con alegría y facilidad la avalancha de calamidades que puedan estar inminentes sobre nosotros. (83) Puesto que se ha demostrado, pues, que ningún mortal es positiva y seguramente el amo de nada (y los que son llamados amos lo son solo en apariencia, y no son llamados así en verdad), se sigue por necesidad que, como hay un súbdito y un esclavo, así también debe haber un gobernante y señor en el universo, y él debe ser el verdadero gobernante y señor real, el único Dios, a quien le correspondía decir, “Todas las cosas le pertenecen”.
XXV. (84) Consideremos ahora con qué magnífica adecuación y divina majestad habla de estas cosas. Consideremos la expresión «Todo es mío», y «todo» significa, como él dice, «dones, ofrendas y frutos del trabajo que, vigilando atentamente, me traerá en los días de mis fiestas».[23] Mostrando, muy manifiestamente, que de todas las cosas existentes, algunas se consideran dignas de la gracia moderada, que se llama ofrenda, y otras de esa gracia superior, que se llama con el nombre apropiado de don gratuito. Y estas cosas, a su vez, son de tal naturaleza que son capaces, no solo de producir virtudes como su fruto, sino que ese buen fruto y comestible realmente impregna todo, por lo cual solo el alma de quien ama la contemplación se sustenta; (85) Y quien haya aprendido esta lección y sea capaz de guardar y preservar estas cosas en su mente, traerá a Dios una ofrenda impecable y excelente, a saber, la fe, en las festividades, que no son festividades de cosas mortales; pues él también se ha asignado festividades, estableciendo esto como la doctrina más inevitable para quienes se deleitan en la filosofía. (86) Y la doctrina es esta: Solo Dios celebra las festividades en realidad, porque solo él se regocija, solo él se deleita, solo él siente alegría, y solo a él le es dado vivir en perfecta paz sin mezcla de guerra. Está libre de todo dolor y de todo temor; no participa de ningún mal, no cede ante nadie, no sufre pena, no conoce la fatiga, está lleno de pura felicidad. Su naturaleza es enteramente perfecta, o mejor dicho, Dios mismo es la perfección, la consumación y el límite de la felicidad, sin participar de nada más por lo que pueda ser mejor, sino dando a cada cosa individual una porción de lo que le es adecuado, de la fuente del bien, es decir, de sí mismo; porque las cosas bellas del mundo nunca habrían sido como son, si no hubieran sido hechas según un modelo arquetípico, que era realmente bello, el modelo increado, bendito e imperecedero de todas las cosas.
XXVI. (87) Y por esta razón también Moisés llama al sábado, cuyo nombre, interpretado como «descanso», «el sábado de Dios».[24] Aborda los principios necesarios de la filosofía natural, no de la filosofía humana, en muchas partes de su ley, pues entre las cosas existentes, a decir verdad, solo reposa una: Dios. Y por «descanso» no me refiero a la inacción (ya que lo que por naturaleza es enérgico, lo que es la causa de todas las cosas, nunca puede desistir de hacer lo más excelente), sino a una energía completamente libre de trabajo, sin sentimiento de sufrimiento y con la más perfecta facilidad; (88) porque se puede decir, sin impropiedad, que el sol y la luna, y todo el cielo, y todo el mundo trabajan, en la medida en que no están dotados de poder independiente, y están continuamente en un estado de movimiento y agitación, y las pruebas más innegables de su trabajo son las estaciones anuales; porque estas cosas, que tienen la mayor tendencia en todo el cielo a mantener las cosas juntas, varían sus movimientos, haciendo que sus revoluciones a veces sean septentrionales, a veces meridionales, y a veces diferentes de ambas. (89) El aire, a su vez, a veces calentado y a veces enfriado, y siendo capaz de todo tipo de cambios, se demuestra fácilmente que trabaja por las variaciones a las que creemos que está sujeto, ya que la causa más general del cambio es la fatiga, y sería una locura entrar en largos detalles sobre los animales terrestres o acuáticos, deteniéndose demasiado en sus cambios generales o particulares; Pues estos animales son naturalmente propensos a la debilidad en un grado mucho mayor que esos objetos sublimes, puesto que participan en mayor medida de lo inferior, es decir, de esencia terrenal. (90) Dado que, por lo tanto, es natural que las cosas que cambian, cambien como consecuencia de la fatiga, y dado que Dios no está sujeto a variación ni cambio, también debe estar por naturaleza libre de fatiga, y aquello que no participa de la debilidad, aunque lo mueva todo, no puede dejar de disfrutar del descanso para siempre. De modo que el descanso es atributo propio solo de Dios.
