§ 1. Un hombre puede pedir prestado vino o aceite a un conocido, siempre que no le diga: «Préstame». Asimismo, una mujer puede pedir prestado pan a un conocido; si se niega a confiarle, puede dejar su prenda de vestir al prestamista y saldar sus cuentas después del sábado. De igual manera, en Jerusalén, si la víspera de la Pascua cae en sábado, un hombre deja su prenda al vendedor, toma su cordero pascual y salda sus cuentas después del día festivo.
§ 2. Se puede contar verbalmente el número de invitados y de entremeses, pero no se debe hacer con una lista escrita. Se puede dejar que los hijos y la familia echemos suertes en la mesa para decidir quién tomará parte de un plato y quién de otro, siempre que no se arriesgue intencionalmente con extraños una porción mayor contra una menor, por temor a la קוביא. [1] [ p. 68 ] Se pueden echar suertes sobre las porciones de los sacrificios del día santo, pero no sobre los sacrificios del día anterior.
§ 3. No debe contratar obreros en sábado, ni encargar a otro que los contrate. No debe esperar al anochecer en el tejado [2] para contratar obreros al final del sábado ni para recoger fruta; pero puede esperar al anochecer en el tejado para observar la fruta que está al otro lado; y, en ese caso, puede traer fruta consigo. Abba Saúl estableció la regla: «Todo lo que se me permita preparar para el día siguiente en sábado, puedo prepararlo al anochecer».
§ 4. Pueden esperar al anochecer cerca del techo para preparar lo necesario para la novia y también lo necesario para el cadáver, para traer un ataúd y sudarios. Si un pagano ha traído flautas de luto en sábado, un israelita no debe tocarlas, a menos que las traiga de las cercanías. Si se ha hecho un ataúd y cavado una tumba para él, un israelita puede ser enterrado allí; pero si se ha hecho a propósito para un israelita, no debe ser enterrado allí.
§ 5. Pueden hacer todo lo necesario con el cadáver [en sábado], ungirlo y lavarlo, siempre que no fuerce sus extremidades. [3] Se puede retirar la almohada de debajo de su cabeza; se puede colocar sobre arena para que se mantenga [de la putrefacción] por más tiempo; se pueden atar sus mandíbulas, no para apretarlas, sino para evitar que se hundan. De igual manera, una viga rota [agrietada] puede sostenerse [apoyada] con un taburete o una cama, no para que se enderece, sino para que no se rompa más. No deben cerrar los ojos del difunto en sábado, ni [todavía] en día laborable, mientras esté expirando. Quien cierre los ojos de un moribundo en el instante en que expira, es como si derramara sangre [como un asesino].