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§ 1. R. Eleazar dice: «Quien teje tres hilos al principio de una trama, o un hilo mientras la trama está en curso, es culpable». Pero los sabios deciden que, ya sea al principio o al final de una trama, la cantidad prescrita es de dos hilos.
§ 2. Quien ata dos hilos, ya sea en la urdimbre o en el trenzado, o en un tamiz fino o grueso, o en una cesta, es culpable. [Además], quien cose dos puntos, o rasga, con la intención de coser dos puntos, [es culpable].
§ 3. Quien rompa algo en un ataque de ira o a causa de una muerte, y todos los que, en un ataque de ira, lo destruyan, quedan absueltos. Quien lo destruya para reparar la cantidad prescrita, que determina su culpabilidad, será culpable según la cuantía de las reparaciones necesarias.
§ 4. La cantidad prescrita de lana lavada, cardada, teñida o hilada es la de un asiento doble; [1] y, en el tejido de dos hilos, la cantidad prescrita es la de un asiento de ancho.
§ 5. R. Jehudah dice: «Quienquiera que persiga un pájaro para meterlo en una jaula, o un ciervo para meterlo en una casa, es culpable». Los sabios dictaminan: «Un pájaro para meterlo en una jaula, un ciervo para meterlo en una casa, un patio o un recinto para animales». [2] R. Simeón ben Gamaliel dice: «No todos los recintos son iguales». La regla es que, cuando la captura es incompleta, se absuelve al perdedor; pero cuando la captura no es incompleta, se le culpa. Esto significa que todo lo que deba ser perseguido una segunda vez es culpable; todo lo que esté completamente en el poder del hombre no lo es.
§ 6. Si un ciervo entra en una casa y un hombre lo encierra, es culpable; si dos lo encierran, quedan absueltos; si un hombre no puede encerrarlo y, por lo tanto, dos lo encierran, son culpables. [3] R. Simeón los absuelve.
§ 7. Si un hombre se coloca en la puerta [de la entrada] para impedir que el ciervo vuelva a salir, pero no la llena completamente, y otra persona se coloca a su lado y sí la llena, el segundo es culpable. Si el primero se coloca en la puerta [de la entrada] y la llena, y otra persona viene y se coloca a su lado, [ p. 57 ] aunque el primero se levante y se marche [dejando al segundo en la puerta], el primero es culpable y el segundo es absuelto. ¿A qué se parece esto? A si hubiera cerrado su casa para asegurar sus bienes, y se encontrara un ciervo encerrado dentro.