Los científicos a menudo conciben a Dios como la Causa Primera, un Dios de fuerza. [1]
Los científicos deben tener cuidado de no sucumbir al orgullo matemático y al egoísmo estadístico cuando intentan medir y comprender las manifestaciones energéticas de la gravitación, la luz y la electricidad, ya que la verdadera sabiduría surge de la correlación de las observaciones cuantitativas y cualitativas en la ciencia, la religión y la filosofía. [2]
Los verdaderos científicos deben reconocer las limitaciones de los estándares materiales y, en cambio, buscar los valores verdaderos en el mundo espiritual y en los niveles divinos de la realidad eterna. [3]
Los científicos e idealistas deben esforzarse por alcanzar altos valores morales y niveles de prueba espirituales para justificar su supervivencia al servicio del progreso humano, reconociendo que están siendo juzgados ante el tribunal de la necesidad humana. [4]