Jesús pasó la gran prueba de negarse a usar el poder de manera egoísta, y optó por establecer el reino de los cielos en los corazones de la humanidad mediante métodos naturales, ordinarios, difíciles y penosos. [1]
Jesús medía cada vez más la sociedad y la religión por la prueba de lo que éstas hacen por el alma humana, acercando a Dios al hombre y al hombre a Dios. [2]