En su discurso sobre el agua de la vida, Jesús ofreció saciar la sed espiritual de quienes creyeran en él, prometiendo el derramamiento del Espíritu viviente de la Verdad sobre toda carne. [1] El espíritu divino es verdaderamente el agua de la vida. [2] ¿Por qué vacilar cuando puedes participar libremente del agua de la vida y entrar gozosamente en tu herencia espiritual? [3] La salvación de la filiación se da sólo a quienes tienen hambre de verdad y sed de justicia, es decir, de Dios. [4] Jesús era el agua viva, que traía refrigerio que brotaba para vida eterna para todos los que creen. [5] En el mundo venidero, los creyentes participarán del agua de la vida, uniéndose en el reino de Dios para la salvación eterna. [6] El emblema pascual del agua de vida fue servido por Jesús a sus compañeros durante la primera fiesta celebrada sin el cordero pascual. [7]
La presencia del Espíritu divino, el agua de vida, evita el descontento mortal y el hambre no espiritualizada, y brota en los creyentes como un manantial de satisfacción que conduce a la vida eterna. [8]