La colina de Naín se alzaba alta cerca de la casa de Jesús en Nazaret, lo que proporcionaba un paisaje de fondo para sus frecuentes paseos por el campo. [1]
José, el padre de Jesús, trabajó en Naín y en varias otras ciudades de las zonas circundantes, donde Jesús adquirió conocimiento práctico y comprensión de la humanidad. [2]
El hijo de la viuda de Naín fue resucitado de entre los muertos, lo que provocó un frenesí emocional y la creencia en los milagros entre la gente de Galilea. [3]
Véase también: LU 124:1.12; LU 137:2.8.