Según la ley mosaica, todo hijo primogénito debe ser redimido por cinco siclos. [1] Pedro pescó un pez con un siclo en la boca, cumpliendo así la observación medio humorística de Jesús. [2] Los judíos autorizados para cambiar siclos de plata profanaban el templo con sus actividades bancarias y comerciales. [3]
El impuesto del templo de medio siclo era una carga para Jesús y sus seguidores, pues su salario menguaba y los cambistas se beneficiaban de sus intercambios en los patios del templo. [4]
La moneda judía para los impuestos del templo, del tamaño de una moneda de 10 centavos pero el doble de gruesa, hizo que los cambistas autorizados se lucraran dentro del recinto del templo. [5]