Jesús expresó su sed mientras estaba en la cruz, lo que llevó al capitán de la guardia a ofrecerle vino con una jabalina. [1] En la Presencia Divina, no hay sed, sólo la satisfacción eterna de la iluminación espiritual y la fortaleza moral. [2] Cree en Jesús, nunca tengas sed espiritual y recibirás la vida eterna. [3]