Mediante ceremonias de iniciación a la pubertad prolongadas que incluían autotortura y cortes dolorosos, se grababan marcas tribales en los jóvenes para endurecerlos para la realidad de la vida, un propósito que se lograba mejor mediante juegos y competencias atléticas. [1] José reprendió a Jesús por admirar los deportes en Escitópolis, pero Jesús luego conoció el punto de vista judío y nunca más los mencionó. [2]
La vanidad, el orgullo, la ambición y el honor se entrelazan para formar asociaciones humanas, que dependen de un ámbito social para la exhibición y la gratificación, dando así origen al arte, las tradiciones ceremoniales y los deportes. [3]