El consejo de Jesús a un hombre romano rico fue que dividiera su riqueza heredada y la distribuyera sabiamente, compensando cualquier ganancia mal habida. [1]
Jesús enseñó que no estaba mal tener riqueza, pero enfatizó la responsabilidad de ayudar a los menos afortunados y condenó la explotación de los débiles por parte de los fuertes. [2]