La paradoja de la inmanencia y trascendencia divinas en la religión desafía la comprensión humana, y hace necesaria la función de la teología para unificar el concepto de la dominación divina de Dios sobre el universo con la presencia interior de Dios en cada individuo para la adoración inteligente y la esperanza de supervivencia de la personalidad. [1]
El misterio de la trascendencia de Dios no debería disminuir su fe, pues Él está presente personalmente en un vasto universo y, sin embargo, mora dentro de cada uno de nosotros. [2]