XXVII. Y se ha demostrado que es propio de su carácter celebrar festividades; por lo tanto, los sabbats y las festividades pertenecen únicamente a la gran Causa de todas las cosas, y en absoluto a nadie. (91) Pues vengan, si les place, y contemplen conmigo las tan celebradas asambleas festivas de los hombres. En cuanto a las que entre las naciones bárbaras y griegas se han establecido en cumplimiento de fabulosas ficciones, todas con el único objetivo de excitar el vano orgullo en diversas naciones, pueden pasarse por alto, pues la vida entera de un hombre no sería suficiente para realizar una investigación precisa y exhaustiva de todos los absurdos que existían en cada una de esas festividades. Pero, con la debida consideración a nuestro tiempo, mencionaremos algunos puntos de las más importantes, como muestra del conjunto. (92) En toda festividad y asamblea, los puntos más destacados y celebrados son: seguridad, relajación, tregua, embriaguez, borrachera, juerga, lujo, diversión, música en las puertas, banquetes nocturnos, placeres indecorosos, festines de bodas diurnos, actos violentos de insolencia, prácticas de intemperancia, indulgencia en la locura, búsqueda de cosas vergonzosas, destrucción total y renuncia al bien, vigilia nocturna para complacer apetitos desmedidos, dormir de día cuando es el momento adecuado para estar despierto, una alteración de las leyes de la naturaleza. (93) En tales momentos, la virtud es ridiculizada como algo perjudicial y el vicio es visto como algo ventajoso. Entonces, las acciones que deben realizarse no se tienen en cuenta, y las que no deben realizarse se estiman. Entonces la música y la filosofía y toda la educación, imágenes verdaderamente divinas del alma divina, quedan reducidas al silencio, y sólo aquellas prácticas que son alcahuetes y proxenetas del placer del vientre y de las partes adyacentes a él son las que pueden alzar la voz.
XXVIII. (94) Así son las festividades de quienes se consideran felices, e incluso mientras restringen su conducta indecorosa a sus casas y lugares no consagrados, me parecen menos culpables. Pero cuando, como la fuerza de un torrente que arrastra todo consigo, su indecencia se acerca e insulta los templos más sagrados, inmediatamente sobrecarga todo lo que hay de sagrado en ellos, realizando sacrificios profanos, ofreciendo víctimas que no deben ser sacrificadas y oraciones que nunca deben ser cumplidas; celebrando misterios impíos y ritos profanos, exhibiendo una piedad bastarda, una santidad adulterada, una pureza impura, una verdad falsificada, un servicio depravado a Dios. (95) Además de todo esto, lavan sus cuerpos con baños y purificaciones, pero no desean ni se esfuerzan por lavar las pasiones de sus almas, por las cuales toda su vida está contaminada; y están ansiosos por acudir a los templos con vestiduras blancas, ropas en túnicas sin mancha ni mancha, pero no sienten vergüenza de traer una mente contaminada al santuario más íntimo. (96) Y si alguno de los animales, para ser sacrificado, se encuentra que no es perfecto e íntegro, es expulsado de los recintos sagrados y no se le permite ser llevado al altar, a pesar de que todas estas imperfecciones corporales son completamente involuntarias de su parte; pero aunque ellos mismos puedan estar heridos en sus almas por enfermedades sensibles que el poder invencible de la maldad les ha infligido, o aunque, más bien podría decir, estén mutilados y recortados de sus proporciones más justas, de prudencia, de coraje, de justicia, de piedad y de todas las demás virtudes que la raza humana está naturalmente formada para poseer, y aunque también hayan contraído toda esta contaminación y mutilación por su propia voluntad, no obstante se atreven a realizar sacrificios, pensando que el ojo de Dios ve solo los objetos externos, cuando el sol coopera y arroja luz sobre ellos, y que no puede discernir lo invisible con preferencia a lo visible, utilizándose a sí mismo como su propia luz. (97) Porque el ojo del Dios vivo no necesita de ninguna otra luz para poder percibir las cosas, sino que, siendo él mismo luz arquetípica, vierte innumerables rayos, ninguno de los cuales es capaz de ser comprendido por el sentido externo, sino que todos son inteligibles solo para el intelecto; en consecuencia, solo Dios usa de ellos, quien solo es comprensible para el intelecto, y nada que tenga alguna porción en la creación los usa en absoluto; porque lo que ha sido creado es perceptible para los sentidos externos, pero esa naturaleza que solo es perceptible para el intelecto no puede ser comprendida por el sentido externo.
