La veneración de los antepasados fomenta una filosofía que mira hacia el pasado, pero es una locura considerar el pasado como la única fuente de verdad; la verdad se expande continuamente, es relativa y se encuentra en el momento presente. [1]
Jesús representó la liberación del pecado y del mal mediante su amor personal, ofreciendo un triunfo sobre el pasado y un camino hacia un futuro mejor mediante el perdón y la salvación. [2] Para progresar espiritualmente, uno debe olvidar y repudiar el pasado para abrazar las realidades mayores del reino. [3]
El pasado, que es relajante para la contemplación; tiene el sabor de cosas ya dominadas, brinda un placer agradable al recordar y permite la relajación en una revisión despreocupada. [4] El militarismo agresivo de los chinos de 15.000 a. C. se debió a que no se vieron debilitados por una reverencia excesiva hacia el pasado. [5]