No se puede vencer la tentación por la mera voluntad humana; la verdadera victoria reside en desarrollar un amor por ideales y conductas superiores mediante la transformación espiritual. [1]
Transforma la tentación redirigiendo las energías hacia canales superiores y entra en el reino espiritual para disfrutar de una liberación relativa de la esclavitud de la carne, siguiendo la nueva forma de vida mortal revelada por Jesús. [2]
Los cien años de Adán en la Tierra concluyeron cuando Serapatatia, influenciado por la tentación y la adulación, convenció a Eva de embarcarse en un proyecto secreto y desafortunado. [3]
A pesar de la lucrativa oferta de fundar una escuela en Damasco, Jesús permaneció firme en su misión y se negó a dejarse llevar por las tentaciones mundanas. [4] Durante la última semana en el monte Hermón, Jesús enfrentó la gran tentación y obtuvo la soberanía incuestionable sobre su universo. [5]