La sacralidad se adhiere a lo antiguo, pues la religión se aferra a las costumbres y la novedad siempre se ha considerado un sacrilegio. [1]
Cuidado con el peligro de atribuir sacralidad a lo no sagrado, pues la verdadera religión reside en la lealtad sincera a las convicciones más elevadas. [2] El falso temor a la sacralidad impide la aceptación de la nueva luz y verdad del evangelio. [3] La verdad sobre el pueblo judío revela que mucho de lo que se considera historia sagrada es simplemente historia profana corriente. [4] Lo sagrado a menudo parece ser algo común, tal como Jesús enseñó acerca del crecimiento espiritual en las mansiones celestiales. [5] Para quienes trabajan con Jesús, todas las cosas son sagradas, incluso el trabajo terrenal se convierte en un servicio a Dios Padre. [6]