Templo de Jerusalén fue llamado por Jesús «la casa de su Padre». [1]
Al Paraíso se le llama a veces «la Casa del Padre», puesto que es su residencia eterna, y a estas siete zonas se las denomina con frecuencia «las mansiones paradisiacas del Padre». [2]
Jesús dijo que cada una de las muchísimas estaciones en la casa de su Padre, es decir, el universo, es una parada, una vida destinada a prepararnos para la siguiente. [3]