Buscad las verdaderas realidades del espíritu y dejad de sentiros atraídos por las sombras irreales y materiales, pues no os desviarán del camino. [1]
La sombra, al igual que el aliento, era temida y reverenciada por el hombre primitivo, que también tenía en alta estima sus nombres por sus propósitos mágicos y creía en el poder del reflejo y de las imágenes para afectar al alma. [2] La sombra siempre seguirá a la sustancia, así que dedicaos a la obra del reino celestial. [3] Las sombras deben interpretarse en términos de sustancia, no deben depender de ellas para comprender plenamente la realidad. [4]
La sombra de la materia, proyectada por la mente en presencia del espíritu, evoluciona hasta convertirse en un reflejo de la iluminación divina, subrayando la realidad interconectada de la mente, la materia y el espíritu en el viaje hacia la divinidad. [5] La construcción de sombras que antes estaban «amuralladas» en los nuevos edificios sustituyó al entierro de personas vivas en los muros. [6] La falsedad es la sombra de un cabello que gira con un propósito falso, una perversión de la verdad. [7] Los hombres débiles tenían sombras más cortas para los griegos, mientras que otros creían en diversos destinos para las almas fantasmas. [8]