La evidencia de que Dios habita en el hombre se muestra mediante manifestaciones de misericordia y ternura divinas hacia los débiles y necesitados, lo que ilustra la combinación única de lo humano y el Creador. [1]
Es un gran error enseñar a los niños que es poco varonil mostrar ternura; el verdadero valor y la felicidad provienen de ser sensibles y responder a las necesidades humanas. [2] La bondad indiscriminada puede generar males sociales; Jesús predicó sabiduría, tolerancia y perdón. [3] El ser humano maduro mira a todos los demás con ternura y tolerancia, y abraza el viaje hacia la madurez emocional e intelectual. [4]