La conciencia del dominio del espíritu en la vida humana conduce a una manifestación cada vez mayor del fruto del Espíritu, incluida la mansedumbre, a medida que los mortales divinamente iluminados comienzan a discernir las luces de la vida eterna y encuentran consuelo en el reino de Dios. [1] Dios está cerca de los quebrantados de corazón, salvando a los que tienen un espíritu infantil y ofreciendo paz a los justos que confían en Él. [2] Al cooperar con Dios, los mansos heredan la tierra y abrazan la paciencia y la tolerancia con una fe inquebrantable en un universo legal y amistoso. [3]
Los mansos heredarán la tierra, abrazando la paciencia y la tolerancia en cooperación con Dios y dominando todas las tentaciones de rebelarse contra la guía divina. [4] Sed mansos con origen espiritual, sin exhibir superioridad moralista. [5]