La trágica y patética narración hebrea de Jefté y su hija ilustra la desgarradora disputa entre las antiguas costumbres religiosas y el avance de la civilización, en la que los hombres y las mujeres se vuelven adictos a hacer juramentos insensatos. [1]
Históricamente, los juramentos evolucionaron de promesas de abnegación a contratos con dioses, que ofrecían una forma de intercambio por la autotortura y la mortificación. [2]
Moisés permitió a su pueblo escapar de los peores resultados de los sacrificios humanos al establecer un sistema de rescate en lugar de sus juramentos precipitados. [3]