XXIX. (98) Ya que él entra invisiblemente en esta región del alma, preparemos ese lugar de la mejor manera posible para que sea una morada digna de Dios; pues si no lo hacemos, él, sin que nos demos cuenta, nos abandonará y emigrará a otra habitación que le parezca mejor provista. (99) Porque si cuando estamos a punto de recibir reyes, preparamos nuestras casas para que luzcan más magníficas, sin descuidar nada que pueda adornarlas, sino usándolo todo con liberalidad y esmero, con el objetivo de que tengan una morada agradable y en todos los aspectos adecuada a su majestad; ¿Qué morada deberíamos preparar para el Rey de reyes, para Dios, gobernante de todo el universo, que en su misericordia y bondad permite que el hombre visite a los seres que ha creado y descienda desde los confines del cielo hasta las regiones más bajas de la tierra, con el propósito de beneficiar a nuestra raza? (100) ¿Le prepararemos una casa de piedra o de madera? ¡Fuera! Tal idea no es santa ni siquiera para expresarla; pues ni siquiera si toda la tierra cambiara de naturaleza y se convirtiera repentinamente en oro, o en algo más valioso que el oro, y si entonces fuera consumida por la habilidad de los artesanos, quienes la transformaran en pórticos, vestíbulos, cámaras, recintos y templos, ni siquiera entonces sería un lugar digno de ser pisado, sino que un alma piadosa sería su morada adecuada.
XXX. (101) Si, por tanto, llamamos al alma invisible la morada terrestre del Dios invisible, hablaremos con justicia y razón; pero para que la casa sea firme y hermosa, que la buena disposición y el conocimiento sean sus cimientos, y sobre estos cimientos que las virtudes se construyan en unión con las buenas acciones, y que los adornos de la fachada sean la debida comprensión de las ramas encíclicas de la instrucción elemental; (102) pues de la buena disposición surgen la habilidad, la perseverancia y la memoria; y del conocimiento surgen el aprendizaje y la atención, como las raíces de un árbol que está a punto de dar fruto comestible, y sin las cuales es imposible llevar el intelecto a la perfección. (103) Pero por las virtudes, y por acciones acordes con ellas, se asegura un fundamento firme y fuerte para un edificio duradero, de modo que cualquier cosa que intente separar y alienar el alma de la honestidad y convertirla en otro refugio, pueda ser impotente contra una defensa tan fuerte, (104) y por medio del estudio de las ramas encíclicas de la educación elemental, se proveen las cosas necesarias para el adorno del alma; porque como el blanqueado, las pinturas, las tablas y la disposición de piedras costosas, con las que los hombres decoran no solo las paredes, sino incluso las partes bajas de sus casas, y todas las demás cosas como estas no contribuyen a la fuerza, sino solo dan placer a quienes viven en la casa; (105) así el conocimiento de los logros encíclicos decora toda la habitación del alma, mientras que la gramática investiga los principios de la poesía y sigue la historia de los acontecimientos antiguos, y la geometría trabaja en las igualdades según la analogía, y se esfuerza por remediar todo lo que en nosotros es deficiente en ritmo o en moderación, o en armonía, dándonos ritmo, moderación y armonía, por medio de un pulido sistema de música; y la retórica apunta a darnos agudeza en todo, y a adaptar adecuadamente todas las interpretaciones adecuadas a todo, reclamando para sí el control de toda intensidad y todos los afectos vehementes, y nuevamente de todas las relajaciones y placeres, con gran libertad de palabra y una aplicación exitosa de los órganos del lenguaje y la voz.
