Flavio, el judío griego, un prosélito de la puerta, invitó a Jesús a su casa bellamente adornada, donde el Maestro mostró gran interés en sus apreciadas obras de arte, disipando así los temores de Flavio a ser reprendido. [1] Los fariseos hacen grandes esfuerzos por convertir a una sola persona, pero al final la hacen peor que antes. [2]