La carrera hacia la perfección que lleva a la meta de la eternidad es una aventura de logro de la divinidad, donde la victoria segura corona los esfuerzos de todos los que corren la carrera de la fe. [1]
Jesús enseñó la victoria mediante el sacrificio del orgullo y el egoísmo, promoviendo la misericordia, el perdón y la liberación espiritual de la ira y la venganza. [2] La fe mantiene la confianza divina en la victoria final en medio de un destino cruel y de fuerzas naturales indiferentes. [3] La victoria en la Tierra se logra mediante la fe inquebrantable en que hay un poder superior dentro de nosotros capaz de superar cualquier obstáculo. [4]