XXXI. (106) Preparada entonces una casa así en la raza humana, todas las cosas en la tierra se llenarán de buenas esperanzas, aguardando el regreso de los poderes de Dios; y vendrán trayendo leyes del cielo y ataduras, con el propósito de santificarla, según el mandato de su Padre; entonces, volviéndose asociados y compañeros constantes de estas almas que aman la virtud, siembran en ellas el género de la felicidad: como dieron al sabio Abraham a su hijo Isaac como la más perfecta prueba de su gratitud por la hospitalidad que experimentaron de él. (107) Y el intelecto purificado no se regocija en nada más que en confesar que tiene por amo a quien es el Señor de todo; Porque ser siervo de Dios es la mayor jactancia, y es más honorable, no solo que la libertad, sino incluso que las riquezas o el dominio, o que cualquier cosa que la raza humana anhele. (108) Y de la autoridad suprema del Dios viviente, la sagrada escritura es un verdadero testigo, que dice así: «Y la tierra no se venderá para siempre; porque toda la tierra es mía, porque todos ustedes son extranjeros y peregrinos ante mis ojos».[25] ¿No muestra la escritura aquí de la manera más manifiesta que todas las cosas pertenecen a Dios en virtud de la posesión, (109) pero a las cosas creadas solo en la medida en que tienen el uso de ellas? Porque, dice Dios, nada se venderá permanentemente a ninguno de todos los seres creados, ya que hay un ser a quien la posesión del universo pertenece permanente y seguramente; (110) para que, deseando obtener aquello de lo que tiene necesidad, pueda unirse necesariamente a aquello que es capaz de suplirlo, y ese otro pueda a su vez unirse con él, y así ambos puedan combinarse entre sí; porque así, los dos combinándose y mezclándose juntos, y como una lira que se compone de sonidos disímiles, llegando a una combinación y sinfonía, deben necesariamente sonar juntos, mientras que todas las cosas que dan y reciben a su vez contribuyen a la terminación y perfección del mundo universal.
(111) De esta manera, las cosas inanimadas se combinan con las que tienen vida, las cosas irracionales con las dotadas de razón, los árboles con los hombres y los hombres con las plantas, las cosas indomables con las domesticadas, y los animales domésticos con los salvajes, el macho con la hembra y la hembra con el macho; en resumen, los animales terrestres con los que viven en el agua, las criaturas acuáticas con las que habitan en el aire, y los animales voladores con cualquiera de los descritos anteriormente. Y además de todo esto, la tierra con el cielo, y el cielo con la tierra, el aire con el agua, y el agua con el aire. Y, de nuevo, las naturalezas intermedias entre sí, y con estas en sus extremos, y los extremos también se unen a las naturalezas intermedias y entre sí. (112) Así, de nuevo, el invierno siente la necesidad del verano, y el verano del invierno, la primavera de ambos, y el otoño de la primavera, y cada una de estas estaciones de las demás; y, por así decirlo, todo tiene necesidad y carencia de todo lo demás. De modo que el universo entero, del cual todas estas partes son partes, es decir, el mundo, es claramente una obra completa, digna de su Creador.
