Jesús dijo acerca de la debilidad: «¿Acaso Juan o mis apóstoles escogidos se parecían a débiles esclavizados por el temor, predicando el evangelio a todos, ricos y pobres, judíos y gentiles por igual?». [1] Dios da poder a los débiles, renovando sus fuerzas y permitiéndoles remontarse como águilas. [2]
Los débiles siempre han luchado por la igualdad de derechos, exigiendo al estado que obligue a los fuertes a satisfacer sus necesidades y a subsanar sus deficiencias resultantes de la indiferencia y la pereza. [3]
Los débiles se entregan a resoluciones, pero los fuertes actúan; la vida no es más que el trabajo de un día, el acto es nuestro, las consecuencias son de Dios. [4]
El hombre mortal, habitado por el espíritu del Dios viviente, encuentra misericordia y ternura divinas hacia los débiles, un rasgo sin duda del Hijo Creador en su misión eterna. [5] Ministren a los débiles, pobres y jóvenes con amor y compasión, como mandó Jesús. [6] La supervivencia nacional exige preparación militar, pero sólo el amor y la hermandad pueden impedir que los fuertes opriman a los débiles. [7] No se debe permitir que los débiles se aprovechen de los «gobernantes de oro» que luchan por una sociedad basada en la verdad, la belleza y la bondad. [8]