Siempre mostrad respeto por la personalidad del hombre; las victorias espirituales se obtienen únicamente por el poder espiritual, no por la fuerza ni la coerción. [1]
La educación transforma a los conciliadores en intérpretes de los misterios, evolucionando de árbitros a maestros que respetan la experiencia y las opiniones de los demás. [2] Mostrad el debido respeto a los superiores, un mandato divino. [3]
Hap enseñó el respeto por los mayores y la propiedad de los demás, mientras procuramos honrar a los maestros divinos y defender la verdad con pastos verdes y rebaños fructíferos. [4] Todo servicio es sagrado y estimulante; los seres espirituales superiores no desprecian a los siervos inferiores. [5] Jesús desaprobó las muestras externas de respeto que los doce mostraron inicialmente en el jardín al mediodía. [6] Jesús demostró constantemente un profundo respeto por cada persona con la que se encontró, dejando una impresión duradera en sus discípulos. [7]