XXXII. (113) Así pues, al reunir todas estas cosas, Dios se asignó el dominio sobre todas ellas, pero permitió el uso y disfrute de ellas mismas y de los demás a quienes se someten a él; pues tenemos el uso completo de nuestras facultades y de todo lo que nos afecta: yo, pues, compuesto de alma y cuerpo, y pareciendo tener mente, razón y sentido externo, encuentro que ninguna de estas cosas es de mi propiedad. (114) Pues, ¿dónde estaba mi cuerpo antes de nacer? ¿Y adónde irá cuando yo muera? ¿Y qué sucede con las diferencias de edad de ese ser que al presente parece existir? ¿Dónde está ahora el infante? ¿Dónde el niño? ¿Dónde el muchacho? ¿Dónde el joven que acaba de llegar a la pubertad? ¿Dónde el joven? ¿Dónde está ahora aquel cuya barba apenas brota, el hombre vigoroso y perfecto? ¿De dónde vino el alma y adónde irá? ¿Cuánto tiempo permanecerá con nosotros? ¿Cuál es su esencia, o qué podemos considerar como tal? Además, ¿cuándo la adquirimos? ¿Fue antes de nuestro nacimiento? —Pero entonces no existíamos. ¿La tendremos después de nuestra muerte? —Pero entonces no existiremos, nosotros que ahora somos una combinación de cualidades distintivas en combinación con nuestros cuerpos; sino que nos apresuraremos hacia una regeneración, transformándonos en combinación con seres incorpóreos: (115) y ahora, cuando estamos vivos, somos gobernados en lugar de gobernar, y somos comprendidos nosotros mismos en lugar de comprender cualquier otra cosa; pues nuestra alma nos comprende sin ser comprendida por nosotros, y nos impone órdenes que estamos obligados a obedecer, como los sirvientes están obligados a obedecer a una señora; y cuando decida abandonarnos y partir hacia el Gobernante de todas las cosas, se irá, dejando nuestra casa desprovista de vida. Y aunque intentemos obligarla a permanecer, desaparecerá, pues su naturaleza se compone de partes insustanciales que no ofrecen ningún asidero al cuerpo.
XXXIII. (116) Pero la mente es mi morada particular. ¿Es este el lenguaje del que se equivoca, del que tiene opiniones erróneas, del que está loco, del necio, del que se encuentra desprovisto de sentido por un trance, por la melancolía o por la vejez? ¿Acaso alguien dirá: «La razón es mi posesión, o los órganos de la voz son mi posesión»? ¿Acaso el leve pretexto de una enfermedad no ha incapacitado la voz? ¿Ha cosido ahora la boca incluso de hombres muy elocuentes? ¿Acaso la expectativa de peligro, al sobrevenirle, no ha dejado a miríadas sin habla? (117) Y, en verdad, no me considero el gobernador de los sentidos externos, o tal vez incluso me convierta en su esclavo, siguiéndome adonde me llevan, a los colores, a las formas, a los sonidos, a los olores, a los sabores o a otras clases de sustancias. Con todo lo cual creo que se demuestra que tenemos el uso de posesiones que en realidad pertenecen a otros, y que ni la gloria, ni las riquezas, ni los honores, ni la autoridad, ni nada que concierna a nuestros cuerpos o almas es realmente nuestro, ni siquiera la vida misma. (118) Pero al tener el uso de estas cosas, si somos juiciosos y prudentes, las cuidaremos como posesiones de Dios, sabiendo de antemano que es ley que el amo, cuando le plazca, puede reclamar su propiedad. Pues con estas consideraciones disminuiremos nuestro dolor por la privación de tales cosas. Pero ahora, los hombres en general, pensando que todo es realmente de su propiedad, se sienten en un instante afligidos por una pena extraordinaria ante la ausencia o pérdida de algo. (119) Por lo tanto, no solo es cierto, sino también algo que tiende especialmente al consuelo, considerar que el mundo y todas las cosas en él son obra y propiedad de quien las creó. Y su propia obra, quien es su verdadero poseedor, la da a otros, porque no la necesita. Pero quien la usa no tiene propiedad sobre ella, porque hay un solo Señor y dueño de todas las cosas, quien dice con gran verdad: «Toda la tierra es mía», un dicho que equivale a: toda cosa creada es mía; y «todos son extranjeros y peregrinos ante mis ojos».
