Ganid dejó de creer en la transmigración de las almas después de que Jesús le explicara las limitaciones de la naturaleza espiritual de los animales. [1]
La creencia paralizante en vidas tediosas y monótonas condujo a un temor a la perpetuación no evolutiva del yo a través de la reencarnación, privando a los mortales que luchaban por sobrevivir de la esperanza y el avance espiritual. [2]