La naturaleza, tal como la entiende el hombre mortal, presenta el fundamento subyacente y el contexto fundamental de leyes inmutables modificadas por las condiciones locales. [1] Contemplar la naturaleza revela un Dios de movimiento, ya que exhibe únicamente materia, movimiento y vida. [2] La naturaleza es imperfecta, pero la perfección reside en la vida de cada individuo, modificada por las acciones y los errores de las criaturas. [3] Las fallas de la naturaleza son simplemente pausas en la manifestación eterna de la perfección de Dios. [4] La naturaleza es el hábito físico de Dios, adaptado para contribuir al desarrollo evolutivo del universo. [5]
Jesús enfatizó el valor de usar parábolas de la naturaleza para enseñar la verdad, destacando la analogía entre el mundo natural y las realidades espirituales. [6]
Los primitivos creían que la naturaleza estaba bajo el control directo de seres sobrenaturales, pues consideraban todos los fenómenos naturales como producto de seres espirituales y fuerzas sobrenaturales. [7]
Las culturas primitivas elevaron a los espíritus de la naturaleza a dioses, distintos de los dioses fantasmales, desarrollando un panteón que se influenciaba mutuamente y que dio lugar a un concepto dual de deidad, presente en figuras como Thor. [8]
Los conceptos humanos sobre la adoración de la naturaleza preveían una división del trabajo en el mundo supramortal, más allá de las raíces evolucionadas de la religión, de origen espiritual. [9]
La naturaleza, a pesar de ser imperfecta y estar manchada por la rebelión, está impregnada de Dios y es una fase de poder divino que no debe ser adorada. [10]
El culto a la naturaleza entre ciertas tribus condujo a la creencia en amuletos habitados por algún espíritu, convirtiendo plantas y frutas en fetiches tabú. [11]
La naturaleza proporciona vida y un mundo donde vivir, pero no confiere derechos al hombre, dejándolo dependiente de la sociedad para su seguridad y justicia. [12] La guerra es el estado natural y la herencia del hombre en evolución, así como la violencia es la ley de la naturaleza. [13] La naturaleza, indiferente a la moral, insiste únicamente en la reproducción de la especie, dejando que la humanidad resuelva los problemas sociales. [14]
La indiferencia de la naturaleza hacia el bienestar humano se evidencia en las cargas desiguales que recaen sobre las mujeres en el parto, lo que pone de relieve el lento progreso de los estándares sexuales masculinos en comparación con los que exige la civilización. [15] Puedes ser víctima de los accidentes de la naturaleza, al comprender que no están preestablecidos por fuerzas espirituales. [16]
La naturaleza exige supervivencia, mientras que las artes de la civilización realzan los placeres del matrimonio y la vida familiar. [17]
La contemplación de la naturaleza apunta hacia una guía inteligente, pero no revela un Dios personal; en cambio, es en el alma donde se encuentra por primera vez esta presencia divina. [18] Dios no está presente personalmente en la naturaleza, ya que esta es una representación imperfecta de su naturaleza infinita e insondable. [19]
Jesús enseñó el valor de adorar a Dios en medio de la naturaleza, enfatizando la importancia de la belleza para la comunión espiritual e instando a la simplicidad y la belleza natural en los lugares de culto. [20] Contemplar la naturaleza revela un Dios en movimiento, sin persistencia detectable de personalidad individual. [21]
Véase también: LU 4:2; LU 38:2.