Las civilizaciones antiguas veían con malos ojos las nuevas prácticas, como la escritura, la imprenta y las imágenes, debido a su naturaleza mágica y maligna. [1] El amor del Maestro crea un mundo nuevo en el antiguo, al compartir su alegría y su servicio. [2] No debemos aceptar cosas nuevas sólo porque sean novedosas, ni debemos despreciarlas simplemente porque sean antiguas. [3]