Las plazas de mercado se convirtieron en los primeros lugares de refugio para los fugitivos que buscaban seguridad ante los ataques. [1]
El refugio proporcionaba un medio para escapar de la ira repentina del grupo, que se originaba en el fracaso de la sociedad para castigar los crímenes, y evitaba el surgimiento de la ley de linchamiento y los duelos como formas de reparación privada. [2]