Los discípulos de Jesús, equipados con armas espirituales, están llamados a conquistar el mundo con perdón infalible, buena voluntad incomparable y amor abundante, nunca pasivos sino siempre activos y positivos en su ministerio de misericordia y amor. [1] La rectitud no proviene de actitudes pasivas, sino de vencer activamente el mal con el bien. [2]