Un hombre de Tarento maltrataba a su esposa en público, lo que llevó a Jesús a intervenir. Hablándole con amabilidad, Jesús ayudó al hombre a darse cuenta de su mala acción. El hombre admitió que había perdido los estribos debido a las críticas públicas de su esposa y prometió mejorar. Jesús le recordó que la verdadera hombría radica en el amor, el respeto y la relación con su esposa. [1]