XXXIV. (120) Pues todos los mortales, comparados entre sí, son considerados nativos de la tierra y personas de noble cuna, todos con iguales honores y rango; pero Dios los considera extranjeros y peregrinos; pues cada uno de nosotros ha venido a este mundo como a una nueva ciudad, en la que no tenía parte antes de nacer, y al llegar a ella, reside aquí hasta completar el período de vida que le fue asignado. (121) Al mismo tiempo, también se introduce esta doctrina de suma sabiduría: que el Señor Dios es el único ciudadano real, y que todo ser creado no es más que un extranjero y un peregrino. Pero quienes son llamados ciudadanos lo son más por una ligera aplicación errónea del nombre que por la pura verdad. Y es un don suficiente para los sabios —si se les considera comparativamente con el único ciudadano verdadero, Dios— que tengan el rango de extranjeros y peregrinos. Con respecto a los necios, entre ellos no hay absolutamente nadie que sea extranjero o peregrino en la ciudad de Dios, sino que se encuentre completamente exiliado. Y esto está implícito en lo que dijo además como doctrina de la mayor autoridad: «La tierra no será vendida del todo». Tampoco añadió Dios «por quién», para que, al ser ignorado desde ese punto, quien no fuera del todo inexperto en filosofía natural, pudiera beneficiarse con respecto al conocimiento. (122) Por lo tanto, si consideras el asunto, encontrarás que todos los hombres, y especialmente aquellos a los que se ha aludido como dadores gratuitos, venden en lugar de dar; y que aquellos, a quienes creemos que reciben favores, en realidad están comprando los beneficios que obtienen; Pues quienes dan, esperando recibir una recompensa, como elogios u honores, y buscando una retribución del favor que otorgan, bajo el engañoso nombre de un regalo, en realidad están haciendo un trato. Dado que es habitual que quienes venden reciban un precio a cambio de lo que ceden, quienes, al recibir regalos, ansían devolverlos y lo hacen a su debido tiempo, en realidad actúan como compradores; pues así como saben recibir, también saben retribuir. (123) Pero Dios distribuye sus bienes, no como un vendedor que vende sus mercancías a un precio alto, sino que se inclina a regalarlo todo, derramando las inagotables fuentes de sus gracias, sin desear jamás nada a cambio; pues no necesita nada, ni hay ningún ser creado capaz de darle un regalo adecuado a cambio.
