Los apóstoles, armados con espadas, estaban preparados para los acontecimientos que condujeron a la traición de Jesús en Jerusalén. [1] Pedro se adelantó con su espada, dispuesto a proteger a Jesús de todo daño. [2] La casta sacerdotal primitiva se originó en una familia de expertos fabricantes de espadas. [3] Los que luchan con espadas perecen con espadas, pero los que trabajan en el espíritu alcanzan la vida eterna en el reino con gozo y paz. [4]