XXXV. (124) Como todas las cosas se confiesan como posesión de Dios, y se prueba así mediante sólidos razonamientos y testimonios, que no pueden ser acusados de falso testimonio, pues son los oráculos sagrados que Moisés registró en las Sagradas Escrituras los que dan testimonio; debemos desaprobar a esa mente que se imaginó que aquello que se originó en un encuentro con el sentido externo era su propiedad, y que lo llamó Caín, y dijo: «He adquirido un hombre por medio de Dios», en esto también erró gravemente. Pero ¿en qué erró? (125) Porque Dios fue la causa, no el instrumento; y lo que nació fue creado, en efecto, mediante la intervención de algún instrumento, pero fue, sin duda, llamado a la existencia por la gran causa primera; pues muchas cosas deben cooperar en el origen de cualquier cosa; ¿por quién, de qué, por medio de qué y por qué? Ahora bien, aquel por quien algo se origina es la causa; aquello de lo que algo se hace es el material; aquello por medio de lo cual fue hecho es el instrumento; y por qué, es el objeto. (126) Pues bien, supongamos que alguien dijera: ¿qué cosas deben confluir para que se pueda construir una casa o ciudad? ¿No es necesario un constructor, piedras, madera y herramientas? ¿Qué es entonces el constructor, sino la causa por la que se construye la casa o ciudad? ¿Y qué son las piedras y la madera, sino los materiales con los que se construye el edificio? ¿Y qué son las herramientas, sino las cosas por medio de las cuales se construye? (127) ¿Y para qué se construye, sino para servir de refugio y protección? Este es el objeto. Ahora bien, dejando de lado estos edificios en particular, consideremos la casa o ciudad más grande, es decir, este mundo, pues descubriremos que Dios es la causa de ella, por quien fue hecha. Que los materiales son los cuatro elementos que lo componen; que el instrumento es la palabra de Dios, por medio de la cual fue hecho; y que el objeto de la construcción será la manifestación de la bondad del Creador. Esta es la opinión perspicaz de los hombres amantes de la verdad, que desean alcanzar un conocimiento verdadero y sólido; pero quienes dicen haber obtenido algo por medio de Dios, conciben que la causa es el instrumento, es decir, el Creador, y el instrumento la causa, es decir, la mente humana. (128) Y toda razón sana reprocharía a José por decir: «Que la verdadera interpretación de los sueños se descubriría por medio de Dios»;[26] pues debería haber dicho que, debido a él, como causa, se desarrollaría y comprendería con precisión aquellas cosas que eran oscuras; pues somos los instrumentos por quienes se desarrollan las energías particulares, tanto en nuestros estados de tensión como de relajación; pero el Creador es «quien da el golpe que pone en movimiento» las facultades del cuerpo y del alma,por quien todas las cosas son movidas. (129) Aquellos, entonces, que no pueden distinguir entre las diferencias de las cosas deben ser instruidos como ignorantes; pero aquellos que, por un espíritu contencioso, invierten el orden de las cosas significadas, deben ser evitados como disputadores; pero aquellos que, después de una investigación precisa en los fenómenos que se les presentan, asignan su lugar apropiado a cada uno de los objetos descubiertos, deben ser elogiados como hombres que han alcanzado una verdadera filosofía y están libres de error. (130) Porque Moisés dice a aquellos que temen ser destruidos por el hombre malvado, que los persigue con todo su ejército, “Quédense quietos y vean la salvación que es del Señor, y que él obrará por ustedes”;[27] enseñándoles que la salvación se efectúa, no por medio de Dios, sino por él como la causa directa.
Génesis 3:24. ↩︎
Génesis 21:14. ↩︎
El texto griego aquí es corrupto e ininteligible. He seguido la traducción latina de Mangey. ↩︎
Génesis 4:16. ↩︎
Números 5:18. ↩︎
Deuteronomio 16:20. ↩︎
Números 5:14. ↩︎
Génesis 18:22. ↩︎
hestie—, como de pie (hesto—sa). ↩︎
Génesis 22:6. ↩︎
Números 22:29. ↩︎
Génesis 4:1. ↩︎
Génesis 21:1. ↩︎
Génesis 29:13. ↩︎
Génesis 25:21. ↩︎
Éxodo 2:21. ↩︎
Jeremías 3:4. ↩︎
Génesis 18:11. ↩︎
Génesis 4:25. ↩︎
Génesis 31:43. ↩︎
Éxodo 21:6. ↩︎
Éxodo 15:9. ↩︎
Números 28:2. ↩︎
Levítico 23:2. ↩︎
Levítico 25:23. ↩︎
Génesis 40:8. ↩︎
Éxodo 14:13. ↩︎